lunes, 26 de abril de 2010

Devaneos de primavera


Desde las páginas del dominical de la Vanguardia el mediático Santi Santamaría hacía una reflexión en voz alta que no puedo por menos que hacerme eco en este foro por si alguien quiere contribuir a empujar esta polémica cuesta abajo como si de una bola de nieve se tratara.

El afamado cocinero intentaba justificar el alto precio de los vinos servidos en los restaurantes que triplican en muchos casos la factura con que liquidamos la cuenta de uso de fogones y mantel que nos sirven en bandeja de plata. Dejando aparte las elucubraciones de Santamaría, que no comparto, sobre lo caro del servicio y los impuestos asfixiantes que incitan a cobrar tres veces por lo que se puede encontrar sin ningún tipo de esfuerzo en una tienda o en un supermercado, me gustó sin embargo su acertada reflexión de lo que estamos dispuestos a pagar por un bien consumible como lo es una botella de vino.

¿Cuál es el precio correcto de un vino? Pues el que no nos importa volver a pagar otra vez.

Y es en esta acepción que descansa toda sabiduría aprendida no sin tesón ni esfuerzo, con alguna que otra lágrima derramada, a lo largo de media vida acumulando experiencias. De la misma manera también podemos deducir: ¿Cuál es la medida del esfuerzo para alcanzar la satisfacción? Aquella en la que nos empleamos a fondo aún traspasando los límites para conseguir nuestra pequeña dosis de placebo.

Y no vale decir que las uvas están verdes únicamente porque no alcanzamos a comerlas…como en la conocida Fábula. Sin embargo, y volviendo al tema enológico, habrá vinos que nunca motivarían que me gastara ni un solo euro aunque vieran reducidos drásticamente su precios mientras que en otros estaría dispuesto a hacer saltar la banca apostando toda mi maltrecha economía a una sola carta.

Hay botellas que en abrirlas un pedacito de su alma provoca emociones que no podemos racionalizar y andamos como locos para volver a encontrar estas mismas sensaciones. Y es entonces cuando comparamos y los catalogamos según nuestra escala de valores.
En pos de esta filosofía decidimos recientemente que cada uno de los presentes, en otra de las improvisadas reuniones con nocturnidad y alevosía, aportara aquello que le hubiera inspirado alguna emoción en el deseo de compartir experiencias y sensaciones.


Viña Tondonia Gran Reserva Blanco de 1981. Una de las joyas intemporales de la familia López de Heredia. De este ejemplar han sido unas cuantas las botellas que han desplegado todo su inmenso potencial por las copas de Vadebacus y siempre nos parecerán cortos nuestros adjetivos para describirlo en estas páginas.
El azahar y los cítricos algo pasados se combinan con un cierto vapor balsámico que yo he definido, no sé si con buen criterio, como pipí de gato. Nada peyorativo porque es adictivo y muy largo. El tiempo corre a su favor y en estos momentos está enorme y uno de los blancos que más me gustan del panorama nacional. Huelga decir quién eligió incluir este vino para la susodicha cata... Para más señas visiten también el siguiente enlace.

De un poco más al noroeste de nuestra península procede el siguiente invitado: un Carmelo Rodero Gran Reserva de 1996. Un Ribera del Duero más bien con impronta de autor que a alguno se le había atravesado en versión Reserva,sin más.
Pero cómo cambia el cuento de la Caperucita cuando probamos este Gran Reserva. Sorpresa general y un silencio en la sala para saborear a placer la fruta madura en su punto con una pimienta especiada y un chocolate amargo que limpiaba el paladar a cada trago. Al rato aparecían también notas salinas de alga marina, algo muy propio de los terciarios de la Ribera.

Hacemos un salto geográfico y nos plantamos en la comuna francesa de Saint-Estèphe, en el departamento de la Gironda, en la región de Aquitania, en el suroeste del país galo y adscrito como una de las subdenominaciones de la D.O.Burdeos. Chateau Haut-Marbuzet de la cosecha de 1999. Un vino carnoso, húmedo a la vez que dejaba entrever aromas de apero viejo e incluso estiércol recién abierto. Se notaba más viejo que el anterior aún siendo tres años más joven. Un caballo ya no pura sangre, más bien percheron y de andares más cansinos pero firmes y batiendo la tierra arcillosa mostraba la cara más tópica de los caldos bordeleses.

Como colofón y alejándonos aún más de la península viajamos de un salto hacia la Renania- Palatinado alemana, concretamente a la localidad de Trier, ubicada a orillas del río Mosela. La diva es protagonista, el riesling lo es todo y adopta mil y una caras dependiendo del pago, el productor, la recolección, la manufactura y el uso a que se destina. La dulce tentación vino de la mano de Reichgraf von Kesselstatt Scharzhofberger Riesling Auslese 1990. Año mágico para los de recolección tardía. El único ‘pero’ la botella de 3/4 de litro que se avecina escasa ante la mirada avariciosa de los comensales. Lo más difícil es medir milimétricamente la dosis para cada uno. Parecemos yonquis es estado avanzado de mono.

La espera vale la pena, sabor acidulante que en forma de espesas gotas van lacerando las papilas gustativas. La garganta arde ante tanta exuberancia y eso que únicamente presenta un 8% de graduación alcohólica. Un digno final para una jornada tan particular: 4 gustos sin disgusto para otros tantos degustadores.

N.A. Las fotos son gentileza de Vicente Sierra

24 comentarios:

Oscar Gallifa dijo...

¿Un vino blanco de 1990 (con 20 años encima) os ha dado tanto placer? respuesta: 20 años para ese tipo de vino, para esa estructura, para esa elaboración o esa añada, es comparable a cuando la Schieffer tenía 20 años... todavía le queda por delante mucho que correr :-)

Inconmesurable el otro blanco del día, Tondonia es Tondonia y siempre lo será, único en su género, siempre dispuesto a crecer mientras queda en la copa... de tintos, en esta ocasión, y tirando de imparcialidad patriótica, me quedo con el Ribera, ¡qué pasada de vino! de libro señores, de libro.

Enhorabuena por el escrito amigo pedaleador, you are the beast.

OG

Mauricio dijo...

Hola VadeBacus. En primer lugar quiero felicitarte por tu blog. Aquí en Cádiz hay un amante de la riesling y especialmente del Reihngau. Estoy elaborando un mapa de bodegas que he visitado y de viñedos de la zona.

Respecto a la entrada sobre el precio de los vinos en un restaurante diré lo siguiente. Yo soy periodista y hace ya unos cuatro años hicimos ese estudio con los restaurantes de Cádiz. ¿Cómo puede un vino costar 8 euros en una tienda y 28 euros en un restaurante? La respuesta de los hosteleros no te la repito y sí mi percepción: son piratas. En Francia los vinos no son tan caros en los restaurantes (por lo general). En Alemania, y tú lo habrás vivido, tampoco. Aquí hay restauradores que ya no comulgan con inflar el precio del vino y eso cuenta a su favor a la hora de elegir un lugar para una cena o una comida.

Finalmente, sobre el mediático Santi Santamaría, diré que me casé con mi mujer y fui a cenar a París en la luna de miel. Pagué 180 euros por un pinot noir fabuloso. ¿Volvería a hacerlo? Volvería a casarme con mi mujer, a disfrutar de aquella luna de miel y si el vino hubiese sido otro y costase 18 euros, diría lo mismo. Tú no me pones sobre la mesa los sentimientos con los que llego al restaurante sino que me ofreces nuevos. Y la botella de vino, amigo mío, no vale más o menos en función de la sonrisa con la que entro por la puerta. ¿Es abusivo pagar 4 euros por una CocaCola? Parece que Santamaría cree que si eres feliz al bebértela, pues no. Pero lo es. El sumiller de Santamaría, que es gaditano precisamente, no cree en tantas tonterías. El vino tiene un precio y saber fijarle un precio no es cuestión de sentimientos. En España nos queda mucho que aprender al respecto.

Perdón por extenderme tanto y repito mi felicitación.

Carlos Palahí dijo...

Pero me gustaría una respuesta al nudo de la cuestión.
¿Cuál es el precio de un vino?
Enchufa la máquina de pensar para que la materia gris vaya calentando la idea.
Gracias amigo escalador.

VadeBacus dijo...

Mauricio y Carles,

Lo del precio de los vinos en restaurante es un tema que ya ha consumido demasiadas palabras y que, pese a nuestros mejores consejos, nunca se ha hecho el más mínimo gesto para solucionarse.
Particularmente pienso que es una vergüenza que un restaurante, unicamente por descorchar (mal en muchos casos) y servir unas copas (fatal en la gran mayoría de ocasiones) gane más dinero que el propio reaizador de ese vino! pero bueno, ¿cómo se entiende eso?

Mi actual posición profesional quizá me limita en otras opiniones al respecto pero, cómo antes de cura he sido monaguillo, sigue sin gustarme que me tomen el pelo: cuando voy a comer a un restaurante eligo el vino con mejor RCP y no el que de verdad me gustaría beber, siempre condicionado por el dichoso precio.


OG

Carlos Palahí dijo...

Estupendo aporte amigo Mauricio.

Estoy de acuerdo contigo excepto en lo de si me volvería a casar con la misma....:-)

Ahora muchos restaurantes ofrecen el vino más como un servicio que como una manera de robarle la cartera al cliente. Conozco algunos en los cuales es posible encontrar añadas de difícil acceso a precio de cuando fueron adquiridas.

El vino tiene un precio aunque siempre tendrá una parte que será subjetivo, es decir que irá en función de los atributos intangibles que despierta: léase sentimientos,valor añadido, terciarios, guarda,exclusividad, etc...

Decirte que soy un amante de lo que se cuece en tierras gaditanas.

Saludos de otro periodista.
C.P.

SIBARITASTUR dijo...

Estupenda cata y crónica. Con respecto a lo de Santi, puedo entender que en un restaurante así, por costes de personal, impuestos (mayores cuanto mas estrellas, creo) el precio se eleve un poco. Un margen de mas o menos 6 € por botella(con respecto al precio de tienda) me parece razonable, teniendo en cuenta que tienen ademas, el margen comercial por debajo de precio en tienda. Bien, subimos a 10 € de margen, todo lo demas es directamente abusivo (hay botellas y botellas). Que ganen mas en vino que por plato me parece increible.
Solución, no venderles vino. Pero claro, hay que vender que las cosas esta mal, entonces de que nos quejamos?

Oscar Gallifa dijo...

Efectivamente Jorge, el hecho de no vender vino a los restaurantes (en plan venganza por lo abusivo de su reventa)sería lanzar piedras encima de nuestro tejado... Sinceramente, creo que la pelota está más en el campo del cliente final, el que opta por gastarse en un restaurante un 300% más en una botella por el mero hecho de que se la descorchen y le sirvan una copa en la mesa.


Saludos

OG

PD: no tienes nada que decir sobre el Carmelo Rodero..? :-))

SIBARITASTUR dijo...

Oscar, no estoy de acuerdo contigo. La pelota no solo está en el tejado del consumidor, está en el tejado del bodeguero para empezar, es su producto y ha de cuidarlo.
Parte de todo este problema surge por la intención de vender por encima de otras cosas.
El bodeguero (hablamos de producciones pequeñas, de calidad, otras no tendría sentido) deben de controlar el vino, desde que se hace en la viña hasta que llega ala mesa de un consumidor.
Del Carmelo Rodero poco puedo decir. No he probado este que comentas.
Mi experiencia en alimentaria fue con el reserva 04, me dejó la boca dormida de la tanicidad y ya no me enteré del resto, incluido el Tsm.
Ante mi cara rara y mi comentario sobre la tanicidad, la chica me vino de decir que no entendia mi reacción ya que el vino estaba redondeado (¿?), en fin, como esto es subjetivo.....

Oscar Gallifa dijo...

Pues no, no estamos de acuerdo. Siempre he creido que el vino en el restaurante es opcional, a nadie se le obliga a dejarse un pastón por pedirse cierta botella.
Creo que en este tema tenemos el oremus un poco confundido, me suena exactamente igual que el boom inmobiliario, mientras hayan personas que se gasten esas sumas impropias en según que productos, todos saldremos perdiendo (salvo el restaurante y las inmobiliarias en este caso que nos ocupa, y así les va actualmente a estas últimas).
También se llama ley de la oferta y la demanda... justamente el otro día me comentaba un tendero de Sant Cugat que, los restaurantes, piden una tercera parte de vino que antes. Eso los que quedan de pie porque son más los que han bajado la persiana.
La gente ya no está para tonterías, y yo que me alegro.

Sobre el Carmelo, a eso me refería, que me creo tu apreciación de Alimentaria pero no deja de sorprenderme la extrema calidad de este GR, ¡era excelso! será por culpa de los años?? al final será verdad que la (incontinencia) de madera acaba integrándose bien? :-DD

Saludos

OG

CarlosGonzalez dijo...

Si alguien paga un determinado precio significa que ese precio ya está justificado?.
Por qué en determinados restaurantes el precio de los vinos fluctúa entre el 1x y el 1'5x mientras que en otros es del 3x?.
Es normal que el que ha hecho el vino cobre x mientras que el que lo distribuye/vende gane lo mismo o mas?
Y no me vale "es que en la sociedad de hoy en día todo se mueve así".
Solo preguntas al aire, de entre muchas.

Olaf dijo...

Bonitos vinos, sorprendente ese ribera, pero como solo he probado otras versiones y otras añadas, pues no diré nada mas. El Haut Marbuzet fue casi el primer vino que caté con los Sarmientos, un 95 en Entrevinos. Estaba bastante rico, por cierto.
Sobre lo de Santi... pues sobre el precio del vino, coincido. Si me gusta y volvería a comprarlo, supongo que es porque encuentro que el precio es justo. Pero en restaurantes es distinto. Muchas veces tienes que pasar por el aro, sobretodo si te gusta mucho mas el vino que cualquier otra alternativa para acompañar la comida. Eso si, si veo las botellas por las estanterias, las copas lamentables y precio x3, entonces si que me tiro a la cerveza.
Sobre lo de comparar con otros paises... creo que no podemos hacerlo en este caso. El vino en restaurantes, por lo general, es mucho mas caro en Francia, UK, Holanda y en muchos sitios de Alemania. Al menos esa es mi experiencia.
Saludos
Olaf

Carlos Palahí dijo...

Muy buenas Jorge.

Cuando catamos el Carmelo Rodero pensamos justamente en tus recientes apreciaciones y cuan distinto viene a ser el que nos ocupa. Estoy de acuerdo como oscar que los años y la madera se han conjurado en este caso.

Y sobre lo de encima de quién está la pelota pues yo diría que en principio es el consumidor quien tiene que poner a cada cual en su sitio.
De todas maneras ya hay restaurantes donde es posible encontrar una botella entradita en años y a precio X1 de cuando la adquirieron y eso sí que es un buen servicio a la causa.

Carlos Palahí dijo...

Bon jour mon ami,la vie c'est comme ça.
Ya comento en el Blog que este es un tema polémico donde hay más preguntas que respuestas.
Que cada cual extraiga sus propias conclusiones.

Visca el Barça!

Carlos Palahí dijo...

Bienvenida sea tu experiencia Olaf.
Este es mi segundo Haut- Marbuzet.El primero fue en el desaparecido Excellence de aquí, en Barcelona.
Me pareció un vino en el cual se reconoce un buen Burdeos.
Cuando no hay más remedio yo también me tiro por otros caminos, concretamente en mi caso a la marca del refresco americano con nombre de droga y trasero de animal...
Yo a esos restaurantes no suelo volver.
Saludos

Carlos Palahí dijo...

Para el aprendiz de obispo de la Franja.

Cuidado con la abstinencia que entonces uno se deprava con lo primero que encuentra, con resultados nocivos para la concurrencia.

La RCP siempre está presente cuando hay que hacer malabares para llegar a fin de mes.

Salut i força al...

Smiorgan dijo...

Carles, creo que tu has dado una magnífica respuesta. "¿Cuál es el precio correcto de un vino? Pues el que no nos importa volver a pagar otra vez."
Eso implica que el vino nos ha gustado y nos ha parecido muy correcto en su RCP, haya costado 10 o 1000 euros.
Lo de los restaurantes...
En general creo que hay una tendencia generalizada al abuso. Yo estoy de acuerdo en pagar algo más que en tienda, pero cuando veo que en un sitio piden 75€ por un Remírez de Ganuza que acabo de probar en una presentación de la bodega, y que se vende al público por alrededor de 40€ (quiere decir que a restauradores les cuesta aún menos), no puedo evitar pensar que en ese restaurante son unos ladrones.
En cualquier caso, tiempo al tiempo, creo que estamos de bajada en este tema. Me explico, creo que cada vez había más gente pidiendo vinos y pagando cualquier precio por ellos, muchas veces por lucir que por verdadero disfrute y conocimiento. Y creo que la cantidad de gente que hace esto es cada vez menor. El cliente mide mucho más lo que pide y paga, y si el conocimiento de precios y calidades se va extendiendo, más gente hay que no está dispuesta a pagar 3 veces el precio de una botella.
Oscar, yo cada vez más busco en la carta de vinos una buena RCP y ese es el vino que pido. Salvo que me encapriche mucho mucho de algo, que a veces pasa. Ante el abuso, me compro el vino en tienda y arreando.
Ah, de Carmelo Rodero sólo he probado un Roble de 2007 y me encantó.
Saludos.

Oscar Gallifa dijo...

Me encantan estas entradas que dan tanto juego.
Veo con agrado que la mayoría tiende a la moderación y a satisfacer sus ansias de vino de forma lógica, sin dejarse medio sueldo en una botella que, en la tienda de al lado del restaurante, cuesta una tercera parte.

Estoy plenamente con Carles y Smiorgan, cada cual que pague lo que quiera (mi poder adquisitivo no es el mismo que el de un jeque árabe, está claro...)pero la ética jerárquica en esto del vino (aunque a algunos le pese es así: bodeguero, distribuidor, tienda o restaurante, cliente final) no puede cargársela de un sablazo el penúltimo eslabón de la cadena (que es el que menos hace por la causa y ¡el que más cobra!).

Que grande, bonito y dispar es el mundo del vino.

Saludos a todos.

OG

PD: Smiorgan, lánzate y prueba cuando puedas algún reserva entrado en años (´99 o ´00) de Carmelo Rodero, verás que no es tan fiero el león cómo lo pintan..:-)

Carlos Palahí dijo...

Aquí y en este tema caben tantos comentarios como postulantes.
Smiorgan, cuando se conoce el precio de la mercancía bien es cierto que no se está dispuesto a pagar más por el simple hecho de ser servida con distinto mantel y una copa diferente...
Oscar alude a la ética jerárquica del vino. De hecho cada vez es más común acercar el productor al consumidor final eliminando pasos intermedios que encarecen el producto.
Lo dicho, el restaurante tiene que entender el vino como un servicio que le dé valor añadido a su carta de presentación.
Saludos.
C.P.

SIBARITASTUR dijo...

Como cliente puedo entender que us restaurante que guarde con criterio botellas de añadas antiguas para ofercerlas en su punto, ha de subir un `poco el precio.
Tambien entiendo que invirtiendo en botellas mas caras tenga un poco de margen mas alto.
Pero lo que no entiendo son los margenes abusivos de si porque si, aunque lo sirvan bien, es su obligación (los que ni lo hacen..., sin palabras).
No hay que condenar los intermediarios pero si que se ganen un dinero honrado en un margen lógico y eso siempre depende de la bodega, no del consumidor con la decisión de comprar o no.
Yo si tuviera que vender un producto mio, me molestaría ver los margenes que otros se llevan y trataría de que no ocurriera. La respuesta de que las cosas son así y el sistema es así es un arma de doble filo que no ayuda en nada.
Y la RCP para mí está presente siempre, haya que hacer malabares o no para llegar a fin de mes.

Carlos Palahí dijo...

Bien Smiorgan.

Para cambiar el sistema primero hay que aceptarlo, conocerlo y moverlo desde dentro. ¿Cómo? Pues no volviendo a tropezar dos veces con la misma piedra- llámese restaurante donde nos hemos sentido estafados-.

Además para esto existe el' boca-oreja' para recomendar o censurar tal o cual establecimiento o producto.Este es un potencial todavía no muy explotado.

En eso se basa la ley de la oferta y la demanda. Ahora con la 'crisis' muchos restauradores apuestan por ofrecer la máxima calidad a un precio que se entienda como razonable.

Saludos.

Anónimo dijo...

Tendriamos que llevar una camiseta oculta con enormes letras, a enseñar cuando los precios fuesen abusivos, que dijese:
NI VINOS NI POSTRES EN EL RESTAURANTE (tambien valdria una pancarta enrollada.
Es una broma, pero en realidad, se te quitan las ganas de consumir ambos por la tomadura de pelo en muchisimas ocasiones.


Santiago.

Carlos Palahí dijo...

Bienvenido Santiago.

Estaría bien que todos los comensales se pusieran de acuerdo y enseñaran una camiseta alusiva '¡basta ya de precios abusivos!'.
Pero eso también valdría para otras mcuhas 'injusticias' de la vida diaria,¿no?,ja,ja,ja.

Saludos.

Vicente Sierra dijo...

Como me gustan estas catas improvisadas en las que cada uno hace el aporte sorpresa, generan ilusión, compañerismo, disfrute y el final suele ser de lo mejor, que no pare por favor!.
Lo más triste en el tema vinos y restaurantes es que la mayoría de ellos el servicio y la conservación son de verdadera pena además de multiplicar su precio x2 o x3.

Saludos.
Vicente.

Carlos Palahí dijo...

¡Que alegria Vicente!

Con esos buenos deseos deberías crear una ONG:-)
Hay que señalar que una vez más fuiste artífice de la convocatoria improvisada ya que se jugó en tu campo.

Un abrazo y hasta pronto.
C.P.