domingo, 20 de febrero de 2011

Penedés: Yes, we can!


No suelo prodigarme en visitas a bodegas tanto como me gustaría, primero porque mi sustento está en otra onda a la del vino y no dispongo del tiempo ni las fuerzas necesarias. También los horarios de visitas de las bodegas no juegan a favor de los currantes y los fines de semana nos debemos a otros menesteres.

Aún así, cuando de año en año los planetas se presentan alineados, surgen oportunidades a las que es imposible decir no. Llevaba desde antes del verano de 2010 detrás de una cata de los reservas de Jean Leon pero por temas ajenos al que escribe no se ha materializado hasta este mes de febrero.

La idea original era la de adquirir en la bodega algunas botellas para comprobar cómo evolucionan los reservas de cabernet de la bodega del Penedés, de la que he escrito en más de una ocasión en este espacio. Es difícil calibrar o valorar el precio de ciertas botellas, las mínimas existencias de ciertos vinos exigen valorar concienzudamente qué hacer con esas botellas y, lógicamente, elegir con cuidado el mejor momento para abrirlas.

Hace un mes me ofrecieron una visita privada a la bodega Jean Leon y junto a Toni y Vicente me dirigí hacia el corazón del Chateau en el Penedés. Al llegar con el coche al centro de visitas, con una bonita arquitectura con orientación sur, para aprovechar la luz de la tarde, te preguntas si estás en la comarca catalana o bien en plena Francia, con la bodega rodeada de viñas hasta donde alcanza la vista.

Mientras llegaba Xavier Rubires, el actual enólogo de Jean Leon y que nos acompañaría el resto de la tarde, nos presentaron el corto que introduce al protagonista de esta historia, Ceferino Carrión, a.k.a. Jean Leon. Curiosa la vida de este emprendedor, adelantado a su tiempo, obligado a emigrar, París y más tarde EEUU. Este polizón se hizo un hueco poco a poco en la sociedad californiana. Primero como taxista, su licencia la 3055 como reza la película, y más tarde como camarero del local de Sinatra que le sirvió para conocer a muchos actores e incluso asociarse con el mismísimo James Dean e inventarse “La Scala”, un restaurante que tras la trágica muerte de su amigo y socio le catapultó a la élite californiana.


Jean Leon siempre intentaba ofrecer los mejores productos en su local y el vino ocupaba un lugar preferente. La curiosidad le llevó a querer producir un vino hecho a medida. Por ello y tras varios estudios de terreno y después de diferentes valoraciones se decidió por comprar 150 ha. en el Penedés, arrancó todas las cepas autóctonas de las tierras, compró a los mejores chateau franceses las mejores cepas de cabernet, merlot y chardonnay y las plantó a mediados de los 60. Contrató a Jaume Rovira como enólogo de confianza y le hizo el encargo de hacer vino de guarda. Así en 1969 apareció la primera cosecha en el mercado. Esas primeras botellas siempre volaron hacia EEUU para abastecer el restaurante y a todos aquellos amigos de Jean Leon en América. A finales de los 80 se le diagnosticó una grave enfermedad que acabaría a mediados de los 90 con el santanderino. Gracias a su buena relación con la familia Torres la bodega Jean Leon pasó a formar parte del grupo empresarial Torres hasta la fecha. Hace algo más de 3 años que Jaume Rovira se jubiló y desde entonces es Xavier Rubires quien se encarga de transformar el mosto en vino.

Cada año se comercializan entre otros los reservas, con mayor proporción de cabernet sauvignon y en menor algo de cabernet franc. En las mejores añadas ve la luz el gran reserva, que procede del pago “La Scala” y es este vino el que muy amablemente Xavier Rubires nos presentó en una vertical bien elegida y que recordaremos en un lugar preferencial en nuestra memoria vínica.




En la estupenda sala de catas y con la única aireación que supone el descorche nos servimos los cuatro vinos que nos preparó con tanto mimo y esmero Xavier. El primero fue el Gran Reserva 1975, increíble su color, su capa media brillante y uniformidad. Llama la atención los 11’1º que marca la botella y es que, como comentaba Xavier, los tiempos marcan elaboraciones a pesar de que la bodega sigue firme en su línea y creemos que es un gran acierto. Este 1975 está vivo, se huele la fruta y la tierra roja, las especias como la nuez moscada, muy nítida a las dos horas y también notas de canela. Aparece también la hojarasca típica y la hoja de tabaco. En boca la acidez marca y entendemos todo aquello que nos ha ido explicando Xavier con anterioridad. Es significativamente llamativo que se usara en las primeras cosechas el roble americano, que además no se nota en nariz, y que poco a poco dejara paso al francés a finales de los 80. Maravillas como este 75 hacen que cobre sentido todo lo que nos rodea y justifican el desplazamiento. No puedo imaginar cómo estaba el vino en 1981, cuando se sirvió en el convite a modo de celebración de la investidura de Ronald Reagan, buen amigo de Jean Leon, como lo fue del mismísimo JFK. Seguro que duro como una piedra, como lo son los longevos Burdeos, pero 35 años más tarde el vino crece con el oxígeno, no solo no se viene abajo sino que va para arriba, aumentando el deleite del que escribe.

A continuación probamos el Gran Reserva del 88, un vino con ya 13’5 de alcohol y en el que se advierte una mayor presencia de roble francés. Ligeramente más cubierto en su capa está algo cerrado, pero como pasa con los grandes vinos se viene arriba y 3 horas más tarde muestra esa seña de identidad de la elaboración: se advierte la hojarasca, una tímida presencia del especiado y notas de cacao. Una fruta algo más confitada hace acto de presencia junto a un ramillete de flores marchitas. En boca resulta más graso, lógicamente, pero con buena acidez aunque se queda corto con respecto al gran 75.


Le siguió el 94, este gran reserva se presentó muy cerrado, necesitado de aire para expresarse y muy joven todavía. Goloso y frutal, aquí la presencia del roble francés es clara. El Gran Reserva 2000 que vino a continuación me robó el corazón. Nariz contenida y a la altura de los grandes Burdeos. La fruta muy presente y la cabernet mandando, tirando del carro sin usar caballo. En boca refresca su buena acidez y sus taninos poderosos. Diría que ya es un gran vino pero que evolucionará muy positivamente en los próximos años. Por último algo así como una primicia, el Gran Reserva de 2001, un vino más goloso, taninos más dulces, resultará muy del agrado del público en general. Accesible desde ya, potente pero más domado que el 2000, diez años han pasado pero no lo parece por su juventud.



Nos encantó la franqueza y la accesibilidad de Xavier Rubires. En estos tiempos tan difíciles es complicado apostar por la tradición y anteponer esa línea y las creencias personales a corrientes momentáneas. Por ello felicitamos a la bodega y a su enólogo y en nosotros tiene a unos fieles seguidores, no puede ser de otra manera. Sus vinos y sus palabras nos han robado el corazón. El éxito pasa por apostar por la tradición y creer en las posibilidades del Penedés, de la tierra donde hemos crecido y donde hemos apostado por un sello de identidad, como lo hizo Jean Leon.