jueves, 26 de febrero de 2009

Emrich-Schönleber y su selección seleccionada

¿Qué pasa cuando dos viciosos compulsivos del riesling se juntan para comer? Pues muy sencillo… la materia sólida que nos da vida pasa a un segundo plano, el hecho de quedar con otra persona es superfluo, la mera casualidad de tener delante (tenedor en mano) a otro individuo es una realidad virtual, sabes que está pero la puedes dejar stand-by para luego retomarla…

Así sucedió. Y no es la primera vez, ni la última.

Como pasa en éste tipo de “reuniones”, varias son las botellas que circulan por la mesa y sólo una de ellas destaca por encima de otras llevándose el gato al agua. En esa ocasión el mérito fue para uno de los productores más lineales e involucrados que existe en Nahe (Mozinger para ser exactos) y uno de sus vinos más curiosos: Emrich-Schönleber Halenberg “Lay” 2004.
Con el peso que representa tener el apellido Dönnhoff revoloteando por encima, Emrich-Schönleber no cesa en su empeño de producir vinos personales y con marcada presencia de su pago estrella, Halenberg.


Si nos centramos en éste último, conviene saber que en 2004 se seleccionó una pequeña parcela dentro del reputado pago. Viñas más jóvenes incluso que las del resto del lugar pero con positivas virtudes por encima del resto, entre otras cosas, por la composición del suelo: totalmente fragmentado de pizarra azul y cuarcita, al 50%.
Los 500 litros de caldo que se produjeron fueron fastuosos (13º de alcohol, 7,5 gr/l de tartárico y 6 de gr/l de residual) y se decidió pasarlos directamente a la subasta anual de la VdP como GG- GK (Grosses Gewächs-Cápsula dorada).
He aquí lo que 0,75l. de ese elixir pueden dar de si.

Nota de cata:

Sus 4 años de clausura en vidrio no han hecho más que fortalecerlo. Luce un bonito amarillo dorado, de aspecto algo denso y glicérico, de sinuoso movimiento.
Cítrico, amielado y algo herbáceo en una primera impresión de nariz, después, con dedicación y ayuda del oxígeno parece que un ligero terciario en forma de fuel surge tímido por la retaguardia. Con tiempo, sube notablemente el aroma de frutos amarillos y cítricos.
La boca está marcada por su estructura, realmente se puede decir que es un vino que posee un peso específico. Marca su espacio y deja muy claro hasta donde llega con sus aristas domadas. Grandioso recorrido y con una solidez que le augura una tan bonita como longeva adolescencia.
Devuelve notas de naranja confitada, te verde y fino mineral fresco. Largo en boca con un deje final algo herbáceo.

Puntuación: 9 POG


Una verdadera pena el abrir estos vinos a día de hoy, por favor, la siguiente en 6-7 años.

lunes, 23 de febrero de 2009

Garbanzos con Murrieta



No em toquis els cigrons!...me decía mi abuela cuando de muy pequeño me daba por jugar con lo que en castellano se ha dado en llamar los garbanzos. Y es que los garbanzos hay que ganárselos día a día. Quizás sea por ello que mi relación con esta legumbre es apasionada por los recuerdos que me producen y que me trasladan a mi más tierna infancia.
Mucho más lejano en el tiempo un plato de lentejas, otra legumbre, le sirvió a Jacob para comprar la primogenitura a su hermano Esaú. Huelga decir que yo me vendo un poco más caro. Pero las legumbres desde siempre han sido plato de mi agrado en la mesa familiar.

Y los que hoy nos ocupan no son garbanzos corrientes y vulgares sino que se crían en un jardín secreto a pocos quilómetros de Barcelona, en medio del Parque Natural de Sant Llorens de Munt. Son los garbanzos que se cosechan en el Puig de la Bauma, un lugar pintoresco en lo alto de la montaña, a medio camino entre Mura y Rocafort (dos pobles de mala mort reza el refranero popular).

El Puig de la Bauma se llama así porque es un caserío enclaustrado en una hoquedad gigante de la roca y pertenece desde siempre a la familia Puig que regenta hoy en día la masía en tareas de turismo rural. Vale la pena detenerse para admirar la estampa de la negra roca que se funde en un todo con el ladrillo cincelado para adaptarse como un guante al terreno. Ahora en Invierno cuelgan unos largos carámbanos que marcan el sitio exacto donde se precipita el torrente al vacío en un salto atlético por encima del camino de acceso.

En el comedor excavado en la roca he comido uno de mis platos predilectos: garbanzos con rosta de matanza, crujiente y calórica. Los garbanzos son pequeños, más bien pigmeos, si los comparamos con los que se pueden encontrar en los comercios, pero de un sabor y una textura exquisitos.
Estos garbanzos hay que cocerlos sin prisa, a fuego lento. Antes habrán estado a remojo durante un par de días y bastará una cuchara sopera de bicarbonato para volverlos firmes y tiernos. Es entonces cuando levanto la tapa de la olla y me invade un recuerdo de infancia feliz en casa de mis abuelos.

Para maridar el plato, de agraria cuna, nada mejor que un noble Marqués de Murrieta Reserva 2002, Finca de Igay. El perfume del tempranillo se funde con el intenso aroma a harina tostada que emana del plato. Un acierto.


Notas de cata
Marqués de Murrieta
Reserva 2002
Finca Igay
14% vol.
88% Tempranillo,9% Garnacha tinta y 3% Mazuelo
21 meses de crianza
PCP 9
Color a teja fundida en la copa que exhala un suave suspiro a herrumbre. En boca se torna grácil y quiere despertar de su letargo. No hay que apresurarlo y darle tiempo para que se abra. Es entonces cuando el terciopelo se vuelve más tánico, con restos de humedad y sabor a cuero viejo, de aperos de labranza. Se cuelan guindas de frutas maduras, algo balsámicas, que alisan el recorrido. El alcohol no es sino un viejo recuerdo con un final algo explosivo por lo que le queda aún mucho recorrido. Esta vez la Rioja me llama y puedo decir que en esta ocasión no me ha decepcionado.

jueves, 19 de febrero de 2009

Parker y el círculo vicioso


Yo soy más de Riojas. Como el Rioja no hay nada. A mi no me van los Riojas. Hoy me viene la familia a comer y he comprado un buen Rioja. ¿Un vino?.....Rioja.

Rioja, Rioja…bueno, también Ribera del Duero.


¿Cuántas veces lo hemos oído?.¿Típico tópico?. La gente algo de razón tiene, digo yo. Apuesto algo a que en una encuesta a pié de calle el 90% de los encuestados elige como primera opción a la Rioja. ¿Tradición y marketing?.¿Son los mejores vinos españoles de la Rioja?. Como todo es cuestión de gustos y para el que escribe La Rioja no es de sus preferidas.


El caso es que aprecio la Historia, en mayúsculas, y como decía esa fama se ha forjado año a año y muy justamente. Si hablamos de tintos, la tempranillo junto a la graciano y la mazuelo son los máximos representantes de la zona. Se huele perfectamente ese sello de identidad de los vinos riojanos: la tempranillo.



Es maravilloso encontrarte con un vino de hace veinte o treinta años, incluso más, como aquel Monte Real que apareció súbitamente ante nosotros sin esperarlo, resultando uno de los vinos más inquietantes y perdurables que pueda llegar a catar y disfrutar.
Ese Monte Real tenía 45 años, más que los míos, y se conservaba mejor que yo mismo.


La sociedad cambia y lo vemos en las tecnologías, en la educación, en nuestros adolescentes: la nueva hornada. Listos para comerse el mundo, ¡ya!, rápido, raudo y veloz, nuevas tendencias sin levantar la cabeza y mirar ni adelante ni atrás, coge el dinero y corre.




Como siempre nuestro grupo se reunió para disfrutar de unos vinos de la mano, en esta ocasión, de Toni y Vicente. Riojas, alguno de supermercado, otros de corte clásico y de corte moderno.


CVNE Crianza 2005: El básico de la gran bodega, aromas varietales, justo y discreto, un vino para tomar a diario. En boca adolece de equilibrio y de substancia. Aún así posee una buena RCP, alrededor de 7 euros.

Viña Real Crianza 2005: Subimos un peldaño en calidad, aunque no parece un vino de corte clásico, se notan otras hechuras y tal vez necesita botella a pesar de presentarse con equilibrio.



Viña Real Gran Reserva 1998: El color ya nos satisface, capa media y aromas claros de hojarasca, caramelo de café con leche, madera vieja. El triunfador de la noche, gran acidez y con vida por delante, lento pero seguro. Cabeza alta y distinguido.



Pagos de Viña Real 2002: Nos situamos en la franja de los 50 euros y más allá. Color picota bastante cubierto, algún lácteo, pocos aromas varietales. Aún con acidez pero nos preguntamos cómo estará este vino de aquí a 5 años. A los cinco minutos en copa empieza a decaer y se convierte en higos, pasas, Pedro Ximenez. Nos desencantó.



Contino Graciano 2003: El primer graciano para muchos del grupo y nos quedamos con las ganas. Un vino comprado recientemente en la propia bodega y que presentaba claramente aromas de Brett. Viñedos del Contino hace fantásticos vinos, de corte neoclásico podríamos decir pero la botella salida de la bodega estaba defectuosa.



Dar las gracias a Toni y a Vicente, nuevamente, por la cata. Nuestros gustos se van definiendo. Historia y tradición, porque sí.


La foto de los toneles es de Tondonia y la caricatura de Slate.

lunes, 16 de febrero de 2009

Dönnhoff Hermannshöhle en vertical

Pocas veces se puede uno escapar de la rutina diaria para hacerse un regalo de esta magnitud. La cuestión es liberarse, hacer algo diferente y, si encima es algo que nos chifla o nos abre las puertas al paraíso ¡mejor que mejor!
La propuesta de una cata vertical de uno de los mejores vinos alemanes que existen no es baladí. Solamente escuchando su nombre se eriza el vello más manso y pesado: Hermann Dönnhoff Hermannshöhle GG.
Bajo cualquier condición hay que acudir raudo y veloz a la cita, no hay excusa que valga.

El planning de la cata era magnífico. Se empezaría, de tres en tres botellas, con los vinos más nuevos (2004-5 y 6, pese a que en las notas de cata posteriores se presentarán ordenadas por orden descendente a su cosecha), para pasar en una segunda tanda a los más crecidos (2002-1 y 98). Un tercer turno estaba reservado para el colofón final -si es que se puede superar lo anterior…-, un vino dulce para hacer temblar nuestros cuerpos, Hermannshöhle Spätlese 1994.
12 personas sentadas en una organizada mesa de cata, 6 a cada lado. En el extremo principal dos sillas sostenían a las dos almas organizadoras, protagonistas y aleccionadas del evento: Lluis Pablo, enamorado de la alemana (entiéndase de la uva), 50% de Vinialia y Padawan aventajado. A su siniestra, el talibán del riesling por antonomasia, Michael Wöhr, el maestro.

Lo primero fue un repaso a los datos técnicos de la bodega, los pagos que poseen en propiedad y, para empezar a hacer boca, una magnífica explicación precisa de la porción del pago donde sale éste elixir que nos disponíamos a probar. Sorpresa el saber que se trata de una superficie aproximada de una hectárea, en Niederhäuser, donde la pizarra gris es la única protagonista –mineral- encargada de transmitir a los racimos de riesling todo su aroma y fragancia telúrica.

Como detalle curioso mencionar que en añadas anteriores a 2003, éste vino salía con la etiqueta y, la categoría, de Spätlese Trocken en vez de GG (Grosses Gewächs) que lleva en la actualidad. Cosas de la legislación reinante.
Cada añada fue precedida de precisa explicación de la climatología, de las condiciones finales de la uva, así como de su clasificación conseguida por no pocas pruebas a lo largo de los años por los ponentes.
Así, empezamos el duro trabajo de probar esos excelsos vinos:

La primera, 2006, mantiene el vigor y la forma más primaria de toda la cata. Un vino necesitado de un tiempo en botella para redondearse, integrar sus notas (frutales y minerales), para enseñar más fielmente lo que lleva en su interior… pese a todo, un suave aroma de ortiga, entre tantos otros, le da originalidad así como, un punto alcohólico y un final de boca algo amargo para dejarnos más que satisfechos.

2005 es un pecado capital. Todo el mundo quisiera tener de ese vino en su bodega, beberlo sin parar y refrescar el alma, purificarla para entrar directamente al paraíso.
Aromas de limón maduro y un fino toque mineral redondeado por el equilibrio de la añada. La boca de escándalo, opulenta, madura, con una acidez tan presente y, a la vez, tan asimilable que repercute en la incidencia de cada trago. ¡Quiero más!
Si hubo un vino más equilibrado que otro, ese fue el 2005, un caballo ganador que nos dará (bueno, a los afortunados que guarden botellas…) inmensos placeres sensoriales durante muuuucho tiempo.

El siguiente en pasar por vicaría fue 2004. Una añada que se vio resentida por la canícula y el pertinente estrés para la planta en 2003, pero que pudo salvarse muy decentemente por una vendimia tardía que dejó madurar perfectamente la materia prima.
Mucho poder mineral en nariz, una fruta menos madura que en el resto y un punto de agua oxigenada. En boca se llevó el premio al más “seco” del día, así como poseedor de algún verdor que a muchos les fascinó. Digamos que es una añada que ofrece un placer igual de intenso pero diferente al resto. Aguantará años y años pero… ¿mejorará?

Cambio de trío saltando 2003 por no disponer de ella (muy pocas botellas de un vino que sufrió mucho para salir al mercado, muy menguado en cuanto a producción).

La verdad es que la añada 2002 me ha dado grandes alegrías últimamente en cuanto a vinos alemanes, no por su calidad final sino por el punto idóneo de consumo que parecen tener ahora mismo los vinos de esa cosecha… No pasó así con éste Hermannshöhle.
El vino se presenta amarillo limón subidito de tono, con mucha untuosidad y una lágrima bien definida. Ciruela amarilla no demasiado madura, algo de cítrico con la típica lima muy presente y algún deje de pegamento que empezaba a florecer.
La boca muestra un recorrido medio, sin gran apunte en el centro del paladar y con un final algo tajante comparado con el resto.
La gran mayoría de asistentes al acto lo tacharon como muy ácido, no fue así en mi caso, me pareció bastante integrado en el conjunto. Me parece un vino de una añada que pide guardarse y despertar del sueño que lo tiene poseído.

Pasando a 2001 puedo asegurar que si la anterior empezaba a lanzar efluvios de hidrocarburo, esta los tenía tan presentes, a copa parada, que nos encontramos al instante en medio de una gasolinera repleta de macetas con jazmines y enebros.
Mucha lima y limón, muy fresco en nariz con serias notas de pegamento Imedio que se despejaban con un poco de movimiento. Fruta blanca.
Boca muy amable, con una acidez perfectamente integrada en el conjunto, amable y un punto de alcohol notable.
Se me antojó parecido al gran 2005 ante todo por su aporte mineral, tanto en fase olfativa como por retro después de tragar.

Y por último, hablando de GG (bueno, Spätlese Trocken por lo citado anteriormente), nos cargamos a la espalda el 1998 y su decenio de años pasados.
No me equivoco si digo que es el que mejor aromática conjuntada tenía de toda la serie. Tenía de todo, mineral, fruta, flores, especias, terciarios, toques salinos de concha de marisco… todo tan redondo y homogéneo que parecía medido con regla y cartabón.
La boca tres cuartos de lo mismo, acidez y sabrosura de la mano de la estructura (¡y rima!).
Una gran añada que no defraudó en absoluto, pese a que era el vino más viejo, en el que todas las miradas estaban puestas –y dispuestas- a encontrar ese algo “extra”.


Hasta aquí duró la cata vertical y, acto seguido, para empezar a abrir el apetito con el magnífico menú preparado por El Racó d´en Cesc para la ocasión, apareció el último gran héroe del día: Hermannshöhle Spätlese 1994.
Sus 15 años de vidrio y los 41 gr. /l de azúcar que posee nos trasportaron a otra dimensión, a una dimensión de flores y arándanos confitados que tenía toda la pinta de ser el más preciado de los edenes.
Una boca tan amable como viciosa, no se puede parar de saborearlo una y otra vez… ojalá queden más botellas por ahí.


Si me permitís unas observaciones al respecto, decir que la previsión de vida de un (buen) GG alemán se podrían estimar perfectamente en 10 años pero, dependiendo de la categoría de la cosecha, quizá ese tiempo se pueda estirar algunos años (a saber cuantos…) o bien acortarse.
Por otro lado, dando mi valoración numérica y personal de los vinos catados, añado que la puntuación media fue de 9,2 p. La 2005 y 1998 triunfaron y obtuvieron unas décimas de más en detrimento del resto que las tuvieron de menos.

Un mal menor ya que TODOS los vinos rozaron la perfección más absoluta.

jueves, 12 de febrero de 2009

La Subasta


Todo empezó el pasado viernes cuando un email matutino nos ponía sobre aviso de una subasta benéfica promovida por SocialBid en apoyo de Acción contra el Hambre, ONG que recauda fondos para paliar las hambrunas del Tercer Mundo.
En principio, la verdad, no hicimos demasiado caso anestesiados por la ingente cantidad de malas noticias que desfilan a diario por delante de nuestras narices. La cosa, sin embargo, empezó a suscitar interés a medida que íbamos leyendo en qué consistían los lotes subastados.

El proyecto Vinos Sin Fronteras está liderado por Nicolas Beausset, director comercial de Dharma Wines y de El Petit Celler, y los fondos recaudados van destinados a la ONG Acción Contra el Hambre.

A medida que repasamos los lotes que entran a subasta se nos encoge el corazón al ver que , en primera instancia, reaccionamos más al contenido material de los artículos que entran en la subasta que al acto solidario de la misma. Cedemos ante el empuje de nuestro propio egoísmo de satisfacer nuestras necesidades materiales que por el hecho altruista de contribuir en una causa tan noble como justa.

Bastan unos cuantos nombres para abrir nuestro insaciable apetito de curiosidades enológicas. El precio además promete ya que está muy por debajo de lo esperado si lo comparamos al hecho de adquirir estas mismas marcas y añadas por cauces puramente comerciales.

El cruce de emails es ya frenético. Nos centramos concretamente en un lote compuesto de dos "grandes" champagnes, tamaño normal. Una botella de Moët et Chandon Brut Imperial Millessimé 1985 y una segunda de Pol Roger Cuvée Sir Winston Churchill 1995. Ni que decir tiene de la dificultad de adquirir estas dos joyas sin tener que ampliar la hipoteca , en una añada ya de por sí excelente y a un precio fuera de lo común. Y es que el más común de los mortales se puede sentir como un príncipe en el Palacio de Buckingham bebiendo dos auténticas singularidades como estas.

La subasta se realizaba vía EBay y es sabido de la dificultad de ganar por las pujas que se realizan justo en el último minuto. Faltaban por delante más de 8 horas en un día con una agenda repleta de acontecimientos. A la 1 del mediodía nos esperaba una Cata Vertical de H.Dönnhof Hermannshöle GG presentada por Vinialia en colaboración con Michael Wöhr que se prolongó hasta media tarde en el Racó d’en Cesc.

Con menos de una hora de antelación me planto delante del ordenador dispuesto a pujar por el lote de champagnes con el Winston Churchill a la cabeza. Veo con perplejidad que nadie ha pujado todavía, lo cual me hace pensar que todo aquel que esté interesado se guarda para el último momento un as en la manga.

Me siguen lloviendo emails de mis compañeros de fatiga. Faltan menos de cinco minutos y por si acaso tengo tres páginas de Ebay con la subasta en cuestión al frente y las voy refrescando para no perderme detalle.

“¡Que pujes ya!”. “Qué hace este tío que no puja…”. Frases, aunque mudas, resuenan como bombas en mi cabeza. Van pasando los minutos lentamente como si el tiempo se detuviera. Me acuerdo de una conversación que tuvimos acerca de la relatividad de Einstein…Aguanto la embestida como los toreros. Quieto, sin moverme, calculando el momento preciso para no fallar el tiro.

Menos de un minuto, 45 segundos… y cuando el reloj marca los 30 segundos para la finalización pulso el botón de confirmación. La suerte está echada. Pasan unos interminables segundos hasta que aparece en pantalla ¡que he ganado!
La taquicardia va cediendo poco a poco. Me acuerdo de mis compañeros que todavía no se han percatado. Les disipo las dudas con un email de confirmación. ¡El lote es nuestro!
Todo sea por una buena causa.

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lunes, 9 de febrero de 2009

Ideas claras + Oficio = Colet


Con parte del grupo mermado nos dirigimos con el ambiente nublado a Pacs del Penedés, cerca de Vilafranca. Nos situamos en uno de los centros neurálgicos de la D.O.Cava. Espumosos en cada pueblo, macabeo, xarel•lo y parellada a porrillo, a la izquierda y a la derecha del camino.

Pero en Pacs está Sergi Colet, casi a contracorriente, haciendo espumosos pero fuera de la D.O. Cava, los quiere hacer a su manera, quiere darle prestigio a este mundo del espumoso en su tierra, lejos de patrones caducos, de intereses y monopolios. Su D.O. es Penedés, con garra y arrojo está ahí. Sergi lo tiene claro, su producto y su firma es COLET, no es Cava.



Su nueva bodega no es enorme, está creciendo y se nota en sus nuevos productos. Sergi nos ilustra y nosotros lo agradecemos: es claro y cristalino, es sincero y es de elogiar. Casi el 70% de su producción la destina a la exportación, mayoritariamente a Centroeuropa. Una RCP extraordinaria y un producto equilibrado, mimado y de calidad es el salvoconducto hacia el éxito.

No hay ataduras con el pasado, forma parte de la segunda generación en la producción de vinos y cavas y eso le permite ser ambicioso, mirar hacia delante, respetar el pasado pero con la sabiduría que le ha dado trabajar en sus inicios para Gramona y más tarde para Pol Roger, en la Champagne.




Tuvimos suerte con la lluvia, nos respetó, y así Sergi nos enseño su viñedo, gran parte de las 24 hectáreas cultivables de su finca. Por el camino nos ilustró con sus teorías acerca de la mejora de los cultivos en aquellas tierras. Conoce el terreno, sabe qué es lo necesario para sacar el máximo partido a sus viñas: la verdad del clima, la orientación de los terrenos y su sabia manera de cultivarlos… Es imposible trasladar aquí todo aquello que nos mostró con sus palabras. Nos enamoró su manera de tratarnos y aquí dejamos constancia.

De vuelta a la bodega, la nueva, Sergi nos mostró la base de operaciones, sus depósitos de acero inoxidable, un nuevo depósito que está en fase de pruebas (de cemento) y la cadena de embotellado así como la zona más tranquila de todas: el lugar donde reposan sus caldos. Colet no abusa de la crianza ni de las levaduras. Quiere un producto fresco y disfrutable y recomienda tomar sus cavas en el primer año y medio después del degüelle. Se puede estar de acuerdo con su filosofía, pero lo innegable es que tiene claras sus ideas: chapeau!.


Sergi nos obsequió con una cata de sus espumosos, a continuación os dejamos las principales impresiones, por orden de cata:


En primer lugar su Tradicional Extra Brut, el primero de los vinos que comenzaron a producir, en 1994, y que con el tradicional coupage de las tres variedades xarel·lo, macabeu y parellada, representa aproximadamente el 50% de la producción total. Es un vino de crianza media y equilibrado en todos sus aspectos. A continuación disfrutamos de la última novedad de Sergi, el Vatua!, mezcla curiosa en estas latidudes de muscat, parellada y gewürztraminer. Resultó un vino espumoso muy interesante con una nariz muy frutal, floral y con una burbuja muy integrada. Seguimos con dos de sus vinos estrella en cuanto a la RCP: A priori y A posteriori. El primero es una mezcla de cinco variedades blancas cultivadas en las fincas, es un blanc de blancs. Perfecto para aperitivos e incluso puede llegar a acompañar comidas como arroces y carnes blancas. El segundo es un espumoso 100% merlot, con un color cobrizo intenso diseñado para disfrutarlo en la sobremesa.


Para acabar la cata Sergi nos mostró su Grand Cuvée Extra Brut, con 30 meses de crianza. Mezcla de chardonnay, macabeu y xarel·lo, la presencia de la primera le aporta complejidad al vino con un buen equilibrio entre la crianza y el aporte frutal. El último de los vinos a catar fue el Assemblage Extra Brut, a nuestro parecer el vino cumbre hasta el momento de Colet. Mezcla de pinot noir y chardonnay, aporta una riqueza aromática fuera de lo común en los espumosos de nuestras fronteras y un equilibrio en boca que te transporta a tierras galas, con un final de boca amargo y elegante: la estrella sin lugar a dudas.


Desde aquí queremos dar las gracias a Sergi Colet por su tiempo y a Vinialia por hacerlo posible.

jueves, 5 de febrero de 2009

En las proximidades del Duero

Cigales es una pequeña D.O. que vive cerca del gran coloso que representa, en comparación, Ribera del Duero. Su corta historia como organismo se remonta a 1991 y desde sus inicios las grandes bazas de la tierra fueron los rosados y claretes (vino rosado donde juegan un papel fundamental las variedades blancas) pero, últimamente, los tintos ganan terreno en detrimento de los primeros, cada vez más descarnados y elaborados con un patrón comercial que poco ayuda.
Los tintos resultan frescos y estructurados, pues disponen de un suelo muy rico geológicamente hablando. Compuesto sobretodo por arcillas, margas y guijarros los cuales aportan su toque particular a unos vinos que, elaborados con tino, pueden luchar contra casi cualquier otro proveniente de zonas con más renombre.

Uno de los primeros tintos de calidad contrastada que salió al mercado fue Traslanzas 2000. Un vino donde la elaboración tomaba especial interés en la calidad de la materia prima (apoyada fielmente en la tinta fina o tempranillo) y en una escrupulosa crianza en barrica.
Su nombre proviene del pago en que está fecundado donde hecha raíces hace ya más de 60 años, en el término municipal de Mucientes (Valladolid). Por su antigüedad esta cultivado en la forma de vaso tradicional, con un rendimiento inferior al kilogramo de uva por cepa y una gran abundancia de cantos rodados en la superficie.
El mosto resultante realizó la maloláctica en barrica y pasó aproximadamente 14 meses en el mismo habitáculo, siendo embotellado sin clarificar ni estabilizar.

Se presenta, a día de hoy, un vino muy comedido tanto por su color cereza algo bajo de capa, como una fase olfativa con mucha integración de cualquier rastro de madera, con fuerte dosis varietal como de su tierra. Toques frutosos sin extracciones ni compotados, es más, se intuye una frescura, un carácter poco o nada pesado.
Fino y fresco en boca, con el peso justo. Carnoso y de grato recorrido con el tanino redondeado por los años de vidrio. Largo en su final, con marcadas notas de regaliz y finas hierbas secas.


Puntación: 8,8 POG

lunes, 2 de febrero de 2009

La Sangre de Ronda



Río Verde, río Verde
tinto vas en sangre viva,
entre tí y Sierra Bermeja
murió gran caballería.
Murieron Duques y Condes,
Señores de gran valía;
allí murió Urdiales
hombre de valor y estima
.


Tras la derrota de Ronda en 1485 a manos de los Reyes Católicos los días de Al-Andalus estaban contados. Sin embargo eran aquellos tiempos convulsos; lo que se ganaba en un día se perdía en una noche. Este es el romance de Ibn’Asim que relata la batalla de Río Verde y derrota de los Cristianos en la Serranía de Ronda que pertenecía al reino Nazarí de Granada. Finalmente fue en 1495 cuando Boabdil entregando el Reino puso fin a seis siglos de presencia musulmana en la Península Ibérica. También se le atribuye al cacique vencido, camino del exilio, aquella famosa frase pronunciada de labios de su madre, la sultana Aixa, cuando tras contemplar llorando por última vez la estampa de Granada escuchó “no llores como una mujer lo que no supiste defender como un hombre”.




Sirva este ejemplo para ilustrar el marco de una de las Bodegas de la zona que haciendo gala de una profusa herencia histórica recoge la tradición para proyectarse hacia el futuro. Bodegas La Sangre de Ronda están situadas en la localidad malagueña de Ronda y producen sus vinos en las estribaciones de la Serranía Bética con una altura media entorno a los 850 metros.

Tempranillo, Syrah, Cabernet Sauvignon y Petit Verdot son las variedades más utilizadas aunque y en menor medida también producen Cabernet Franc, la Pedro Ximénez y la Moscatel Morisca. La antigua Acinipo se expone en el Museo del Vino de Ronda que abre sus puertas a la difusión del legado histórico y cultural que el vino ha generado a lo largo de tantos siglos.

En nuestro afán enciclopédico nos centramos en dos de las elaboraciones que Bodegas La Sangre de Ronda comercializan bajo la D.O. Sierras de Málaga. Además bajo la batuta de un denominador común y marca de la casa: el Petit Verdot.

Espinel Rosado Petit Verdot 2007 es un vino chispeante, de color intenso, con aromas de flores silvestres y muy afrutadas. La variedad se nota con un paso vegetal muy acusado aunque se muestra muy vivaz y sabroso y con un final persistente a albaricoque. Dispone de una crianza en barrica de 4 meses que le dota de una mayor estructura susceptible de ser afinada en botella. Su graduación alcohólica es de 13,5 % que aconsejan una temperatura de servicio que no sobrepase los 8 grados.


Bodegas La Sangre Petit Verdot 2007 es la siguiente de las especialidades de la casa.Lo primero que sorprende es su acidez, que lo traslada muchísimo más hacia el norte geográfico. Siempre se tiende a pensar en términos de sobre madurez y graduación alcohólica al tender la mirada hacia nuestro sur mediterráneo. La primera impresión es cárnica con abundante envoltorio vegetal, contrapunto a notas más dulzonas y tostadas. Una crianza de 8 meses y un vol.de 13,5 % completan un vino diferente que se muestra cálido y sedoso a la par que húmedo y floral.
Un producto muy de la tierra: la Sangre de Ronda