lunes, 12 de octubre de 2009

A lomos de Rocinante...

“En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero olvidarme, no ha mucho tiempo dejé a un hidalgo de los de espumadera reluciente, delantal de recambio, asno tranquilo y perdiguero cazador. Muchas ollas de algo más cordero que ternera, gachas las más noches, pisto y salmorejo los sábados, alubias con perdiz los viernes, alguna liebre de añadidura los domingos consumían las tres partes de su restaurante”.


Imposible será para mi pituitaria olvidar el día que pasé en la Mancha, a caballo entre Toledo y Cuenca, entre El Toboso y Mota del Cuervo.
Benito es una persona que vive por y para su restaurante. Y mucho ojo, no quiere decir eso que descuide otros aspectos de su vida pues demostrado quedó que su otro “vicio” lo controla muy bien: las paredes de su santuario gastronómico lucen los trofeos de multitud de fructíferas cacerías.
Regenta junto a su familia un discreto pero fascinante restaurante en la localidad de El Toboso, último bastión de la provincia de Toledo, patria de Doña Dulcinea (seguro que si está pudiera no dejaría de ir a probar el pisto de Benito). Allí se encuentra uno como en su casa, rodeado, eso sí, de platillos y manjares que acaban por abrumar al comensal más recatado. La materia prima que allí se sirve brilla con luz propia, todo fresco, con esa garantía que sólo los productos de casa, recolectados, seleccionados y tratados por el dueño saben dar al que tiene el placer de probarlos.
Impresionante el pisto manchego (perdón por repetirme tanto pero ¡eso ha de quedar claro!), el salmorejo, el arroz con gallo de corral, las anaranjadas gachas, el atascaburras todoseño, la sopa de puchero y tantas otras cosas que mi desmemoriada cabeza es incapaz de recordar… cuidado con los postres, más de lo mismo.

Supongo os preguntareis cómo diantre encontré yo un sitio así en El Toboso… pues resulta fácil si se tiene de guía y procurador a Samuel Cano. Gracias a él, y a sus magníficos acompañantes, pude disfrutar como pocos de un almuerzo maravilloso en perfecta compañía, inmejorable se podría decir.
Un último apunte al tema, imaginaos por la cantidad de platos servidos la cantidad de botellas que circularon… daría para otro post mucho más extenso.

Como quedaba mucha tarde por delante y se terció un pequeño descanso antes de visitar la bodega donde se elabora nuestro ya conocido El Patio, se aprovechó para poder disfrutar de uno de los iconos más singulares de Mota del Cuervo. Se trata de sus siete molinos de viento, todos ellos en perfecto estado, incluso uno de ellos rehabilitado para crear un museo en su interior y poder así ser visitado a cambio de un voluntario donativo.


Una vez en la bodega el tiempo pasó rápido, tanto por las dimensiones de esta como por el enfrascamiento al que nos sumimos tanto Samuel como un servidor. Una buena ristra de barricas esperaban deseosas de ser catadas, todas ellas con diferente varietal en su interior, casi al punto de pasar a la siguiente fase de su vida: la botella (por cierto, a mi parecer muy bonita y original).
Me voy a callar los detalles de lo allí probado por si Samuel se quiere guardar algún as en la manga, pero a grandes rasgos decir que la calidad de las variedades que allí probé distaban muuuucho del resto de ejemplos que se dan por la zona. Eso sí, a la contra de lo que el bodeguero piensa del tempranillo allí recolectado -y criado- a mí me pareció una uva muy a tener en cuenta, sin grandes opulencias ni falsas apariencias, se muestra tal y como es, con una boca muy comedida (tímido, poco amplio si se compara con las castas foráneas tan resultonas) haciendo el mejor uso de su autóctona creación.

Allí, en la base de uno de esos gigantes que algún día el viento hizo trabajar, no dejaba de pensar en que si algún hidalgo fuese capaz de hincar estoque a esas grandes aspas no sólo perdería la batalla, sino que además se las tendría que ver con Benito y Samuel, acérrimos defensores de su tierra natal.

8 comentarios:

Adictos a la Lujuria dijo...

Hola Oscar.

Con razón no sabíamos nada de ti estabas de aventuras caballerescas por tierras manchegas conociendo ese Patio que por cierto tengo pendiente y que en breve mostraremos por la ventana de la lujuria.

Saludos

Oscar Gallifa dijo...

A la contra de lo que mucha gente cree, David, la Mancha es un paisaje cambiante, diversificado y con una calidad humana que muchos deberiamos tener como referencia.

Seguro que si te decides a pisar esas llanuras no saldrás defraudado de lo que allí encuentres.
Eso sí, no dejes de pasar por el restaurante El Toboso y saludar a Benito de mi parte, seguro te tratará magníficamente.

Un abrazo.

OG

SIBARITASTUR dijo...

Con semejante cicerone no podia ser menos que especial.
Yo tambien tuve el placer de comer ahí con Samuel, guardo un recuerdo gratísimo.
Y conocer a Samuel, sus viñas, su bodega ha sido un placer. Tuve la suerte de probar barricas sin hacer aún la maleoláctica y a pesar de esas acideces se notaban mimbres de futuro. tengo ganas de probar esos 2008, en especial la airen, que ya sin completar su eleboración apuntaba posibilidades.

Oscar Gallifa dijo...

Algo me comentaron Jorge sobre eso, sobre que te me habías adelantado por aquellas tierras.. :-))

Esas barricas que tu probastes deben ser las mismas que las mías, vamos, digo yo! Otro día ya entraremos en detalles más precisos y opiniones si te parece (demos tiempo a que la cosecha salga al mercado y entonces se verá).

Benito y Samuel, menuda pareja de manchegos ¡pardiez!


OG

Adictos a la Lujuria dijo...

Estoy convencido que las tierras manchegas me sorprenderían y más si paro en El Toboso.

Saludos

Oscar Gallifa dijo...

Y lo que llega a cundir el viaje David!

Yo estuve en total unas 18h, por supuesto con la familia al completo y la casa metida dentro del coche, y gracias a mis guías pude hacer todo lo que hice.
Si vas no dudes en programarte el tiempo y las visitas, serás recompensado con una visión extra de lo que allí se cuece (nunca mejor dicho!:-))

Yo, por poco que pueda, ¡vuelvo a la de ya!

OG

samuel cano dijo...

Si,si, pero el tio no dice ni mu de como se llevó el coche. Seguro que los vampiros no le mordieron en todo el camino, jejeje.

Fue un dia corto pero genial Oscar y tus niñas son la leche, como se lo pasaron con los burros de Benito y con las gallinas.

Estubo muy bien, que pena que fuese tan corto. A ver si la proxima puede ser más completa y con visitas a más parcelas.

Salud y buen vino.

Oscar Gallifa dijo...

Obviaba el tema del coche casi por vergüenza Samuel...:-)) Mira que avisé a mi hija de que no abriese el maletero bajo ningún concepto.. pues nada, cuando aparqué el coche en casa fue lo primero que hizo... ¡todavía estoy recogiendo ajos y vino del suelo!

Ya me estoy planteando volver el año que viene, tanta selección gastronómica no puede caer en el olvido. Como sea así, que se prepare el burro, las gallinas y la cocinera de El Toboso!!

Un fuerte abrazo para ti y otro para Benito.

OG