lunes, 31 de agosto de 2009

Muerte a destiempo


La vida es dura, de eso no cabe duda, y si a eso añadimos la (peligrosa) combinación de prisa y ganas de saber, es como si nos transformásemos en devoradores de grado superior.
En el mundo del vino está demostrado que el placer inmediato es complicado de obtener: pocas veces se consigue encontrar un vino que esté en su cenit, en la cúspide de su evolución positiva. No obstante, no creáis que pienso únicamente en echar la culpa a las bodegas por su actual forma de trabajar (ellas, normalmente, se deben a la ganancia económica, no a la satisfacción del paladar del que escribe…), más bien me gustaría dar un toque de atención a los que bebemos los vinos en un momento inapropiado de su vida.

La lógica y nuestro gusto particular manda en la mayoría de ocasiones. Por ejemplo, ¿quién tiene la osadía de beber un Oporto Vintage en su primer año de comercialización...? El que lo haga se pierde demasiadas cosas buenas a cambio de una frutalidad abrumadora, que no equivale al disfrute que nos proporcionará el mismo vino con 20 años encima. O qué decir de los aromas de anchoa o salinos que nos brindan los Ribera del Duero cuando alcanzan su madurez, muy lejos de poseerlos cuando salen al mercado y se emancipan de los brazos del tendero.

Desde la óptica que me confiere el saber que cuanto más vino bebo menos sé al respecto, me gusta confrontar opiniones y comparar las diferentes elaboraciones -que a ello se prestan- para saber cómo y cuando una botella determinada puede llegar a darnos lo mejor de sí. Ardua tarea que lejos de ser agradecida resulta, la mayoría de las ocasiones, un tanto frustrante por la cantidad de veces que la mente de uno piensa “este vino con 5 años más hubiese sido la bomba”, cuando resulta que tenemos delante la última botella de nuestra bodega de una determinada marca, zona, añada… ¡tierra trágame!.

Con motivo de una celebración (se celebraba el no cumpleaños de alguien, no preguntéis más…) se pusieron encima de la mesa multitud de botellas, de muchas zonas, de diversas añadas y diferentes franjas de precio: la comparación y la alegría estaban servidas.
De todas ellas me quedé con dos en mi mente y aquí las presento en sociedad. Una de ellas, Château Olivier 2002, un Grand Cru Classé de Graves (Pessac-Léognan-Burdeos) que nos hizo descubrir lo que los desconocidos blancos del atlántico francés son capaces de proporcionar. La otra botella en cuestión fue bien diferente, tanto por concepto como por zona, Château de la Tour Clos Vougeot 2005 Grand Cru, borgoñón de pura cepa pinot noir ¡toma ya!



A los hechos me remito para mostrar las dos caras de una misma moneda, dos vinos que sirvieron para poder evaluar las virtudes y carencias de los dos extremos de la guarda de un vino, la redondez y afinamiento del blanco frente a la excelsa juventud y brío del tinto.

Château Olivier 2002 es un vino favorecido por los 7 años de vida que cuenta. Con una elaboración clásica en la zona, posee ciertas cualidades que vienen reconocidas por su componente varietal más que por su realización. Tres son las uvas que forman su esqueleto, sauvignon blanc para darle frutosidad y nerviosismo, sémillon para realzar sus cualidades de guarda con un plus de elegancia y un pequeño porcentaje de moscatel para afinar el perfume de su nariz. Los 12 meses de crianza en roble no hacen más que redondear la faena y proporcionar al vino resultante un poder lógico de prosperidad positiva con el tiempo en vidrio.
Los cánones marcados hacia los vinos de la zona dicen, generalizando quizá más de la cuenta, que en las añadas normales su ventana de consumo anda entre los 2 y los 6 años a partir de su cosecha y, en las buenas añadas (como esta 2002 que nos incumbe), no menos de dos décadas.

De color amarillo dorado ya marca su edad desde el principio aunque la verdadera profundidad del vino está por llegar. La nariz tiene tanta evolución que es una pena tener prisa y no disfrutarla. Mucha fruta blanca al punto de madurez acompañada de registros tropicales de piña madura muy comedidos, mineral y algo de botica cerrada (¿o era pipí de gato?) se hacen eco rápidamente. La boca es seca con un recorrido algo estridente al principio, reconfortablemente calmado llegando a ser de gran complejidad cuando las papilas empiezan a trabajar. Mucha acidez al final del trago, dotado éste de majestuosa elegancia y una fresca sensación que, junto a un retro especiado y mineral (piedras de río, bolos), dan una imagen bellísima del conjunto.
Un vino en su punto, para beber o guardar unos años todavía, que el gusto personal de cada uno decida que hacer pues ambas opciones son buenas.

La otra cara de la moneda fue el Château de la Tour Clos Vougeot 2005, ejemplo de poderío y raza. Muchos ya sabéis de qué pie calza el citado pago, para los que no lo tengáis registrado decir que son 51 hectáreas calificadas como Gran Cru que pertenecen a 70 propietarios, repartido en parcelas de mayor y menor tamaño donde el productor que nos interesa es, con sus 5 hectáreas, el que más tierras posee dentro de él (lo que no quiere decir que sean las mejores…).
Como antes comentábamos prácticamente todo el vino del país vecino se mide por la calidad de su cosecha -esta 2005 en Borgoña está siendo de lo mejor de la década- siendo el dato de suma importancia para saber, nunca a ciencia cierta, si mejorará con el tiempo o no.
En esta ocasión se cometió el mayor infanticidio que recuerdo de toda mi vida enófila pues, sólo con acercar la copa a la nariz, se transparentaba la necesidad de integración. La madera tostadita, nueva por defecto y en una dosis cercana a los 20 meses estaba demasiado presente, nunca sobresaliendo pero sí de vital acompañante, como una espada de Damocles que pende encima de su mollera.


El color es profundo, un rojo subido de tono que esconde el ribete por su juventud palpable. Nariz donde predomina la madera -vital para un vino así- marcando un territorio que pronto no tendrá más remedio que ceder a la complejidad aromática frutal y abrumadora que viene en el plano siguiente: las frutas rojas maduras, la mora y un susurro de trufa mezclado con menta.
La parte que más seduce de este vino es su boca, es la pieza del puzzle que finiquita nuestra intriga con él. En los labios se adivina muy fino, redondo y con un tacto que hechiza, pura seda que no hace más que crecer y crecer con la temperatura en la cavidad… sabroso, denso y tan afinado como su aporte tánico le permite. Largo, muy largo, deja su impronta apoyada en una acidez que desvela toda duda sobre su materia prima.
Retro especiado con marcada influencia de su tierra (la arcilla se mastica) y un poder estructural que da miedo. A recatar en no menos de 10 años.

Todos los allí presentes coincidimos en dos aspectos. El primero es que el blanco, pese a tener cuerda todavía, se presentó muy tomable y capaz de demostrar todo su temple. El segundo, la atrocidad cometida con el tinto. Pudiendo ser un vino de los que marcan un antes y un después en la vida del que los toma, pasó levitando por delante de nuestros órganos sensoriales, susurrándonos al oído todo lo que nos podría haber ofrecido en el futuro si nos hubiésemos armado de paciencia con él.

Si bien, amigos míos, una cosa es muy cierta… ¡que nos quiten lo bailado!

jueves, 27 de agosto de 2009

Torroja és diferent

Casi tres días después de la Segona nit de vins de Torroja del Priorat es un buen momento para hacer balance.
Vadebacus fue invitado a asistir a la cata profesional del pasado 22 de agosto en el entorno del Hotel Abadía de Torroja. Serviría dicha cata para comprobar la existencia de cierta tipicidad de los vinos del pueblo con respecto a otras zonas incluidas en la D.O.Q Priorat. Fueron invitados profesionales de la restauración y del periodismo junto con los enólogos de las propias bodegas y una buena representación del mundo bloguero catalán. Bonita iniciativa la que partió del ayuntamiento de Torroja, nos congratulamos de formar parte del conjunto.

Se cataron un total de quince vinos a ciegas, y todos nos dedicamos a rellenar sendas fichas de cata con el propósito de extraer conclusiones con respecto a los vinos del término municipal.

No es fácil catar tal cantidad de vinos de una subzona del Priorat poco conocida como Torroja, a pesar de que últimamente varias bodegas están intentando crearse un espacio en el mundo vinícola. Los vinos que participaron en la cata, por cierto fue ciega, por orden de servicio fueron:

Melis 2006 (Celler Melis)
Torroja 2006 (Terroir al Límit)
Torroja des de dins 2006 (Mayol Viticultors)
Mas Saura 2004 (Llicorella Vins)
Criança 2001 Rotllan- Marquès (Celler Heid- Marquès)
Arbossar 2006 (Terroir al Límit)
Aònia 2007 (Llicorella Vins)
Brogit 2005 (Mayol Viticultors)
Pardelasses 2007 (Celler Pardelasses-Aixalà Alcait)
1/3 Trio Infernal 2007(Combier-Fischer-Guerin)
Pardelasses 2006 (Celler Pardelasses-Aixalà Alcait)
Hereu de les Planes 2007 (Escoda-Pallejà)
2/3 Trio Infernal (Combier-Fischer-Guerin)
Elix 2006(Celler Melis)
Rampell 2007 (Francès –Bretón).


Con la perspectiva que proporciona el tiempo, y más allá de la relación final que intentaba establecer un cierto ranking según las valoraciones de los catadores, en Vadebacus nos gustaría aportar nuestra visión global sobre lo que allí se nos preguntaba. Los vinos catados de Torroja, muchos de ellos por primera vez, presentan ciertas diferencias palpables con respecto a otras subzonas prioratinas que, aún siendo complicado, se nos antojan con ciertos rasgos de tipicidad propia.

En general, comparando con vinos de otros términos municipales, podemos decir que uno de los rasgos fundamentales del Priorat, como es el de la mineralidad proporcionada por la pizarra, se presenta de manera algo mas atenuada en Torroja, aunque sigue siendo un rasgo característico de la totalidad de los vinos catados.
El mayor uso de la garnacha en Torroja en detrimento de la cariñena aporta notas de reducción de tipo animal, como pudimos constatar, a diferencia de las notas oxidativas conocidas en otras subzonas, más cercanas a cierta pasificación de la fruta (tal vez por una mayor participación de la cariñena). Por otro lado la garnacha y el uso de variedades foráneas, como la cabernet, syrah o merlot, obtienen como resultado una fruta más fresca, más roja que negra, resultando vinos más amables y lácteos que los que se fundamentan en una mayor proporción de cariñena.

De todo esto se deduce una mayor sensación de integración del alcohol en los vinos de Torroja, menos lacas o barnices y volátiles en general, aunque cierto alejamiento con respecto a lo que se puede entender como vinos del Priorat: potencia desmedida, subida acidez y una exagerada mineralidad.

Otro de los detalles que llama la atención es cierta tendencia a integrar muy bien el uso de la crianza en madera. Lejos de pesar en el conjunto, parece que los elaboradores toman ciertas precauciones con los tostados y la dosis aplicada de estos al vino, dejando un producto final menos influenciado por el aporte extra de la madera.

Finalizamos esta breve reseña agradeciendo nuevamente a Ricard Mayol y a los organizadores del evento las atenciones recibidas.

¡Hasta la próxima!

lunes, 24 de agosto de 2009

Agosto en la gran ciudad

Después de tres semanas en tierra santa gallega el regreso a casa se hace extremadamente duro.

Ya no por la finalización del periodo vacacional familiar sino por el enorme contraste térmico que supone pasar de 20 grados a más de 30, o como el día de hoy en que estamos superando los 36 en Barcelona, tremendo el bochornazo y el consecuente golpe de calor.

Por motivos que no vienen al caso estos días estoy bajando a Barcelona ciudad y elijo matar el tiempo por la mañana paseando por las calles de la capital, recorriendo el Paseo de Gracia de arriba a abajo. Desde la plaza con el monolito dedicada a Juan Carlos I pasando por la Pedrera de Gaudí y, entre humedad y goteo provocado por el tremendo calor y el posterior sudor, paso por la Vinoteca Torres y más abajo en el lado opuesto se situa la Casa Batlló, donde hace unos meses tuvimos la suerte de acudir a una presentación de champagnes que resultó deliciosa y tumultuosa.


Tras realizar diferentes compras de última hora y casi llegando a Plaza Catalunya decido dar media vuelta, en pleno acto masoquista y con el sol abrasando por completo mi azotea deshago mis pasos y atravieso la Diagonal subiendo Gran de Gracia.

A la altura de Metro Fontana, en pleno barrio de Gracia, bonito donde los haya, me dirijo a l'Ànima del vi, pero es lunes in the morning y está cerrada. Quedará para otra ocasión. Prosigo la pateada y me apresuro a cruzar Gran de Gràcia y dirigirme a otra de las tiendas que uno tiene en la agenda: Cal Dani, que está de vacaciones, y yo con la boca seca.


¿Qué hago, me dirijo a Vinos Cosme que está en Aribau con Madrazo?. Un poco lejos pero quiero hacer la prueba y después de buscar la sombra que proporcionan mis amados bloques de pisos llego a mi destino y me encuentro con la chapa que protege el vidrio indicando que también están de vacaciones.

Me comienzo a cansar del tema. Varias tiendas todas cerradas a mediados de agosto. Demasiado tarde para ir a Vila o a Torres en el Carrer Nou de la Rambla y estoy acalorado y con ganas de regresar a la parada de metro y enfilar el camino de vuelta. Cuando finalmente estoy llegando a la estación recuerdo la Enoteca Italiana de Leo y Hal, a escasos 100m. de la estación y le doy una oportunidad. Casi suplicando a los dioses encontrarme con el cálido saludo de Hal llego a la entrada y está abierta. Para adentro y salgo con una botella, he calmado mi desánimo y regreso a casa.
Aventuras estivales en época de crisis.

P.S: Comentaros que el vino que me llevé de la Enoteca fue un spumante, un vino espumoso de la región del Soave, en la provincia de Verona: Fulvio Beo spumante Brut método classico, es decir, método champenoise. Tras la vendimia realiza la primera fermentación en acero inoxidable y permanece hasta la primavera del año siguiente. Es entonces cuando permanece en rima durante dos años y finalmente degollado. Como podéis ver en la foto aparece la fecha de degüelle, en este caso 2007.


Este Fulvio Beo spumante es elaborado por la bodega Ca'Rugate, buena conocida por algunos de nosotros y que realiza verdaderas delicias con la uva autóctona garganega. En el salón Slow Vitis de vinos naturales tuvimos la posibilidad de probar varios de los vinos de Ca'Rugate, blancos deliciosos y muy varietales.

Presenta un color dorado con reflejos verdosos. Poca burbuja en copa. Nariz con recuerdos a manzana verde y unas claras notas de fruta amarilla muy madura. Algún rastro de plátano muy maduro, membrillo y piña madura, recuerdos dulces en nariz y un leve tostado o ahumado similar al que proporciona la chardonnay, como a palomitas de maíz mezclado con toques minerales. En boca se presenta algo cansado, un gas muy integrado tal vez por fruto del decaimiento. Excelente acidez que le proporciona garra. Final entre ácido y amargo con rastros de anís.

Un espumoso diferente y bien curioso.
Puntuación: 8,4 PCG

lunes, 17 de agosto de 2009

Tinto de verano



La sombrilla

El aeropuerto de Palma de Mallorca es uno más de los muchísimos estereotipos de contenedores humanos que pululan por todo nuestro moderno mundo globalizado. En ellos aparte de perder la noción del tiempo –este se alarga en un espacio atemporal y ajeno al mundo exterior- uno tiene la sensación de ser una hormiguita más del inmenso engranaje que rige este grandioso mausoleo donde la abeja reina viste siempre de uniforme.

La historia aquí contada puede parecer exagerada pero juro que es real y muy próxima. Si se publicara en un rotativo aparecerían decenas de casos similares que por anónimos han pasado por la criba de la discreción más absoluta.
Todo empieza por una víspera cualquiera ante la perspectiva, en este caso, de un regreso de unas cortas vacaciones en la mayor de las Islas baleares, mucho antes de los dramáticos episodios que sacudieron los titulares de los medios de comunicación y que son carne de cañón recurrente a lo largo de este verano.

Esto sucedió antes que finalizara la segunda quincena del mes de Julio. Dos obsesiones: empaquetar unas cuantas botellas de vino Anima Negra negociadas a buen precio en Felanitx y otra la de no sobrepasar el cupo de ensaimadas que por cosas del destino también viajan aparte en según qué líneas aéreas.
Y en el último momento, antes de cerrar la puerta de la habitación del magnífico hotel con vistas a la bahía de Portocolom, una furtiva mirada hacia atrás para darme cuenta que nos dejábamos la sombrilla comprada días atrás para mitigar los calores –hasta 45 grados- de la ola africana que abrazó la Isla.

-¡Caramba! Nos dejábamos la sombrilla….

Entonces no sabía que esta frase nos iba a traer cola. Mejor hubiera sido pasar de largo pero el destino siempre reserva sus sorpresas para el momento menos pensado.
En el mostrador de facturación una señorita vestida de un rojo pimentón murciano con una sonrisa estudiada para repeler cualquier contraataque nos dice que la sombrilla no puede ir adosada a ninguna de las maletas y que debe viajar bajo nuestra propia tutela. Lo demás sin problemas.

Tras recorrer los meandros del control policial y llegado a la puerta donde siempre que cruzo suena un chivato debido al metal de mi dentadura – ni que fuera el Tiburón de alguna de las viejas películas de James Bond- un amable funcionario exclama:

-¡Alto ahí! La sombrilla no puede pasar, caballero…
-¡Cáspita! ¿Y dónde está el caballo?

Bueno. Me informo que es un objeto punzante y por lo tanto susceptible de causar alguna desgracia y que por ello es necesario que me dirija a la puerta 738 para facturar mi sombrilla como material peligroso y de alto riesgo.

En la susodicha puerta…que casualidad. Otro simpático personaje –uniformado por supuesto-me informa que a las once de la noche se cierra la taquilla. Le digo que todavía falta una hora a lo que ya a voz de grito –como si fuera duro de oído- me dice que una equivocación la tiene cualquiera y que donde dije digo quise decir Diego.
Vale. Ahora toca caminar hacia el otro extremo y encontrar la gate 138 que por suerte permanece abierta. Otro buen señor con la gorra encima de la mesa me indica que no se puede facturar si no hay etiqueta con código de marras de la compañía aérea en que viajo.

Ahí ya cuento hasta 30 y unas cuantas respiraciones para bajar mis pulsaciones que se habían disparado. Vuelvo al punto de partida. Parece uno de los Procesos de Kafka que tanto me impactaron en las lecturas de mi lejana adolescencia. La misma señorita me mira de soslayo de arriba abajo como si fuera un espectro a punto de lanzarle un oscuro conjuro. Al final es el supervisor que soluciona el entuerto porque los seis euros que me había costado la sombrilla de mis amores estaban a punto de costarme un disgusto.

Finalmente en la puerta 138 consigo al fin despedirme de mi sombrilla no sin alguna lágrima porque ya le había cogido cariño. Tres cuartos de hora más tarde aparezco como un héroe que se ha cepillado a los villanos ante mi atribulada familia.
Ya entrada la madrugada y a solas con mi mujer en el hogar conyugal decidimos comernos parte de una ensaimada de chocolate regada con un Eiswein 2004 de Barzen para sosegar el ánimo movido por tanto ajetreo.

¡Feliz verano a todos!


wine2

lunes, 10 de agosto de 2009

Latitud 41´ 130º, longitud 0´ 471º

No preocuparse, no se trata de ningún juego de acertijos ni de buscar un tesoro perdido… la originalidad del dato en cuestión viene en la contraetiqueta de un vino, de un trozo de papel que lejos de ser -como de costumbre- recalcitrantemente anónimo, resulta original y distinto al resto por la aportación de dicho dato. Si tecleamos esas coordenadas en un GPS nos conducirá hasta la finca Mas Perinet, entre La Morera y Cornudella de Montsant, a caballo de la D.O. Priorat y Montsant.


Poca gente del mundillo desconoce que detrás del nombre de la bodega se esconde un cantautor de raíces libertarias y nacido en el Mediterráneo, dato poco considerable por lo que respecta al vino pues aún siendo técnico agrónomo su vida nunca pasó por la pasión que marca a los grandes elaboradores de vino (más bien se trataba de invertir en algo rentable, algo que aunque no fuese inmediato diese sus frutos).
Si la calidad del producto final se midiera según la cuantía de la inversión estaríamos delante de un vino que pocos superarían.
La finca en cuestión se vio invadida por maquinaria pesada, las mini terrazas aparecieron como por designio divino: donde sólo había matojos y abruptas pendientes florecieron filas de vides que, poco a poco, enraízan en el duro suelo de pizarra fragmentada. 209 hectáreas forman la propiedad pero únicamente 32 están destinadas a viñedo.
Como el dinero, en esta ocasión, no compró la edad de las viñas, la plantación se encuentra con viñedos de escasamente 10 años de vida (únicamente alguna parcela del foráneo cabernet sauvignon supera escasamente la mayoría de edad). No mienten ni esconden a nadie que compran las uvas de viejas garnachas y cariñenas a terceros, siempre controlados por el conocimiento que asumen del territorio.
Hay dos datos que me llaman mucho la atención en cuanto a lo que se refiere a su viticultura. Parece ser que cada planta tiene un sistema de riego individual (en la añada 2003 fue una ayuda impagable para el viñedo joven) y que, durante la poda, se producen heridas a las cepas para ayudar a fortalecerse y así lignificarse aceleradamente, envejecer la planta más rápido.

El vino básico de la bodega es Mas Perinet y por cuestiones dispares, durante 2 o 3 años, he podido echarle el guante a no menos de 4 botellas de la añada 2004, todas ellas bien diferenciadas tanto por la regularidad del vino como por su evolución. Resumiendo un poco diré que la primera experiencia y la última (en ésta me apoyo para hablar de él) han sido las mejores… ¿el resto? mejor olvidarlas.

Tal y como comentábamos antes en esta cosecha se utilizaron las plantas más jóvenes de cabernet, syrah y merlot –de 6 a 8 años de edad por aquel entonces a lo sumo- junto con garnacha y cariñena vieja en una proporción mucho más significativa (un 80% de protagonismo para la pareja autóctona).
Como en cualquier gran bodega que se tercie, el uso de la barrica francesa de primera mano está asegurado. En esta ocasión se trata de barricas de tamaño extra, de 300 y 400 litros con una cuidada selección del origen del roble para poder criar cada variedad por separado y dosificar así el tributo de ésta al vino.

La cosecha 2004 es de momento una de las mejores de la década, varios son los ejemplos que por estas páginas han pasado que así lo han demostrado. En esta ocasión se nota la bondad de la añada, no nos engañemos, algo tambaleante por tratarse de un vino de primera concepción, con unos objetivos que no se sabe donde quieren ir a parar, si al gran público que busca/compra una etiqueta que rece D.O.Q. Priorat o, quizá, más bien hacia el lado más crítico y purista donde creo nos encontramos los por aquí presentes.

Los 5 años de vida que a estas alturas lleva vividos han dejado en él un color bastante subido de tono, muy cardenalicio y con un ribete poco marcado que apenas cambia de color. Mucha profusión de fruta roja y negra, especiado ligero y un toque mineral muy de la zona. La boca se nota equilibrada, amortiguada por el paso de los años y en su justa medida de potencia y amabilidad, con unos taninos redondos y dulzones que hacen de él un vino muy rico.
Largo, nada pesado y con un retronasal marcado por una pincelada de torrefacto y mucha planta aromática.

Parece que este vino está en la cúspide de su evolución, anteriormente estaba un tanto sobrado de potencia y da señas de que todo tiempo que pase acusará notablemente una perdida de la poca autenticidad que posee.
Ni mucho menos es un vino que muestre la señas de identidad de una zona con tanto poder organoléptico como Priorat, pero de justos es reconocerle que por lo que costó la botella (16€ hace 2 años) bien se merece una oportunidad.

nota: la foto de la bodega proviene de turismepriorat.org

lunes, 3 de agosto de 2009

RESPETO


De todos es sabida la enorme proyección de internet en el mundo comercial. No pretendemos descubrir algo que ya es resabido, pero sí que nos gusta poner sobre la mesa algunas de las consecuencias que las estrategias de marketing entorno al mundo del vino nos pueden llegar a ocasionar.




Partimos de la premisa que nuestro espacio, nuestra humilde página web, es un terroir totalmente amateur, no nos ganamos un céntimo con esta actividad, lo nuestro es altruista al ciento por ciento. Lo nuestro es afición, plasmar nuestras vivencias entorno a unos cuantos vinos catados en grupo o individualmente, un hobby (vamos, donde metemos horas y horas por pura afición), una distracción, una manera de conocer más el mundo.

Como sabéis nuestro blog fue premiado el año pasado por la D.O. Catalunya y nos enorgullece dicha mención especial pero nosotros sí seguimos igual que antes: nos seguimos rascando el bolsillo, arañando nuestros euros en pos de nuestra afición y la posterior traslación al espacio virtual si el resultado es digno de comentar.

Desde hace un tiempo parece que en algunos foros mediáticos se nos pretende dar, a todos los blogueros de vino, un cierto reconocimiento. Se habla de la importancia de internet y de algunos de los espacios de vinos coexistentes en la red y del aporte que estos pueden llegar a dispensar.



Nuestra postura es un tanto reticente: por un lado pocas de las bodegas/empresas existentes en nuestro país contactan con nosotros (no somos tan famosos como el difunto Michael Jackson pero bueno, ahí estamos…) y las pocas que lo hacen pretenden abusar del amateurismo de algunos blogueros, como nosotros, para hacer negocio.

Por otro lado tenemos que cargar con la fama de gorrones, de recaudadores de vino, de pedir limosna a las bodegas y llega un momento en el que dices BASTA. BASTA a la hipocresía de las grandes empresas, las que pretenden utilizarte para sus propios fines comerciales, SPAMEANDO continuamente nuestras cuentas de correo, las de Vadebacus e incluso, en muchas ocasiones, las particulares de los miembros allí fichados. BASTA a la falta de escrúpulos, porque si en el mercado todo vale NO es de justicia que se nos critique metiéndonos a todos en el mismo saco, como hemos leído recientemente en algún blog e incluso en prensa escrita de larga tirada (y mayor retribución).

Vadebacus quiere desmarcarse de esa corriente y queremos agradecer a las bodegas, pocas, que han aceptado enviarnos sus vinos con todo el esfuerzo y gasto económico que ello representa. Vadebacus puede jactarse de no pedir muestras nunca, no nos va ese tema; quien quiera que lo haga de voto propio, será bienvenido y tratado como se merece.

Creemos que es justo que si te ponen en conocimiento un producto, saturando tu cuenta de correo con mensajes publicitarios, sean condescendientes y te permitan catar lo que te ofrecen y no sólo se busque la cooperación de terceros a cuanta ajena. Lamentablemente no son pocos los que así actúan, abundan las malas formas y las indeseables estrategias que se ocupan de lanzar la piedra y esconder la mano. El mundo anónimo de Internet permite, una vez más, hacer semejantes majaderías desde un lado y otro del prisma, simplemente con no contestar y comportarse incivilizadamente uno ya se considera un triunfador.

No seamos ilusos y demos un uso responsable de las nuevas tecnologías. Si quieren que el consumidor confíe en sus productos den ejemplo señores productores y correspondientes estrategas.