lunes, 30 de noviembre de 2009

Corcho& Cork& Suro


El artículo que hoy les propongo no pretende ser un extracto erudito de la historia de una pequeña población del bajo Ampurdán, en pleno corazón de la Costa Brava, cuna de mis ancestros y forjadora de mi infancia.

Palafrugell . Sólo la pronunciación de la palabra me transporta a una perdida juventud llena de sensaciones y recuerdos. Cuando de muy niño nos apeábamos de la Sarfa, esa compañía de autocares de línea que algunos denominaban la ‘Farsa’, la primera impresión recibida era, ya una vez traspuesta la estación de autobuses de Palafrugell, un fuerte olor que nunca ya se olvida a matriz de corcho recién cortado y toda una gama de barnices que se utilizan para su posterior tratamiento.

Era una experiencia que siempre se repetía cuando una vez al mes nos trasladábamos con mi familia a Palafrugell para visitar a mis abuelos paternos. Un no sé qué de euforia se apoderaba de mi cada vez que olía este ‘perfume’ a corcho que flotaba como una niebla invisible por toda la población. En invierno con el frío se acentuaba esa exaltación de la pituitaria que se transformaba en aguijones imperceptibles cuando soplaba la tramontana.

Cuando en el recorrido hacia la casa familiar situada en un extremo de la ‘Plaça de can Prats’, en una esquina entre el ‘carrer de la Taronjeta’ y el ‘carrer de la Lluna’,cruzábamos las instalaciones, hoy vacías, de la fábrica Armstrong era una placer infinito el sentir esa ‘fragancia’ ahora pletórica y cargada de matices que proporcionaba un éxtasis parecido a la cola inhalada en cada bocanada de aire.


Y es que la historia de Palafrugell es pareja al auge, esplendor y posterior caída de este noble material, el corcho, indispensable todavía, hoy por hoy, en el cerramiento de vinos, cavas y champagnes, amén de otros muchos usos.

Ya mucho antes de la llamada ‘guerra del francés’, en el siglo XVIII, la industria del corcho había ido aumentando progresivamente en toda la comarca y más en concreto en Palafrugell. El corcho, denominado ‘suro’ en catalán era extraido de la corteza de los alcornoques, ‘alzines sureres’ o ‘Quercus suber’, que crecen en las vecinas 'Gavarres', la pequeña sierra litoral que delimita las comarcas del Gironés y del Ampurdán, de Girona hasta Palamós pasando por la Bisbal. Mención aparte sería contarles las excursiones y paseos a través de árboles con la corteza arrancada desde su base y que necesitan de 7 a 9 años para su posterior desarrollo y plena recuperación.

De una fabricación artesanal se había ido transformando esta actividad en una verdadera industria dedicada a la fabricación de tapones de corcho, ‘taps de suro’ con acento especial para los indicados en la industria del champagne y los espumosos.

Paralela a la actividad industrial se desarrollaron todo tipo de sociedades, unas de inspiración cooperativista, sindical y política y otras de corte lúdico o cultural. Así nacieron las primeras sociedades gastronómicas que hoy todavía perduran con arraigo en la población ampurdanesa.


Una de las fábricas más importantes fue la Armstrong formada en 1.900 por Joan Miquel y los alemanes Enrique Vinke y Paul Meyer. En su apogeo compraron también la fábrica Trefinos que la convirtieron en filial de la Compañía. A la crisis de las Dos Guerras Mundiales se suman etapas de expansión, primero en Extremadura y Portugal, luego en la vecina Marruecos y finalmente en estados Unidos. La búsqueda de materia prima fue lo que dio lugar a la dispersión de la Industria del corcho en los nuevos mercados emergentes que a la postre, como ha sucedido con el Textil, se ha comido casi todo el pastel.

Historias contadas por mi abuelo y mi padre a la luz de una chimenea con olor a madera de alcornoque explican situaciones impensables en una época de hambre y miseria en el resto de nuestra ajada 'piel de toro'. Relatos de cómo corrian los mejores caldos y las mejores añadas de míticos champagnes en manos de obreros y patrones en fiestas que se celebraban a la luz de la luna en barracas a pie de acantilado con las olas del mar como sinfonía de fondo o a pie de viña, porque también se cultivaba vino para consumo propio en la comarca.

En la época dorada la figura de representante comercial circunvalaba el globo llevando consigo una cartera llena de tapones de corcho para un sinfín de aplicaciones que hoy en día han quedado reducidas, por suerte y todavía, a la cultura del vino.

La globalización también se ha cebado en la Industria del Corcho. Palafrugell, reconvertida en capital de turismo de clase, también dedica un apartado productivo a lo que le dio la fama. Unas veinte empresas continúan con la herencia tradicional de la fabricación de manufacturados derivados del corcho y una tercera parte a su gran estrella, los tapones técnicos para el mercado del vino: Trefinos (vinculada a Augusta Cork), Bon Tap, Imperial Cork (a Vulpellac), Francisco Sagrera, Tapones y especialidades, Pedro Ferrer, J.Vigas, Industrias Geyru, Joaquim Esteva, y algunas más que me dejo en el tintero.


Vale la pena detenerse en esta Vila de Palafrugell fuera de los agobiantes meses de estío y caminar por lo que eran sus antiguas fábricas de tapones y evocar la nostalgia de un tiempo pasado que sabe a rancia gloria y enmohecido papel ‘couché’ en blanco y negro.No dejen de acudir a su estupendo museo donde aprehender ese capítulo de historia que por supuesto no cabe entero en un Blog. Y por favor cuando se dispongan ante una botella de buen vino, cava o champagne piensen en ese pedazo de mundo que se abre cuando se descorcha. Por mi parte yo los sigo coleccionando.

P.D. Las fotos son originales de Pedro Palahí Bach-Esteve, abuelo de quien escribe. El archivo está depositado en el Ayuntamiento de Palafrugell.

4 comentarios:

Oscar Gallifa dijo...

Una entrada muy trabajada, se nota que la tierra tira. Casi pareces autóctono del lugar.

Saludos

OG

PD: Cierto es que mis fotos distan mucho de ser perfectas, pero para una que hago (y que me sale medio chula) eso de encolomarle el copyright a tu estimado abuelo, como que no... :-P

Carlos Palahí dijo...

Cierto Oscar.
El archivo gráfico es una parte importante de Vadebacus y mejorando lo presente he creido conveniente echar mano de algunas instáneas captadas por mi abuelo que recientemente ya fueron expuestas en una retrospectiva que se hizo en uno de los almacenes del 'museo del suro'de Palafrugell.

Un saludo.

Smiorgan dijo...

Bonito post, Carlos. Ahora que se debate en algunos sitios sobre tapones de rosca, corchos sintéticos y demás, no está de más hablar del viejo y buen corcho.
Saludos.

Carlos Palahí dijo...

Gracias Smiorgan.
Conste que no soy de los que creen que cualquier pasado fue mejor y sí, si creo en la tecnología y la ciencia aplicada...Pero también pienso que nunca es bueno cortar las raices del arbol que crece en nuestro jardín.

La historia, la tradición y los 'viejos' valores aplicados a la industria del vino nos muestran el camino a seguir si la calidad se corresponde; y los atajos a descartar sólo conducen a callejones sin salida.
Muchas veces esa modernidad mal entendida, despreciando lo viejo por tradicional, va de cara al fracaso.
Y en los tapones, pues más de lo mismo. Mucho invento y vuelta siempre a los orígenes, el sufrido corcho.
Amen.
Saludos.