domingo, 26 de septiembre de 2010

Vinos de Bulgaria: primera incursión

Mavrud, Melnik, Rubin… ¿les suena a algo? Confieso que hasta hace bien poco a mi tampoco. Son tres de las variedades autóctonas búlgaras que pudimos probar unos días atrás en una cata sugerida por Nedko de Vinosdebulgaria y realizada con Vicente como anfitrión.

Nos reunimos para catar ocho vinos totalmente desconocidos. Recuerdo como referencia una entrada de otro vino procedente de Bulgaria hace ya unos cuantos meses, un Traminer que no me convenció aunque sí que tenía una RCP más que aceptable. En esta ocasión quisiera destacar la enorme RCP que tuvieron los vinos catados e incluso creo que repetiremos más de uno en la tienda online.

Es indudable que Nedko Nedev conoce a la perfección los vinos que importa en exclusiva para España y después de una charla telefónica me sugirió alejarme en cierta medida de las variedades más conocidas, y que también se cultivan en Bulgaria, como la Cabernet o la Merlot, y centrarnos en variedades propias de la zona. Acertó plenamente con los vinos elegidos como veréis a continuación. Por orden de cata:

Unique Chardonnay 2007(bodega Pamidovo): El blanco de la noche. Aromas a paja, a heno, piel de melocotón y amielados. Nariz fresca y muy agradable. En boca es algo graso y de buen paso, con rica acidez. Violetas por retronasal, deja ese rastro amargo de la varietal. Muy buena RCP.


Salta Terra Mavrud 2006(bodega Pulden): Nos encontramos con la primera variedad autóctona del país, se cultiva desde tiempos remotos sobretodo en regiones del sur del país. Color picota, especiado en nariz, cerezas y rastros de madera. Frutal y graso en boca, buena acidez final con pimienta por retro. Tánico pero para nada agresivo. Pasó doce meses en roble búlgaro.

Mavrud 2004 “Las cuatro estaciones de Vivaldi” (bodega Trakia State): Color rubí algo subido. De nuevo cerezas rojas y madera. Aquí observamos fruta negra (moras) y regaliz. En boca más regaliz con un final de pimienta negra con un ligero amargor en el posgusto. Seis meses en roble búlgaro.


Merlot 2006(bodega Terra Tangra): Color picota medio. Aromas a sotobosque (hojas húmedas), maderoso, y a ciruelas. En boca los taninos algo dulces. Curiosamente este merlot acabó por debajo de los autóctonos en nuestro orden de preferencias. Doce meses en roble francés.


Unique Mavrud 2005(bodega Pamidovo): Color rubí brillante. De nuevo nos encontramos con los especiados: pimienta negra, y con cerezas. En boca de buen recorrido y un buen final ácido. Tanino algo más rugoso. Doce meses en roble búlgaro.


Melnik Nobile 2007(bodega Logodaj): Color picota algo subido. Aromas a tabaco. Recuerda a un burdeos en nariz. Boca amplia desde el principio, gran acidez, de nuevo tabaco y regaliz negro, canela y café. Vinazo. Doce meses en roble francés y búlgaro. Interesantísima esta variedad, nos dejó un buen recuerdo la Melnik, que se cultiva principalmente en la región del mismo nombre que roza el Mediterraneo.


Rubin Nobile 2007(bodega Logodaj): Tercera de las variedades autóctonas a catar, cruce de la nebbiolo y la syrah de gran potencial. Picota cubierto, aromas cárnicos, a oliva negra y pimienta verde. En boca es tánico pero agradable. Buen vino. Doce meses en roble francés y búlgaro.



Por último pudimos probar una curiosidad, un vino de frambuesa. Malinela(bodega Pamidovo) se presenta en botella de 50cl. y con 14% de alcohol. Se recomienda beber alrededor de los 7 grados, bien fresco, y es evidente que predominan los aromas a frambuesa. Muy agradable en boca, nos sorprendió su frescura y nitidez de aromas.

Como conclusión ponemos de manifiesto, nuevamente, la buena relación calidad-precio ya que todos los vinos están por debajo de los 16 euros. Incidir en la grata impresión con la que salimos de la cata: buenos vinos, novedosos y muy competitivos en cualquier mercado. Los tienen en Vinosdebulgaria.com, atrévanse a probarlos porque no se arrepentirán.

jueves, 16 de septiembre de 2010

Pacto de brujas

Corría el año 2005 cuando supe de La Tena. Hay que poner fechas de vez en cuando y me vais a perdonar pero mi memoria cada día es más escasa, todo hay que decirlo, por descuido mío.
El caso es que sus vinos me sedujeron de inmediato, desde el primer momento, y he llegado a escribir en multitud de ocasiones acerca de ellos. En este mismo espacio uno de los primeros escritos se lo dedicamos a la finca y al día maravilloso que nos hicieron pasar allí, bebiendo y comiendo, algo mágico.


Cinco años más tarde, más o menos, me dispongo a escribir unas palabras porque me veo obligado a ello. Todo cambia en esta vida: relaciones, trabajo, escuelas, nosotros mismos, todo cambia excepto el pedazo de tierra que pisamos. Podemos intentar modificarlo pero hay cosas que siempre están, como inmortales, más allá del bien y del mal, por encima de nuestras decisiones e insignificancias. La Tena es el ejemplo perfecto, con sus cualidades, siempre han estado allí, esperando que alguien les saque partido, con sabiduría y mágicamente, la unión perfecta.

Nunca he renegado pero sí que me he sentido excomulgado. A pesar de todo nos queda la herencia: sus vinos por encima de lo que somos y lo que hacemos. Ayer Vicente me hizo ver de nuevo la luz desde la oscuridad de la cata a ciegas y se lo agradezco. Probé un vino diferente a todos sus hermanos de nombre, vestido casi azabache, cereza en negro, sin ribete, enormemente joven. Su nariz no me dijo demasiado al principio: mineralidad muy contenida, mineral algo negro que mucho después se transformó en ese zumo de piedras de pizarra gris. Pero la boca…la boca me transportó a otro lugar, a otro momento, y cerré mis ojos y los volví a abrir para descubrir que no me había ido a otra vida, que aquello era real. ¿Es posible describir la perfección? Yo no soy capaz: sedoso, de principio a fin con una estructura sin brechas, nada que reprochar al vino. Larguísimo, pinceladas de cacao, de pizarra, de fruta madura, todo tallado a mano, con una acidez medida y precisa. Para qué seguir… Celler Paco Castillo: La perfección se llama Clos Dominic Vinyes Altes 2007.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Decíamos ayer…


Ya fuera Plauto o posteriormente Hobbes quién acuñara la famosa frase, yo soy de la misma opinión. No, ya sé que la que da nombre al título de esta entrada es de otro, lo sé. Yo hablo del egoísmo del hombre, por naturaleza. El caso es que tendemos a asegurarnos nuestra supervivencia y este espacio es un calco de las relaciones humanas y aquí estoy de nuevo.

Me apetece escribir sobre dos borgoñas básicos, así puedo hilar con la última entrada y también os proporcionaré dos nombres, uno para mal y el otro para bien. El primero es Fixin Vieilles Vignes 2006, de Bernard Bouvier y de Gevrey-Chambertin. Resulta un vino difícil, engañoso, parece frutoso con presencia de cerezas en licor y frutilla roja silvestre. Más tarde notas especiadas, de canela muy claras, pero también algunos verdores que se confirman en boca. Es precisamente allí, en la boca, donde no acaba de convencerme, acidez mínima y poca complejidad. No resulta desagradable su ingesta, pero tampoco seduce.


Cuando comparamos es cuando nos damos cuenta de las diferencias en cuanto a calidad. Muy recientemente pude abrirme el segundo de los vinos de esta entrada: La Justice 2006 de Gevrey-Chambertin del Domaine du Préau de Jean Bouchard. En nariz es más franco, accesible y agradable. Tal vez más borgoñón que el primero: fruta roja en cantidad, en su punto, jugoso y especiado, de tiralíneas se podría decir. Y es en boca donde juega fuerte, acidez marcada y largo recorrido, para beber ahora o guardar un par de años porque tiene potencial. Es de esos vinos que seducen vía retronasal, que marcan territorio. Muy rico, lástima que no pueda adquirir una segunda botella, de momento.


No hay tiempo para más, seguiremos explorando. Un saludo a todos.