lunes, 27 de julio de 2009

Egon Müller Scharzhof 2008


Y no se trata de ninguna firma que trate el cuero cabelludo, de lo que adolece el protagonista que centra el comentario de este blog dedicado al vino. Porque Egon Müller IV , ejemplo de alopecia, lo es también de creatividad, pasión y arte a la hora de trabajar con lo que mejor sabe, el riesling.

Para algunos el verano propiamente dicho no empieza hasta el 4 de Julio, fecha en la cual Vinialia de la mano de Vins Alemanys realiza la presentación de la añada 2008 de los principales productores alemanes de riesling. No eran todos pero sí los más representativos en un marco incomparable.

Como quiera que Girona fuera nuevamente escogida para la puesta de largo de las novedades y bondades del 2008 nos dimos cita en la Enoteca Gastaldi unos cuantos incondicionales entusiastas de la diva germana, este año más estilizada que de costumbre. 2008 se presenta como una temporada a la antigua usanza, sin sorpresas y con una vendimia muy muy retrasada con lo que su principal cualidad es presentar una uva tremendamente sana y con escasa botrytis, lo cual favorece los vinos secos de la calidad Grosses Gewächs, o lo que es lo mismo los Grand Cru secos de pagos calificados.


La mañana transcurría plácida tomando buena nota de las explicaciones de Michael Wöhr acerca de la docena de caldos que fueron desfilando lentamente al compás de su afilada batuta, creando una sinfonía wagneriana que embotaba los sentidos. Un Parsifal exultante resonaba triunfante en mi cabeza al mismo tiempo que iba degustando uno a uno las recién nacidas criaturas de los productores más conocidos tales como Grans-Fassian, Dönnhoff, Emrich-Schönleber, Heymann-Löwenstein, Dr.Bürklin-Wolf, Ö.Rebholz y Egon Müller.

Y es de este último en quien centro la lupa de mi comentario. No todas las añadas son apropiadas para la elaboración de un básico semiseco. De lo que se desprende que la ausencia – o la escasez- de botrytis en 2008 ha hecho que la mítica firma de la Mosela destinara una parte de la producción a la creación de un básico de corte semiseco.

Así nos encontramos con un Scharzhof de la factoría Egon Müller que proviene del pago de 14 hectáreas apellidado rausch, delirio,entusiasmo, del que la familia Müller detiene unicamente una sola hectárea. Y la verdad es que a diferencia de 2007, que no proviene de la misma parcela, esta es mucho más compleja y con ligeras variaciones que la alejan de su predecesora.

Mientras que en el 2007 hablábamos de fruta tropical en esta -2008- hay que hacer mención del mineral. En líneas generales se nota cierto barroquismo atendiendo a una multiplicidad de sabores que van desde una suave acidez frutal hasta un ligero toque áspero de mineral todavía no muy pulido. Incluso destila un recuerdo de hidrocarburo que a buen seguro irá formándose a lo largo de unos cuantos años en reposo.

Con un precio más que contenido y una producción no demasiado amplia es la ocasión para atesorar, sin vender el patrimonio, de uno de los que aun siendo básicos constituye un exponente del elenco de los más reconocidos y afamados productores de riesling. Egon Müller IV es y seguirá siendo un referente.

lunes, 20 de julio de 2009

¡Qué bonita etiqueta!

No me ha disgustado el nuevo vino de Álvaro Palacios en el Priorat. Camins del Priorat salió al mercado en la primavera de 2009 y justo ahora lo veo por primera vez en la estantería de Padró Solanet en Cerdanyola, me encantan las novedades continuas y la buena rotación del género existente, y por un precio aproximado de 13 euros me lo echo a la cesta.

El frontal tiene dos partes diferenciadas. En la superior una imagen de una flor con base el nombre del vino y justo debajo D.O.C. En la inferior aparece escrito, en un tipo de letra de esos bonitos y adornado, el nombre Alvaro Palacios.
En la trasera pone D.O.Q, por cierto.


Es innegable la impecable presentación: se lee la palabra Priorat en la etiqueta principal, muy blanca y colorida en su imagen y el nombre de Palacios acaba de convencerte. Bien, lo que acaba de convencer es el precio, en un mundo de Priorats inalcanzables para la mayor parte del pueblo (de 20 para arriba) este sólo cuesta trece y pico. Conclusión: para la cesta.

Palacios tenía hasta ahora en el Priorat tres vinos: l’Ermita que cuesta alrededor de 600 euros y es el vino estrella de la bodega según su hacedor, y que fue multipremiado a principios de esta década, Dofí que cuesta alrededor de 70 euros y que, aún rascando el bolsillo, es un buen representante de calidad en la zona aunque a un precio inalcanzable para la inmensa mayoría de los ciudadanos y, por último, Les Terrasses (unos 23 euros) que era el vino básico de la bodega y que no está nada mal para ser un Priorat de ese precio.

Realmente hay pocos vinos por debajo de los veinte euros que provengan del Priorat y que dejen una sensación placentera. Últimamente parece que son varias las bodegas que se apuntan a sacar al mercado vinos con precios atractivos, intentando captar cierto sector del mercado bastante olvidado por parte de las bodegas Prioratinas.

La uva que se vendimia para hacer este Camins del Priorat procede de 8 municipios de la comarca: Gratallops, Poboleda, Porrera, Torroja, Les Vilelles, Bellmunt, El Molar y el Lloar. De terrenos pizarrosos, como debe ser, y de terrazas y laderas pronunciadas de entre 300 y 600 metros de altitud.

Las variedades de uva que se utilizaron para esta cosecha 2007 fueron samsó (50%), garnacha (40%) y el resto de un coupage de syrah y cabernet sauvignon. Tras la vendimia se despalillaron los racimos y fueron sometidos a un suave estrujado, realizando la fermentación alcohólica en cemento, inox y madera con los respectivos remontajes y bazuqueos. La maloláctica la realizó en tinas pasando 8 meses en tinas y madera francesa. 200000 botellas que recomiendan consumir antes del sexto año…

El vino presenta un color cereza brillante, de capa media subida. Fue decantado un par de horas pero recomiendo, a posteriori, no hacerlo y dejar que se oxigene en una buena copa tipo burdeos. En nariz notas dulces de la barrica francesa, es fácil, goloso y frutal, apuntes a ciruela y a frutillos rojos. Me recuerda a otros tantos existentes en la geografía española salvo por la presente mineralidad, algo de grafito. Le cuesta en nariz abrirse y mostrar lo que lleva dentro. Ni con la decantación mejora, al contrario como dije antes. En boca es ligero y lineal, de paso agradable pero dulzona, con un final mineral y un leve fondo vegetal que se hace evidente por retronasal. Es en el final en boca donde aparecen los taninos bastante suavizados con una corta acidez mezclada con ligeras notas amargas. Se hacen presentes en nariz algunas notas florales mezcladas con vainilla, un conjunto muy goloso y frutal.
Es un vino agradable, lejos de complejidades, para acompañar una comida, un priorato a buen precio y de una bodega conocida. Entra por la vista y poco más.
La foto de la camiseta en versión trasera proviene del blog de Manuel Camblor, gracias por la licencia.

lunes, 13 de julio de 2009

EL Patio y los caracoles


Afinidad monumental se podría llamar.
Por casualidades del destino se cruzó, por fin, una enigmática botella en mi camino: El Patio airén rezaba la etiqueta.
El productor y bodeguero, Samuel Cano, manchego y natural como la viña misma, está afincado en Mota del Cuervo y la inclinación por su tierra le carga con la obligación de sacar el máximo provecho de ésta para transmitirla a sus vinos y, ahí es donde reside su grandeza, la gran particularidad de sus vinos no es otra que su personalidad, ganada al terreno y radicalmente ligada a su forma de elaborarlos:




Le tenía muchas ganas a una buena airén pues hasta ahora todo había sido una búsqueda frustrada al respecto de dicha variedad: vinos más bien insulsos y con poco poder de atracción, la mayoría reflejando una sobreproducción y un muy poco mimo por la calidad.
El Patio airén es de esos vinos que se empiezan a formar al principio de cada cosecha, desde que las uvas empiezan a engendrarse en la propia planta hasta que se cortan para elaborar su mosto. Esa primera etapa ya marca cada cosecha con unas particularidades bien diferentes, mejores o peores, pero diferentes cada vez. Centrémonos pues en la 2007.
Una vez en la bodega su elaboración no tiene desperdicio. Las uvas vendimiadas a finales de octubre se encuban en barricas -verticales ellas y sin tapa- para realizar una maceración prefermentativa que dura una semana. Desfilan después a la prensa y se procede a la fermentación en roble americano usado durante 6 meses, con sus lías finas.
Acabado de fermentar se trasegó a barricas francesas (de un uso) y allí permaneció 2 meses más… Ni se filtra ni se estabiliza, se embotella después de un simple decantado.

Explicada su elaboración no me extraña que su color sea de un amarillo muy subido, casi ambarino me atrevería a decir, algo turbio pero sin problemas para brillar. Mucha fruta amarilla madura, algo de melón y susurrantes toques cítricos que toman fuerza con el oxígeno. La boca resulta fresca, ágil y particularmente estructurado. Seco, con algún verdor final que ayuda a incrementar esa sensación de frescor en el final del trago… largo, marcando unas hierbas aromáticas muy agradables y pinceladas de levadura horneada.

La presente particularidad del vino se vio perfectamente compartida por una elaboración culinaria que no resta originalidad al momento. El que escribe se beneficia de tener conocidos franceses y claro, las entregas gastronómicas se repiten casi continuamente.
En esta ocasión le tocó el turno a unos maravillosos y hormonados moluscos terrestres: caracoles de Borgoña, más conocidos en su patria como escargots à la bourguignonne.
Salvo por el tamaño no difieren en exceso de los nuestros, pero su preparación se basa en la dimensión de las piezas así que resulta importante disponer de ellos para realizar la sencilla receta.
El 50% del plato es la “pasta” que se pone como relleno o tapa a cada caracol, realizada a base de mantequilla, echalote, ajo, perejil, sal y pimienta. Una foto mejor que mil palabras.

El maridaje resultó sumamente perfecto, el paso garboso y seco del vino limpiaba a la perfección el sabor del ajo y la cebolla, dejando la boca preparada para el siguiente envite.

Me gustaría remarcar el perfecto trabajo realizado con la crianza en madera con este vino. Los 8 meses que tiene de barrica (aunque sea usada) no han sido capaces de añadirle notas extras de tostados, vainillas o cremosidades empalagosas, el equilibrio en ese aspecto me parece fantástico.

Samuel ¡lo has clavado!

lunes, 6 de julio de 2009

El sermón de la montaña


Esta semana cegado aún por el mal de altura y en conversación conmigo mismo quise poner en claro algunos pensamientos que de cuando en cuando martilleaban en mi cabeza. La montaña fue un buen pretexto para, con la ambición de tocar el cielo, borrar de la mente cualquier pecado y hacer más llevadera la penitencia.

De un tiempo a esta parte he oído discusiones de todo tipo por el hecho de que un vino lleve o no tal o cual medida de madera en sus entrañas. Y claro no puedo menos que abrir un espacio de debate para todo aquel que quiera aportar su granito de viruta de esta boscosa situación.
De un tiempo a esta parte la moda en cuestión era hacer un fino comentario del tipo:
“un vino sabroso afinado por una larga permanencia en barrica que le aporta una finura de suave tostado de fina especie de tabaco y un persistente aroma de vainilla que afinan sus potentes taninos”.

Claro. Con afirmaciones como esas un Borgoña, o incluso un Rioja tradicional, eran considerados como vinos ligeros, frutales sin peso específico. Es decir, les faltaba ese chute de madera noble que parecía presidir cualquier celebración o acto social que se precie.
La reacción contraria tampoco se hizo esperar. Muchos productores optaron por vestir sus creaciones con el pomposo sello de vino elaborado a la manera ecológica. ¿Pero qué entendemos con la etiqueta ecológica? Porque esto es como un cajón de sastre en el que todo cabe…

Dejando aparte las estrictas reglamentaciones en este sentido no me parece que el atractivo de un vino recaiga en su manufactura ecológica. Quiero decir que la tradición juega un papel relevante en este oficio y así como el aporte de nuevas técnicas heredadas de los avances tecnológicos son bienvenidas, creo a pies juntillas que nunca hay que olvidar las raíces de nuestros ancestros y la sabiduría de muchas generaciones que marcaron a fuego nuestro substrato cultural.

A todo ello y echando más leña al fuego vino como Mr.Marshal en aquella película de Berlanga un discurso rompedor desde el otro lado del Atlántico a cambiar el panorama vínico europeo. Abrimos la puerta y entró un viento helado –Robert Parker- que como la imparable filoxera nos cogió sin abrigo y sin pañuelo para soplarnos el moquillo.
Y hete aquí que nos encontramos divididos entre inmovilistas y detractores de lo nuevo y renegados de las ataduras tradicionales y partidarios del borrón y cuenta nueva. ¿Con cuál nos quedamos? Vaya, ya estamos en la lucha entre el bien absoluto y el mal universal, el ying y el yang, PSOE o PP, etc., etc...

Perdón por la deriva pero la corriente es muy fuerte. A estas alturas no creo que el mundo sea blanco o negro, más bien lo valoro en una extensa gama de grises. De lo que extraigo un par de conclusiones. La primera, hay que saber leer el terreno donde cría la uva que será el que determina su posterior elaboración. Los pasos nunca serán iguales porque los caminos son diferentes pero la tecnología es necesaria en la medida que sirve a simplificar esfuerzos y facilitar objetivos.


Siempre he creído que la elaboración del vino es fruto de un arte y como tal tiene unos ritmos y tiempos que una excesiva mecanización tiende a crear productos de bella factura estética pero sin alma, sin expresión ni carácter personal. Lo malo de la globalización. Tendemos a ser todos iguales, sin diferencias ni particularidades, inexpresivos. La eficacia es rapidez y el tiempo un factor que hay que reducir. Así nos encontramos con que el vino se hace a la medida del compulsivo consumidor. Si uno quiere vino de hielo pues lo enfriamos en tanques y creamos artificialmente el decorado para que se den las condiciones. ¿Por qué esperar diez años a que un Burdeos –por ejemplo- se afine en botella? Riberas del Duero con un mismo patrón de sobre extracciones, sobre madurados y una carga de madera adicional que los hace aptos para su consumo a la mañana siguiente de salir al mercado. Quiero que el vino sepa a vino, no a sirope alicantino o vegetal murciano, por citar algunas comunidades. Quiero que el vino tenga una buena acidez sin que se le vaya la mano al ácido tartárico…

Entre el Racó de Can Fabes y el Bullí hay un mundo todavía por explorar. Es por ello que creo que la elaboración de un vino tiene que tener un punto de honestidad, otro de respeto a la tierra, auténtico cordón umbilical, donde se encuentra enraizado y otro de inspiración creativa, amén de los fines comerciales que son plenamente legítimos.
Más madera…

N.A. La primera foto corresponde al Macizo de Posets (3.375m.) desde el Diente de la Llardana en el Pirineo Aragonés. La segunda es de febrero de 2008 con la habitual presentación a cargo de Vins Alemanys y Vinialia en el Mas Marroch de Can Roca; ¿reconocen los personajes en franca -debería decir germánica- conversación?