viernes, 24 de diciembre de 2010

Agradecimiento



Acción en la que una persona reconoce un favor de otra, expresándolo en forma verbal o material.

Salvo que estemos en uno de esos clanes sicilianos en los que aquellos miembros que son abducidos deben jurar favores eternos, la vida a este lado de los Pirineos difiere en cuanto a su significado y fidelidad.

El agradecimiento de corazón es aquel que no busca contrapartidas o la devolución de un favor. Los seres humanos pecamos de ingenuidad, unos cuantos entre los que me encuentro, y los que vamos de ese rollo no miramos más allá ni vamos con el bloc de notas apuntando en los márgenes.

Por ello, cuando me regalaron hace pocas fechas una botella de Mauro 1982 aluciné en colores y pensé en escribir cuatro palabras porque el vino se lo merece, más allá de la obligación de devolverle el presente al magno autor de tan impensable obsequio. Me comentó que había abierto unos días antes otra botella del mismo vino: sí, un Mauro del 82. Había salido buena sin duda por la magnífica conservación y mi botella tenía altas posibilidades de éxito.


La botella, con la etiqueta medio raída, se descorchó sin demasiados problemas y el líquido apareció evidenciando su edad: color teja, aromas iniciales a reducción, claro, pero poco a poco fueron surgiendo notas salinas propias de la Ribera del Duero. Más tarde y milagrosamente fruta roja y notas terciarias como si de un Rioja estuviéramos hablando. Hojarasca y finos chocolates. En boca acidez justita ya, con un par de tragos te amoldas al vino, pero con un gran recorrido y un final agradable. Me siento afortunado. Pude disfrutar del vino junto a Toni y Vicente. Este último improvisó una joya de la misma tierra que el primer vino pero de 2006: Emilio Moro Malleolus de Sanchomartín. A Vicente no le voy a dar las gracias porque lo que nos abrimos es para el disfrute común, sin esperar el agradecimiento, no me hace falta y sé que a él tampoco.

Nos reímos del día en que compramos ese vino, él lo compró y de él ha sido y lo será, nos reímos de las circunstancias milagrosas y ventajosas para sus arcas. Solo dos años en su bodega y ahora en nuestra copa. Capa alta, casi negra. Aromas típicos de la tempranillo, o tinta fina, que contiene. Fruta negra en óptima maduración, sublime mineral de grafito, entre negro y gris. Con el aire aparecen ciertas notas tostadas de la barrica, pero no en primer plano como tantos otros vinos, en este están en segundo plano. La boca es espectacular, la mejor de un joven Ribera que haya probado hasta el momento. Se me erizó el vello por la acidez extrema que noqueaba desde el principio esa cremosidad mezcla de fruta y madera. La materia prima es esencial en este mundo del vino y éste la tiene de primera.

Xavi Riu, me lo bebí a tu salud. Vicente, …


P.D: Feliz Navidad a todos.

martes, 14 de diciembre de 2010

Collbaix Singular 2007: Con la cabeza bien alta

Una de las varietales que más me pueden llegar a seducir es la cabernet sauvignon, esa cabernet bien madurada, como las del país vecino, con ese potencial que solo el tiempo es capaz de domar. Existen un puñado de ejemplos de buenas elaboraciones en nuestro país, como el Mas La Plana de Torres, el Reserva de Jean Leon o Finca La Cantera por alejarnos del Penedés.




Da gusto cuando te recomiendan un vino y dan en el clavo. Me encanta el diseño de la botella borgoñona aunque sea más difícil de almacenar para los que disponemos de armarios de conservación. A pesar de ello cuando Xavi de Padró-Solanet me comentó el buen hacer del Celler El Molí, con esa mezcla entre la tradición y la modernidad de la tecnología, no dudé en adquirir una botella de Collbaix Singular 2007. Se trata del último proyecto que ha salido a la luz de la bodega. El Celler El Molí se sitúa en la pequeña D.O. Pla de Bages y alterna el cultivo de la vid con el de las oliveras. Ubicada en las inmediaciones de Manresa, en el corazón de Cataluña, la bodega se ve favorecida por el especial microclima mediterráneo con importantes cambios térmicos a lo largo del año.

Con este nuevo vino de la bodega se intuye un nuevo paso adelante en cuanto a la calidad y a las aspiraciones de futuro. Y es que este Collbaix Singular 2007, cien por cien cabernet sauvignon de la parcela El Molí y que cuenta con una producción de tan solo 1800 botellas, sube directamente al altar de los cabernets españoles ya en su primera añada.



Para hacer el vino se seleccionaron los granos uno a uno y fermentaron en barricas abiertas de roble francés y rumano. Posteriormente el vino pasó un total de 18 meses en roble y alrededor de 20 en botella antes de salir al mercado. Si hacemos cálculos el vino acaba de ver la luz y al descorcharlo se advierte un marcado ribete morado y muy vivo que bordea una capa picota alta.

Sorprende la fruta roja por su calidad y su punto óptimo de maduración. A pesar de haber pasado año y medio en barrica la madera se advierte integrada, alejada de modas absurdas, y no hace otra cosa que acompañar a esa fruta roja y a unos toques especiados que poco a poco asoman. Recuerdos a cacao y notas terrosas en nariz que se retoman por retronasal. Me apasiona esa cabernet lejos del pimiento verde, más cerca del rojo, pero donde la fruta rebosa y te anima a acercar los labios a la copa. También me alegra comprobar que en boca el vino tiene estructura y acidez suficiente como para pensar que vale la pena comprar otra botella y olvidarte de ella durante unos años.
Felicitar a la bodega por este gran vino, por atreverse a lanzar en estos tiempos difíciles un producto que habla por sí solo. En tiendas por debajo de los 20 euros.

P.D: La foto de la parcela El Molí ha sido proporcionada por la D.O. Pla de Bages.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Manzanilla Pasada Bota Punta del Equipo Navazos


Hace ya un par de años que la manzanilla pasada número 10 de la serie del equipo Navazos La bota de… vio la luz y nos encandiló hasta el punto que hasta la fecha es considerada como uno de los mejores vinos en su género existentes.

Se hizo una selección de 15 botas de la solera y de ellas nació esa manzanilla pasada número 10. Ahora nos llega la edición número 20 de La bota de… etiquetada como Manzanilla Pasada “Bota Punta” de la D.O. Manzanilla de Sanlúcar de Barrameda en referencia a la única bota de las quince que no fue refrescada con vino de otras soleras. Sale a la luz en homenaje al capataz de La Guita y verdadero hacedor de este gran vino, Rafael Rivas, que se jubiló precisamente en enero de 2010, fecha en que se hace la selección para esta gran manzanilla llena de matices.

Botella transparente, de 50cl, color dorado su interior, dorado con matices anaranjados. Denso y glicérico. Aromas a canela, frutos secos (nueces), oliva verde y a mar.
En boca es denso y contundente, asoman florecillas blancas durante el recorrido así como frutos secos salados. El retro es de hierbas aromáticas, de monte bajo y exóticas. Amargo y seco en boca, embauca y te hace sonreír, te hace sentir afortunado. Esta es una de las apenas 750 botellas que vieron la luz.



¡Qué suerte tenemos en España con este tipo de vinos! No sabemos valorar el tesoro cuando está delante de nosotros.

lunes, 25 de octubre de 2010

Retorno al pasado

Viñedo Dos Pinos, sobre los 50º de inclinación
en la Ribeira Sacra gallega.

La paz interior y el respeto a tus orígenes, el amor a tu tierra y conseguir hacer vino, todo esto es compatible y el fruto se llama Viña Regueiral.
Vendimiando este 2010

Llevo algunos años leyendo las reseñas de nuestro compañero blogger Carlos de Roco&wines y por fin lo he probado, gentileza de la bodega. Poneos en situación: un vino con nombre y premios, reconocido, con cierto prestigio aunque sea en la pequeña D.O de donde proviene, la Ribeira Sacra. ¿Cuántas veces probamos un vino y su fama ha superado lo catado? Muchas. No es que fuera reticente porque Carlos es un catador experimentado pero dicen que cuánto más viejo más pellejo.

mencía justo antes de la vendimia 2010


Me encanta que un vino me sorprenda, que aporte algo inesperado por mucho que conozcas la zona de donde proviene y este es el caso de este Viña Regueiral. Mientras lo cato imagino a los antepasados de los que miman ahora las tierras esmerarse al extraer el máximo rendimiento a esas viñas viejas. Mientras lo disfruto me parece oler la mencía gallega de siempre, tan varietal e inconfundible, pero mejorada y elegante. Me viene a la cabeza la cuadratura del círculo, ¡EUREKA!, el trabajo de tantos años, tan bien hecho, está en mi copa. Amandi es especial en la Ribeira Sacra, en los cañones del Sil (foto inferior).


Viña Regueiral 2009 no lleva madera y maravillosamente no se la echa en falta. Aún joven, como si llevara rastros de carbónico, se presenta con esos tonos cereza brillante, como un borgoña de capa algo más alta. Su nariz es pura mencía, cerezas rojas y regaliz dulce que más tarde se torna algo negro, más especiado que nunca, incluso mineral. El típico rastro vegetal de la mencía aparece pero levemente. Lo sorprendente de este vino es su boca: desde principio a fin es elegante, soberbia acidez, con presencia de frutos rojos al más puro estilo borgoñón, incluso en sus especiados. Y ese regaliz que te acompaña hasta que uno quiera.



La máxima expresión de la mencía Sacra en mi copa, las navidades pasadas, las presentes y las futuras al alcance de mis sentidos. La Historia dentro de nuestra particular lámpara maravillosa, mi cuerpo destila buen rollo.
Nota: Todas las fotos han sido tomadas expresamente en la vendimia 2010 para este blog por la bodega. Agradecerte, Juan, todas las molestias causadas. Felicidades y seguid así.

domingo, 26 de septiembre de 2010

Vinos de Bulgaria: primera incursión

Mavrud, Melnik, Rubin… ¿les suena a algo? Confieso que hasta hace bien poco a mi tampoco. Son tres de las variedades autóctonas búlgaras que pudimos probar unos días atrás en una cata sugerida por Nedko de Vinosdebulgaria y realizada con Vicente como anfitrión.

Nos reunimos para catar ocho vinos totalmente desconocidos. Recuerdo como referencia una entrada de otro vino procedente de Bulgaria hace ya unos cuantos meses, un Traminer que no me convenció aunque sí que tenía una RCP más que aceptable. En esta ocasión quisiera destacar la enorme RCP que tuvieron los vinos catados e incluso creo que repetiremos más de uno en la tienda online.

Es indudable que Nedko Nedev conoce a la perfección los vinos que importa en exclusiva para España y después de una charla telefónica me sugirió alejarme en cierta medida de las variedades más conocidas, y que también se cultivan en Bulgaria, como la Cabernet o la Merlot, y centrarnos en variedades propias de la zona. Acertó plenamente con los vinos elegidos como veréis a continuación. Por orden de cata:

Unique Chardonnay 2007(bodega Pamidovo): El blanco de la noche. Aromas a paja, a heno, piel de melocotón y amielados. Nariz fresca y muy agradable. En boca es algo graso y de buen paso, con rica acidez. Violetas por retronasal, deja ese rastro amargo de la varietal. Muy buena RCP.


Salta Terra Mavrud 2006(bodega Pulden): Nos encontramos con la primera variedad autóctona del país, se cultiva desde tiempos remotos sobretodo en regiones del sur del país. Color picota, especiado en nariz, cerezas y rastros de madera. Frutal y graso en boca, buena acidez final con pimienta por retro. Tánico pero para nada agresivo. Pasó doce meses en roble búlgaro.

Mavrud 2004 “Las cuatro estaciones de Vivaldi” (bodega Trakia State): Color rubí algo subido. De nuevo cerezas rojas y madera. Aquí observamos fruta negra (moras) y regaliz. En boca más regaliz con un final de pimienta negra con un ligero amargor en el posgusto. Seis meses en roble búlgaro.


Merlot 2006(bodega Terra Tangra): Color picota medio. Aromas a sotobosque (hojas húmedas), maderoso, y a ciruelas. En boca los taninos algo dulces. Curiosamente este merlot acabó por debajo de los autóctonos en nuestro orden de preferencias. Doce meses en roble francés.


Unique Mavrud 2005(bodega Pamidovo): Color rubí brillante. De nuevo nos encontramos con los especiados: pimienta negra, y con cerezas. En boca de buen recorrido y un buen final ácido. Tanino algo más rugoso. Doce meses en roble búlgaro.


Melnik Nobile 2007(bodega Logodaj): Color picota algo subido. Aromas a tabaco. Recuerda a un burdeos en nariz. Boca amplia desde el principio, gran acidez, de nuevo tabaco y regaliz negro, canela y café. Vinazo. Doce meses en roble francés y búlgaro. Interesantísima esta variedad, nos dejó un buen recuerdo la Melnik, que se cultiva principalmente en la región del mismo nombre que roza el Mediterraneo.


Rubin Nobile 2007(bodega Logodaj): Tercera de las variedades autóctonas a catar, cruce de la nebbiolo y la syrah de gran potencial. Picota cubierto, aromas cárnicos, a oliva negra y pimienta verde. En boca es tánico pero agradable. Buen vino. Doce meses en roble francés y búlgaro.



Por último pudimos probar una curiosidad, un vino de frambuesa. Malinela(bodega Pamidovo) se presenta en botella de 50cl. y con 14% de alcohol. Se recomienda beber alrededor de los 7 grados, bien fresco, y es evidente que predominan los aromas a frambuesa. Muy agradable en boca, nos sorprendió su frescura y nitidez de aromas.

Como conclusión ponemos de manifiesto, nuevamente, la buena relación calidad-precio ya que todos los vinos están por debajo de los 16 euros. Incidir en la grata impresión con la que salimos de la cata: buenos vinos, novedosos y muy competitivos en cualquier mercado. Los tienen en Vinosdebulgaria.com, atrévanse a probarlos porque no se arrepentirán.

jueves, 16 de septiembre de 2010

Pacto de brujas

Corría el año 2005 cuando supe de La Tena. Hay que poner fechas de vez en cuando y me vais a perdonar pero mi memoria cada día es más escasa, todo hay que decirlo, por descuido mío.
El caso es que sus vinos me sedujeron de inmediato, desde el primer momento, y he llegado a escribir en multitud de ocasiones acerca de ellos. En este mismo espacio uno de los primeros escritos se lo dedicamos a la finca y al día maravilloso que nos hicieron pasar allí, bebiendo y comiendo, algo mágico.


Cinco años más tarde, más o menos, me dispongo a escribir unas palabras porque me veo obligado a ello. Todo cambia en esta vida: relaciones, trabajo, escuelas, nosotros mismos, todo cambia excepto el pedazo de tierra que pisamos. Podemos intentar modificarlo pero hay cosas que siempre están, como inmortales, más allá del bien y del mal, por encima de nuestras decisiones e insignificancias. La Tena es el ejemplo perfecto, con sus cualidades, siempre han estado allí, esperando que alguien les saque partido, con sabiduría y mágicamente, la unión perfecta.

Nunca he renegado pero sí que me he sentido excomulgado. A pesar de todo nos queda la herencia: sus vinos por encima de lo que somos y lo que hacemos. Ayer Vicente me hizo ver de nuevo la luz desde la oscuridad de la cata a ciegas y se lo agradezco. Probé un vino diferente a todos sus hermanos de nombre, vestido casi azabache, cereza en negro, sin ribete, enormemente joven. Su nariz no me dijo demasiado al principio: mineralidad muy contenida, mineral algo negro que mucho después se transformó en ese zumo de piedras de pizarra gris. Pero la boca…la boca me transportó a otro lugar, a otro momento, y cerré mis ojos y los volví a abrir para descubrir que no me había ido a otra vida, que aquello era real. ¿Es posible describir la perfección? Yo no soy capaz: sedoso, de principio a fin con una estructura sin brechas, nada que reprochar al vino. Larguísimo, pinceladas de cacao, de pizarra, de fruta madura, todo tallado a mano, con una acidez medida y precisa. Para qué seguir… Celler Paco Castillo: La perfección se llama Clos Dominic Vinyes Altes 2007.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Decíamos ayer…


Ya fuera Plauto o posteriormente Hobbes quién acuñara la famosa frase, yo soy de la misma opinión. No, ya sé que la que da nombre al título de esta entrada es de otro, lo sé. Yo hablo del egoísmo del hombre, por naturaleza. El caso es que tendemos a asegurarnos nuestra supervivencia y este espacio es un calco de las relaciones humanas y aquí estoy de nuevo.

Me apetece escribir sobre dos borgoñas básicos, así puedo hilar con la última entrada y también os proporcionaré dos nombres, uno para mal y el otro para bien. El primero es Fixin Vieilles Vignes 2006, de Bernard Bouvier y de Gevrey-Chambertin. Resulta un vino difícil, engañoso, parece frutoso con presencia de cerezas en licor y frutilla roja silvestre. Más tarde notas especiadas, de canela muy claras, pero también algunos verdores que se confirman en boca. Es precisamente allí, en la boca, donde no acaba de convencerme, acidez mínima y poca complejidad. No resulta desagradable su ingesta, pero tampoco seduce.


Cuando comparamos es cuando nos damos cuenta de las diferencias en cuanto a calidad. Muy recientemente pude abrirme el segundo de los vinos de esta entrada: La Justice 2006 de Gevrey-Chambertin del Domaine du Préau de Jean Bouchard. En nariz es más franco, accesible y agradable. Tal vez más borgoñón que el primero: fruta roja en cantidad, en su punto, jugoso y especiado, de tiralíneas se podría decir. Y es en boca donde juega fuerte, acidez marcada y largo recorrido, para beber ahora o guardar un par de años porque tiene potencial. Es de esos vinos que seducen vía retronasal, que marcan territorio. Muy rico, lástima que no pueda adquirir una segunda botella, de momento.


No hay tiempo para más, seguiremos explorando. Un saludo a todos.

lunes, 23 de agosto de 2010

Una de cal y otra de arena


Psi: psé, ni fu ni fa (¿echará raíces?)


Nos encontramos ante un vino de esos llamados de diseño. Su primera cosecha, la 2007, no me atreví a probarla y al no tener un Ribera del Duero en casa apropiado para el invitado decidí acercarme a la tienda y gastarme 28 eurazos en este Psi 2008 de Pingus.
Nuestro invitado, acostumbrado a los vinos de la Ribera, al probarlo me preguntó qué era eso. Le insté a darme un nombre y me dijo un Rioja. Simple y llanamente es un ejemplo de lo que nos podemos encontrar al abrir este Psi 2008: algo falto de tipicidad, de la chicha ribereña, de esa rusticidad mezclada con esa salinidad y ciertas dosis de tostados de la barrica.
Me sorprendieron los 13% marcados en la etiqueta, tal vez la añada, pero me encontré un vino insulso, algo de fruta en nariz, ciertas notas grafiteras minerales, algo de cacao y una acidez algo marcada en boca. El caso es que hasta molestaban esos 13 grados a pesar de haber sido degustado a la temperatura correcta. Ya no sé si creer que estamos bebiendo el primo hermano del Camins del Priorat de Palacios o bien el intento de reconducir el negocio usando el nombre y poco más. Dudo que vuelva a repetir. Llamadme incauto, pero si no experimentas no aprendes.

Borgoña básico:



Vamos a por otro: Givry Pied de Chaume 2008, borgoña del Domaine Joblot. Este también tenía 13% de alcohol y reconozco que me pilló algo fuera de juego. Al principio notas saladas en nariz y en boca, como una salinidad marcada por el terroir ciertamente desmesurada. Estaba claro que necesitaba tiempo y oxigeno, en una hora escasa esas notas dejaban paso a frutilla roja silvestre y cerezas. Esa salinidad apareció maquillada y no desapareció, me recordó al Clos de Roi de Montille, e incluso diría que resultaba algo adictiva. Notas especiadas y terrosas. Fruta roja y personalidad. Me gustó por lo diferente aunque seguro que en un par o tres de años el vino ganaría en botella. Este borgoña ronda los 20 euros.
Hasta la próxima, pasad un buen final de mes.

lunes, 16 de agosto de 2010

De vuelta por vacaciones


Con el cambio de aires esperaba encontrarme el cambiante tiempo galego en estas fechas pero nada más lejos de la realidad. Salvo por la humedad y el estrés el resto ha sido más de lo mismo: calor y playa, sudor y salitre, niños y juegos de calle.

Mi cuerpo no está para según qué trotes y los excesos se pagan: comida en cantidad y vino de la tierra también. Visita al Doade y a As Lagoas, dos buenos restaurantes en Cangas, además de los ágapes caseros en forma de empanadas, mucho marisco y pescado de la ría. Cojonudo todo. El avión nos llevó de vuelta a nuestra casa y me topé con mi nevera de vinos, mi santuario particular, y quise celebrar la vuelta con algunos de mis compañeros de disfrute. Había conseguido recientemente una reliquia que quería compartir con todos, como casi todo aquello que compro, y el trío ejerció de una bonita multitud.

Para empezar nos bebimos un Champagne muy rico, Pierre Mignon Madame Millésime 1998, de la Val-de-Marne. Bonita sorpresa nos llevamos por su equilibrio. Dorado algo pálido, burbuja tremendamente fina y de recorrido lento. Algo frio lo bebimos al principio: tiza y pera madura, pero con la temperatura apareció crema pastelera y notas ahumadas. En boca de excelente paso, burbuja refrescante de principio a fin, acidez más que correcta y cierto dulzor por retro de fruta madura. Este champagne de añada se compone de chardonnay y pinot noir en mayor medida y un toque de la meunier. Recomendable.


Apareció el segundo de la noche: la chardonnay del Chivite Colección 125 2005. Muy grande este vino, con cuerda para rato. Dorado intenso, aromas a fruta algo madura, mantequilla fresca y cierto verdor. Ceniza y palomitas de maíz, también pipas. Paso por boca graso y un final bastante seco. Grande.


El tinto que vino a continuación fue el premio gordo, no por comparación con los otros sino por la incógnita que supuso abrir una botella de tales características y encontrarnos con una maravilla. Se rompió el corcho del Valbuena 1979 de Vega-Sicilia. Tuvimos que decantarlo y filtrarlo, bendito momento. Capa media y borde teja, al meter la nariz en el decantador aparecen ciertas notas de reducción, algo molestas, parecidas al chapapote, tipo brea. Al servir en copa surge poso de café que no abandona en ningún momento. Como si nada, sin hacer ruido, aparece fruta roja, tipo frambuesa. Regaliz del duro y algo de raspón junto a toques de tofe. Con las horas se vino arriba. En boca delicioso, con ese toque tan personal de la Ribera, acidez como columna vertebral y fruta a ambos lados. Hoja de tabaco en el posgusto. Una maravilla de la bodega en una añada nada buena que aguanta esos 31 años en perfecto estado, casi un milagro.


Infanticidio podríamos llamar al servirnos el siguiente vino en la copa. Pasado y presente: Valbuena 2004. Quien tenga una botella que la guarde al menos diez años. Se puede beber ahora mismo, por supuesto está disfrutable, pero personalmente recomiendo su guarda. Capa alta, ligeramente lácteo. Si utilizáramos una expresión que lo resumiera sería algo así como rosas de roca. Rosas en la copa y mineral. El mineral era una mezcla de grafito y la raspa de la sardina, o como el olor de la lata de sardinas recién abierta. Muy curioso. En boca con gran acidez, como el anterior, y muy cremoso. Muy rico.


Así se acabó la noche.

P.S.:
Esta es la primera entrada del renovado blog Vadebacus. No he querido renunciar a este espacio en el que tantos ratos he pasado y tantas alegrías me ha aportado. Por ello he decidido continuar a pesar del esfuerzo extra que supondrá seguir en solitario. Gracias por vuestra comprensión, va por vosotros.

lunes, 9 de agosto de 2010

El sermón de la montaña


Con los calores del verano unos pocos, muy pocos, amigos nos escapamos del mundanal ruido para perdernos en algún refugio alpino situado al abrigo de las más altas cumbres pirenaicas. Es bastante difícil poder explicar el placer que se siente a pesar de tal cantidad de incomodidades más propias del tercero que del primer mundo al que tenemos suerte de pertenecer.

¿Qué hace que estemos necesitados de dormir en una leonera, el hueco de una roca azotada por el viento como excusado o el riachuelo de la fusión de un nevero como lavabo ocasional? Por no hablar de la comida, del cansancio acumulado, del sudor de la camiseta , de afecciones intestinales , de las tormentas repentinas y la gravedad cero colgados en el abismo.

Seguramente este tema puede tener muy poco de gratificante si no fuera por la limpieza emocional que nos provoca. Palabras que en situaciones normales pueden ser vacías de contenido - amistad, esfuerzo, determinación, solidaridad, fe, estima- adquieren en este contexto toda su fuerza y explotan en su madurez.


Lo que toma sentido y relevancia es el viaje en sí, no el objetivo del mismo. Es la búsqueda de nuestro río interior que nos lleva a lo largo de nuestra vida el objeto de la tan ansiada aventura. Con Oscar Gallifa y Xavito Sastrada ya son muchas las etapas recorridas y distintas las facetas en las cuales se cruzan nuestros caminos y por lo tanto continuaremos escribiendo más y más páginas de nuestra vida en común.

Las fotos pertenecen al Macizo del Vignemale en el Pirineo francés. Siguiendo la estela del mecenas Henry Russell que fue seducido por la Montaña y su Glaciar, nosotros hemos coronado siete de los once que jalonan este trocito de Pirineo cerca de la localidad francesa de Gavarnie y convertido en Parque Nacional. Hemos ascendido todas las cimas siguiendo la cresta en forma de media luna que encierra el segundo glaciar del Pirineo.


La dificultad de la empresa es siempre subjetiva. Pero de lo que no cabe duda es que hemos pisado uno de lugares más emblemáticos del Pirineo. Además hemos cerrado un círculo que empezamos hace ahora casi dos lustros cuando decidimos escalar las cumbres más emblemáticas del Pirineo. Desde cualquier cima siempre vemos una forma conocida que nos parece familiar y por encima de los tres mil metros, una cota sólo comparable a los Grandes Crus y las Grandes Añadas.

Tampoco faltó el líquido elemento objeto de este Blog que hoy escapa un poco a sus contenidos habituales. La sorpresa, un excelente Borgoña de la factoría Bouchard Pere&Fils, Savigny-Les-Beaune Premier Cru Les lavières 1999, aunque las copas no estuvieran a la altura.Cuesta creer que nos bebiéramos tan excelente caldo en copa cervecera porque la de vino parecía sacada del cuento de Blancanieves.

Y por último el fin de fiesta como siempre en el Castell del Remei. Los caracoles como de costumbre en su punto y el vino excelente y con la impronta de la Bodega a la mesa. A destacar una primicia todavía en fase beta: Cérvoles Dolç a base de Garnatxa y Cabernet Sauvignon. Vinoso, pero sin ser dulce empalagoso, hierba amarga y muchísima carnosidad en boca, como a castaña y sabor muy muy concentrado con un pequeño toque ahumado. A esperar si deciden darle salida al mercado.

Y como todo tiene un final espero que el mío sea tan feliz como su comienzo. Hace tres años inicié una etapa que ahora creo debo cerrar. Será un punto y seguido porque seguiré ahí analizando vinos y maridando deporte y catas, amistades y encuentros vínicos, que es lo que siempre he comulgado. Como en la montaña no sólo hay que pensar en la subida sino también en la bajada. Hay otras muchas cimas que conquistar.

Otra cosa es que de vez en cuando debamos cerrar alguna puerta y abrir alguna otra. Y ha llegado la ocasión de apearme de este Blog ahora que ha parado en esta estación. No es un paso atrás sino un coger impulso para seguir adelante y un momento para la reflexión. Arrieros somos...

lunes, 2 de agosto de 2010

Akelarre prefiloxérico

Dícese que una de las mejores virtudes que las personas somos capaces de tener es la cualidad de relacionarnos, querernos y, lo que es mejor de todo, disfrutar de ello.
Cuando conocí a los verdaderos protagonistas de lo que aquí me toca narrar, nunca pensé que esa cualidad que cito anteriormente se viera tan reflejada en mi relación para con ellos.

Corría un mes de agosto y no hizo falta más que unos instantes para darnos cuenta de lo destinados que estábamos a entendernos mutuamente. No hay que dejar de decir que, después de enseñarnos su feudo vinícola, cuando los anfitriones ‘sacaron a pasear’ a sus elaboraciones en plena resaca pos gimnástica (nada cómo subir a ritmo álgido a La Tena para saber que siente un atleta tras una competición), acabamos de sellar ese pacto con todo lo que por esa zona de Porrera se cuece.

Ya que me dispongo a diseccionar los vinos de la mejor bodega de Porrera, me gustaría puntualizar -y dejar por escrito para la eternidad- mi visión hacia los vinos que ofrece esta magnífica D.O. ca llamada Priorat.
Mis primeras experiencias con esta zona fueron muy resultonas, tanto que parecía que no existía nada más interesante en el mundo del vino que la pizarra (llicorella) de Priorat: todo vino que osaba compararse con éstos se veía postergado al fondo de mi baremo personal.
Con el tiempo, y la consiguiente abertura de mente que ello representa, fui descubriendo que todo se resumía en la personalidad de cada zona y, por supuesto, la de Priorat era esa potencia tan deslumbrante junto con el inmenso poder mineral que se refleja en sus vinos.
Poco a poco también he aprendido cómo me gustan los vinos prioratinos, los quiero recios, frutosos, potentes, sumamente cargados del toque telúrico y con la máxima elegancia que pueden dar cómo los pura sangre desbocados que resultan ser.
Donde siempre he tenido que ceder es en el aspecto evolutivo de éstos. Lamentablemente, para lo que mi destartalado paladar es capaz de percibir, estos vinos cambian la tremenda fruta madura de su juventud por otra algo más pasificada cuando la edad empieza a hacer mella en ellos. La potencia alcohólica que sirve para exaltarlos cuando son jóvenes, se torna pesadez y no deja que mis papilas gocen tanto cómo podrían hacerlo.
Por supuesto no cabe generalizar y nunca pecaré de creerme un guru con la pretensión de meter baza en los gustos del personal, cada cual que beba sus vinos cuando le plazca, yo no hago más que dar mi opinión.

Volviendo al tema que hoy nos interesa, me gustaría recalcar la tremenda personalidad de los vinos de La Tena. Hoy en día, cuando la designación de los pagos está tan candente, no entiendo cómo nadie se hace eco de la separatista elegancia de los vinos de ese retazo de inclinada tierra. Ojalá algún día alguien importante se fije en ello y ponga en su sitio a quien se lo merece más que a quien más poder tiene.

Llegó el momento, tengo que centrarme en los 5 vinos que se pudieron probar, una vez más, en el garaje del que escribe. No es la primera cata de estas magnitudes que se realiza pero sí una de las que más alegría, visión y regocijo me ha dado a nivel particular.

Por designios del destino me pude hacer con dos cajas del blanco elaborado en La Tena, un vino que por su corta producción y su alta demanda se agota prácticamente en el mismo instante que ve la luz. Las diseminadas cepas centenarias de sus cuatro variedades blancas (macabeo, garnacha blanca, riesling y picapoll) ofrecen la materia prima y, tras 6 meses de crianza en barrica (300 litros) nueva de roble Allier se embotella sin ningún tipo de aditivo salvo el mínimo sulfuroso que asegura su estabilidad.

Y con éste empezó la cata, Clos Domini Blanc 2008, descorchado in situ, justo cinco minutos después de haber salido de la nevera. En un primer instante es casi abrupto, hay que dejarlo respirar o forzarlo a ello (craso error el no decantarlo…sniff) pues todas sus virtudes se amontonan y casi ciegan.
Mucha fruta blanca madura en nariz, el mineral floreciente por debajo de ésta tomando a cada golpe de copa un protagonismo más palpable: las flores blancas del jardín del cerezo parecen desfilar delante de mi nariz… Con el aire (5 horas después), la fruta se torna de una pureza sin igual, se notan esas levaduras que provienen del mismo lugar donde crece la uva. La sensación de estar bebiendo puro zumo de uva blanca es impresionante.


Con este principio de cata cuesta pasar al siguiente candidato, el primer tinto de los 4 que nos quedaban en el tintero. Clos Petó 2007 es un vino harto conocido por aquí y por otras páginas del sector, el ‘básico’ de la casa.
Con una porción bastante alta de cabernet sauvignon, menos merlot y algo de cariñena y garnacha, es un vino que perfectamente podría ser el top de muchas bodegas.
La añada 2007 es para muchos, y yo me incluyo entre ellos, una de las mejores cosechas de la década junto con 2004. No por nada este fragante vino de Porrera nos ofrece sus mejores palabras de inmediato, directamente y con un largo abanico de fases en su desarrollo en copa. Mucha fruta, mucho terroir y todo lo que un buen Priorat debe tener sin desprenderse, eso sí, de su toque brujeril.
Curiosamente es la primera vez que veo resaltar, después de 4 o 5 horas en copa, un toque especiado bastante severo: reflejo de su componente varietal, salta la cabernet a escena.

Todavía con el recuerdo de ese fresco beso en la boca asaltamos al Clos Dominic Vinyes Baixes 2006. Completamente distinto al anterior, aquí se juega con la gracia del merlot (que es quien preside su coupage) y su punto evolutivo.
La nariz está marcada por unos registros casi terciarios, algo del típico caballo bordelés, cabalgando sin embargo por un territorio minado de pizarra. La fruta aparece nítida, madura al punto y con ese toque de violeta que sólo el merlot bien maduro llega a dar con tal nitidez.
La boca barre toda sensación de opulencia, ácido de entrada y diseñado para disfrutarlo comiéndolo. Esa es la seriedad de este vino, gustar cada vez más trago a trago.


Los dos colosos que nos quedaban por probar restaban decantados desde hacía dos horas, tiempo suficiente para disfrutarlos en copa y, a la vez, insuficiente para poder tomarlos de inmediato.
Clos Dominic Vinyes Altes 2006 es la voz más clara que se puede escuchar para saber cómo es La Tena. Su fruta no tiene edad (exactamente igual que las cepas de cariñena y garnacha que lo crean), su mineral es tan fino que apenas sobresale de tanto vigor controlado. Cada vez que huelo este vino pienso en los tomillos, romeros y esparragueras que surcan los caminos de su escarpada ladera.
No miento si digo que el nivel de este vino está, sin compromisos ni tapujos, al nivel de los más grandes Priorats que se venden hoy en día a no menos de 60-70€, por más renombre que tengan éstos.

Por último, y cómo colofón de fiesta, el tremendo magnum de Clos Dominic Vinyes Altes Selección Ingrid 2007. Me faltan palabras para definir hasta donde puede llegar una elaboración así, garnacha prefiloxérica al 100%, un auténtico misil que va directo al centro neurálgico del disfrute. Y lo mejor de todo es que no ha hecho más que empezar a abrirse.
Lo primero que llama la atención es la susurrante fragancia que emana, nada desentona. Es una pelotita de algodón que ahonda poco a poco en nuestra cavidad nasal… eso sin mencionar la boca que es tan y tan conjuntada que parece ande falto de lo que pensábamos que sería. Esa es la virtud de este vino, la cualidad de poder beberlo sin límite, no cansa, no agobia, es pura fragancia que deja ver a través suyo.
Por primera vez en mi vida me parece ver en una garnacha algo tan espectacular y armonioso, realmente hay un pedazo de su tierra y las bondades que allí resurgen.
Después de tan magna experiencia, me encantaría poner cara a cara a más de una garnacha de la misma D.O., de esas de precio exorbitante, para ver hasta donde llega el vino en sí o el puro marketing.


No cabe duda de que todos los vinos de esta bodega están tocados por el espíritu de su tierra y por el alma de sus creadores: Paco, Dominic y sus ancestros vigilan desde lo más alto y no permitirán nunca ningún descarrilamiento de lo que para ellos representa hacer sus vinos…



PS: Este artículo pone punto y final a una etapa. Las obligaciones personales y profesionales del que escribe no dejan hueco para mantener tantos frentes abiertos sin dejar alguno mal atendido, por tanto, pese a que no sea fácil prescindir de cualquiera de ellos, me veo en la obligación de abandonar este espacio que tantas alegrías y conocimientos me ha dado.
Me uno así a la lista de escribas retirados que han pasado por este lugar, alegre, satisfecho y realmente orgulloso de la imparcialidad servida, particularmente satisfecho de haber conocido a tanta gente tan dispuesta a llevarse bien, unidos siempre por ese hilo conductor que es nuestro querido vino.
Ya sabéis donde encontrarme, que Baco nos siga reuniendo más pronto que tarde. Hasta la siguiente.


lunes, 26 de julio de 2010

El cielo, la roca, el puro y su caja


A pesar de la humedad que hace insoportable el verano doy gracias por ser de Barcelona. Siempre me ha parecido una ciudad con carácter europeo, con ilusiones e iniciativas propias de una urbe con ganas de ofrecer a los que la admiran y que recibe con los brazos abiertos a todo aquel que desembarca.

Para nosotros es una bendición el tener Monvinic tan cerca porque el secreto del universo vínico está allí. La ambientación y el espacio, el tratamiento del vino y la estupenda carta confluyen haciendo posible lo imposible. La amabilidad de sus someliers aporta cercanía pero también fiabilidad. Todo es posible en Monvinic, como en América.

Casi periódicamente nos dejamos caer los que podemos y antes de marchar por vacaciones nos dimos un capricho.


Mientras Toni Ansalo llegaba nos topamos con Winston el del puro. Pol Roger Sir Winston Churchill 1996. Insuperable añada la del 96, nada más verla en la carta electrónica nos decantamos por ese pinot noir manchado de chardonnay. Lo habíamos probado en su versión del 95, genial pero más abrupto, menos elegante que esta maravilla con la que nos topamos. Su color ya era diferente porque era de un dorado brillante aún en plena forma y con una burbuja minúscula y con pocas ganas de dejarse ver. Mis recuerdos son cítricos, pomelo rosa, frutillos rojos, ligeros frutos secos y levaduras con pinceladas de autolisis. Una pizca de azúcar moreno y de humo. Humedad en forma de hongo y sotobosque. En boca es pura seda, la burbuja está pero no se nota. Es necesaria porque refresca y el final es ácido y cremoso dejando rastros amargos a mayor temperatura. Portentoso.


Pedimos el segundo cuando la figura de Toni se aproximó a la mesa para rozar el cielo con el Angélus 1998. Otro capricho pedido apretando los ojos al pronunciar su nombre: un Angélus del 98 y que nos fue traído en una bonita caja de madera para que reposara la botella con apenas 30 grados de inclinación. Fui el encargado de catarlo y siempre recordaré ese momento, el de la primera vez, el que marca el devenir. Ese rojo intenso y vivo invitaba a olerlo y de inmediato metí la nariz en la burdeos. Una impecable fruta roja en su punto, jugosa, se topó con mi apéndice para convertirse en un ramo de rosas frescas que impregnaban con su fragancia toda la estancia. Una ligera reducción que sin duda desaparecería con unos minutos de oxígeno y un regaliz fresco no nos abandonó de la compañía de los ángeles. Se me erizó el vello y los ojos se tornaron vidriosos de la emoción. Más tarde la fruta roja se entremezcló con negra y notas de cacao puro. La boca era potente: taninos redondos y suaves pero presentes, delicioso néctar de Saint-Emilion.

¿Después de esta bomba qué? Con anterioridad habíamos echado un vistazo a los vinos por copas y quisimos rematar la faena. Se nos antojó una copa de un Grand Cru alsaciano, nada menos que el Pinot Gris 2002 Clos St. Urbain de Zind Humbrecht. Aceitoso de tacto y nada menos que 15% de alcohol. Notas de sobre maduración, la dulzura de la botrytis en forma de pegamento y de fruta blanca muy madura. Roca en forma granítica tal vez transformada en amargor a partir de media boca y hasta el infinito. Una incógnita el residual de este vino ya que la bodega lo elabora cada cosecha de forma diferente en función del año. Un vino que no deja indiferente y que particularmente me gustó.


El debate que se inició con los dos últimos vinos resultó de lo más interesante. También en la carta por copas le pedimos a César un Clos du Roi de Montille Grand Cru en su versión 2006 y nos sugirió compararlo con un Bruno Clair Premier Cru Clos Saint Jacques 2006. Y allí surgió el debate sobre el clasicismo en la Borgoña. Un vino mucho más acorde con lo que se espera de un Borgoña: fresas con nata, algo especiado y la típica caja de puros para ese Montille. En cambio el Bruno Clair resultó más metálico y salino, arenques diría yo, pero también especiado. Dos versiones de la Borgoña, la segunda muy diferente de lo acostumbrado. ¿Qué es la Borgoña clásica? ¿Rusticidad y personalidad por pagos o bien lo que nos enseñan las últimas cosechas que hemos podido beber, vinos con ligeros especiados y con esas fresitas bien diferenciadas? ¿Qué opináis vosotros?

Fue duro levantarse del asiento después de tales vinos pero llegó el momento de regresar a la húmeda ciudad, la misma que nos da enormes satisfacciones. Hasta la próxima.
La primera foto, Barcelona, pertenece a MorBCN en flickr.

lunes, 19 de julio de 2010

Ferrata vínica


Un paseo por las alturas con Didier Dagueneau

Me es harto difícil separar en un paquete independiente cada una de las facetas de mi vida que conforman aficiones y pasiones. Tanto es así que incluso con algunos de mis más allegados amigos compartimos muchísimos recuerdos imperecederos de algunos capítulos que conforman nuestra memoria colectiva.
Y es que igual nos reunimos para una cena gastronómica o realizamos una cata temática de algún vino como nos lanzamos en busca de alguna aventura deportiva ya sea en bicicleta, a pie, con unas tablas por debajo o aferrados de pie y manos siempre a la montaña.

Hace mes y medio que nos aguardaba un encuentro con los vinos más representativos del malogrado Didier Dagueneau. Considerado el mejor productor de Pouilly-Fumé y el mejor hacedor del Sauvignon Blanc, Didier Dagueneau fue un personaje que, polémico con sus convecinos, contestatario con la sociedad y crítico con las administraciones y el "establishment", tocó el cielo con la creación de sus vinos y murió trágicamente en un accidente cuando viajaba en avioneta hace ahora un par de años.

La idea era cómo enfocar aquella cata que realizada con un pequeño grupo de entusiastas del genial creador galo que ya fue magníficamente apuntada en su día viendo la luz en la red en un Blog amigo. La inspiración me sobrevino, de improviso, hace un par de semanas cuando realizamos conjuntamente con Oscar Gallifa una de las mejores vías ferratas que se pueden realizar a tocar de nuestro domicilio. Recuerdo que era tal mi obsesión que le espeté entre resoplidos por el esfuerzo en mitad de la vía:

¿Te imaginas a Didier con su guisa realizando esta escalada?


Qué tienen en común Didier -que desconozco si también gustaba del noble arte de escalar montañas- y la Vía ferrata de la Teresina en el macizo de Montserrat? Supongo que muy poca cosa desde un aspecto puramente objetivo. Subjetivamente la cosa cambia: tocar el cielo de la perfección, alcanzar un estado de Nirvana, éxtasis sin haber fumado nada...,etc. porque hablar del monstruo del Loira es hacer referencia a una de las vacas sagradas del reciente panorama vínico galo, perfeccionista hasta la obsesión y elaborador del mejor Sauvignon Blanc conocido hasta la fecha por mis pupilas gustativas.
Además no es por casualidad que en casa de Oscar, ejerciendo de anfitrión, junto a Pep y Jordi, nos deleitamos con la añada 2007, la última en ver la mano de su creador Didier Dagueneau.


Blanc Fumé de Pouilly
El más básico de los tres catados. Emergía un limón tropical como nota más primaria. La acidez sobrecoge en un primer momento aún teniendo notas más cálidas en nariz. Es muy característico también el mineral seco y cortante : "pierre a fusil"; sílex presente junto a una dosis inconcreta de sales de magnesio -los conocidos "peta zetas"- que dan frescura al conjunto.

Pur Sang
Es Didier Dagueneau en estado puro y su vino más personal. En mi opinión no es para neófitos sino que hay que haberse iniciado antes ; necesario un recorrido previo en la obra del artista. Se nota que hay un battonage sobre lias y un olor a hidrocarburo que denotan una mineralidad extrema de una uva quizás algo botritizada. Su final en boca es impresionante. Tiene un sabor como a limoncello muy refresencante a pesar de su elevado grado alcohólico.
Con todo es la esencia de su creador lo que confiere ese elevado carácter tan particular.

Silex
La joya de la corona. Un olor a laca invade la copa pero en boca sabe a mandarina muy madura. Completan el círculo una suave hechura vegetal de ortiga y borratja -borraja en castellano-. Se nota que es un vinazo mucho más pulido y redondo, sin aristas, que el anterior. La mineralidad, marca de la casa, es acentuada pero en muchísima más armonía con el conjunto. En definitiva el equilibrio es la palabra que lo define.

Las horas pasan y el hoy ya es pasado. Todo es un recuerdo imborrable, promesa de un futuro que me parece muy lejano. Le tengo ganas a nuestra próxima aventura, ya sea vínica como deportiva, en familia o con los mejores amigos que forman parte de ese reducido grupo de elegidos para la gloria personal de quien les habla y escribe.