lunes, 31 de mayo de 2010

Improvisando que es gerundio

Jueves, 11 a.m. hora Zulú:

Carles: ¿Qué tal si esta noche montamos algo improvisado y me quito de encima una botella algo anciana que debe estar más o menos bien…?

Oscar: Coño, ¡pues claro! A las 21:30 en mi casa (garaje), cenados y sin más tonterías. Yo pongo un dulce para el final y procedo a convocar a la peña vía mail

Una hora después…

Vicente: Perfecto, traeré un Champagne de reciente adquisición, un Blanc de Blancs que puede estar bien….

Toni (por teléfono a Vicente): No se hable más, si va de ancianos yo me llevo un Bosconia ´81 y a disfrutar que son dos días.

Carlos: No sé, no sé… mamones, ¡qué yo trabajo al día siguiente!... En fin, no sé…

Xavi (tras llamada de Carles): Allí estaré, el jamón, el fuet y las patatas fritas corren a mi cargo.


Así de rápido se monta una reunión, o lo tomas o lo dejas aunque, como bien dice un amigo mío ‘castaña que no pegas, castaña que pierdes’ (castaña es para mi amigo sinónimo de según que acto amoroso).
En estas citas, sin temática alguna preconcebida, se aprovecha para que cada uno se cuelgue la medalla con los vinos que más le gustan. La aportación es libre y altruista, no se comparan los precios o las etiquetas, cada cual aporta lo que le apetece, hoy por ti y mañana por mi.

La bacanal no empezó mal pero sí un poco más tarde de lo establecido (hay quien necesita llegar tarde para sentirse realizado…), nada que no se pudiera solucionar esperando al tardío miembro con una buena copa del champagne aportado por Vicente: Guy Charlemagne Grand Cru Blanc de Blancs.


Interesante ejemplar de espumoso localizado en Le Mesnil-Sur- Oger, patria de los grandes blancos burbujeantes de Chardonnay. Si algo tiene esa zona es su extrema mineralidad, la cual se transmite a la perfección cuando el trabajo en bodega está bien hecho. Este Reserve Brut era terriblemente mineral, algo reducido al principio y con un gas demasiado opulento hasta que el aire hizo apaciguar sus moléculas. Con el tercer trago la cosa tomó otro camino, la finura cítrica, los toques de bollería y el avasallador aroma calizo se fundían en una boca totalmente integrada, ácida y persistente. A todos gustó (sobretodo por su precio) y sirvió para aplacar el paladar de cara a los siguientes elegidos.

Toni, nuestro amigo grande, había descorchado hacía apenas media hora un Viña Bosconia Gran Reserva 1981 con lo que todavía tenía restos del lacre entre los dedos. Con estos vinos de Lopez Heredia corremos siempre el riesgo de faltar a la objetividad pues, después del homenaje que pudimos vivir en sus dominios, debemos una indudable pleitesía a todo lo relacionado con sus magníficas hechuras.

El primer olor que me vino a la cabeza al arrimarme el Bosconia fue ¡de juventud! Impresionante decir eso de un vino con casi 30 años. La madera todavía no está del todo ensamblada, parece que la fruta tiene todavía mucho camino por recorrer para llegar a superar al nivel de madera de su crianza. Lo que no cabe duda es que dentro de 10, 20 o 30 años el vino estará mucho mejor, más redondo y con esa madera ya más que integrada por la estupenda fruta y potente acidez que atesora en su interior. Ahora mismo el vino es una pasada pero está a menos de la mitad de su potencial final… paciencia para la próxima botella.

Llegó el turno del instigador de la reunión, Carles, nuestro intrépido y dicharachero escriba. Su botella anciana resultó ser un gran exponente de los que por el oeste de Francia se crían: Chateau Haut-Brion 1970, Premier Grand Cru Classé, “casi na”.
A la contra del anterior vino, que se mostró rápidamente tal y como era, éste apareció muy hermético. Todos esperábamos encontrar generosas dosis de terciarios que brillaron por su ausencia ¿quiere decir eso que todavía no había llegado su hora? No lo sé, creo que más bien hubiese sido mejor haberlo descorchado hace algún lustro.
Cuando el oxígeno empezó a mellar su caparazón, los aromas de cuadra, aperos curtidos y los consabidos toques terrosos eran puro vicio. Poco a poco, cómo una tortuga lenta pero segura, avanzaba por estadios diferentes mostrando a cada paso su mejor cara. La boca tardó en ser sincera, los últimos tragos son los que más comentarios de gloria suscitaron.
Si algo quedó claro con este Burdeos es que los vinos allí concebidos se han de mirar con otros ojos, eso sin contar que cuando tienen 40 años de vida se tornan mucho más emocionantes e impredecibles si cabe. Impresionante vinazo, sólo los grandes tienen esa alma tan poderosa.

Con el paladar satisfecho de tintos tocaba pasar a la parte dulce del día. Carlos, presente en la reunión por voluntad divina en última instancia, saco de la chistera un jovial y fresco Fritz Haag Juffer Sonnenuhr Spätlese 2007. Adictivo sería la palabra para describirlo, el simple hecho de olerlo ya te dice que es pura golosina, demasiada incluso para paladares cómo el mío (más agradecidos con menos cargas de residual en los vinos o, bien, con éstas mitigadas por los años en botella). Todo un ramillete de frutas blancas muy maduras, flores blancas completamente abiertas de par en par se adueñó de los allí presentes. Denso en la entrada en boca, dulce en primer momento y poco a poco, tras tragarlo, in crescendo con su acidez que deja un rico aroma de limón en retro.

Para el último turno el vino del anfitrión, el que escribe, donde se palpó y diseccionó a la diva una vez más. La comparación con el anterior vino se antojaba difícil pues el Gessinger Eiswein 1990 es un engendro de otra galaxia, no tanto por su calidad estratosférica sino más bien por sus credenciales ganadas a pulso durante 20 años de clausura (también necesitó de un aireado para descartar cierto tufillo reductivo). Se requiere cierta práctica a la hora de beberlo pues su abanico de terciarios va y viene, por un lado te muestra los 20 años que lleva preso y por otro te reta a que lo dejes todavía más tiempo en clausura. Cómo suele pasar con estos vinos, su espíritu camaleónico no dejó de fascinar mientras duró el contenido de la (canija) botella.


Visto lo visto y bebido lo bebido, tras levantar uno a uno de sus sillas, los enfoqué en dirección a la puerta y di la orden definitiva con la que se cierra el chiringuito hasta la próxima: ojo con los alcoholímetros y que se repita pronto. Id con Dios.

lunes, 24 de mayo de 2010

¿Milagros o sentido común?

Ultimamente no sé qué pensar. Parece que las últimas entradas estén unidas por un hilo crítico unido irremediablemente al mundo del vino. No es que ninguno de los que aquí escribimos lo pretendamos, pero mi última entrada también va de esto. Al fin y al cabo los que nos dedicamos a escribir sobre vino, por lo menos los que rellenamos esta web, nos gastamos nuestras ilusiones en forma de euros. A cambio recibimos trabajo y esfuerzos del productor, ilusiones encerradas como en una lámpara maravillosa, y el genio se nos aparece de vez en cuando.

Es en esta tesitura cuando te formulas preguntas, te sientes crítico delante del espejo y salen a relucir cuestiones con difícil respuesta, por lo menos a mi me lo parece.




Está bien, dejo ya de marear la perdiz y voy al grano:. Un vino sin D.O., de una variedad poco trabajada en España, al menos con resultados realmente positivos, la syrah. De una bodega poco conocida: Pago Diana, el vino es Clos Diana syrah 2006. Para mi sencillamente fabuloso y a 10 euros, DIEZ.


Tal vez este Clos Diana proceda de un pago virginal, tocado por los dioses y protegido por la hija de Júpiter. Tal vez este vino pretenda dejar claro, como la certera flecha que escupe el arco de la diosa, que es una elección segura, presentada en botella borgoña. Posiblemente quiera la bodega presentar un vino regio y muy seguro de que su interior no deja duda alguna.
El caso es que parece mentira que podamos encontrar un vino de tales características y a un precio muy comedido. ¿Cosa de dioses?. La bodega se sitúa en la Ribera baja del río Ter y cercana a su desembocadura en el Mediterráneo en la provincia de Girona. Se elaboran cuatro vinos: dos tintos, un rosado y un blanco (verdejo y gewürz). Este Clos Diana 2006 selección especial Syrah pasa doce meses en barrica francesa. Su color es picota no demasiado subido, no demasiado vivo. Nada más servirlo en la copa se aprecia el varietal, oliva negra. Fruta roja, frambuesa, grosella y un suave recuerdo a la madera que permanece en segundo plano. Ligeramente floral con la aireación y muy claramente recuerdos a hoja fresca de tabaco. En boca es de entrada ligera, suave paso donde deja sensaciones a tierra húmeda. Invita a beber este vino de claro carácter atlántico.


Con el dibujo de una sonrisa aún presente en mi boca me pregunto si son posibles los milagros, si un vino de 30 o 40 euros puede costar 10. ¿Satisfacción o indignación asociada a una batalla de precios desmedida donde el que no se llena el bolsillo es que es tonto? ¿Oferta y demanda o imposición desmedida? Ya no sé qué pensar.

lunes, 17 de mayo de 2010

Douros a cuatro pesetas


O la cuadratura del círculo. Difícil cuestión esta de buscar la máxima cualidad al mínimo precio, máxime cuando el mercado es tan diverso y dispar que uno se pierde en tanta selva virgen.

Recientemente un videoblog me mostraba como en una cata a ciegas sobre los mejores burdeos franceses se alzaba ganador, entre un escogido grupo de 'gurús' en el mundo del vino, un modesto ejemplar a no más de 15 euros sobre un enjambre de pesos pesados con nombres tan pomposos como prestigiosos como Chateau Latour, Petrus, Ausone, Lafite, Haut-Brion, Cheval Blanc, etc.

No hace mucho lancé una pregunta que nunca tendrá una única respuesta, ¿cuál es el precio del vino? Pues bien, abundando aún más en el tema lo primero es que hay que tener muy claro lo que buscamos en todo momento. No es lo mismo una cata que una comida, por ejemplo, o unos amigos más o menos entendidos que un grupo de neófitos.

Lo segundo,¿ qué esperamos encontrar en un determinado producto? Debemos incidir en la temática. No es lo mismo un blanco que un tinto, un vino viejo que uno de cosecha reciente, ni un syrah que un tempranillo, ni un vino atlántico que otro mediterraneo, ni un Rioja que un Ribera, ni un Cava que un Champagne , ni un dulce que un seco, valga se me permita poner estos ejemplos tan peregrinos. Uno debe ir a la tienda un poco con la lección aprendida y un guión flexible de la película que le interesa.


Y lo tercero, una vez probado lo que nadie discute y es bandera de culto de guías y tertulias vitivinícolas debe ser enteramente reescrito a título personal. Es hora de buscar cosas nuevas y abrir nuestro abanico de posibilidades. No sería la primera vez que un vino desconocido y de supermercado hace palidecer a los consagrados y más caros de la liturgia enóloga.

La elección se hace más difícil cuando variables tan importantes como la añada y el pago intervienen lastrando aún más económicamente el producto final. ¿Qué es mejor, un año discreto más económico o un pago vecino no tan reputado pero de añada excelente? Aquí entra en juego el fino olfato de sabueso que los que tenemos el bolsillo mareado de tanto meter la mano afinamos al máximo buscando aquí y allá cualquier oferta que satisfaga nuestro primario instinto.

Y es en torno a este tema que giró una animada conversación en aras de hacer más placentera una tarde ausente de los pedales que animan regularmente las salidas de unos cuantos Vadebacus debido a la convaleciente rodilla de un fiel compañero de fatigas. Conversación entrecortada por los movimientos convulsivos del diafragma –léase hipo- de otro de los tertulianos que improvisadamente se unió al grupo ese día.

Guardaba celosamente un segundo ejemplar de un Duas Quintas Reserva 2004 de la D.O. Portuguesa Douro. Un vino que ya había degustado hace un par de años y que fue adquirido en la mítica Casa Macario del centro de Lisboa.
La Touriga en sus múltiples variantes crea una personalidad propia, con matices claramente atlánticos, lácteo, con yogur de moras, algo salino y una madera muy integrada, que expresan las cualidades de la zona, productora de su hermano mayor mucho más conocido, el Oporto.

Sin duda tras esos seis años Duas Quintas ha ganado en cuerpo y recorrido con una personalidad muy propia y que a nuestro juicio ayudan a formar ese mapa tan carácterístico en torno al río Duero que va desde su cabecera hasta su desembocadura en la ciudad que lleva el nombre del producto que le ha dado la fama, o Porto –el Puerto-, en lengua lusitana.

Y como si del Péndulo de Foucault se tratara cambiamos de la ribera atlántica a la mediterránea. Sin conocer detalle nos asaltan notas dulzonas, con mucho mineral, pizarra, fruta muy madura, algo balsámica y torrefacta. Dudamos porque para el Priorato 2005 ya son unos cuantos años pero hay un “deja vu” cuando leemos la etiqueta: Clos Dominic Vinyes Baixes 2005. El Merlot destaca por delante del Cabernet y la Garnacha pero el matorral queda un poco más escondido debido a la templanza que da un lustro de guarda.


Vamos como votantes indecisos de un vino a otro. Difícil elección, tan primaros y tan diferentes. ¿Precios? Mientras mi economía lo permita los seguiré disfrutando.

lunes, 10 de mayo de 2010

Padre, he pecado (y de qué manera).

Valga ante todo mi deseo de amistad. Algunos puede que, después de leer esta recalcitrante entrada, tengan deseos de justo lo contrario: enemistarse con el pecador que la escribe.
Sirva este espacio compartido con mis compañeros de “fatigas” a modo de confesionario para exponer mis pecados más sibaritas, aquellos que sólo se pueden declarar delante de personas que lo puedan aceptar y entender.

Siete dicen que son los pecados capitales (lujuria, gula, avaricia, pereza, ira, envidia y soberbia), a ellos me voy a referir para intentar exteriorizar lo mejor posible mis mejores siete vinos ingeridos (o quizá debiera decir expirados).

Todo empezó hace ya más de 12 años, aunque el espíritu del vino siempre ha habitado en mi propia morada. Recuerdo que la mecha se incendió cuando cierto personaje, menos afín a mi persona en estos momentos que hace una década de años, me dio a probar un “simple” Barón de Ley Reserva 1994. Aquello fue la hecatombe, a partir de ese momento apenas recuerdo otra cosa que mis ansias devoradoras de vino.
Con los años me doy cuenta que mi papel en esa historia era cómo el de la virginal Eva, allá en el paraíso, expuesta y dispuesta a las manzanas envenenadas que malévolamente aparecían ante ella para llevarla al lado oscuro (tinto) de la vida…
Ahora ya, inmune a todo ese veneno, predispuesto a soltarme la melena antes de que los fuegos fatuos del infierno purifiquen mi cuerpo y alma, reflejo sin pudor los mejores momentos vividos en esta vida de pecado continuo.

El primero de los siete pecados cometidos, la lujuria, entró en mi cuerpo en forma de Petrus 2002. Un cúmulo de factores –y de euros- se aliaron para darme esa tremenda satisfacción que es probar uno de los más grandes vinos del mundo. Volvería a pecar una y mil veces más con este vino, su aroma profundo y su boca tánicamente perfecta, sabrosa, fueron capaces de trasportarme a otra dimensión, la dimensión donde el buen karma se amontona generosamente y la plenitud del espíritu campa libre… padre, he pecado.

El Trockenbeerenauslese (TBA para los amigos) 2005 de mi amigo Alexander Barzen es pura gula. En esa diminuta botella cohabitan casi 100 gr. de azúcar natural (255 gr/l) que sirven para trasformarte en un pantagruélico adicto al dulzor más puro y refrescante… recuerdo, y como yo muchos otros también, esas miradas entrecruzándose sin saber donde cogerse por el tremendo vértigo que provocó su primera bocanada… padre, he pecado.

Pingus 2003 y cada una de las 8 copas que pueden salir de su botella es lo más cercano a la avaricia. Apunto estuve de irrumpir contra mis compañeros de cata y arrancarles ese preciado líquido de sus insignificantes copas… Pingus es Pingus, tiene un olor, una boca y una emoción que sólo él puede dar, personalidad a raudales, complacencia abrumadora.
Y para más inri, a estas alturas de mi pecadora existencia, ya han sido dos los días de pecado con éste… padre, he pecado.

Pereza es lo que sentí cuando vi que se me servían una copa (y fueron varias las que al final pude probar) de Chateau Latour 1994. La poca experiencia que poseía me decía que tenía que relajarme, apaciguarme con mi propio ser y abrir la puerta a una tranquilidad que me permitiera verle vivir, verle cambiar, verle crecer en copa, ver como me poseía. Como un trueno entró y me dejo noqueado, la casta de estos grandes vinos se gana con muchos años de experiencia y con dosis de savoir faire. El más bruto, y a la vez elegante, que he podido usar para mi deleite personal… padre, he pecado.

Toca dar la tanda al que trasformó mi vida de forma radical, no sólo por provocarme la ira por no disponer de alguna otra botella para recrearme en el futuro (tema solucionado a estas alturas), sino por hacerme avergonzar de mí mismo por no haber sabido descubrir antes el edén de los mejores blancos del mundo. Nada más y nada menos fue Grans-Fassian Apotheke Auslese-GK 1990 el que me sirvió de vehículo para surcar la dimensión desconocida.
Esa esencia de pizarra, mezclada de una manera ejemplar con una fina dosis de hidrocarburos, esas flores blancas radiantes y frescas cómo el primer día, esa frescura cítrica que aguijoneó mis papilas para siempre, no hicieron más que hacerme enloquecer y, trago tras trago, recluirme un una mísera existencia de pleitesía hacia la riesling… padre, he pecado.

En Porrera, sentado en la mesa del que parece el mejor restaurante del pueblo, con una grandiosa compañía y perfectamente puesto en situación, viví la envidia en primera persona. Envidia del poder de otras personas hacia la fe de lo que es suyo, hacia lo que ellos creen apostólicamente y defienden a capa y espada.
Allí, con un decantador lleno de Clos Dominic Selección Andreu 2004 pasé del estado existencial al puramente metafísico en cuestión de minutos. Todo salvo la copa Riedel que contenía ese barroco vino se esfumó y me dejó disfrutar, una vez más, de esa chispa de nervios que se sienten cuando estas delante de un grande. Profundidad de aromas, exultante cariñena, sin maquillajes ni otros artificios… padre, he pecado.

Cuando ya pensaba que no podría pecar más de lo que había pecado, va y aparece Salon 1996, soberbia personificada. Entre otros pecadores -que no dudaron en hincar las rodillas al cielo implorando perdón- me encontré diseccionando ese líquido dorado, efervescente en su justa medida, camino de la perdición una vez más. Tiene todo lo necesario para hacer caer en la tentación, su aroma fresco y mineral, su entrada en boca puramente relativa y su magnánima presencia en boca hacen de él una aparición demoníaca en forma de botella barriguda (a mis ojos de pecador más se parecía a la esbelta silueta de una musa escultural que a un vulgar envoltorio de vidrio)...padre, una vez más, he pecado.

Espero que mi paso por el purgatorio sea corto y satisfactorio al máximo, que no se alargue y pueda volver a ver la luz que, en las siete ocasiones descritas, atisbé a ver más en mi paladar que en mis ojos.
La vida es demasiado corta y, cómo dice más de un buen amigo mío, es mejor vivir que sobrevivir, así ¡que me quiten lo bailao!

lunes, 3 de mayo de 2010

¿Bebemos mucho?


El eterno dilema. ¿Es diferente el alcohol del vino al alcohol de un destilado? ¿Beber vino es saludable o es perjudicial para la salud? Yo no tengo las respuestas ya que no soy un experto pero sí que me he planteado esas y otras cuestiones similares.

La verdad es que no hay demasiada información en la red y, como suele pasar, la existente defiende la cultura del vino y sus efectos en función de creencias personales y corrientes de opinión según el momento más que en estudios científicos concluyentes.


A falta de un estudio serio y ajeno a bodegas que defiendan sus negocios o fanáticos y más papistas que el Papa, quisiera plasmar aquí algunas ideas de entre las encontradas y, tal vez, alguno de nuestros lectores con más arte que beneficio pueda aclarar nuestro mar de dudas.
Conste en acta que no pretendo frivolizar sobre un tema cuanto menos delicado y tampoco quisiera que vosotros lo hicierais.

La ingesta de alcohol es absorbida rápidamente durante la digestión, la mayor cantidad de alcohol es absorbida en el intestino delgado y pasa al torrente sanguíneo. El flujo sanguíneo dispersa todas las partículas de alcohol en todas las partes del cuerpo en función de la proporción de agua de los tejidos. El alcohol destruye las células de los tejidos, del organismo, y es necesario eliminarlo del cuerpo mediante el proceso de la metabolización. Ese proceso, ocurre en el hígado. Parte del alcohol no necesitar ser metabolizado mediante oxidación sino que se elimina sin más en la orina, sudor o aliento. El alcohol restante, antes de ser metabolizado por completo, ataca órganos como el cerebro además de tejidos.


El proceso de metabolización es constante y depende del número de encimas existentes en el hígado y, por tanto, ciertos factores inciden en el procedimiento. La presencia de grasas en las comidas no son favorables para la eliminación del alcohol, he podido leer, y resulta curioso el hecho de que las mujeres son más propensas que los hombres a enfermedades que se derivan de la ingesta de alcohol, como la cirrosis hepática. Esto puede ser debido a una menor concentración de la encima HDA en el estómago así como un menor volumen de agua en las féminas.


Profundizar en el tema por mi parte sería una temeridad, por ignorancia, pero me gustaría que alguno de los expertos que nos siguen, expertos en química, salud y similares nos pudiera explicar algo más del tema en cuestión. Lanzo una pregunta al aire: ¿son la mayoría de cirrosis hepáticas (que consisten en la destrucción progresiva del tejido hepático siendo sustituido por tejido fibroso, provocando una merma en las funciones propias del órgano) producidas por una elevada y continuada ingesta de alcohol? ¿Qué proporción de las muertes por cirrosis mantienen algún tipo de correlación con el abuso de alcohol? ¿Beber vino es sano? ¿Es diferente el alcohol del vino al de los destilados?

De los teóricos efectos beneficiosos del alcohol hemos leído y advertidos en los medios de comunicación: evita algunas de las enfermedades cardiovasculares, contiene antioxidantes, etc.
Además de catar (y escupir el vino) también lo bebemos. ¿Nos pasará factura en el futuro?
Es momento de leer vuestros comentarios.