jueves, 29 de enero de 2009

Matrimonio con arroz

No hay nada como la materia prima, el producto de calidad, además del buen hacer en la cocina. Imaginad un caldo de pescado, de unos restos de un rodaballo cocinado recientemente, unos champiñones de buena apariencia y unas trompetillas de la muerte junto a un par de alcachofas y un puñado de guisantes. Todo ello listo, esperando la llegada del arroz en la paella y un toque de parmesano al final de la cocción.

Ahora pensad en el acompañamiento, la bebida, el vino que mejor le pueda ir a un plato como es el rissotto. Yo lo tengo claro: un espumoso. El elegido fue una ganga, un chollo recién comprado en una de nuestras tiendas de referencia en cuanto a franceses se diga. Me costó algo menos de 30 euros y el vino en cuestión: Delamotte Blanc de Blancs 1995. Al ver la botella se me abrieron los ojos, como comprenderéis, un vino entrado en años de Le Mesnil, en el corazón de la Côte de Blancs, un Grand Cru 100%...no haberla comprado hubiera sido un insulto, una ofensa, un cúmulo de remordimientos por largo tiempo.

El plato resultó una delicia, no sobró ni para el día siguiente. El vino no desmereció, para nada. No consigues explicarte cómo es posible encontrar un espumoso de esa categoría a un precio inimaginable. Me viene a la cabeza el mundo del cava y del empeño manifiesto en evitar comparaciones, pero la verdad es que es inevitable hacerlo, sobre todo cuando te tropiezas de bruces con una maravilla como esta de Le Mesnil, el hermano pequeño de Salon, la máxima expresión de Champagne.
Como anécdota, aporto una foto de nuestra visita a Leiwen (Alemania), donde se situa la bodega Grans-Fassian, en el que nos encontramos una plaza donde había una referencia al pueblo francés de Le Mesnil. A continuación podéis ver la entrada a Le Mesnil, a modo de intercambio.








Delamotte pertecene, como Salon, al grupo Laurent-Perrier, y comparten algo más que historia y cercanía, comparten el alma. Hace poco que tuve la suerte de descorchar un Salon 1996, mi mejor espumoso sin duda, y este chollo de 27 euros me lo recordó.


Delamotte Blanc de Blancs 1995: Chardonnay 100% en Le Mesnil sur Oger. 12% volumen de alcohol.


Color dorado intenso, se nota el paso del tiempo y la burbuja es media tirando a fina, asciende lentamente en la copa pero es persistente.
La nariz es sobresaliente, en un primer momento resulta muy varietal, mantequilla y lácteos muy vivos rebosan por la copa evidenciando una muy buena evolución. Dejan paso a un rastro de ahumados y un leve mineral calcáreo, diría yo, junto a pinceladas de manzana y recuerdos a hollejos de la uva.
En la boca resulta tranquilo y sosegado, con un carbónico muy integrado (mi mujer me preguntó si de verdad era un espumoso) que te acompaña de principio a fin. Resulta amplio en el paso y el recuerdo ácido y amargo del final en boca refresca e invita a seguir disfrutando. Un champagne para degustar, sin prisa, dejarlo en la copa y pensar en lo maravilloso del momento.



Puntuación: 9,2 PCG

lunes, 26 de enero de 2009

Del dicho al hecho...

Una vez más la excusa (el dicho) fue una vertical de Mas d´en Compte blanco, pero la realidad (el hecho) fue que se abrieran ciertas joyas añadidas al evento que (casi) superaran a lo previsto.

El primer paso fue dado hace ya un tiempo, pero debido a diversos problemas y, porque no decirlo, aplazamientos en pos de una mejor logística, se decidió la búsqueda y captura de añadas varias que nos permitieran ver el recorrido del susodicho vino en el tiempo. No dejemos de comentar que dicha elaboración fue la que a muchos de nosotros nos inició en el mundo de los vinos blancos del Priorat así como hacia otra visión más amplia del concepto “vino blanco”.

Bien. Después de reunir (sin no poco esfuerzo por parte de todos e incluso gracias a Joan Sangenís y la bodega Cal Pla) seis botellas de diferentes añadas nos lanzamos a la empresa planteada. Encima de la mesa teníamos 1998, 2003, 2004, 2005, 2006 y 2007. Por lógica empezaríamos por la más actual y finalizaríamos el recorrido con la de finales de los noventa.


2007 se presentó algo inaccesible, entre otras cosas por tener multitud de aromas, amontonados todos ellos detrás de una capa de madera (lógica en todo caso a estas alturas de su vida). Especiados, flores blancas y cítricos ligeros ocultaban una fruta (¿donde andará?) que necesita más protagonismo. La boca si mostraba el estilo del vino con su típico deje de almendra amarga. 8,2 PVDB

La 2006 fue, una vez más, el fiasco de la noche. Desde el inicio mostró un toque de cartón que no hacía más que erizar los pelos de la nuca…un suave y ensamblado tricloroanisol (TCA) revoloteaba en esa botella, propiciando comentarios y recuerdos donde anteriormente reinó el mismo problema.

Con ganas de marcha arrimamos el apéndice nasal al 2005 para descubrir otra variante poco afortunada del vino. Poco definido, con ciertos tufillos que ofuscaban y modificaban una buena añada. La nariz algo sucia con toques de azufre (pólvora dijeron algunos) y reducción pasaba el protagonismo a una boca que, no sin problemas y resignación, dice lo mucho que lo siente pero que hasta ahí había llegado, no hay más cera que la que arde…

Como un ave Fénix llegó 2004 reviviendo de sus propias cenizas, con un equilibrio pasmoso, con una clase que, ahora sí, plantaba cara al futuro y dejaba claras las posibilidades y cualidades que la tierra y la mano del hombre dan a éste vino.
Fruta amarilla madura, sugestivos amielados tenues junto a un especiado blanco muy personal. El cítrico (mandarina) gana terreno con el aire y la boca sugestiona hacia su lado más mineral. Largo y de sensaciones muy equilibradas, muy homogéneo, al punto óptimo de maduración. 8,46 PVDB

Tocaba el turno al 2003. Nos salió a recibir una contundente mermelada de albaricoque muy madura, acompañada de pinceladas de miel que a alguno le recordó ciertas elaboraciones austriacas muy dulces. Mucha melaza se intuía, fruta en almíbar y tenues flores blancas para una añada muy madura (entiéndase uva muy madura). Boca más bien plana, con poca acidez y falta de consistencia comparada con el inmensurable 2004 anterior. Una vez más la canícula pasa factura. 8,1 PVDB

El anciano 1998 hizo todo lo que pudo, demostrando que las primeras ideas son las buenas. Parece que la selección que en su día reinó en la materia prima rinde ahora pleitesía a la capacidad de guarda. Nos encontramos un vino de aromas algo ajerezados al principio pero que, con el tiempo, se transformó en una bonita flor que se abre sin contemplaciones. Jazmín, zumo de limón y, para sorpresa de algunos, una tenue ráfaga de hidrocarburos mezclada con un grácil especiado que no cesaba. Boca seca, de acidez equilibrada y algo falto del “punch” que, por supuesto, ha ido perdiendo con la década de clausura. Largo y grato recuerdo, incluso después de 24 horas sigue en su línea de vino competente. 8,7 PVDB

A juzgar por los resultados de la cata podríamos dejar más o menos claras algunas cosas. Mas d´en Compte es un vino que no necesita de lustros en botella para obtener su punto álgido de calidad, aunque sí requiere de un tiempo para integrarse y mostrarse más amable y/o expresivo.
Si gozara de una calidad -añada tras añada- más estable, llegaría mucho más alto en cuanto a reconocimiento y fiabilidad… pero entonces quizá no costaría lo que cuesta.

Hasta aquí lo que dio de si la cata vertical que inició la reunión.


Acto seguido la mesa se pobló de espléndidas botellas -de agradable contenido- que hicieron soltar un bufido a todos por las ansiosas ganas de retomar la cata (y la cena).


El primero un Dönnhoff Felsenberg Kabinett Trocken 1993 algo descarnado y con una acidez brutal pero sostenible. Buenos toques evolutivos tenía el susodicho (gas y mineral de sobra en nariz).
Destacaron dos buenos Riojas, primero y desbarajustando toda noción lógica del paso del tiempo, un Monte Real Gran Reserva 1964 que dejó perplejo a todos los que dudaban de lo que una súper añada puede dar de si. La pregunta instantánea fue: ¿pero un vino con 44 años puede estar así de vivo? Parecía un chaval, con una capa tan profunda todavía que se podría comparar con un vino recién salido a la venta. Magnífico y para el recuerdo.
Después, Viña Real Gran Reserva 1996 que palideció un tanto por estar al lado que quien estaba pero fue un buen modelo de clasicismo bien entendido.
Para finalizar y maridar con un magnífico tiramisú, dos dulces diferenciados: Moscatel Ana y Niepoort Colheita 1974.
El primero es un gran ejemplo de dulce isleño -exactamente de Lanzarote- que sorprendió por su carga de mineral desconocido (lógicamente la lava no abunda en las plantaciones de vides) y una boca bien equilibrada entre acidez y dulzor. Sin añada, proviene de una solera iniciada en 1881.
El Oporto Colheita ´74 come aparte, de todo había en ese vino: café, frutos secos, miel, guindas en licor… pero sobretodo una capacidad de tomar a pequeños sorbos inapelable.

Hasta aquí todo… que no es poco, no?

jueves, 22 de enero de 2009

Vi de Brisa


Curioso nombre que define al vino no por haber sido aireado a la rosa de los vientos sino por su peculiar elaboración. Se conoce vulgarmente como vi de brisa al resultado de exponer en maceración junto al mosto toda la raspa y carga pelicular de la uva. Así en un período más o menos largo que va desde unas pocas horas hasta las 24 o 48 horas se procede a macerar el mosto junto al pellejo de la uva consiguiendo de esta guisa transferir nuevas propiedades al producto resultante.

Este era un proceso antaño vulgar con lo que su uso ha quedado prácticamente restringido en entornos artesanales y de extracción limitada por la dificultad añadida de aplicar esta técnica en cadenas de producción industriales.
El que nos ocupa es el Serralada de Marina El Pas de les Bruixes 2007, D.O.Alella, del Celler Altrabanda. Su nombre hace referencia a que se encuentra radicado en Martorelles, en el otro lado de la Sierra Litoral que lo separa de la población de Alella que lleva el nombre de la D.O.

Joan Plans regenta la finca que data del siglo pasado y cultiva 3 Ha. dedicadas a la Pansa Blanca a las que hay que añadir, y cito textualmente lo publicado en su página web, 93 cepas escasas de Sumoll que dan nombre a su variedad tinta. Los viñedos, con edades que oscilan entre los 30 y los 70 años de edad, se encuentran repartidos entre Santa María de Martorelles i Sant Fost de Capsentelles, en la cara opuesta a la vertiente marina de la Sierra Litoral y gozando plenamente de la denominación de origen Alella. Producen alrededor de unos 10 mil kilos de uva que destinan a la elaboración de tres blancos monovarietales a base de la Pansa Blanca y un único tinto monocolor con Sumoll cien por cien. También una mistela de larga crianza aguarda paciente su próximo nacimiento.

Además la familia ejerce labores de marketing al más puro estilo desplazándose los fines de semana en ferias y mercadillos para vender sus productos que gozan de la frescura de ser completamente artesanales, diferentes y peculiares.
Así el Serralada de Marina El Pas de Les Bruixes recibe en primera instancia esa peculiar elaboración con el hollejo de la uva para someterse, tras su posterior clarificación natural, a un proceso de batonagge durante dos meses en barrica con las madres finas de la fermentación.

La primera impresión es agradable. Se nota humedad, algo salina, que combinan con una acidez persistente. Notas más punzantes como avellana tostada y miel se abren paso alargando un recorrido ya de por sí muy complejo. Un final ligeramente amargo, de hoja de parra, completan el recorrido.
Una ligera brisa mediterránea trae recuerdos de días soleados contemplando el mismo mar que surcaron nuestros antepasados griegos y romanos y que ya utilizaron estas tierras para cultivar vino que bautizaron con la marca hispánica y que enraizaron en nuestra cultura para siempre. Yes we can.


El Pas de les Bruixes 2007
Serralada de Marina
Celler Altrabanda (Martorelles)
D.O.Alella
Pansa Blanca 100%
Proceso de Maceración Pelicular y dos meses en barrica sobre lías
12,5% vol.
P.C.P. 8.9

lunes, 19 de enero de 2009

Catamos el Mediterraneo

Aproximadamente hará un año que Vicente nos sorprendió en su casa con una de esas reuniones nocturnas, medio improvisadas, en la que descubrimos los que allí estuvimos un vino con gran potencial pero de origen sorprendente: el Líbano. El vino era Pérseïdes de Château Khoury. Podéis leer la reseña correspondiente aunque aquí os comentaré, grosso modo, que era un tinto de 2004 con Merlot y Cabernet Sauvignon y criado en roble francés.

Cuál fue nuestra sorpresa cuando hace breves fechas Josep Tejedo, de WineLandResearch, nos invitó a probar el resto de vinos que la bodega elabora junto con otros vinos que distribuye en Europa. Aceptamos gustosamente y recientemente nos trasladamos a sus oficinas donde nos atendió y nos presentó impecablemente sus productos.

WineLandReserch apuesta fuerte por vinos de orígenes desconocidos y con poco renombre en el mundillo. Josep se dedica a recorrer zonas como Malta, el Líbano y otras donde él mismo escoge, con buen criterio, las bodegas más interesantes y con mayor potencial. Como reza su eslogan: Mediterranean Artisan Wines.
Pudimos catar vinos de tres lugares mediterráneos y bien diferentes: Líbano, Malta y Cataluña.



Château Khoury (Líbano):




La bodega está situada en el Monte Líbano, a unos 1200 metros de altitud, en el pueblo de Zahlé y completamente rodeada de sus 13 Has de viñedo al más puro estilo Château. En 2005 Jean-Paul El Khoury volvió al hogar familiar después de haber estado estudiando enología en Reims para encargarse de la bodega. Podemos percibir en sus vinos cierto halo y estilo francés. Los terrenos son arcilloso-calcáreos y se benefician de casi 300 días de sol durante el año. Obtienen un rendimiento inferior a 1,5 Kg por cepa y la recogida es manual.


Château Khoury Reve Blanc 2005.



Chardonnay, Riesling y Gewürtztraminer en acero inox.
Amarillo pajizo con leve carbónico al servir. Rastros leves de la chardonnay, frutoso, cítrico en nariz. Boca amarga y seca.




Château Khoury Cuvée Sta. Thérese 2004.



Caladoc (mezcla entre Garnacha y Malbec) y Pinot Noir. El 20% pasa a roble francés y el resto a inox. Después de seis meses se mezclan.
Color picota de capa alta. Resulta en nariz terroso y especiado. Asoman dejes lácticos . Se aprecia la contundencia del Caladoc, amplio poder varietal. Redondo en boca y ácido al final. Retro a regaliz.



Château Khoury Symphonie 2004.



Coupage de cuatro variedades: Merlot, Cabernet Suavignon, Cabernet Franc y Syrah al 25%. Doce meses en barrica francesa.
Capa alta. Fruta roja en nariz y leves especiados. Resulta más amable en boca que el anterior y los taninos, aún por pulir, juegan un papel importante. Buena acidez.




Meridiana Wine Estate ( Malta ):



A mediados de los años 80 Mark Miceli-Farrugia quiso seguir los consejos de un conocido enólogo bordelés que le persuadió de que se podían hacer vinos de calidad en la pequeña isla de Malta. Así junto a Edward Bartoli y con los conocimientos del enólogo Roger Aquilina fundó Meridiana Wine State. Su filosofía fue la de crear vinos de primera clase y con uva procedente únicamente de suelos malteses. En 1989, tras diferentes pruebas con uva y suelo, adquirieron unas 19 Ha. de terreno en Ta’Qali, en pleno centro agrícola de Malta. Finalmente se plantaron en 1994 cepas de Chardonnay, Cabernet Sauvignon, Merlot, Syrah y Petit Verdot.
Desde que apareció la primera añada, en 1996, la producción ha ido incrementado y en la actualidad se producen cerca de 180000 botellas la mayoría para consumo interior.
Los vinos que pudimos catar fueron los que siguen:


Mistral 2004.


Chardonnay 100%. Uva madura que fermentó con sus lías durante 6 meses en roble francés nuevo. 14% de alcohol.
Color dorado subido, tacto oleoso, glicérico. En nariz toques de mantequilla, queso y amielados. Hoja de higuera y vainilla, junto a azúcar quemado y, con más temperatura, ahumados propios de la chardonnay. Pinceladas de cabello de ángel y a almendra cruda mezclados con anís. En boca es untuoso y con gran poder de la barrica. Muy buena acidez. Estupendo.



Bel 2005.


Syrah 100%. Doce meses de roble francés.
Capa medioalta. Aromas lácticos (camembert) y balsámicos. Rastros de tapenade y ahumados. Se advierte cierta rusticidad en nariz que no acaba de agradar. Boca redonda y con un final amargo con las mismas sensaciones en retro que en nariz (algo parecido a tonel viejo aguado).




Nexus 2004.

Merlot 100%. Crianza en roble francés y reposo en botella.
Capa medioalta con riebete atejado. Balsámicos en la primera impresión: hierba de monte seco, romero. Especiado, pimiento, con tendencias francesas. Rastros de sangre y a caramelo de violetas. Enorme vino con mucho potencial futuro.






Celler Cubells (D.O. Montsant):

La última bodega presentada fue más cercana a nosotros: Celler Cubells de la D.O. Montsant, con sede en la Figuera en la comarca del Priorat. Creada en el año 2004 producen dos vinos: Batec 5 i Bàsic 4, con uvas procedientes de 7 ha de viñedo propio de terreno calcáreo.Cultivan variedades como la garnacha, merlot, syrah y cabernet sauvignon siempre respetando el medio ambiente, sin usos de herbicidas ni pesticidas.



Batec 5:


Merlot y Cabernet al 25% cada una y un 50% de Garnacha.
Presenta un color cereza de capa alta. Olores iniciales a cola que rápidamente dejan paso a notas balsámicas y minerales. En boca tiene buen paso y con una importante acidez final. Está aún por desarrollar sus mejores cualidades. Tendencias prioratinas, flores y un deje a caramelo de menta.




Basic 4 2005:


Garnacha sin pasar por barrica.

Un sorpresón, color rojo picota algo turbio. Aromas a mosto, frutal, alguien apuntó que huele a la fruta del madroño, castañas, muy franco en aromas y primario. En boca es puro zumo de uvas y muy varietal. Delicioso.





Todos estos vinos los podéis encontrar en la tienda virtual de WineLandResearch: Marenostrumwines. Os aconsejamos desde aquí vuestra visita virtual.

jueves, 15 de enero de 2009

Dorada y dorado

1740 gr. de pura dorada salvaje tienen la culpa de la expiración de mi última botella de Bürklin-Wolf Gaisböhl 2001.
El típico paseo por delante del mostrador de mi pescadería me llevó a clavar los ojos en el dichoso pescado, rumiando de inmediato en cual sería la mejor forma de acabar con su presencia en éste mundo: a la plancha, a la sal, horneada…. Al final, la opción del horno fue quien se llevó el gato al agua.

Tema comida: sencillo en todo caso. Una base de patatas y cebolla (fritas anteriormente), el jugo y unas rodajas de limón por encima, un vaso de vino blanco, un “rajolí” de AOVE y, como no, salpimentada a gusto personal. Después de una dosis de aproximadamente media hora de horno -a unos 200º- lista para ser saboreada.

Tema vino: con antelación, unas tres horas en éste caso, descorchar y decantar el susodicho vino de Pflaz para intentar sacarle el mayor partido al líquido divino. Después, con servir en una copa apropiada a una temperatura decente… ¡a disfrutar que son dos días!

Con un magnífico amarillo dorado, se muestra de aspecto denso y llorón por naturaleza (son 12,5º que se han de notar, ¿no?). La nariz es cambiante, incluso muy parca pese a las tres horas de oxigenación. Cítricos y flores blancas se van afianzando cada vez más de una fase olfativa un tanto tímida.
La boca muy suya, con un equilibrio que se basa en lo moderado del residual combinado con un nivel de acidez punzante que no hace más que ganar y ganar con el tiempo.
Su final es muy largo, con mucha sensación cítrica (piel de naranja o pomelo maduro), hierbas aromáticas (manzanilla y espliego) y un deje casi eterno de gas de mechero y pólvora quemada.

Puntuación: 8.85 POG


Conclusiones finales: La unión entre dorada y Gaisböhl GG 2001 resulta tan interesante como satisfactoria. La gruesa y compacta carne del pescado se alía con la acidez insultante y la frescura que emana cada trago del vino. Queda claro que la media hora de horno es suficiente para el pescado, no así para el vino, las tres horas de aire no hicieron más que acariciarlo sutilmente La gran diferencia entre la primera y la última copa pone de manifiesto una necesidad de oxígeno (un hermoso y lozano queso Parmesano junto a una aromática María Luisa florecían en copa, en la última copa...).

lunes, 12 de enero de 2009

A mal tiempo...



…buena cara. Y sirva este juego de palabras para ilustrar uno de los males de nuestra saturada sociedad de consumo. Y más después de unos días de desenfreno y culto a la gula que esta vez no viene del norte…
Es hora de reducir grasas y diluir la tasa de alcohol, hay que volver a poner el cuerpo en forma. Por ello decidí colgar los hábitos, coger la bicicleta –querida amante implacable- y volver a visitar mi conocidísima Collserola -la pequeña franja montañosa que separa Sant Cugat de Barcelona y que encuentra su punto culminante en el Tibidabo - que, de repente, había cambiado de aspecto. Los reyes Magos, antes de volver a Oriente, le dejaron como regalo de despedida un blanco y níveo manto que no había que desaprovechar.


Como siempre que vaya acompañado entre pedaleo y jadeo, me tocó esta vez ir completamente solo. En el intento de no resbalar al contacto de las escurridizas y solitarias rampas adornadas con las primeras guirnaldas blancas que resplandecían como cristales. Recordaba las innumerables discusiones acaloradas que solían hacer el esfuerzo más llevadero con mis mal llamados compañeros de fatigas –que como señala mi mujer es más familia mía que la propia por las horas compartidas-.
“Que si es mejor un Burdeos, que si sabe mejor un buen Borgoña”. “Que si ya no es un insulto que le llamen a uno afrancesado…” O el defender al amigo ausente, equivocado según mi alter ego en tal o cual cuestión relacionada con la última adquisición enológica.
Qué lejos queda en medio de una naturaleza, mansa y cálida ayer y ahora fría y hostil, el sentar cátedra de si un vino de autor merecería un mejor calificativo ante otro que sabe a la tierra que lo vio nacer. Por no hablar de si tal o cual caldo sabe más a pellejo que a hollejo…


En fin, todo parece relativo como si estuviéramos en otra dimensión y la reflexión se torna en oración de gracias por sentir fluir la vida en horas de humilde soledad. Se reiría de mí algún amigo ante tanta batalla a la vuelta de la esquina pero las mejores aventuras no siempre hay que buscarlas a miles de quilómetros.
Me vuelvo a encontrar conmigo mismo, aparco la crisis en un nuevo año que a buen seguro también será generoso en su cosecha si lo trabajamos con dedicación y lo dejamos madurar al sol de la ilusión y la pasión. No es mi intención explotar como una bomba de racimo, ¡palabra que a la próxima hablaré de vino!
Arrieros somos…

jueves, 8 de enero de 2009

Entre el Priorat y la Borgoña: el Bierzo


Quisiera escribir sobre un vino que me ha impactado recientemente por lo inesperado y sorpresivo que ha sido su disfrute. Se trata de P3 2002, de Dominio de Tares, una bodega ubicada en San Román de Bembibre, en el Alto Bierzo.


Este P3 o Tares P3 es el vino top de entre todos los que allí se producen y procede de la parcela número 3 de entre las siete que seleccionó la bodega para la realización de vinos de calidad por allá en el 2001. Este pago número 3 destacó por su enorme potencial: orientación suroeste con una inclinación del 20% y suelo arcilloso-calcáreo con restos pizarrosos. Todo esto se traduce en bajos rendimientos, alrededor de 500 gr. por cepa y una alta concentración de taninos por baya.


Después de recogida la uva y de la cuidada selección grano a grano, hace la fermentación alcohólica y la posterior maloláctica durante 3 meses en roble americano de segundo año, permaneciendo con sus lías. Posteriormente se trasvasa a barricas nuevas de roble francés y permanece allí unos 15 meses.

Una de las cosas que me impactó tras leer información sobre el vino en diferentes fuentes fue el uso de barrica nueva para la crianza con un tostado muy fuerte. Me chocó que no lo notara en absoluto en el proceso de degustación y ese detalle destaca la calidad en su elaboración pensando más en el producto final que en el hecho comercial. ¡Chapeau por la bodega!.




El color en estos momentos es de un picota subido con el borde algo más claro, ligeramente. Fue decantado 3 horas y tomado en copa borgoña pinot de Riedel. Los aromas a frutos rojos y a moras junto con un fondo delicado de mineral pizarroso recuerdan a los aromas de los Priorats, salvo por la ausencia de matorral seco de estos últimos. El alcohol, 13’8% de volumen, no asoma en absoluto y todo el conjunto está adornado con dosis de café y chocolate, muy comedidos. En boca sorprende por su finura y sedosidad, lejos de brusquedades, y resulta una delicia al mismo estilo borgoñón, prolongando el recorrido con una acidez precisa y un equilibrio digno de mención. Invita a seguir bebiendo y deleitarse con él.

Puntuación: 9’3 PCG

lunes, 5 de enero de 2009

El syrah de Barcelona

Desde siempre el pueblo de Alella me ha supuesto internamente ese hermanamiento que sucede cuando uno lo visita repetidamente. Mi infancia me dejó bellos recuerdos de fechorías y aventuras por sus calles con la bella compañía de la que siempre ha sido mi mejor prima, esa familiar que siempre puedes llamar y que siempre, casi sin merecerlo, te recibe con los brazos abiertos y su mejor sonrisa.
Aparte de los emotivos recuerdos que vienen a la mente cuando uno ahonda en su memoria, me gusta relacionar y sentir con los vinos una situación, una forma de ligar momentos y situaciones que en parte marcan nuestra vida, tanto o más que los tiempos pasados.

Por ejemplo, en una de mis visitas de hace ya unos cuatro años al susodicho pueblo (recuerdo que mi primera “cachorra” apenas se tenía en pie...), aproveché para pasar por la Companyia d´Alella (no perderse su famosa Salsalella) y adquirir algunos vinos que, en aquel entonces y fuera de su más cercano ámbito, costaban de encontrar.

Es el caso de Alta Alella Orbus Syrah 2001 que paso a mostrar. Sin reserva alguna creo poder afirmar que se trata de la primera añada del vino en cuestión, nacido de un viñedo totalmente trabajado y desarrollado con la agricultura ecológica como patrón de calidad.
Varias son las diferentes variedades que poseen en la finca (6 hectáreas en la actualidad y 6,5 más que en breve estarán disponibles) y todas ellas plantadas según sus necesidades. Sin ir más lejos, la syrah que hoy nos ocupa está alojada en costers de orientación sudeste, marcada principalmente por la cercanía del Mediterráneo y su escasamente fértil suelo de sauló (arena procedente de la descomposición del granito). Una foto mejor que mil palabras:


No pocas atenciones tuvieron sus creadores con él: despalillado, maceración prolongada (30 días) en acero inoxidable, maloláctica en barrica más 14meses de permanencia en el mismo envoltorio de origen francés.

Nota de cata:

Presenta un color picota muy madura -tan sugestivo como brillante- de ribete menguado algo más claro.
Claras notas de chocolate mentolado en un principio que poco a poco se tornan más florales (violeta, pensamientos) y frutales (ciruela negra, moras). El oxígeno juega a su favor aportando una curiosa nota de oliva negra en aceite y sensuales recuerdos de hierbas provenzales con tenues perfumes de lavanda seca.
La boca fresca, con entrada expresiva y un recorrido muy amplio. Cremoso, un punto goloso y con cierta madurez que no quita protagonismo a su acidez final.
Largo en boca, devolviendo por retro toques de madera curtida y potentes ecos de fruta negra con claros toques yodados.

Puntuación: 8,7 POG


Un verdadero vino Mediterráneo, con clara tendencia a esa tremenda maduración tan al borde que, aún no siendo el caso, juega en contra de la frescura de los vinos. Este, con sus 13,5º conviene tomarlo a no más de 14/16º de temperatura, así muestra una fruta muy correcta y unas cualidades inmensamente seductoras.En un punto óptimo de consumo.

viernes, 2 de enero de 2009

Navidad con Finca Garbet


Hay un dicho muy catalán que dice así: “Qui per nadal res estrena res no val. La traducción se entiende si se cambia la palabra “res” por “nada”.

Muchas veces soy yo mismo quien aporta algún vino novedoso a la cena tradicional de Nochevieja. Pero esta vez fue mi padre quien se encargó de seleccionar y surtir un vino regio para esa celebración que marca el inicio de las navidades.
En ocasión de las recientes Bodas de Oro de mis progenitores les fue entregado un Finca Garbet 2003 de Castillo de Perelada en caja de madera junto a dos Copas de vino grabadas con motivo de tan especial efeméride.

Y la cosa no acaba aquí. Mis padres, que muchas veces recorren el mundo por montera, decidieron iniciar el GR Mediterráneo desde su origen en la ferroviaria población aduanera de Port Bou, en la Costa Brava Norte. Allí, empujados por una suave tramontana, recorrieron montes y atravesaron un sinfín de calas y pequeñas playas en un interminable subir y bajar a lo largo de una línea litoral que se ve torturada por un perfil de relieve sinuoso que se hunde hasta mezclarse con el azul mediterráneo. El Cabo de Creus marca el límite de de los Pirineos que luchan en balde por mantenerse aun a flote.

Y es entre las poblaciones de Colera y Llançà que toparon con una pequeña finca presidida por una Casa Pairal en la que emergen unos altivos viñedos que enraizan fuertemente sus pies en una tierra que mira constantemente al mar haciendo frente a una perpetua brisa que en ocasiones se torna impetuosa –la Tramontana- y amenaza con llevarse en volandas todo lo que encuentre a su paso.
Es la Finca Garbet donde la Sra Mateu y su marido plantaron hace años sus mejores viñedos, arrancando pinos donde antes habían crecido antiguas plantaciones que, tempranas, sucumbieron a la plaga de la filoxera que venía como caballo desbocado del vecino país galo.

Esta es la pequeña historia de otra grande que crece entre el ardiente sol mediterráneo, el oleaje del Gran Azul y el aleteo constante del aire del norte que se torna viento. Finca Garbet es más de lo que contiene, es la esencia misma de una tierra que marca los límites donde se despierta cada día, puntual a su cita, la Costa Brava.

Y así nuestra Finca Garbet no defraudó. Se mostró rotundo, impetuoso, con un olor penetrante a hinojo, higos maduros y espárragos trigueros. Sobresalía la madera para diluirse poco a poco en una mezcla de frutos muy maduros y una acidez muy persistente. Un cálido perfume volvía a aparecer para fundirse en la nariz exhalando su último suspiro. Al rato aparecían notas balsámicas que apaciguaban sabores a almendra amarga emergentes. La copa aún vacía dejaba señales de salitre –sulfitos- proyectando imágenes de un sol bañado en la suave brisa marina…



Finca Garbet 2003 nº3403


D.O.Empordà
85% Syrah,15% Cabernet Sauvignon
14,5% vol.
15 meses en barricas nuevas de roble francés

P.C.P. 9.6