No hay nada como la materia prima, el producto de calidad, además del buen hacer en la cocina. Imaginad un caldo de pescado, de unos restos de un rodaballo cocinado recientemente, unos champiñones de buena apariencia y unas trompetillas de la muerte junto a un par de alcachofas y un puñado de guisantes. Todo ello listo, esperando la llegada del arroz en la paella y un toque de parmesano al final de la cocción.
Ahora pensad en el acompañamiento, la bebida, el vino que mejor le pueda ir a un plato como es el rissotto. Yo lo tengo claro: un espumoso. El elegido fue una ganga, un chollo recién comprado en una de nuestras tiendas de referencia en cuanto a franceses se diga. Me costó algo menos de 30 euros y el vino en cuestión: Delamotte Blanc de Blancs 1995. Al ver la botella se me abrieron los ojos, como comprenderéis, un vino entrado en años de Le Mesnil, en el corazón de la Côte de Blancs, un Grand Cru 100%...no haberla comprado hubiera sido un insulto, una ofensa, un cúmulo de remordimientos por largo tiempo.
Ahora pensad en el acompañamiento, la bebida, el vino que mejor le pueda ir a un plato como es el rissotto. Yo lo tengo claro: un espumoso. El elegido fue una ganga, un chollo recién comprado en una de nuestras tiendas de referencia en cuanto a franceses se diga. Me costó algo menos de 30 euros y el vino en cuestión: Delamotte Blanc de Blancs 1995. Al ver la botella se me abrieron los ojos, como comprenderéis, un vino entrado en años de Le Mesnil, en el corazón de la Côte de Blancs, un Grand Cru 100%...no haberla comprado hubiera sido un insulto, una ofensa, un cúmulo de remordimientos por largo tiempo.
El plato resultó una delicia, no sobró ni para el día siguiente. El vino no desmereció, para nada. No consigues explicarte cómo es posible encontrar un espumoso de esa categoría a un precio inimaginable. Me viene a la cabeza el mundo del cava y del empeño manifiesto en evitar comparaciones, pero la verdad es que es inevitable hacerlo, sobre todo cuando te tropiezas de bruces con una maravilla como esta de Le Mesnil, el hermano pequeño de Salon, la máxima expresión de Champagne.
Como anécdota, aporto una foto de nuestra visita a Leiwen (Alemania), donde se situa la bodega Grans-Fassian, en el que nos encontramos una plaza donde había una referencia al pueblo francés de Le Mesnil. A continuación podéis ver la entrada a Le Mesnil, a modo de intercambio.


Delamotte pertecene, como Salon, al grupo Laurent-Perrier, y comparten algo más que historia y cercanía, comparten el alma. Hace poco que tuve la suerte de descorchar un Salon 1996, mi mejor espumoso sin duda, y este chollo de 27 euros me lo recordó.
Delamotte Blanc de Blancs 1995: Chardonnay 100% en Le Mesnil sur Oger. 12% volumen de alcohol.
La nariz es sobresaliente, en un primer momento resulta muy varietal, mantequilla y lácteos muy vivos rebosan por la copa evidenciando una muy buena evolución. Dejan paso a un rastro de ahumados y un leve mineral calcáreo, diría yo, junto a pinceladas de manzana y recuerdos a hollejos de la uva.
En la boca resulta tranquilo y sosegado, con un carbónico muy integrado (mi mujer me preguntó si de verdad era un espumoso) que te acompaña de principio a fin. Resulta amplio en el paso y el recuerdo ácido y amargo del final en boca refresca e invita a seguir disfrutando. Un champagne para degustar, sin prisa, dejarlo en la copa y pensar en lo maravilloso del momento.
Puntuación: 9,2 PCG
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