lunes, 17 de agosto de 2009

Tinto de verano



La sombrilla

El aeropuerto de Palma de Mallorca es uno más de los muchísimos estereotipos de contenedores humanos que pululan por todo nuestro moderno mundo globalizado. En ellos aparte de perder la noción del tiempo –este se alarga en un espacio atemporal y ajeno al mundo exterior- uno tiene la sensación de ser una hormiguita más del inmenso engranaje que rige este grandioso mausoleo donde la abeja reina viste siempre de uniforme.

La historia aquí contada puede parecer exagerada pero juro que es real y muy próxima. Si se publicara en un rotativo aparecerían decenas de casos similares que por anónimos han pasado por la criba de la discreción más absoluta.
Todo empieza por una víspera cualquiera ante la perspectiva, en este caso, de un regreso de unas cortas vacaciones en la mayor de las Islas baleares, mucho antes de los dramáticos episodios que sacudieron los titulares de los medios de comunicación y que son carne de cañón recurrente a lo largo de este verano.

Esto sucedió antes que finalizara la segunda quincena del mes de Julio. Dos obsesiones: empaquetar unas cuantas botellas de vino Anima Negra negociadas a buen precio en Felanitx y otra la de no sobrepasar el cupo de ensaimadas que por cosas del destino también viajan aparte en según qué líneas aéreas.
Y en el último momento, antes de cerrar la puerta de la habitación del magnífico hotel con vistas a la bahía de Portocolom, una furtiva mirada hacia atrás para darme cuenta que nos dejábamos la sombrilla comprada días atrás para mitigar los calores –hasta 45 grados- de la ola africana que abrazó la Isla.

-¡Caramba! Nos dejábamos la sombrilla….

Entonces no sabía que esta frase nos iba a traer cola. Mejor hubiera sido pasar de largo pero el destino siempre reserva sus sorpresas para el momento menos pensado.
En el mostrador de facturación una señorita vestida de un rojo pimentón murciano con una sonrisa estudiada para repeler cualquier contraataque nos dice que la sombrilla no puede ir adosada a ninguna de las maletas y que debe viajar bajo nuestra propia tutela. Lo demás sin problemas.

Tras recorrer los meandros del control policial y llegado a la puerta donde siempre que cruzo suena un chivato debido al metal de mi dentadura – ni que fuera el Tiburón de alguna de las viejas películas de James Bond- un amable funcionario exclama:

-¡Alto ahí! La sombrilla no puede pasar, caballero…
-¡Cáspita! ¿Y dónde está el caballo?

Bueno. Me informo que es un objeto punzante y por lo tanto susceptible de causar alguna desgracia y que por ello es necesario que me dirija a la puerta 738 para facturar mi sombrilla como material peligroso y de alto riesgo.

En la susodicha puerta…que casualidad. Otro simpático personaje –uniformado por supuesto-me informa que a las once de la noche se cierra la taquilla. Le digo que todavía falta una hora a lo que ya a voz de grito –como si fuera duro de oído- me dice que una equivocación la tiene cualquiera y que donde dije digo quise decir Diego.
Vale. Ahora toca caminar hacia el otro extremo y encontrar la gate 138 que por suerte permanece abierta. Otro buen señor con la gorra encima de la mesa me indica que no se puede facturar si no hay etiqueta con código de marras de la compañía aérea en que viajo.

Ahí ya cuento hasta 30 y unas cuantas respiraciones para bajar mis pulsaciones que se habían disparado. Vuelvo al punto de partida. Parece uno de los Procesos de Kafka que tanto me impactaron en las lecturas de mi lejana adolescencia. La misma señorita me mira de soslayo de arriba abajo como si fuera un espectro a punto de lanzarle un oscuro conjuro. Al final es el supervisor que soluciona el entuerto porque los seis euros que me había costado la sombrilla de mis amores estaban a punto de costarme un disgusto.

Finalmente en la puerta 138 consigo al fin despedirme de mi sombrilla no sin alguna lágrima porque ya le había cogido cariño. Tres cuartos de hora más tarde aparezco como un héroe que se ha cepillado a los villanos ante mi atribulada familia.
Ya entrada la madrugada y a solas con mi mujer en el hogar conyugal decidimos comernos parte de una ensaimada de chocolate regada con un Eiswein 2004 de Barzen para sosegar el ánimo movido por tanto ajetreo.

¡Feliz verano a todos!


wine2

8 comentarios:

SIBARITASTUR dijo...

supongo que tendría cierto valor sentimental pero por una sombrilla de 6 € pasaste todo eso?. Yo se la dejo al poli alli y que se arregle con ella, como si la pone dentro de un daikiri.

Carlos Palahí dijo...

Ja,ja,ja...Sibaritas.

El 99 por ciento de los casos uno reaccionaría así como dices pero el que nos ocupa me pilló en un momento de flojera...mental.

Las experiencias contadas son una cosa y vivirlas de primera mano otra muy distinta.

En fin. Que el cuento es una metáfora real de los jardines y laberintos en los cuales los humanos solemos entrar de cuatro patas.

Perdón por la cursilada que a tenor del calor estival parece que sólo ataca a mis neuronas.

Saludos.

C.P.

Viñedo Bosco dijo...

"objeto punzante y por lo tanto susceptible de causar alguna desgracia"
¿Están bromeando? Los terroristas son ingeniosos pero no creo que se pongan muy creativos con una sombrilla =D
¡Vaya aventura!
¡Feliz verano para ti tambien!

Un petó, dos petons, tres petons... dijo...

Pues yo acabo de llegar de Salou, he pasado toda la mañana con dos crios de menos de diez años en la playa, mi suegra, mi cuñada - que es una señora de 40 años con cierto retraso, pero encantadora - y luego me he ido a comer con ellos a un chiringuito, y me he bebido una jarra entera de tonto de verano con gaseosa - pa alegrarme un poco.
Para aventuras las mias!!!
jajajaja, sin menospreciar eso si!!!
tb llevábamos sombrilla , insulina, jeringuillas, tablas insulínicas, crema de factor 30, dos libros de Manolito el gafotas, seis palas de volei playa, cuaro pelotas tamaños diversos y cuatro bocatas de tortilla.
¿Alguien da más?

Carlos Palahí dijo...

Viva la Familia Ulises al completo!

Aquí estoy yo en la montaña acariciando alguna que otra tormenta de verano...
Hoy le he quitado el gollete a un Cotes du Rhone para saborear la garnacha francesa :-)

Un "petó" molt molt fort a tuti pleni.

C.P.

Carlos Palahí dijo...

Bienvenido ViñedoBosco.

Aseguro que el objeto punzante no era ni la lengua ni algún que otro apéndice susceptible de atraer la atención de los servicios de seguridad...
:-)
El humor es la mejor terapia para superar "contratiempos".

Brindo por vosotros y os deseo larga vida en la blogosfera!

C.P.

Allan Gaskin dijo...

Muchas gracias Carlos, que tengas feliz verano =)
Un gran abrazo!

Carlos Palahí dijo...

Lo mismo digo Allan. Un brindis por Vnzl!

Seguiremos en contacto. Un abrazo!

C.P.