martes, 25 de enero de 2011

¿Dónde está el norte?

Este es uno de esos días en que te planteas ciertas cosas. No sé si tiene sentido ni si llegaré a alguna conclusión pero la reflexión no le hace mal a nadie y pienso que hacer públicos algunos de mis pensamientos no me van a hacer mal alguno.

Llevo en solitario en este espacio desde el mes de agosto pasado, el de 2010, y la verdad es que ser la única pluma en un espacio en el que había habido más de un amigo implicado se hace muy duro.

Recuerdo esos momentos en los que nuestro compañero Joan se planteaba temas similares pero en diferente escala. Abandonar no entra dentro de mis intenciones pero quizá ahora entiendo algo mejor los motivos por los que él se planteaba la continuidad. Tal vez haya llegado el momento en que la simple descripción y la puesta en común de un vino que me haya llamado la atención no sea suficiente. Con esto quiero decir que ni el ritmo actual ni el contenido de las entradas no me llena en absoluto.





Difícil solución pensará más de uno y no le faltará razón. He llegado a un punto donde tal vez prefiera disfrutar de los vinos que me voy encontrando y ser algo más rápido en la puesta en común. Me apetecería disponer del tiempo necesario para poder hacer de esto algo mejor pero tampoco dispongo de él. La dureza de los últimos meses ha incidido muy negativamente en mi visión y mi perspectiva. Me encanta este mundo, ¡pues claro!, pero no estoy cómodo haciendo de este espacio una obligación que requiere mucho más de mi.

Quisiera agradecer a toda esa gente que me da su apoyo, que la hay, y a todos los que entráis a leer mis escritos aunque últimamente os tenga algo abandonados.

Por primera vez no escribo sobre vino en esta web y me tiene preocupado.

P.D: La foto procede del archivo de Wikimedia Commons.

miércoles, 5 de enero de 2011

Sangre, sudor y lágrimas

Me encuentro mermado pero contento. Sentado ante el portátil el resto de la familia está acabando el día hablando de deseos de la noche de reyes. Bendita inocencia la de los pequeños. Acabamos de cenar un auténtico banquete de la materia prima: langostinos a la plancha y vieiras al horno, salsa de tomate y pan rallado, ¿para qué más?

El vino decidido desde por la mañana: Pierre Peters Cuvée Spéciale Les Chétillons 2002. Entre las prisas de “parar taula” y la rápida apertura de la botella no sé cómo un hilillo de sangre, como aquel de Rajoy, cae por la botella y el mantel. Me costó horrores sacar el corcho y no adivino a saber cómo he conseguido herirme.


Da igual, cura de primeros auxilios y todo listo en la mesa y es entonces cuando el más maravilloso de los Pierre Peters Cuvée Speciale que haya probado (todos desde el 98) aparece golpeando en la mesa como solo puede hacerlo el que tiene el poder. Me rindo ante el más maravilloso de los vinos de la casa hecho hasta ahora. Burbuja media hacia fina, aromas rotundos a cítricos, golpean las pituitarias de forma implacable, bella, salvaje.

Y esa ebanistería propia de la casa, maderas nobles mezcladas con una nota mineral de tiza, tímida, no parece atreverse a aparecer porque la fruta le sacude junto a notas de mantequilla fresca. La boca es grandiosa por lo refrescante, lejos del estancado 2000 y con la acidez que recuerda al 98 pero con mayor peso en boca. Lágrimas de satisfacción por un vino capaz de vivir muchos años.