lunes, 28 de septiembre de 2009

Una escapada a la Borgoña

Ahora hace ya un año que dos miembros del grupo VdB junto con sus respectivas familias nos lanzamos a la aventura de conocer una de las regiones vinícolas más conocidas del planeta, la Borgoña, Bourgogne para los más puristas. El paso del tiempo te hace recordar una estancia inolvidable y, si cabe, valorarla todavía más. Supongo que ,como los mejores vinos, los mejores recuerdos ganan con el tiempo. Es por esta razón, como si tuviéramos una espina clavada, que nos decidimos a escribir en este blog con el mismo afecto y cariño con el que nos obsequiaron en toda nuestra estancia.

Como un gigantesco puzzle o tan parcelada como un mosaico, así lo demuestran las etiquetas de las botellas que ,en función de los distintos tipos de denominación (puede que en muchas ni siquiera aparezca la palabra Borgoña por ningún sitio), nos exigen ser un verdadero experto y conocer el nombre de los pueblos y parcelas concretas -que son miles- en las que se ha hecho ese vino en particular. Estos nombres suelen ocupar el lugar principal de la etiqueta, lo que refleja la veneración que se tiene en Borgoña por el terruño, que es el verdadero protagonista de sus vinos. Creo que ,por ese motivo principal entre otros, la Borgoña es sin duda la zona más respetada y admirada por los fetichistas de los grandes caldos, de los que por supuesto nos incluimos y seguro también muchos de los que ahora leen este post. Su producción es reducida y todo enochalado que se precie sueña con tener alguna botellita en su bodega, de ahí que sus precios de algunos de sus tintos más famosos sean capaces de superar el coste del propio viaje y la permanencia en la región.

Perdidos, o mejor dicho, encontrados en ese puzzle, disfrutamos de las carreteras secundarias que serpentean entre colinas sobre las que posan majestuosas las hileras de cepas de pinot noir y chardonnay, donde van asomando infinidad de preciosos pueblecitos: es la ruta de los Grand Crus, esos Campos Elíseos de la Borgoña de obligada peregrinación en los que detenerse junto a los viñedos de Clos de Vougeot, Chambertin o sus majestades La Tâche y Romanée-Conti. Y es justamente aquí, en pleno corazón de la Côte de Nuits, donde el azar y google quisieron llevarnos al Hotel Restaurant CASTEL DE TRES GIRARD situado a la entrada de la pequeña y deliciosa villa de Morey Saint Denis, entre las reconocidas Chambolle-Musigny y Gevrey-Chambertin, donde pasaríamos dos inolvidables días.

En el marco de una prensa de vino del siglo XVII, rodeado de una bella panorámica de viñas, el Hotel CASTEL DE TRES GIRARD es una antigua mansión que combina muy bien el estilo y decoración borgoñés con el contemporaneo en todas sus estancias lo que hace sentirte en todo momento en un ambiente cálido y confortable. Mención especial para su restaurante gastronómico con una carta de vinos espectacular, su bodega esta repleta de las mejores referencias de la zona, lo que la hace ser una de las más importantes de toda la Côte de Nuits.

Pero lo más destacado del Hotel es su genial grupo humano que con su buen hacer nos hicieron sentir como en casa. Desde el primer momento Anabel Ferreia, su relaciones públicas, se encargó que no faltara detalle alguno: en el desayuno, en el restaurante, en recepción, siempre atenta y recomendando las mejores rutas y visitas del día.

Gracias a sus recomendaciones disfrutamos de varias visitas a bodegas con sus respectivas catas -Chateau de Pommard por citar alguna- siempre enriquecedoras para unos iniciados como nosotros sobre los vinos de Borgoña. Callejear por la villa de Beaune sobre sus calles y plazas empedradas del centro, sin prisas ni tensiones, es un verdadero encanto. Terrazas repletas de gente donde el protagonista es el vino, pues son numerosas las tabernas y vinotecas que se agolpan en el centro de la ciudad, son muy animados y da gusto ver como las botellas tintas y blancas destacan sobre las mesas.


Y no hay que olvidarse también de las abundantes pastelerías muy sugerentes que te obligan a hacer un buen tentenpié que se agradece después de tanto ajetreo. Visita obligada es el Hospice de Beaune -antiguo hospital- donde en Noviembre se celebra la subasta que sirve de barómetro para los precios de cada nueva cosecha. Seguramente su patio es el lugar más fotografiado con permiso de los viñedos, desde donde se pueden contemplar sus peculiares tejados coloristas con sus grandes pendientes.


De vuelta al hotel hay momentos emocionantes, hermosos caminos interiores donde pararse a descansar, como cuando llegamos al viñedo de la Romanée-Conti en el municipio de Vosne-Romanée, sus 0,84 has. de míticas cepas que esta marcado con una cruz de piedra. O cuando cruzamos el mar de viñedos de Clos Vougeot (Vougeot) de más de 50 hectáreas rodeados por un muro de piedra, me pareció una de las imágenes más sugerentes de la Borgoña.

No podía ser de otra manera, nuestra última noche en el hotel no defraudó, el restaurante gastronómico del hotel iba a ser el escenario ideal para nuestro primer Grand Cru. Después de una amable presentación de Anabel con el sommelier, éste nos recomendó un vino de la zona, del mismo pueblo donde se ubicaba el hotel, desde el que por un ventanal de la sala se podía ver majestuosa la colina de sus viñas: Clos Saint-Denis Grand Cru Domaine Arlaud 2001. Morey Saint Denis se caracteriza por tener suelos con mayor presencia de óxido de hierro, lo cual hace pensar que los tintos aquí serán más minerales, especiados y según dicen con fama de longevos.
Cuando metes la nariz en la copa de estos vinos ya te das cuenta de que no hay nada igual y automáticamente te enamoras de la Borgoña, al menos es mi caso. Seguramente muchos dirían que hemos cometido un infanticidio, pero la armonía, delicadeza y elegancia ya eran sus señas de identidad. De aroma muy vivo y expresivo, mucha fruta roja fresca, las fresas y las frambuesas dominan con un aporte de pimienta, terrosidad, entramos en un bosque húmedo de una mañana de otoño, hojarasca, romero... una nariz escandalosamente atractiva. En la boca la fruta roja se potencia teniendo como máximo exponente las fresas especiadas, mucha mineralidad, el paso de boca es sedoso, de elegante presencia, con un tanino jugoso y magnífica acidez de principio a fin. Buena persistencia en su final con gran recuerdo a frutillos rojos. En conjunto un vino bien equilibrado y armónico con mucha personalidad que muestra a las claras su territorio, un vino de “terroir”. No quiero ni imaginarme como estará de aquí a diez años, benditos los que tengan la suerte de tener en mano una botella como esta.



Para acabar sirva como pequeño homenaje merecido esta última imagen del post con parte del equipo del hotel acompañando a Anabel posando para nosotros.

Visitar la Borgoña es apreciar su fascinante complejidad y riqueza de matices, su historia, y sobre todo el amor con el que se venera su terruño, vayas donde vayas, en cada rincón respiras el alma del jugo de sus uvas. Por eso no me extraña que digan que es la Meca del vino.

Vicente Sierra para Vadebacus

N.A.: Todas las fotografías son originales.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Cata básicos alemanes en Girona 2009

Justo antes de entrar plenamente en el periodo vacacional, empezando julio, tuvimos la ocasión de acercarnos a Girona a catar la nueva hornada de básicos alemanes en la versión 2008. Pudimos hacernos una idea de la mano de F.M Wöhr y de Vinialia de lo que nos podemos esperar de la añada en estudio. Casi en petit comité y en la Enoteca Gastaldi en el casco antiguo de la capital pudimos encontrarnos con buenos amigos y aficionados al mundo de la divina diva.


Para hacernos una idea de lo que allí se comentó y con lo peligroso que resulta el aventurarse a hacer de futurólogos con la riesling, os ofrecemos nuestras impresiones con respecto a lo catado. Decir en primer lugar que no se nos presentaron todas las novedades de las bodegas ya que, según parece, algunos de ellos estaban recién salidos del horno e incluso otros acabándose de cocinar. Nos pareció fantástica la idea de posponer a fechas pos estivales la cata de básicos anual. Así evitamos el bochorno del mes de julio en el mediterráneo y dejamos que los vinos reposen algo más en botella y podamos apreciarlos sin esa carga que supone el embotellado.

La añada 2008 se presenta como una cosecha clásica, muy fresca y mineral, similar a la 2007, con un ciclo largo y retrasado secuencialmente. Maduraciones lentas pero que el clima ayudó a favorecer dichas maduraciones gracias a un fenomenal mes de octubre, como tuvimos ocasión de comprobar in situ en Vadebacus, con una alta acidez y noches frías. En términos generales se tradujo en la añada con menos alcohol desde la 2005, con valores cercanos a los 12º.

En principio destacan los mostos secos y los kabinett y spätlese. Resultó un año con total ausencia de botrytis y, por fin, varias bodegas pudieron hacer el preciado eiswein gracias a la calidad de la uva sana, llegando a vendimiar en la primera semana de enero en algunas zonas de Nahe y Mosel.

Podríamos prever que esta 2008 será una añada similar a la 2004 y muy homogénea en todas las zonas productoras.

Comentemos ahora los vinos allí presentados en primicia:


Ökonomierat Rebhölz “riesling trocken” 2008, novedad de la bodega para España. Se trata de un básico seco de unos 11º. Pajizo de color, floral, apuntes herbáceos. Cítricos en forma de mandarina y un deje mineral, muy perfumado. Boca ácida de entrada (málica) y extremadamente seco, con verdores y con una mineralidad amargosa. Joven y a recatar en un año.

Grans-Fassian Mineralschiefer 2008. Amarillo verdoso con restos de carbónico. En nariz está muy cerrado aunque se intuye melocotón. Cremoso en boca y con presencia del carbónico. Aromas lácticos y un final marcado por el gas. Equilibrado y pizarroso en boca. Posteriormente, a mayor temperatura, aparece de forma marcada la pizarra en nariz.


Dönhhoff Riesling Trocken 2008. Amarillo con reflejos verdosos. Nariz mineral, concha de marisco. Boca elegantísima, marca de la casa, equilibrada y con una excelente acidez que no sobresale. Rico y con excelente RCP.


Emrich-Schönleber “Mineral” 2008. Muy expresivo en nariz, hierba fresca, lima y salinos de concha y punzante en general. Boca ácida pero comedida con presencia, naturalment, de carbónico. Final graso y mineral. Acidez final marcada.

Dönnhoff Tonschiefer Trocken 2008. Se situa entre el básico de la bodega y el Felsenberg. Este es un vino con mayúsculas. Comedido y elegante en nariz, lácteo, herbáceo y mineral. Boca con gran acidez in crescendo y restos de carbónico. Pasó más tiempo en madera que la anterior 2007. Para comprar por cajas.

Pasamos a los de la categoría semi-seco:


Fritz Haag Riesling 2008. Mineral. Manzana golden y aromas a lavanda, metálico. Boca de baja acidez y algo decepcionante. Final metálico con presencia de gas carbónico. Amargo con ligero dulzor.

Egon Müller Scharzhof 2008. Se elabora únicamente en años sin botrytis y procede del pago Rausch, de sólo una hectárea. Nota de cata de nuestro compañero Carles Palahí.

Dönnhoff Riesling 2008. Destellos verdosos, herbáceo y un sutil mineral. Boca equilibrada y acidez intermedia. Atractivo.


No fueron estos los únicos vinos catados pero sí los correspondientes a la añada a presentar. En primer lugar un sorpresón para el que escribe, el Bürklin-Wolf Jesuitengarten #63 2003 Magnum, cómo ha cambiado este vino a mejor, a recatar en 3 o 4 años. Como colofón se nos presentó la novedad de Heymann-Löwenstein Uhlen “R” 2007, que nos maravilló a todos, a los enamorados de la bodega y a los escépticos. Sorprende este Uhlen “R” 2007, promete muchas alegrías. Más tarde y para cerrar la cata descubrimos una maravilla con 20 años a cuestas: Bürklin-Wolf Forster Pechtein Auslese “R” 1989: extracto basáltico en nuestras copas, enorme acidez, una maravilla en botella pequeña.


Desde aquí dar las gracias a F.M. Wöhr y a nuestros amigos de Vinialia por la oportunidad brindada.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Generoso maestro en Jerez

Cuanto más lo pienso menos lo entiendo. Me refiero a la poca aceptación que tienen los vinos del Marco de Jerez en nuestra sociedad.
Cierto es que resultan vinos de un “concepto diferente”, con unas cualidades muy personales y realmente tocados por la gracia de una tierra donde, visto lo visto, lo que mejor sabe producir son vinos de esa generosa concepción: abramos nuestras mentes y demos rienda suelta a nuevos aromas, a sensaciones que únicamente pueden venir de un lugar, de una zona determinada y de su talento para mostrarla.

Enamorado de la magia del Jerez, desde hace ya unos años, no me quedaba más remedio que visitar la zona donde se gestan semejantes elaboraciones e intentar comprender de primera mano, ya sea visitando bodegas o simplemente charlando con la gente que siempre se cruza en el camino, cómo diantre se llega a ese producto final tan fiel y tan característico.
Por desgracia no dispongo de unos días de libertad ocupacional en otra época más que en el tórrido mes de agosto, con diferencia el peor para visitar la zona en cuestión, tanto por el calor reinante (ojito que fueron 43º los menos que tuve que soportar) como por la falta de personal “especializado” en las bodegas. Este último aspecto es subsanable con algún que otro contacto… ¡a Dios gracias!

La tendencia marcada en las bodegas de la zona es poseer grandes espacios con altos techos, levemente aislados de la extrema climatología exterior (ya se encarga el personal de regar en verano y sellar las ventanas en invierno) para propiciar el contacto con el clima del lugar y poder así crear esa fina y grisácea capa de velo flor tan necesaria para, entre otros, los Finos de Jerez.
Alérgico como soy a las grandes marcas que se creen todopoderosas y que siempre son las menos fieles a la hora de mostrar y presentar lo que realmente busco, pude introducirme plenamente en uno de esos reductos donde todavía se respira ese duende que habita en según que bodegas.


El Maestro Sierra empezó su andadura en 1830 y desde aquel entonces sigue en manos familiares, produciendo más calidad que cantidad. Una pequeña bodega (ojo con lo de pequeña, siempre hablando en términos generales en su zona) dirigida actualmente por Pilar Plá que, desde 1992, pasó de ser una simple almacenadora de vinos a comercializar sus propios vinos, todos ellos con una mimada crianza artesanal y con un tan destacado como consolidado respeto dentro de la D.O. Jerez.

Por supuesto se basan en el principio de elaboración de “soleras y criaderas”, sistema idóneo para asegurar la regularidad de las cosechas y el perfecto desarrollo del velo flor.
Pese a tener taller propio de tonelería que se encarga de la reparación continua del parque de barricas (por supuesto siempre viejas y de roble americano) no se cohíben y comentan orgullosos el hecho de que se conserven muchas de ellas desde el inicio de la bodega, con casi 180 años de solera tanto en su interior como en el exterior. Curiosamente, como si de un capricho se tratara, en los meses de verano más calurosos la antigua bota de Pedro Ximenez Viejísimo, marca y seña de la casa, tiende a perder por su tapa frontal cierta cantidad del preciado néctar… ganas daban de arrimar la lengua a esa ínfima rendija de libertad.

Vistas las impresionantes filas de botas y atendido a las precisas y pacientes explicaciones de nuestro guía, no quedaba más que pasar a degustar toda la gama de vinos que allí se procuran: dos líneas de venta bien diferenciadas pero de marcada y contrastada calidad final.
Por un lado tenemos la línea estándar de Fino, Oloroso, Amoroso, Cream, Pedro Ximenez y Amontillado Superior. Por el otro su gama Vinos Viejos donde cuatro tipos de vino llevan esa distinción ganada a base de siglos de clausura: Palo Cortado, Amontillado 1830 (¿adivinan a que se refiere ese número?), Pedro Ximenez Viejísimo y Oloroso 1/14.


En esos cuatro últimos nombres es donde este escriba, llámenme tonto si gustan, puso toda su atención pues la ocasión así lo merecía. No es fácil encontrarte con dichas botellas a tu entera disposición.
Creo que entrar en notas de cata y descriptores sería un acto de soberbia, algo que nunca acaba de reflejar lo que verdaderamente llegan a proporcionar estos vinos. Así pues me limitaré a decir que el Palo Cortado es donde se conjunta la sutil nariz del velo flor con la estructura en boca más amplia que existe. El Amontillado 1830 (mi preferido) sublime, simplemente un compendio de sensaciones totalmente reveladoras. El Pedro Ximenez, por su condición de único vino dulce de la serie, come aparte, serio aspirante a poseer la vida eterna y, además, poder presumir de ello. Por último, su majestad el Oloroso 1/14, la magia encerrada en una botella, algo casi imposible de definir y entender en una sola vida.

Después de tales revelaciones sensoriales, dejando un reguero de sentimientos a mis espaldas no me queda más que intentar hacer caso a Sir William Shakespeare: “Si mil hijos tuviera, el primer principio humano que les enseñaría sería abjurar de toda bebida insípida y dedicarse al vino de Jerez”.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Abadal 3.9


La orgía que supone reunirnos de manera precipitada y abrir unos cuantos vinos de forma improvisada nos obliga a ciertos momentos de paz interior. Es en esos instantes cuando apetece abrirte vinos que siempre tienes en el tintero y que sirven para hacer camino, descubrir nuevas formas de placer y, por supuesto, conocer vinos del panorama nacional.

Abadal 3.9 es un buen ejemplo de lo comentado arriba, es de una de nuestras bodegas preferidas en la D.O. Pla de Bages y combina dos varietales que cada vez me proporcionan mayor satisfacción: cabernet sauvignon en un 85% y syrah el 15% restante. Llegó el momento de hacerle un hueco en la mesa a este 2005, me gustaría comentar lo bien que se comporta este vino antes, durante y después de la comida. Tal vez sea por lo bien ensamblados que están los varietales o por lo bien que trabaja la bodega. El caso es que estaba totalmente receptivo y me resultó un gran vino, lo compré a algo más de 19 euros en mi tienda habitual, algo caro si lo comparamos con los 14 en una tienda reciente (chollo), misma añada, pero no me resultan caros por la satisfacción recibida.


De la bodega, Masies d’Avinyó, ya hemos escrito largo y tendido, así que os ofreceré cuatro pinceladas sobre el vino en cuestión, segundo vino de la bodega. Abadal 3.9 recibe su nombre del número donde se ubica la viña de la que procede este vino, según las ha organizado la bodega, siendo divididas en polígonos y parcelas. Por tanto en el polígono 3, parcela 9 se ubican las viñas de cabernet y syrah con mayor antigüedad de la bodega y de las cuales se obtiene este 3.9.
El terreno es pedregoso, el poco que tiene la finca está en ese viñedo en particular y, debido al calor sufrido ese 2005 en el Bages, todo el viñedo sufrió bastante excepto este 3.9 ya que las piedras ayudaron a drenar las lluvias y a evitar la evaporización. Eso ayudó a que las profundas raíces sufrieran menos y, sumando el aclareo y la selección del grano, el total de lo vendimiado representó un 60% de una cosecha normal.


La vendimia es manual, este 2005 durante el mes de octubre, y en diciembre entró en madera, dos tercios de roble francés y el resto en americano de primer y segundo año. Permaneció doce meses con diferentes tipos de tostado.


Presenta un color granate profundo con ribete violáceo, de aspecto untuoso y vivo. Inicialmente en nariz se presenta un caramelo de violetas que gira hacia un personal aroma a olivas negras y va apareciendo un fondo animal, gracias a la cabernet, concretamente a caballo. Este aroma animal se va haciendo más evidente con la aireación. Aparecen balsámicos entremezclados con un deje terroso que se hace evidente también en boca. De paso amplio con un buen esqueleto marcado por la acidez y un final con notable longitud. Notas de pimienta negra por retronasal, mezclada con una fruta negra, moras y arándanos, que aporta frescura.

Un vino con personalidad, alejado de las últimas tendencias globales. Para beber y disfrutar. A recatar en uno o dos años.
Puntuación: 8,9 PCG
Las fotos, exceptuando las del vino, proceden de la web de la bodega.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Castell del Remei

Los Crabioules, 3116m, Lac D'Oô, Pirineos

Castell del Remei es el final de etapa que desde hace algunos años pone un punto final a la aventura veraniega que unos cuantos enochalados dedicamos a la montaña. Como si fuera un ritual llegado del otro lado del Atlántico adoramos a la Diosa Pachamama con una mezcla de los mejores manjares de la fértil planicie entre Balaguer y Tárrega regados con el mejor caldo de la zona, D.O. Costers del Segre.

El menú suele variar muy poco, y no es por la rica gastronomía del altiplano leridano sino porque a los allí presentes nos suele apetecer por encima de todo saborear los excelentes moluscos testáceos de la clase de los gasterópodos, también bautizados comúnmente como caracoles.

Qué le vamos a hacer si somos amantes de los cornudos animalitos que presentados en generosas bandejas son degustados con un alioli resistente a dentífricos y colutorios bucales para lo que resta del día. El vino, marca de la casa, lleva el sello de Castell del Remei.



Restaurante y Bodega se asientan en una pintoresco conjunto formado por un castillo de corte modernista y dos edificios colindantes, uno dedicado a las labores de restauración y otro a la producción, elaboración y venta de una de las marcas con más solera de la denominación que toma el nombre del afluente que baña la zona, el Segre.
La finca está rodeada de viñedos que ahora al final del verano ya verdean en contraste con el paisaje circundante más bien de tonos ocres y quemados por el sol que suele reinar a placer en esas latitudes.

En 1780 la familia Girona emprendió la aventura de embotellar un vino que recibió muchas influencias de la viticultura francesa a lo largo de su trayectoria. Esta Bodega que se remonta a una época pre filoxérica recibió un impulso definitivo cuando el industrial Ignasi Girona decidió reconvertir el pequeño negocio heredado de su familia en una empresa bodeguera que no ha sido indiferente al paso de los años y que ha sabido adaptar la consecuente modernidad a la tradición heredada de sus ancestros.

Un Oda Blanc, mezcla de Chardonnay y Macabeu fermentados en barrica, disponían el ánimo. Resulta un vino un tanto glicérico en su entrada con un aporte tropical y algunos toques de madera ahumada. Es imprescindible beberlo frío para ir notando a medida que se calienta un reflujo balsámico que limpia el paladar del exceso de sal de los caracoles.


Como quiera que el segundo plato fuera a tratar de filete o manitas de cerdo -peus de porc- la elección de un 1780 resultaba más que justificada. Cabernet Sauvignon, Ull de Llebre –Tempranillo- y Garnacha celebran el encorchado de su primer vino. El poder de la fruta sobre madurada se funde en un trasfondo mineral y especiado. Un suave terciopelo echa el resto dejando entrever quizás una madera demasiado potente –barricas nuevas americanas y francesas- y un envejecimiento todavía prematuro.

Dos apuntes a tener en cuenta. El Gotim Bru es calidad precio uno de mis preferidos mientras que otro de sus productos, el Cérvoles, se aleja del denominador común de la zona asemejándose más a un Priorato que a un Costers del Segre en sentido estricto.


Este año nos iniciábamos en el noble arte de escalar las mejores crestas pirenaicas de los picos que con algo más de tres mil metros circundan el Lago de Oô. Crabioules, Perdiguero, Lliterolas, Lezat, Seil Dera Baquo y Spijeoles martillean aun frescos en nuestra memoria como una de las aventuras más excitantes vividas al calor de una verano extraordinario y en la mejor compañía.

Cada uno de nuestros pasos nos acercaba a la meta final. El mejor premio: ese paseo triunfal por el Castell del Remei, y van seis. Son los ecos de un verano ya marchito y camino de un otoño, promesa de una nueva vendimia y de una nueva añada que apuntar en el calendario.