lunes, 19 de octubre de 2009

El caballo de Burdeos



Hablar de Burdeos en un Blog sin focalizar el tema es como querer vendimiar una temporada en un solo día. Es decir, imposible. Tampoco es cuestión de explicar aquí las infinitas clasificaciones y subdenominaciones reconocidas según se encuentre cada parcela a uno u otro lado de los ríos Dordoña y Garona que atraviesan esta vasta región del Sudoeste de Francia; ni las divisiones y discusiones centenarias acerca de los mejores pagos ni la lista de los considerados Premier Grand Cru Classé A, B o C…

El tema es mucho más sencillo aunque no menos pretencioso. De lo que se trata es sentar las bases de un vino reconocible entre las más por una de sus características que a mi modo de ver enmarcan ese “Serengueti” francés, cuna de los mejores vinos del mundo, no sólo del país vecino.

La pregunta es: ¿a qué sabe un vino básico de Burdeos? Para ello echo el guante a dos vinos de base, de elaboración tradicional, de producción artesanal y de cosechas anteriores al milenio. No vale en este caso presentar un vino joven porque una de las calidades reconocibles en la vasta región de Burdeos es que el vino necesita madurar una larga temporada en botella. La longevidad dependerá también de otros muchos factores pero es una razón innegable –a pesar de la corriente Parker- al mismo tiempo que la añada, otra de las variables que también alteran el producto final.

Así nos encontramos con un Chateau Haut-Sorillon ,apellation Bordeaux Superior, de 1999 de Vignobles Rousseau, establecido a Abzac, municipio de la región de Aquitaine en el departamento de Gironde.


Laurent Rousseau y un servidor se conocieron de la manera más casual, como siempre suele suceder. Su familia detenta una propiedad en Egat, municipio cercano a Font Romeu, en el Pirineo de la Cerdanya francesa, única población con una infraestructura digna de venta vinícola. Imagínense ustedes: yo botella en mano delante del propietario en el mismo establecimiento de venta. Fue un flash con intercambio propio de ideas entre dos amantes a uno y otro lado de la frontera natural que separa a un consumidor con ganas de aprender y un productor con aspiraciones de vender. Fue un chispazo natural, como un relámpago en una tormenta. En pocos minutos me relató su vida, sus cuitas y sus desvelos y noches de insomnio por la reciente cosecha que maduraba en su Gironda natal. Algo propio de todos los viticultores que día a día cuidan la cepa que les alimenta.

La primera impresión es cien por cien cárnica, sudor de caballo desbocado; para nada pura sangre, más bien percherón y con los aperos propios de labranza. Pero al fin y al cabo es opulento, cárnico y con ese retrogusto a cuero viejo muy propio de los mejores caldos de la zona aunque con un cierto toque desafinado propio de la rusticidad del producto. Que más se puede pedir por menos de diez euros…

Segunda aproximación. Château du Berneuilh 1995, apellation Bordeaux contrôlée, "mis en bouteille a la propietée". En este caso E. Noriega regenta su château en la población de Arbis, también en la región de Aquitaine, en el departamento de la Gironde.


Curioso también como comercializa exclusivamente su producto a través de mercados ambulantes; uno de ellos en la alejada Bretaña, patria de los irreductibles Astérix y Obélix. Su razón de ser porque de vez en cuando decide ampliar mercado aventurándose casi como titiritero por los caminos de la Francia profunda.

Resulta casi una experiencia religiosa. Mucho más redondo que el anterior, con rastro de frutas maduras envueltas en hinojo y lavanda, y los rasgos típicos de sudor de caballo, esta vez mucho más sutiles pero a la vez presentes, y un cuero viejo y madera mejor tratada. Un rasgo aún más a valorar: persiste en el tiempo sin desfallecer. Y todo ello por poco más de diez euros.

Conclusiones. En los dos el terroir está muy presente. La longevidad en botella es casi imprescindible. Y el aroma cárnico y a cuero usado combina en mayor o menor medida con una tenue sensación a frutillos rojos de bosque húmedo y atlántico que sellan el conjunto.

Da la impresión que el tiempo se detiene y late con un ritmo más lento en las Bodegas de de los chateaux de Burdeos, muy lejos de la aceleración que imprime nuestra ajetreada vida diaria. Vale la pena parar nuestro reloj y detenernos sin prisa en ese elixir muy propio de la tierra de Burdeos. Y es que para beber agua hay que bajar al río. ¿Gustan ustedes?

4 comentarios:

CarlosGonzalez dijo...

Si tú me dices baja lo dejo todo.
Cada vez más me tiran ese tipo de vinos, cada vez que abro una botella con vosotros me convence más la idea de que están en otro mundo.
Eres un pozo de sorpresas mi querido amigo.
Un abrazo

Jose Iturrieta dijo...

Este verano estuvimos en St. Emilion y disfrutamos de la singularidad de su paisaje y la calidad de sus vinos. Entre ellos probamos Chateau Gaillard que nos soprendió por su cuerpo y su sabor afrutado bien ensamblado con los tostados de su crianza. Más nos sorprendió su precio, 24 eur la botella.
Os recomendamos también chateau la thuiliere...un alojamiento excepcional y singular que fue nuestra base para las visitas a St. Emilion y Burdeos.

Carlos Palahí dijo...

Querido amigo, el placer es mío al compartir con vosotros el disfrute de todas esas catas donde evolucionamos cuerpo y espíritu.

Habrá que ir renovando esos votos en ocasión de ese aniversario que supone llegar a la cuarentena:-)

Un fuerte abrazo.

Carlos Palahí dijo...

Bienvenido José y caray!!! que envidia me das.
Lo tuyo es visitar la "Meca" y besar el Santo. Sin duda vale la pena recorrer aquellos lugares bajo la lupa de alguna recomendación amiga pues perderse es muy fácil.
Burdeos es un puzle tan grande que que es mejor descubrir de antemano dónde lanzamos nuestra diana si nos proponemos la aventura de hacerle una visita.

No me señalas de que añada era el vino que produce Vincent Girault aunque creo que le da mucha importancia a la factura ecológica.

Saludos.