lunes, 7 de diciembre de 2009

López de Heredia: Genio y figura


Cuando el grupo Vadebacus contactó con María José López de Heredia para concertar una visita a la bodega pocos éramos los que imaginábamos que el resultado de ésta colmara nuestras expectativas hasta límites insospechados. María José lleva las riendas y es la cabeza visible de las Bodegas López de Heredia que, año tras año, se erige en la Rioja como una de las pocas fieles a un clasicismo en vías de extinción.


Son varios los vinos que salen de la bodega, pero sin duda el más conocido por todos es Viña Tondonia, que procede de la parcela del mismo nombre con una extensión aproximada de 100 Ha del total de 170 que posee la bodega.



Los cinco miembros de Vadebacus que acudimos a Haro, Rioja Alta en Logroño, pudimos disfrutar durante una jornada tan larga como enriquecedora de la pasión y el buen oficio de María José. Una visita privilegiada, en petit comité, la fortuna de tenerla para nosotros cinco y que consiguiera transmitirnos lo que significa el pasado, más de 130 años de bodega, para ella y para el gran equipo que forma la bodega. Más de sesenta trabajadores fijos más los eventuales todos al mando del trío de hermanos, descendientes de Rafael López de Heredia, que allá por el año 1875 se instaló en Haro y aprendió el oficio.


Cuenta María José que la tempranillo con la que se elaboran sus vinos tintos tiene carácter borgoñón, que las cepas tienen características muy similares con la Pinot Noir, y que esa bondad que se aprecia en sus vinos proviene de la frescura heredada de los Alsacianos que se instalaron en Burdeos y que más tarde dieron rienda suelta en la Rioja Alta.

Rafael López de Heredia, bisabuelo de María José, nació en Chile y estudió en Europa, se hizo un hueco como economista en el norte de España y tuvo la fortuna de ser asesorado en el arte de hacer vino. Siguió el consejo de los franceses y se hizo con un buen número de hectáreas y con tesón y esfuerzo consiguió construir el imperio que representa actualmente la bodega.

Su bisabuelo fue un emprendedor, construyó la bodega de forma casi visionaria, al más puro estilo Chateau. Las enormes tinas proceden de madera de diversos lugares. Todo se hace a mano por los maestros toneleros, el trabajo en la finca también es manual. Por poner un ejemplo las malas hierbas se quitan a mano.

Cuando María José nos va explicando la historia de su familia nos damos cuenta que su manera de trabajar no puede ser otra. La tradición vale más que cualquier otra cosa y ella está convencida de cada uno de sus pasos en la toma de decisiones, aún yendo a contracorriente, más allá de modas pasajeras. La fidelidad a sus orígenes se nota en la forma de explicarlos y nosotros escuchamos casi mudos porque cada minuto es como una clase magistral.


A medida que transcurren las explicaciones vamos pasando de una a otra estancia. Recorremos las enormes tinas donde llega el mosto una vez prensado para pasar a los largos túneles recubiertos de la bacteria penicillium que ayuda a preservar el ambiente y acompañar en las mejores condiciones a las barricas de roble donde pasan los vinos alrededor de 8 años aguardando los cuidados y mimos de la bodega. También llegamos a la estancia donde los maestros toneleros recuperan viejas barricas que con el paso de los años se resienten del uso prolongado y preparan alguna que otro tonel nuevo cuando es necesario. Antes salimos a ver el meandro del Ebro a su paso por Haro y la vista resulta espectacular con la finca Cubillo en la riba opuesta.



Ese vigor que transmite María José a lo largo de las horas se funde con sus explicaciones a medida que nos adentramos en lo más secreto de la bodega: la sala de las reliquias, con muchas de las botellas recubiertas de hongo y polvo, mimando el vidrio que contiene el preciado vino durante decenios. La vista es espectacular pero nada comparado con nuestro último destino: el cementerio privado. Pero esto requiere de un escrito a parte y será en la próxima entrada de nuestro compañero Carles Palahí. Magia y sorpresas en forma de cata es un breve adelanto.


Gracias María José por tu tiempo y por tu ilusión. Sabemos que el éxito está asegurado en un futuro por vuestra dedicación y esfuerzo, todos a una.



Nota: Todas las fotos son originales de Vadebacus.

13 comentarios:

Smiorgan dijo...

Viña Tondonia. No se por qué, pero siempre me ha resultado entrañable este vino. Igual porque es uno de los primeros buenos vinos que conocí.
En enero de este año descorché la última botella que me quedaba, un reserva de 1997. Estructurado, suave y elegante. Una delicia.
Me habeis dado una pizca de envidia, lo sepais.
Saludos.

CarlosGonzalez dijo...

Hola Smiorgan. Decirte que si con esta entrada te hemos despertado cierta "curiosidad" entonces espera a la traca final de próximas entradas. No adelanto nada más.
Y en cuanto a ese 97 decirte que son vinos casi eternos. Mejor no adelantar nada.
Saludos!
Carlos

Smiorgan dijo...

Y esta desaparición temporal del post? Un arrepentimiento momentáneo?
Creo que yo un pelín de "curiosidad" también os puedo despertar con el resumen de la última cata que ya he posteado, y con el de la última del año que será el día 12 y que ya subiré.
Saludos.

VadeBacus dijo...

Hola Smiorgan de nuevo. No, ayer tuvimos un problema con el enlace. No pude encontrar tu mail por ninguna parte para avisarte pero ya ves que está subsanado :).
Echaremos un vistazo a tu web, claro!
Saludos
Carlos

Nuria Gonzalez dijo...

Guapooos!!

CarlosGonzalez dijo...

Gracias por la parte que me toca ;)
Muac!

Oscar Gallifa dijo...

No creeis que junto a la cata con Dominic, en La Tena, ha sido la experiencia más suculenta de nuestra vida enófila...??

Impresionante hasta donde llega el poder de la citada bacteria penicillium, una generosa capa acolchada cubría al 100% todos los rincones de los "tétricos" pasadizos subterraneos.
Me quedó clarísimo que hay ciertas maneras de trabajar que sólo se consiguen cuando el savoir affaire sobrepasa el siglo de experiencia.

Muchas gracias Mª José (y familia) por tu tiempo y por seguir con la herencia que el abuelo dejó sobre vuestras espaldas.

Un abrazo

OG

PD: Nuria, gracias también, algunos no lo merecemos.. :-)

CarlosGonzalez dijo...

Cierto Oscar, pero te olvidas del periplo alemán, incluyendo la visita a Alex Barzen.

Antonio Sánchez dijo...

Por suerte para nosotros, cada vez son mas las grandes experiencias vividas en este gran mundo del vino, como bien dice Carlos, lo de la musela, lo de la borgoña, la maravillosa tena, Girona y sus reislins, etc. para mi la diferencia mas grande que encuentro entre viña tondonia y las demás es quizás la historia y la pasión con que la explicaba Maria José esa intensidad que ponía en cada palabra te hacia casi retroceder en el tiempo y comprender lo maravillosos que son sus vinos, por eso me uno a oscar y te doy las gracias Maria José por esta inolvidable visita.

Benjamín Berjón dijo...

Hola Carlos:

Sin duda una visita a López Heredia no puede dejarte indiferente, así sea el más Parkerista de los mortales, o el más clásico. Mi experiencia en esa bodega es sublime, Ma. José López Heredia es una anfitriona de primera, con letras mayúsculas, y sus vinos son punto y aparte, toda una experiencia. Por cierto ayer descorchamos un rosado del 95, y mira que por aquí no llega nada de eso, más que el Tondonia Tinto.

Saludos

VadeBacus dijo...

Hola Benjamín, un placer saludarte. Efectivamente es como dices,María José es una perfecta anfitriona. En unos dias publicaremos una cata especial en la bodega, esperamos que sea de vuestro agrado.
Un saludo
CarlosGonzalez

Pep T.M dijo...

Veo que por fin fuistéis a las Bodegas de López de Heredia!! Por lo que he leído os llevastéis una gran impresión, nosotros quedamos también muy satisfechos y sobretodo muy agradecidos al tiempo que nos dedicó Maria José, menuda máquina.
Saludos.

CarlosGonzalez dijo...

Hola Pep,en efecto una visita inolvidable y la compañía y dedicación perfecta.
Bones festes!