lunes, 23 de noviembre de 2009

Dr. Bürklin-Wolf y su Kirchenstück: la cata.



Y van tres.
Ya son tres las veces que nos hemos juntado unos cuantos forofos (¿y qué será que siempre nos vemos la cara los mismos?) alrededor de esa divinidad reencarnada en uva.
La primera sirvió para cotejar impresiones con el sumo hacedor, la segunda resultó esclarecedora y lúdica para con su origen y la tercera, la que ahora nos interesa, todo un compendio de añadas y sus resultados en el mejor viñedo del Palatinado (Die Pfalz) alemán y su bodega más loada: Kirchenstück y Dr. Bürklin-Wolf respectivamente

Con Vinialia al frente de la logística, por supuesto afinada en extremo, F. Michael Wöhr ofició de maestro de ceremonias en esta ocasión con trabajo extra como interprete por tener que traducir las estrictas explicaciones que Bettina Bürklin von Guradze (gerente y dueña de la bodega) iba argumentando al unísono que sus vinos aparecían en escena.

Para entender ese vino de pago hay que saber que, a diferencia de otras zonas vinícolas alemanas donde la pizarra es el mineral más común, el protagonista indiscutible en esta localización es el basalto, también de origen volcánico impregna con su inconfundible toque telúrico los vinos que allí germinan. Cierto volcán cercano (PechsteinKopf) se empeñó en escupir toneladas de material fulgente en dirección a la población de Forst, utilizando un angosto valle que hizo a su vez de conducto para la canalización de ésta en dirección a los pagos de Pechstein y Kirchenstück.
Los viñedos en esta zona germana poco tienen que ver con los, por ejemplo, empinados y casi escalables de la zona de Mosel. Más bien son (casi) planos, con muy poca inclinación pero con una extensión considerable dentro de la cual se dan grandes diferencias de composición geológica (no hay volcanes que rieguen a placer todos los pagos, por supuesto).
La “parcela de la iglesia” (Kirchenstück) tiene una extensión de 3,7 ha. y está compartida por 6 propietarios de los cuales Bürklin-Wolf es el que tiene la mejor parcela (sita en el corazón) con 0,55 ha. y una edad de las viñas alrededor de los 25 años.
Otro dato importante de este vino es que a partir de la cosecha 2005 se comienza a trabajar biodinámicamente y es en la cosecha de 2008 cuando ya se certifica como tal. Es el único en la parcela que intenta preservar el trabajo de la naturaleza, lejos de incluir cualquier aporte artificial. Visto lo visto las directrices tomadas por la bodega no son erróneas, los tres vinos catados posteriores a 2005 resultaron grandes ejemplos de conducta e interpretación varietal.



Dispuestos en la blanca mesa, preparados para ser catados (todos los vinos abiertos desde el día anterior y, algunos de ellos, decantados religiosamente esa misma mañana), esperaban los 8 vinos que formaban la primera alegría del día: una cata vertical con las últimas 8 añadas de Kirchenstück GG.

2007 fue el primero de la tanda. Como dijo el gran maestro, es en estos momentos un “embrión”, no se le ve (por lo menos yo) hasta donde puede llegar. La misma bodega dice que posiblemente sea el mejor de la historia, ya veremos.
Particularmente reconozco que todavía es demasiado joven pero presenta unas maneras muy bien definidas, con una fruta tan bien puesta y sostenida por esa mineralidad in crescendo que hace estremecerse. El final de boca tiene ese deje amargo de las pepitas y la piel de la uva al punto de madurez… ¡y qué acidez señores!

Una añada con mucha piedra la 2006 y no de basalto, sino de la que cae del cielo y hace menguar, en esta ocasión, a un 30% la producción… vamos un desastre.
Explotó en la copa comparado con el anterior bebé, ese año extra en botella junto a las diferencias lógicas que cada añada aporta al vino hizo que los toques de pegamento, los registros ahumados del basalto y la piel de cítrico seca se apoderaran rápidamente de todo aquel que osaba olerlo.
Algo más alcohólico en boca, menos seco también pero con una longitud brutal y una acidez muy bien puesta.

Otra añada de las “grandes” en la copa, 2005, efectivamente menos abrupta que la anterior: también con mucho de todo pero mejor puesto, más equilibrado en todos los sentidos.
Los cítricos ganaban la partida junto con un boyante basalto que le daba la mano diciendo “vamos a pasear juntos”. Ganó presencia e incluso un ligero recuerdo mentolado (hierba luisa, verbena).
Vivo en boca, aunque algo descarnado, con no tanto peso como otros. Muy largo y con tostados al retro, dejando una sensación de placidez, equilibrio y homogeneidad atroz en boca.

¡Con 2004 y 2003 hemos topado! Dos añadas complicadas para la viña alemana. La primera por la paliza recibida el año anterior, en 2003, el año de la canícula desproporcionada.
Pese a todo este 2004 no me pareció el peor de los que he probado, bastante cerrado y hermético, nada que una buena dosis de copa no pueda solucionar. La fruta es diferente, más verde, menos madura, con rastros de herbáceos que recuerdan demasiado a la uva verde o a su madera.
La boca en cambio me pareció más correcta, con muy rica acidez y unos amargos casi controlados.
2003 come aparte, la fruta es tremendamente madura con claros aromas de gominolas cítricas (hay quien dijo que olía a Fanta de limón sin gas) y donde mi humilde apéndice nasal detectó hasta algún rastro de tomate Raff. En boca algo alcohólico y mermado de la chispa vibrante que tenían el resto. Al final del trago aparecen ciertas hierbas medicinales que me dejan especular sobre una rápida evolución en vidrio.

Ahora si, con 2002 vimos lo que este pago puede llegar a dar cuando se junta el tiempo justo de botella y una analítica pareja de acidez y residual. No es la primera vez que lo catamos así que ya sabíamos que el listón estaba alto… la fruta “al punto”, el típico aroma del basalto (azúcar moreno quemado) se podía palpar con la punta de la nariz, camaleónico en la copa.
Después de un paso por boca de puro equilibrio deja una sensación ácida y punzante que provoca serias reacciones en el cuerpo, ante todo dependencia, yonkis todos. El mejor.

Normalmente con los 2001 no tengo problemas, al contrario, es una añada que me tira por su mineralidad y fina acidez. No en este caso, se me presentó demasiado raro… rastros de una humedad peligrosa y una maduración escasa. La boca con buena acidez y consistencia pero no acabó de “entrarme”.

Loada por muchos la última añada de la vertical, la 1998, marcaba su edad ante todo. Terciarios en forma de pegamento, algo de fuel y mucha fruta madurita salían por la copa. El cítrico y las flores blancas ganaban en persistencia a cada golpe de Mikasa.
Denso en boca, untuoso y con ese retro de medicina que dejan los evolucionados. Rico.



Acabados de evaluar los 8 primeros vinos pudimos disfrutar de un veterano de guerra, Kirchenstück Auslese 1971, catado recientemente por estos lares. Una mejor botella que la saboreada hace unos días nos mostró la hechura de antaño en los vinos alemanes, todavía con una buena dosis de residual y un profundo toque mineral que surge de sus entrañas. Impresionante principio de edad…sin palabras.
A esas alturas de la tarde y con la ingesta de vino que llevábamos (¿quien osa escupir tan magnos elixires?), nos sirvió de muleta para calzarnos el almuerzo que se nos presentaba.

He de decir que en esta ocasión el material sólido estuvo a la altura del líquido. El restaurante Peixample proporcionó, siempre con el beneplácito y pulcritud de Vinialia sobrevolando la organización, un magnífico menú a medida de los vinos que se iban a tomar:

Gaisböhl GC 2001 con tostadas de tomate y cebolla caramelizada y langostino de la Rápita crudo

Jesuitengarten GC 2003 Tonel #63 (impresionante este vino) acompañando unos pequeños calçots asados con berenjena y queso provolone.

Pechstein GC 1999 Tonel #63, brutal con la presa de cerdo ibérico (al punto, como mandan los cánones de todo ibérico cocinado) y puré de patatas con queso fundido.

Kirchenstück GC 2002 arropado por un rodaballo salvaje acompañado de una montaña de (demasiado oloroso) arroz con eneldo.

La parte final del ágape fue la traca definitiva, dos postres muy dignos.
Primero apareció en escena una copa de helado de frambuesa acompañada de pomelo y fresas con un viejo conocido, Pechstein Auslese “R” 1989 (a mi entender este vino es como es, mejor probarlo y opinar con conocimiento de causa).
Después el último postre, a palo seco, a pelo, Kirchenstück TBA 1994 (decir Trockenbeerenauslese resulta cansino y casi fatigoso…). A los amantes de los datos analíticos decirles que con 15 años en la espalda, 227 gr. de azúcar residual y 15 gr/l de acidez tartárica está en una etapa de su vida pletórica. Al principio me pregunté el porqué de su fuerte color ambarino, si como vino todopoderoso que es ¡debería tener más vida que el propio Matusalén! La solución al enigma estaba en la boca: todavía tengo el pelo erizado de la tremenda sensación táctil de su recorrido y su orgásmico final.



Conclusiones:

Efectivamente, Kirchenstück es para mí el mejor pago de la zona de Palatinado. Es el más elegante, el que mejor reproduce los valores de su particular terroir a través de la variedad riesling, pero… el factor añada es demasiado notable en este vino, demasiadas diferencias entre una y otra, para lo bueno y lo malo.
Por otro lado, el precio tampoco acompaña demasiado pero, ya se sabe: no hay duros a cuatro pesetas

8 comentarios:

Olaf dijo...

Suena a magnífica cata. Enhorabuena y gracias por compartir.

¿Te puedes creer que en las tiendas de por aqui no he visto ni una sola botella de Kirchenstück de BW? Y de la bodega tampoco he visto mucho. En el aeropuerto en el bar donde suelo esperar a embarcar tienen el Rupertsberger y en el Karstadt tienen os básicos. No se, o los alemanes roñicas no son muy amigos de los precios de estos vinos, o es que llega muy poco y desaparece rápido.
Saludos
Olaf

Oscar Gallifa dijo...

Es complicado, Olaf, sino imposible condensar lo allí vivido y probado... lleva unas horas el condensar eso en una entrada de blog pero, como bien dices, espero que sirva para informar y saber más del tema que tanto nos gusta a algunos, la riesling.

Los que hicimos esa cata creo que podemos "vacilar" de tener hecho un master, con diploma y bolígrafo incluido, sobre ese pago: Kirchenstück.

Si que resulta curioso que estos vinos no se vean por allí, al fin y al cabo son grandes marcas, un poco caras, pero realmente muy conocidas... quizá si que son un poco rácanos y prefieren exportarlos y darles salida por aquí (que por mi fantástico!! :-))


Un abrazo

OG

Carlos Palahí dijo...

Por alusiones, pues yo también tuve el privilegio de participar en esta cata.
Cuanto más perfecciono mi conocimiento de los vinos en general y de los alemanes en particular más profundizo en mi ignorancia. Fue otra clase magistral con explicaciones milimétricas de lo que allí se 'cocinaba'.

Por cierto. El próximo bolígrafo que sea con 'estrellita blanca' en uno de sus extremos :-)

Un efusivo abrazo para todos.

Oscar Gallifa dijo...

Me uno a la propuesta sobre lo del bolígrafo!

Una suerte el poder asistir a esas catas, no hay nada comparable a Michael dando explicaciones claras y concisas sobre cualquier tipo de detalle, hasta de feromonas entiende el amigo.

Ya estoy soñando con la siguiente.


OG

EuSaenz dijo...

Buen resumen, chicos.

Creo que más o menos estamos de acuerdo en las añadas. Este vino es en mi opinión muy permeable a la añada y hay muchas diferencias entre ellas, el 2002 es muy grande y por ejemplo 2004 o 2006 no me dijeron gran cosa. En secos, me quedo con el Hermannshöhle de Dönnhoff, su regularidad es mayor y el precio, algo menor..

Los dulces y eso que no son el fuerte de la bodega, tremendos y en especial la botella de Al 71 que nos tocó amén de ese imposible TBA 94, auqnue si os digo la verdad me impresionó más el Pechstein TBA 2007 que probamos en Gerona.

En fin que gran cata y que lo pasamos muy bien, a ver si preparo una crónica para la semana que viene, aunque ando muy liado de catas, esta tarde tengo de hecho una vertical de Gimonnet Special Club.

Saludos y hasta la próxima,
Eugenio.

Oscar Gallifa dijo...

Eugenio,

Si te sirve de consuelo yo también prefiero el Pechstein TBA ´07 de la presentación de Girona... la pregunta es: ¿ese 2007 como estará en 2022? algo me dice que los dulces de Palatinado tienden a envejecer rapidito.
Es cierto que el Au ´71 estaba tremendo (por suerte me tocó la misma botella :-)), pero quizá la hechura es diferente (¿?).

Y que vida la tuya amigo, de cata en cata y cato porque me toca!

Saludos y hasta la próxima.

OG

EuSaenz dijo...

Hombre, no me importaría poder comprobarlo, es probable que sigan por caminos parecidos, pero vaya Vd a saber...

El AL 71 muy diferente al TBA, pero me encantó su equilibrio y su bouquet.

Lo de Gimonnet algo decepcionante, solo 95 y 96 estuvieron a verdadera altura, 2000 muy joven, 99 un poco entre mundos, 98 demasiado maduro y 90 ligeramente decepcionante.

Seguiremos descorchando...

Saludos,
Eugenio.

VadeBacus dijo...

Personalmente consideré justo otorgarle, a ese Pechstein TBA 2007 me refiero, el premio al mejor riesling de Girona (con permiso de un Grans-Fassian ´01 que también se las traía). Es un prodigio de emociones, todas parejas y con un nivelazo desorbitante!


En eso estamos Eugenio, en seguir probando... :-))


Un abrazo.

OG