jueves, 1 de diciembre de 2011

VAdeBACUS Restaurant: Ilusión y realidad se dan la mano



Me gustaría poder escribir esta entrada desde la más absoluta imparcialidad pero me es imposible. A veces nos implicamos en algo de manera apasionada, algo en que creemos, pero desde la distancia las palabras surgen desde la carne y no desde la razón.

Prefiero esa distancia para un buen análisis porque el frío o el calor en el interior no te dejan pensar. Mil veces he imaginado cómo empezar este texto pero hasta ahora siempre me he echado atrás. Haga lo que haga no podré ser justo y mejor dejar las valoraciones para los que ya han tenido la oportunidad de pisar el Restaurante VAdeBACUS.


En efecto, VAdeBACUS, como el nombre de esta web, aunque yo no tenga nada que ver con él más que a nivel sentimental. Toni Sánchez y Vicente Sierra, dos familias dedicadas en cuerpo y alma a hacer posible este sueño en tiempos revueltos. Parece mentira que falte tan poco para que se inaugure oficialmente, creo que ha durado casi como un parto, y el proyecto de sus ilusiones está a punto de ver la luz.

Ha sido un embarazo lleno de complicaciones, idas y venidas, contratiempos mil. La ilusión ha jugado una baza definitiva para que estemos a punto de ver el fruto. La persiana está preparada para levantarse y podamos ver la belleza del resultado final. Porque yo he podido ver esas ecografías, esas diferentes etapas del río que está listo para fundirse con el mar y rugir como nunca se ha visto en Sant Cugat. Que se preparen los enamorados de lo cuidado, del producto de calidad, de una cocina de primera y de una forma impecable de tratar el vino, porque VA(Vicente y AnTonio) son doctores en pasión por este mundo. VAdeBACUS, no podía ser de otra manera.


Multiespacial, para disfrutar de una copa o para sumergirse en una variopinta selección de platos dignos del paladar más exigente. No lo dejen escapar, se respira el vino, la calidez de sus propietarios y la amabilidad del seno familiar.

VAdeBACUS Restaurant: Plaça de Barcelona, 9. Sant Cugat del Vallès (Barcelona). Tfno: 936760211. Imprescindible reservar.

Fecha de inauguración: 2 de Diciembre de 2011.

viernes, 14 de octubre de 2011

Imagina...


Si Lennon levantara la cabeza...ayer tuve un sueño, aquí os lo dejo. Afortunadamente nunca me ha pasado algo similar, ¡gracias a Dios!
Imagina que un día entablas relación con los dueños de una bodega y te quedas prendado de sus vinos.
Imagina que no paras de hablar de ellos a todo el mundo.
Imagina que te invitan periódicamente a pisar tierra santa.
Imagina que ayudas a tu gente a conseguir sus vinos a precios decentes sin llevarte un céntimo de comisión.
Imagina que uno de tus amigos logra relacionarse también con ellos hasta el punto de que aparece una comisión inesperada (por mi).
Imagina que a partir de ese momento te enteras por tu amigo que ya no vas a pintar nada, y que desde entonces no solo vas a pagar otro precio ( tú y tus amigos) sino que se constata que ya no lo interesas a la bodega y dejas de existir.
Imagina que te vetan al intentar ser justo con los que te leen ( y los que están a tu alrededor ).
¿Imaginas a todo el mundo viviendo en paz?
Debo ser un soñador, afortunadamente no soy el único.

miércoles, 5 de octubre de 2011

I'll keep on uncorking



porque sigo abriendo en facebook, con ayuda de unos pocos buenos amigos, que aún me quedan por lo visto, a pesar de los intentos vanos de un par de personajillos sin nada mejor que hacer.
Por cierto, este próximo sábado 8 de octubre estaré catando en la presentación de nuevos vinos alemanes del VDP que hacen los compañeros de Wein & Umami. Les deseo todo lo mejor, molta merda Lluís! ¿Alguien todavía indeciso? Adelante que seguro que os reciben con los brazos abiertos ( y yo con un fuerte apretón de manos).
Hasta la próxima chicas...

miércoles, 18 de mayo de 2011

Todos somos los Humbert del vino - Demencia 2007



De-mencia, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. De-men-cia: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. De.Men.Cia.
Era D, sencillamente D, por la mañana, menos de un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Demencia con pantalones. Era De en la escuela. Era Demencia cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre De-mencia.
¿Tuvo De-mencia una precursora? Por cierto que la tuvo. En verdad, De-mencia no pudo existir para mí si un verano no hubiese amado a otra... «En un principado junto al mar.» ¿Cuándo? Tantos años antes de que naciera De-mencia como tenía yo ese verano. Siempre puede uno contar con un asesino para una prosa fantástica.
Señoras y señores del jurado, la prueba número uno es lo que envidiaron los serafines de Poe, los errados, simples serafines de nobles alas. Mirad esta maraña de espinas.

domingo, 20 de febrero de 2011

Penedés: Yes, we can!


No suelo prodigarme en visitas a bodegas tanto como me gustaría, primero porque mi sustento está en otra onda a la del vino y no dispongo del tiempo ni las fuerzas necesarias. También los horarios de visitas de las bodegas no juegan a favor de los currantes y los fines de semana nos debemos a otros menesteres.

Aún así, cuando de año en año los planetas se presentan alineados, surgen oportunidades a las que es imposible decir no. Llevaba desde antes del verano de 2010 detrás de una cata de los reservas de Jean Leon pero por temas ajenos al que escribe no se ha materializado hasta este mes de febrero.

La idea original era la de adquirir en la bodega algunas botellas para comprobar cómo evolucionan los reservas de cabernet de la bodega del Penedés, de la que he escrito en más de una ocasión en este espacio. Es difícil calibrar o valorar el precio de ciertas botellas, las mínimas existencias de ciertos vinos exigen valorar concienzudamente qué hacer con esas botellas y, lógicamente, elegir con cuidado el mejor momento para abrirlas.

Hace un mes me ofrecieron una visita privada a la bodega Jean Leon y junto a Toni y Vicente me dirigí hacia el corazón del Chateau en el Penedés. Al llegar con el coche al centro de visitas, con una bonita arquitectura con orientación sur, para aprovechar la luz de la tarde, te preguntas si estás en la comarca catalana o bien en plena Francia, con la bodega rodeada de viñas hasta donde alcanza la vista.

Mientras llegaba Xavier Rubires, el actual enólogo de Jean Leon y que nos acompañaría el resto de la tarde, nos presentaron el corto que introduce al protagonista de esta historia, Ceferino Carrión, a.k.a. Jean Leon. Curiosa la vida de este emprendedor, adelantado a su tiempo, obligado a emigrar, París y más tarde EEUU. Este polizón se hizo un hueco poco a poco en la sociedad californiana. Primero como taxista, su licencia la 3055 como reza la película, y más tarde como camarero del local de Sinatra que le sirvió para conocer a muchos actores e incluso asociarse con el mismísimo James Dean e inventarse “La Scala”, un restaurante que tras la trágica muerte de su amigo y socio le catapultó a la élite californiana.


Jean Leon siempre intentaba ofrecer los mejores productos en su local y el vino ocupaba un lugar preferente. La curiosidad le llevó a querer producir un vino hecho a medida. Por ello y tras varios estudios de terreno y después de diferentes valoraciones se decidió por comprar 150 ha. en el Penedés, arrancó todas las cepas autóctonas de las tierras, compró a los mejores chateau franceses las mejores cepas de cabernet, merlot y chardonnay y las plantó a mediados de los 60. Contrató a Jaume Rovira como enólogo de confianza y le hizo el encargo de hacer vino de guarda. Así en 1969 apareció la primera cosecha en el mercado. Esas primeras botellas siempre volaron hacia EEUU para abastecer el restaurante y a todos aquellos amigos de Jean Leon en América. A finales de los 80 se le diagnosticó una grave enfermedad que acabaría a mediados de los 90 con el santanderino. Gracias a su buena relación con la familia Torres la bodega Jean Leon pasó a formar parte del grupo empresarial Torres hasta la fecha. Hace algo más de 3 años que Jaume Rovira se jubiló y desde entonces es Xavier Rubires quien se encarga de transformar el mosto en vino.

Cada año se comercializan entre otros los reservas, con mayor proporción de cabernet sauvignon y en menor algo de cabernet franc. En las mejores añadas ve la luz el gran reserva, que procede del pago “La Scala” y es este vino el que muy amablemente Xavier Rubires nos presentó en una vertical bien elegida y que recordaremos en un lugar preferencial en nuestra memoria vínica.




En la estupenda sala de catas y con la única aireación que supone el descorche nos servimos los cuatro vinos que nos preparó con tanto mimo y esmero Xavier. El primero fue el Gran Reserva 1975, increíble su color, su capa media brillante y uniformidad. Llama la atención los 11’1º que marca la botella y es que, como comentaba Xavier, los tiempos marcan elaboraciones a pesar de que la bodega sigue firme en su línea y creemos que es un gran acierto. Este 1975 está vivo, se huele la fruta y la tierra roja, las especias como la nuez moscada, muy nítida a las dos horas y también notas de canela. Aparece también la hojarasca típica y la hoja de tabaco. En boca la acidez marca y entendemos todo aquello que nos ha ido explicando Xavier con anterioridad. Es significativamente llamativo que se usara en las primeras cosechas el roble americano, que además no se nota en nariz, y que poco a poco dejara paso al francés a finales de los 80. Maravillas como este 75 hacen que cobre sentido todo lo que nos rodea y justifican el desplazamiento. No puedo imaginar cómo estaba el vino en 1981, cuando se sirvió en el convite a modo de celebración de la investidura de Ronald Reagan, buen amigo de Jean Leon, como lo fue del mismísimo JFK. Seguro que duro como una piedra, como lo son los longevos Burdeos, pero 35 años más tarde el vino crece con el oxígeno, no solo no se viene abajo sino que va para arriba, aumentando el deleite del que escribe.

A continuación probamos el Gran Reserva del 88, un vino con ya 13’5 de alcohol y en el que se advierte una mayor presencia de roble francés. Ligeramente más cubierto en su capa está algo cerrado, pero como pasa con los grandes vinos se viene arriba y 3 horas más tarde muestra esa seña de identidad de la elaboración: se advierte la hojarasca, una tímida presencia del especiado y notas de cacao. Una fruta algo más confitada hace acto de presencia junto a un ramillete de flores marchitas. En boca resulta más graso, lógicamente, pero con buena acidez aunque se queda corto con respecto al gran 75.


Le siguió el 94, este gran reserva se presentó muy cerrado, necesitado de aire para expresarse y muy joven todavía. Goloso y frutal, aquí la presencia del roble francés es clara. El Gran Reserva 2000 que vino a continuación me robó el corazón. Nariz contenida y a la altura de los grandes Burdeos. La fruta muy presente y la cabernet mandando, tirando del carro sin usar caballo. En boca refresca su buena acidez y sus taninos poderosos. Diría que ya es un gran vino pero que evolucionará muy positivamente en los próximos años. Por último algo así como una primicia, el Gran Reserva de 2001, un vino más goloso, taninos más dulces, resultará muy del agrado del público en general. Accesible desde ya, potente pero más domado que el 2000, diez años han pasado pero no lo parece por su juventud.



Nos encantó la franqueza y la accesibilidad de Xavier Rubires. En estos tiempos tan difíciles es complicado apostar por la tradición y anteponer esa línea y las creencias personales a corrientes momentáneas. Por ello felicitamos a la bodega y a su enólogo y en nosotros tiene a unos fieles seguidores, no puede ser de otra manera. Sus vinos y sus palabras nos han robado el corazón. El éxito pasa por apostar por la tradición y creer en las posibilidades del Penedés, de la tierra donde hemos crecido y donde hemos apostado por un sello de identidad, como lo hizo Jean Leon.

martes, 25 de enero de 2011

¿Dónde está el norte?

Este es uno de esos días en que te planteas ciertas cosas. No sé si tiene sentido ni si llegaré a alguna conclusión pero la reflexión no le hace mal a nadie y pienso que hacer públicos algunos de mis pensamientos no me van a hacer mal alguno.

Llevo en solitario en este espacio desde el mes de agosto pasado, el de 2010, y la verdad es que ser la única pluma en un espacio en el que había habido más de un amigo implicado se hace muy duro.

Recuerdo esos momentos en los que nuestro compañero Joan se planteaba temas similares pero en diferente escala. Abandonar no entra dentro de mis intenciones pero quizá ahora entiendo algo mejor los motivos por los que él se planteaba la continuidad. Tal vez haya llegado el momento en que la simple descripción y la puesta en común de un vino que me haya llamado la atención no sea suficiente. Con esto quiero decir que ni el ritmo actual ni el contenido de las entradas no me llena en absoluto.





Difícil solución pensará más de uno y no le faltará razón. He llegado a un punto donde tal vez prefiera disfrutar de los vinos que me voy encontrando y ser algo más rápido en la puesta en común. Me apetecería disponer del tiempo necesario para poder hacer de esto algo mejor pero tampoco dispongo de él. La dureza de los últimos meses ha incidido muy negativamente en mi visión y mi perspectiva. Me encanta este mundo, ¡pues claro!, pero no estoy cómodo haciendo de este espacio una obligación que requiere mucho más de mi.

Quisiera agradecer a toda esa gente que me da su apoyo, que la hay, y a todos los que entráis a leer mis escritos aunque últimamente os tenga algo abandonados.

Por primera vez no escribo sobre vino en esta web y me tiene preocupado.

P.D: La foto procede del archivo de Wikimedia Commons.

miércoles, 5 de enero de 2011

Sangre, sudor y lágrimas

Me encuentro mermado pero contento. Sentado ante el portátil el resto de la familia está acabando el día hablando de deseos de la noche de reyes. Bendita inocencia la de los pequeños. Acabamos de cenar un auténtico banquete de la materia prima: langostinos a la plancha y vieiras al horno, salsa de tomate y pan rallado, ¿para qué más?

El vino decidido desde por la mañana: Pierre Peters Cuvée Spéciale Les Chétillons 2002. Entre las prisas de “parar taula” y la rápida apertura de la botella no sé cómo un hilillo de sangre, como aquel de Rajoy, cae por la botella y el mantel. Me costó horrores sacar el corcho y no adivino a saber cómo he conseguido herirme.


Da igual, cura de primeros auxilios y todo listo en la mesa y es entonces cuando el más maravilloso de los Pierre Peters Cuvée Speciale que haya probado (todos desde el 98) aparece golpeando en la mesa como solo puede hacerlo el que tiene el poder. Me rindo ante el más maravilloso de los vinos de la casa hecho hasta ahora. Burbuja media hacia fina, aromas rotundos a cítricos, golpean las pituitarias de forma implacable, bella, salvaje.

Y esa ebanistería propia de la casa, maderas nobles mezcladas con una nota mineral de tiza, tímida, no parece atreverse a aparecer porque la fruta le sacude junto a notas de mantequilla fresca. La boca es grandiosa por lo refrescante, lejos del estancado 2000 y con la acidez que recuerda al 98 pero con mayor peso en boca. Lágrimas de satisfacción por un vino capaz de vivir muchos años.