jueves, 30 de abril de 2009

Crisis? What Crisis?



Este es el título de uno de los mejores álbumes de juventud que uno ha vivido – de esto hace ya unos cuantos años-. En concreto se trata de los archiconocidos Supertramp, uno de los mejores exponentes del rock, más suave, de los 70 y que tiene todos los visos de perdurar para siempre en los anales de la música mal llamada moderna.

Y digo crisis porque este apelativo parece no afectar a algún amigo que cuando nos logra reunir –difícil lo tiene- suele tirar la casa por la ventana. El pasado viernes Alexander Barzen era esperado por estos lares para darnos un atracón de riesling, como ya viene siendo habitual cuando el germánico aterriza en suelo hispano. Con una familia más numerosa de la normal, pues se añadieron a la fiesta un nutrido grupo de entusiastas y adictos de los mejores vinos e incluso de los, si cabe, mejores blogs de la competencia, asistimos a una sinfonía wagneriana -con Parsifal al frente- de los mejores frutos cosecha Barzen de la orilla izquierda, según se mire, de la Mosela.

Cuando la reunión parecía acabada y los ilustres invitados dieron el capítulo por finalizado nuestro anfitrión, Oscar para los amigos, quiso sorprendernos en petit comité con una pequeña sorpresa que tenía preparada en un rincón de su enogaraje. Comenzaba sin yo saberlo la verdadera cata de la jornada.
Teníamos delante un Malleolus 2001 que tuvo la buena fortuna –y digo bien- de salir rana. A pesar de ser un producto de la factoría de Emilio Moro esta botella en cuestión se parecía más a un cocido madrileño que a uno de los mejores exponentes de la Tinta del País de la Ribera.

Como quien no quiere la cosa aparece otro Malleolus esta vez 2003. La cosa estaba bastante mejorada pero en mi opinión no reflejaba el gusto en particular de los allí presentes. Cada vez más nos alejamos de lo que se conoce como vino de corte moderno, Parker, de autor o como quiera llamársele, con sobre extracción, maduración y madera muy presentes.



Así giraba la conversación aquella ya avanzada madrugada cuando encima de la mesa asisto atónito al degüelle de un Vega Sicilia Valbuena 5º año 2002. No puede ser. Estoy en el cielo de la Ribera. Los aromas de arenque en conserva ganan terreno. Un suave tacto goloso, algo salino, despierta nuevamente mis sentidos; todo un registro de frutas estalla en mi paladar en un mar de sensaciones. Me parece que hablo incluso alemán con Alex cuando el bueno de Oscar destapa la última sorpresa.

¿Pero qué haces? -digo-

Nada, que vamos a comparar –dice-

Ya mis ojos no dan crédito a lo que allí se ofrecía en sacrificio. Un Vall Llach 2004 negro como la noche llenaba las copas de los benditos agraciados. Las papilas gustativas cambiaban de registro. Ahora se notaba el grafito, la humedad, el matorral y en definitiva la potencia concentrada de la licorella de Porrera.
Hete aquí que renegamos del vino de autor y vamos a parar al mejor producto de un cantautor. Cosas de la vida.

Aún con todo la ganancia se la lleva el Valbuena, más redondo, muy pulido y extremadamente largo y persistente; mientras que el Vall Llach, aún siendo tremendamente satisfactorio, ha perdido algo de esa frescura de savia concentrada en pos de una cierta cola de carpintero que le resta complejidad.

Vuelvo a repetir que no se trata de una competencia entre dos gigantes sino de catar dos divas del vino que cumplen una de las premisas por las que apostamos: son abanderadas de la tierra que les vio nacer. En resumen fue esta una jornada muy particular. ¿Crisis? ¿Qué crisis?

lunes, 27 de abril de 2009

Ana, enóloga de Pazo de Señorans


Después de la controversia creada en torno a las posibilidades de envejecimiento de la albariño, en este espacio nuestro y en otros varios de la blogosfera, nos planteamos el ponernos en contacto con alguna de las bodegas top. En realidad un primer nombre surgió casi espontáneamente: Pazo de Señorans. La razón es obvia: nos encanta su máximo exponente, el Pazo de Señorans Selección de Añada, ya que consideramos que es el único blanco procedente de las Rías Baixas capaz de aguantar el paso de los años con máxima solvencia. Ya hemos escrito sobre este Selección de añada en varias ocasiones, de forma directa en alguna entrada y en otros foros y webs.

La diosa Fortuna hizo que un simple mail se convirtiera en algo más y pudimos contactar con la enóloga de la bodega, Ana Quintela. Ana es una experta, lleva trabajando para la bodega desde sus inicios, hace casi veinte años, y es profunda conocedora de lo que ocurre por aquellas tierras gallegas. Por lo que leeréis a continuación no se conforma con lo que ha conseguido, sino que como buena profesional experimenta con nuevas posibilidades.

Os queremos ofrecer una corta serie de preguntas y respuestas que muy amablemente tuvo la cortesía de contestarnos. El poder cartearnos con una profesional como lo es Ana ya es un auténtico premio para unos aficionados como nosotros.

Aquí os dejamos un extracto de la entrevista:


Vadebacus: Ana, nos comentas que llevas trabajando como enóloga de la bodega desde hace 19 años, ¿eso nos remonta a los inicios de Pazo de Señorans…?


Ana Quintela: Yo trabajo para Pazo de Señorans desde 1990, un año después de salir la primera añada.


VDB: ¿y ha variado la filosofía de la bodega a nivel de elaboración durante los últimos años, a raíz del boom de finales de los 90?

A.Q: La filosofía de la elaboración no ha cambiado en estos últimos años, tenemos claro el camino a seguir. Lo cierto es que intentamos adaptarnos a las características de la vendimia y, por ejemplo, algún año tenemos que hacer la maloláctica, cuando no somos muy partidarios de ella.

VDB: Nos interesa mucho el tema de la elaboración. Creemos en el terruño, en la viticultura y en la calidad de la albariño, ¿qué tanto por ciento de importancia le aplicarías a cada uno?

A.Q: Le aplicaría un 40% al terruño, un 40% a la calidad de la uva y un 20% a la viticultura. El ejemplo está en que trabajamos en minifundios (180 familias a una media de 3 fincas cada una, con modos de laboreo distintos) y las primeras fincas en vendimiarse siempre son las mismas.



VDB: ¿Hasta dónde puede llegar un vino de albariño?

A.Q: Un albariño de buena cosecha puede tener más de cinco años. Lo vemos en las catas verticales que realizamos con mucha frecuencia. La elevada acidez, junto a un pH muy bajo, son los artífices de la longevidad. También es cierto que algunos albariños que están en el mercado no están en el mercado para comprar ahora y consumir en un cierto tiempo, ya que el consumidor español no está acostumbrado y sí el alemán o el francés.

VDB: ¿Por qué monovarietal mejor que un coupage, como en O’Rosal?

A.Q: El monovarietal está muy arraigado en El Salnés porque más del 90% son plantaciones de albariño y el adquirir otras variedades sería difícil y costoso. La tradición ha pesado en este valle y, en general, vamos hacia vinos más corpulentos y ampulosos. Como sabréis el albariño marca ese tipo de estructura (en la normativa un Rosal o un Condado deben de llevar más del 70%).

VDB: Demostrado está que las lías confieren a la albariño cierto grado de complejidad y posibilidades extras pero, ¿hasta qué punto son recomendables y sobre qué materia prima?

A.Q: Hay que pensar que las lías de albariño son excepcionales, yo les llamo el Chanel nº 5, y también las destilo y empleo en nuestro aguardiente. Con el boom de los noventa las bodegas se olvidaron de ellas, los vinos se clarificaban y se filtraban cada vez más pronto y desaparecieron muy rápido de la bodega. Ahora están de moda, cuando nuestro primer Selección es de 1995. Son muy recomendables cuando puedes hacer una buena selección de ellas, en vinos, por ejemplo, sin ningún tipo de tratamiento previo en fermentación y su maduración en bodega es adecuada.


VDB: ¿cuál es la edad de los viñedos de la bodega y de cuántas hectáreas disponéis?

A.Q: La bodega cuenta con tan sólo 7’5 Ha. que es un porcentaje muy pequeño y la media de edad está entre los 35 y los 15 años. Tenemos proveedores fijos desde 1990 y se ha ido ampliando el número hasta las 180 familias de la actualidad. Trabajamos juntos todo el año y la relación existente con la mayoría es muy buena. Tenemos unas 5 Ha. más en la finca para plantar y hace años intentamos alquilar/comprar pero resultaba costosísimo. Estamos muy contentos con nuestros proveedores y creo que es una característica diferenciadora en nuestros vinos debido a esta diversidad.


VDB: ¿y el tipo de suelo de la finca?


A.Q: El tipo de suelo es franco-arenoso. La roca madre es granito.


VDB: ¿consideras que en las Rías Baixas se dan los condicionantes para elaborar vinos de calidad y que puedan llegar a perdurar más de un lustro en perfectas condiciones?

A.Q: Rías Baixas tiene las mejores condiciones y a partir de ahora más, ya que la mayoría de los viñedos son de principios de los 90 y lo que no teníamos era viñedo viejo. Además con el famoso cambio climático no hemos tenido problemas, cosa que sí se está notando en otras zonas.




VDB: ¿cuál es la técnica que utilizáis para diferenciaros del resto de productores y para que vuestro producto se pueda considerar longevo – todo lo contrario con lo que el público entiende con la “marca” Albariño, vinos frescos y de corta vida? ¿Por qué os habéis decantado por esa elaboración?¿Barajáis otras posibilidades (madera, cemento…)?

A.Q: Nuestra técnica diferenciadora es sólo creer en la uva, seleccionando en viñedo y después en bodega. Respecto a otras posibilidades, acabamos de sacar un 2006 criado sobre lías en madera de 500 francesa y caucásica, que me está gustando mucho su evolución en botella. En el futuro pensamos en tinos de madera de más de 2000 litros.


VDB: ¿y del emparrado, cuáles son los pros y sus contras?

A.Q: El emparrado para mi tiene un punto en contra: los altos costes de plantación, mantenimiento y cultivo, ya que no puedes mecanizar absolutamente nada. Hay muy poca mano de obra y cuando quieres formar gente es muy dificultoso. Las ventajas son muchas en cuanto a la calidad, cepas más equilibradas y rendimientos más bajos. Es el sistema más conocido por los viticultores y la exposición horizontal nos permite controlar el vigor. También es cierto que la espaldera es reciente y que hay que darle un margen de tiempo. En viticultura 10 años no son nada.

Hasta aquí la entrevista. Queremos agradecer, nuevamente, a Ana Quintela las facilidades que nos ha dado a la hora de contestar nuestras preguntas. Gracias a Pazo de Señorans por la enorme calidad que atesoran sus productos. Nos gustaría comentar, sosegadamente alrededor de una mesa, todas estas cuestiones y muchas otras. Todo a su debido tiempo, con calma y sin prisas, como los buenos vinos.
Las imágenes proceden de la web de Pazo de Señorans. La foto de Ana Quintela rodeada de sus cepas ha sido facilitada por ella misma para su publicación en esta web.

jueves, 23 de abril de 2009

¿Peñín? No, no es lo mío.

Pongámonos en situación: 19 de marzo, día del padre y su irrefutable regalo hacia mi persona (por lo menos eso dice mi santa esposa, que la paternidad de mis descendientes, sin duda alguna, es mía).
A sabiendas que regalarme los típicos pañuelos -o calzoncillos nuevos- no me supone ninguna alegría, mi paciente pareja me obsequió con la última edición de La Guía Peñín 2009. Huelga decir que los casi 30€ que cuesta me hubiesen parecido mejor invertidos en un buen riesling alemán o, porque no decirlo, en cualquier blanquito de alcurnia, pero claro, muy (facialmente) agradecido por el regalo.

La cuestión es que en el índice de la susodicha guía se amontonan los “mejores” vinos tanto por puntuación obtenida, como por su color existencial. Como no podía ser de otra manera, mis ojos y sus adjuntas retinas se centraron de inmediato en la sección de blancos, por defecto en las primeras posiciones del mediático fascículo.
Me llamó la atención los 94 puntos de una marca que vi, no hacía ni una semana, en uno de mis comercios habituales. Se trata de Auzells 2008, primer vino blanco elaborado por Tomás Cusiné en la D.O. Costers del Segre. 12€ me costó hacerme con la original etiqueta.
Varietalmente es un producto difícil de catalogar, inidentificable más bien. No es moco de pavo que en su interior lleve hasta 10 variedades blancas diferentes (32% macabeu, 19% sauvignon blanc, 16% parellada, 10% viognier, 8% chardonnay, 8% müller turgau, 3% muscat, 2% riesling, 1% albariño y 1% rousane), todas ellas fermentadas por separado y con una crianza de 3 meses sobre sus lías, parte en barrica y parte en depósitos con battonage continuo.
Soy consciente de que su reciente embotellado (Febrero 2009) no da pie a que sea un prodigio de integración o equilibrio pero, de lo que no me cabe ninguna duda, después de probarlo, es que no corresponden para nada esos 94 puntos con mi criterio de puntuación.

De color amarillo con algún reflejo verdoso, de lágrima ancha y de lento movimiento.
Muy frutal en nariz, los aromas de melón y fruta de la pasión (por un momento pensé que estaba delante de uno de los “mejores” sauvignon blanc de Rueda) desbordan sin miramientos el borde la copa, acompañados de una buena dosis de melocotón maduro, algo de flor blanca primaveral y muy poco componente mineral.
La boca es la parte más armónica del conjunto. Amplia entrada donde se nota más el peso del vino que su frescura, algo sabroso y nada estridente. Bastante seco, parece que el residual se esfumó y dejó sus 12º de alcohol bien triunfantes.
Recuerdos de piel de manzana en boca, con dejes de algo parecido a un mineral calcáreo (yeso).
Puntuación: 7,9 POG

En conjunto, un vino algo insulso que no muestra gran cosa… me ataca la duda del saber que o quien tiene la culpa de esa pasividad: ¿Será la edad de las viñas en cuestión? ¿Será por ese gazpacho de variedades empleadas? ¿Será (¡que puede ser!) que cada vez entiendo menos de vino?

lunes, 20 de abril de 2009

El Médico



Este es el relato de un hecho cuya naturaleza causó un fuerte impacto emocional en nuestra pequeña comunidad –mi familia y poco más-. El protagonista ni siquiera conoce que hoy le dedico a él los minutos que transcurren en leer esta pequeña historia.

Mi amigo es mallorquín de pura cepa, médico de vocación y mejor persona por este orden. El domingo de Pascua "aterrizó" en la Cerdanya, en el Pirineo oriental, para que su hijo y el mío disfrutaran de un par de días juntos, pues también son amigos desde el día en que se vieron hace once años en el Jardín de Infancia. Hay que decir que Marc hizo el viaje desde su Mallorca natal con sus dos retoños y dejando sola a su mujer sin más compañía que el teléfono y su ordenador portátil, o al menos eso cree.

Este Domingo se ocuparía de las “criaturas” llevándoselas de descubierta por la Seu D’urgell. Cuando conducía a la altura de Bellver de Cerdanya tuvo que detenerse debido a un accidente de tráfico que había cortado totalmente la carretera. Como se percatara que la situación no estaba ni mucho menos controlada debido a que únicamente se encontraba en el lugar del accidente un equipo de los bomberos decidió ofrecer sus servicios haciendo caso del Juramento Hipocrático.

La visión era terrible. Tres coches afectados y el que más un vehículo cuyo conductor yacía atrapado en medio de un charco de sangre. La situación exigía una acción inmediata. Había que sacarlo cuanto antes para efectuarle una reanimación de urgencia puesto que ya no respiraba. Marc lo volvió a la vida mientras los Mossos de Esquadra, ya personados en el lugar, acordonaban la zona y le señalaban las coordenadas a un helicóptero medicalizado que lo trasladaría al Hospital Arnau de Vilanova de Lleida.

A todo ello nuestros niños tomaban buena nota de una experiencia dramática. Su padre fue el héroe del día en una realidad más viva y palpitante que no se explica ni en las series de ficción ni en los reportajes de televisión estilo “Callejeros”.
El final de la historia tiene final feliz. Esto me lo explicaba mi amigo Marc en el ocaso del día cuando volvió para traerme mi hijo de vuelta. Sus palabras todavía contenían la emoción de quien ha vivido una aventura al límite conquistando la cima de la montaña.



Decidí que la ocasión bien lo valía y abrí una botella de Gevrey-Chambertin Premier Cru Domaine Bruno Clair. La Apellation de la Commune de Gevrey-Chambertin produce nueve grandes crus que pueden ir acompañadas del nombre de la parcela, llamada Climat, de donde proceden. En este caso la vinificación recala en dos parcelas: Bel Air –sin el Príncipe- y les Fontenys. La etiqueta no especifica el año pero en el gollete la fecha indica 2002.

El perfume se apodera de la estancia. Se percibe un suave chocolate con algo de humo y un terciopelo de fruta compotada. La pinot noir destila ligereza al principio pero se destapa potente en una persistencia que va in crescendo. Es una suave melodía de Mozart que suena en un susurro y que estalla en un coro de sensaciones. Al final un leve recuerdo de botica y grosella se mezclan en una confusión de sabores. Es la gracia de la Borgoña, ajena a los cambios y a las modas, donde el tiempo parece haberse detenido y el mañana aún parece lejano.

De este vino Carlos González extrajo sus propias conclusiones que quedaron reflejadas en su comentario y posterior puntuación en Vadebacus.



La vida tiene claros y sombras aunque a veces las dos se dan la mano. Va por ti Marc y una aferrada.

N.A. Las fotos son de originales de nuestro buen amigo Vicente Sierra.

jueves, 16 de abril de 2009

El Rosat de Bàrbara Forés

Lo bueno de estas etapas de crisis global es que te conciencias de la necesidad de no despilfarrar. El mundo del vino no se salva de ello, aunque a nuestros lectores le parezca lo contrario, y es esta época propicia para la búsqueda de vinos buenos, bonitos y baratos. Se buscan vinos a buen precio y con la calidad suficiente para su disfrute.

Hay muchas marcas donde buscar en el rango de los 6-15 euros y muchas veces nos lanzamos a la aventura, descubrir vinos desconocidos para la gran mayoría y que nos permitan disfrutar tanto del vino como del descubrimiento.

El vino que nos ocupa hoy no es un desconocido para los bloggers relacionados con el mundo del vino. En Vadebacus ya hemos escrito en un par de ocasiones sobre el Celler Bàrbara Forés, en la D.O. Terra Alta. Nos parece un ejemplo a seguir por parte de las pequeñas bodegas: buenos productos y precios razonables. Por eso, cuando acudí a una de mis tiendas de cabecera a echar un vistazo, al ver la botella de Bàrbara Forés Rosat 2008 no me lo pensé dos veces. No me acaban de convencer los rosados. Me parecen faltos de garra y unidimensionales. Hasta la fecha el rosado de Enate es de los pocos que he podido saborear sin tener la sensación de haber tirado el dinero.

Bàrbara Forés Rosat 2008 es de largo el mejor rosado que he probado. Lo compré recién salido al mercado: coupage de garnacha negra, syrah y cariñena, embotellado en febrero de 2009 y con un grado alcohólico de 13’5º y una acidez de 5gr./l. La producción es de unas 6600 botellas y fue vendimiado en la segunda quincena del mes de septiembre de 2008. Recordemos que el año 2008 fue muy duro en Cataluña, fue el año de la sequía y de la falta de lluvias. Por fin, durante el mes de mayo, la lluvia cayó con fuerza y fue necesario una meticulosa prevención de enfermedades relacionadas con los excesos de humedades: mildius, botrytis etc.


Su color es cobrizo algo subido. El vino se presenta fresco, muy fresco en nariz. Es un festival de frutas rojas, fresas silvestres y grosellas. Es una auténtica explosión de aromas vírgenes. Además de esa fruta tan agradable aparecen las típicas notas en rosados, las notas golosas y dulzonas, de gominolas. Pero lo que sobresale por encima de los demás es su boca, desde su entrada aparece su buena acidez, con estructura de principio a fin, con armazón de tinto. Ciertas notas vegetales aparecen junto a la fruta por retronasal y en el final se vuelve a notar la fuerza de la acidez, muy buen puesta.


Es un vino para acompañar incluso carnes rojas, pero con un buen pollo cocinado en una buena cazuela, con unas cebollas pequeñas y las acostumbradas patatas junto a unas hojas de laurel y unas ricas botifarras está realmente rico.

Puntuación: 8,7 PCG

lunes, 13 de abril de 2009

El tranquilo de Egly-Ouriet

Hablar de Egly Ouriet y sus espumosos es algo que, últimamente, se hace bastante habitual. La calidad y el buen hacer de ese “modesto” productor de Champagne no deja indiferente a los que tienen el privilegio de probar sus elaboraciones.
No es la primera vez que dicho personaje (Francis Egly) y sus vinos pasan por esta página pero, como no sólo de burbujas vive el hombre, esta ocasión será la inaugural en referirse a un vino tranquilo con su nombre en la etiqueta, sin carbónico en su interior ni dobles fermentaciones que valgan. Todo un tinto tranquilo que marca una similitud varietal con sus hermanos borgoñones y, a la vez, deja claro su origen: la tierra de las burbujas.

Este Cuvée des Grands Cotés Vieilles Vignes 2006 surge de Ambonnay (Coteaux Champenois), 7,2 hectáreas de un viñedo Grand Cru plantado en su totalidad, como es normal en la zona, con pinot noir de una edad no inferior a los 40 años. A estas alturas no creo que nadie dude del potencial y particularidades que los suelos arcillosos/calcáreos del lugar pueden llegar a demostrar con esa variedad de uva.

Francis, con la ayuda de Claude Bourguignon (especialista en suelos) ha sabido adaptar su materia prima para sacar al mercado un producto de primera, apoyado en una viticultura casi ejemplar.
La vendimia de éste tinto, como no podría ser de otra forma, es manual. Su maceración en frío, controlada y personificada para que su color sea el más puro reflejo de una PINOT (con mayúsculas ¡sí!).
Como dato curioso y particular, comentar que en la cosecha 2006 un 60% de la uva fue despalillada, permaneciendo el resto con sus raspas y materia vegetal.
En la fase de crianza -el propietario se deja aconsejar por Dominique Laurent- se le concedió al vino 24 meses de madera (solamente el 30% de ésta de primer uso).
No hace falta decir que con tal ración de crianza, el vino anda falto de estancia en vidrio. El cautiverio vidrioso acabará de redondear ciertas aristas que, lógicamente a día de hoy, resultan algo estridentes para su pleno uso y disfrute.

Se exhibe con un bello color rojizo (casi violeta) con una turbidez bien curiosa, de capa muy baja y lágrima esparcida de rápido movimiento. Un tinto de poca pigmentación cromática.
Recién decantado abundan aromas de especias (pimienta roja y posiblemente algo de cardamomo) con una incipiente madera tostada que poco a poco se funde detrás de la fruta roja ácida que gana terreno a cada instante. Con aire, tan lentamente como un felino que acecha su presa, el componente mineral se va apoderando de la gama olfativa relegando el resto de aromas a una segunda posición.
La entrada en boca es áspera, con un toque de amargor que poco a poco se va asimilando y se convierte en un fino tanino que llena la cavidad. Perfecto ataque, puro, sedoso al aceptar su inicio y de impecable final tan largo como particular. Fresco y cautivador.
Recuerdos en retro de regaliz y arcilla roja con una maravillosa sacudida de fresa silvestre poco madura.
9,2 POG


Soberbio tinto elaborado fuera de la mejor zona de la pinot noir. Manifiesta casta y terroir sin amedrentarse, sin complejos y con la certeza de que en 5 años podrá soplar detrás de la oreja a muchos grandes.

lunes, 6 de abril de 2009

Solo en casa

De Rodríguez.


¿Por qué extraña razón cuando un hombre se libera de su pareja e hijos por unos días parece recobrar aquella libertad perdida que enterrara tras un "sí quiero" consentido? El artículo parece de corte machista pero es que un servidor cuando ejerce de Rodríguez lo primero que hace es quedar en la casa conyugal con sus tres o cuatro mejores amigos y organizar una fiesta que se pueda recordar en el calendario.
Ahora bien, no se imaginen una reunión en camiseta imperio, fumando como posesos, el futbol a toda pastilla y bebiendo litros de cerveza en una poblada mesa que emerge de la espesa niebla repleta de naipes y cáscaras de pistachos…La cosa es mucho más relajada y siempre con una selección de los mejores caldos. Es en estos instantes cuando la conversación se torna en arte y la química de la amistad preside estos preciados momentos dejando atrás el ajetreo de la vida diaria. Es la magia del vino en la mejor compañía.


Claro que cuando me ausento yo, ¿quién creen Vds. que aparece por casa? ¿Sus mejores amigas? Pues no: mi inevitable suegra, siempre. Así es y perdón por la interrupción.

Volviendo a lo de Rodríguez –sin el Zapatero- le valió el apodo en esta ocasión a Carlos González, alma mater de este Blog en el que escribo este artículo.La noticia corrió prácticamente el mismo día como la pólvora. Carlos "despachaba" a su mujer y también a su primogénito- según cuenta él- a su Galicia natal.
Y allí, en el domicilio familiar, nos presentamos el pasado viernes Oscar y un servidor , de sopetón. La sorpresa: un Laurent Perrier del siglo pasado y un Lorenzo Lamas –sin el Lorenzo- de Ricardo Pérez y Álvaro Palacios.

¡Vaya pareja! Un berciano Las lamas 2005 Corullón de Descendientes de J.Palacios y un Champagne Grand Siècle Millésime Laurent-Perrier de 1990. El primero un mencía espectacular donde los haya y para mí uno de los mejores exponentes de lo que se puede hacer cuando se aúnan terroir y autor. Y por el otro un champagne que sacó fuerzas de flaqueza cuando parecía que había llegado su hora, dejándonos sentir el lado oculto de la fuerza.

Notas de cata

Grand Siècle Millésime Laurent-Perrier 1990.
Laurent-Perrier depuis 1812.

Pinot Noir y Chardonnay ligeramente este último mayoritario. Sólo las mejores parcelas son seleccionadas. El vino envejece un mínimo de cinco años.

La botella ya resulta espectacular con ese cuello de cisne largo y estrecho. Se presentó muy cerrado pero con sensación de frescor a hierba húmeda. Se notaba la panadería excesivamente envejecida, sin llegar a rancia en ningún momento. Una acidez final aplastaba sabores más cálidos y tostados.
Pero al cabo de un tiempo, como si de un canto de cisne se tratara, despertaba de su largo letargo. Ya se podían encontrar rastros de avellanas, trigo tostado con algo de anís que irrumpía con fuerza haciendo latir con intensidad el corazón de gigante que llevaba dentro. Final apoteósico.

P.C.P 9.1


Las Lamas 2005 Corullón

Bodegas Descendientes de J.Palacios
D.O.Bierzo
Mencía 100%
14,5% vol.

Paraje de Las lamas, parcelas de viñedos centenarios, bajísimos rendimientos y pendientes muy pronunciadas en el término de Corullón. 13 meses de barricas nuevas de roble francés.

Muy espeso en la copa, color oscuro y violáceo. Se huele el caramelo, la tiza y la fruta muy madura. Desde el primer sorbo se nota en el paladar un encaje entre el mineral, terreno muy pobre de pizarra descompuesta, y la concentración de la uva que le da el color y la profundidad. La fruta aparece exultante, aterciopelada por la madera, atenuada por sabores a mantequilla y regaliz. Es un vino redondo con pocas aristas y comparándolo con su hermano, el Moncerbal, también de parcelas muy vecinas, se nota muchísimo más apresado por la fruta que explota en un éxtasis de sensaciones siempre equilibradas y todavía muy frescas. No aparece tan evidente el balsámico y la botica como en su hermano de sangre. Con todo el 2005 no ha hecho más que comenzar su andadura y le quedan todavía michos años más de guarda.

P.C.P.9.5
Dios salve al Bierzo.


Sirva la presente como un merecido homenaje a nuestras respectivas parejas que de vez en cuando nos hacen creer en la ilusión de la libertad recobrada rompiendo nuestras cadenas de oro. Marta,Cristina y María, las tres Gracias de nuestra vida.

N.A.Los personajes citados son ficticios y cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Las opiniones expresadas no reflejan el carácter del autor. Las notas de cata del Laurent- Perrier y de Las Lamas 2005 son exactas y reales.

jueves, 2 de abril de 2009

Nos damos el lote

Parecía un niño con zapatos nuevos, nuestro compañero y amigo Carles Palahí estaba entusiasmado tras la subasta que nos permitió acceder a dos vinos que son, prácticamente, imposibles de comprar hoy en día. ¿Recordáis la subasta para vinossinfroteras que recaudaba para una causa benéfica? Fue Carles quien pujó in extremis por el lote de dos champagnes de aupa: Pol Roger Sir Winston Churchill 1995 y Möet Chandon Brut Imperial Milléssime 1985.

Lo dicho, Carles nos apremió día tras día para compartir esos espumosos lo antes posible. Estaba nervioso y acelerado, impropio de él. Por fin fijamos día y hora y nos dimos el lote.
Fue una de esas catas para el recuerdo, la sucesión continua de exclamaciones de asombro y la estupefacción ante la calidad de los champagnes nos sobrepasaba. No exagero al decir que estamos ante dos monstruos de la región francesa.


Pol Roger es uno de esas marcas que triunfan por su buena estrella además de su calidad. Desde mediados del siglo XIX. Pol Roger se instaló en Epernay procedente de Aÿ. En apenas dos décadas su marca ya era la más consumida en el Reino Unido y, a pesar de los grandes contratiempos que tuvo a principios del siglo XX. al perder una de sus naves principales donde reposaban gran número de botellas, supo sobreponerse y resurgir con más fuerza. Parte de la fama de la firma fue gracias a Sir Winston Churchill, que a principios de siglo hizo de Pol Roger su champagne de cabecera. A raíz de su fallecimiento, en la década de los setenta, se creó una cuvée especial con su nombre y es ésta en su versión de 1995 la que pudimos disfrutar. Comentar que su coupage es casi un secreto, pero apostamos por una composición con mayor presencia de la Pinot Noir con una ligera presencia de la Chardonnay.


Visualmente es de un color dorado intenso con reflejos verdosos, con una burbuja fina y rápida que apenas deja corona. En nariz se presenta muy mineral, mezcla de calcáreos tipo tiza y yeso y aromas salinos de conchas. Un fondo de levaduras finas y frutas maduras como el membrillo dejan de manifiesto que se trata de un vino con catorce años a sus espaldas. En boca la burbuja está integradísima con una gran acidez. Tiene peso en boca pero es fresco al mismo tiempo. Gana en complejidad con el posgusto, con recuerdos a frutos secos como la avellana y frutillos del bosque como las fresas silvestres dejan un recuerdo amargo que te eleva a la cima de los espumosos. Delicioso y en su punto.



De Moët & Chandon poco tengo que añadir a lo que ya sabéis, tal vez que es la marca con mayor fama en todo el mundo. El Brut Impérial que catamos recibe su nombre de Napoleón Bonaparte a modo de tributo. La botella que tuvimos la suerte de conseguir proviene directa de la bodega y es un Imperial de añada, milléssime de 1985 con fecha de degüelle Enero de 2001, así que si nuestros cálculos son los correctos pasó casi dieciséis años ganando en complejidad junto a sus levaduras. Eso se nota y resultó una enorme sorpresa para nosotros.



De color oro joven y burbuja fina y sin rosario, ascendiendo de manera continua y sin desaparecer. Aromas a fruta madura, orejones, membrillo y toques de queso muy curado. Aparecen notas salinas y de levaduras como los cereales horneados. En boca es extremadamente seco, punzante por la vejez y con una elevada carga de acidez que perdura y que le aporta nervio. Con veinticuatro años a sus espaldas está insultantemente joven con esos aportes sabios que otorga el paso de los años. Sin palabras.

Una noche para recordar…