lunes, 6 de julio de 2009

El sermón de la montaña


Esta semana cegado aún por el mal de altura y en conversación conmigo mismo quise poner en claro algunos pensamientos que de cuando en cuando martilleaban en mi cabeza. La montaña fue un buen pretexto para, con la ambición de tocar el cielo, borrar de la mente cualquier pecado y hacer más llevadera la penitencia.

De un tiempo a esta parte he oído discusiones de todo tipo por el hecho de que un vino lleve o no tal o cual medida de madera en sus entrañas. Y claro no puedo menos que abrir un espacio de debate para todo aquel que quiera aportar su granito de viruta de esta boscosa situación.
De un tiempo a esta parte la moda en cuestión era hacer un fino comentario del tipo:
“un vino sabroso afinado por una larga permanencia en barrica que le aporta una finura de suave tostado de fina especie de tabaco y un persistente aroma de vainilla que afinan sus potentes taninos”.

Claro. Con afirmaciones como esas un Borgoña, o incluso un Rioja tradicional, eran considerados como vinos ligeros, frutales sin peso específico. Es decir, les faltaba ese chute de madera noble que parecía presidir cualquier celebración o acto social que se precie.
La reacción contraria tampoco se hizo esperar. Muchos productores optaron por vestir sus creaciones con el pomposo sello de vino elaborado a la manera ecológica. ¿Pero qué entendemos con la etiqueta ecológica? Porque esto es como un cajón de sastre en el que todo cabe…

Dejando aparte las estrictas reglamentaciones en este sentido no me parece que el atractivo de un vino recaiga en su manufactura ecológica. Quiero decir que la tradición juega un papel relevante en este oficio y así como el aporte de nuevas técnicas heredadas de los avances tecnológicos son bienvenidas, creo a pies juntillas que nunca hay que olvidar las raíces de nuestros ancestros y la sabiduría de muchas generaciones que marcaron a fuego nuestro substrato cultural.

A todo ello y echando más leña al fuego vino como Mr.Marshal en aquella película de Berlanga un discurso rompedor desde el otro lado del Atlántico a cambiar el panorama vínico europeo. Abrimos la puerta y entró un viento helado –Robert Parker- que como la imparable filoxera nos cogió sin abrigo y sin pañuelo para soplarnos el moquillo.
Y hete aquí que nos encontramos divididos entre inmovilistas y detractores de lo nuevo y renegados de las ataduras tradicionales y partidarios del borrón y cuenta nueva. ¿Con cuál nos quedamos? Vaya, ya estamos en la lucha entre el bien absoluto y el mal universal, el ying y el yang, PSOE o PP, etc., etc...

Perdón por la deriva pero la corriente es muy fuerte. A estas alturas no creo que el mundo sea blanco o negro, más bien lo valoro en una extensa gama de grises. De lo que extraigo un par de conclusiones. La primera, hay que saber leer el terreno donde cría la uva que será el que determina su posterior elaboración. Los pasos nunca serán iguales porque los caminos son diferentes pero la tecnología es necesaria en la medida que sirve a simplificar esfuerzos y facilitar objetivos.


Siempre he creído que la elaboración del vino es fruto de un arte y como tal tiene unos ritmos y tiempos que una excesiva mecanización tiende a crear productos de bella factura estética pero sin alma, sin expresión ni carácter personal. Lo malo de la globalización. Tendemos a ser todos iguales, sin diferencias ni particularidades, inexpresivos. La eficacia es rapidez y el tiempo un factor que hay que reducir. Así nos encontramos con que el vino se hace a la medida del compulsivo consumidor. Si uno quiere vino de hielo pues lo enfriamos en tanques y creamos artificialmente el decorado para que se den las condiciones. ¿Por qué esperar diez años a que un Burdeos –por ejemplo- se afine en botella? Riberas del Duero con un mismo patrón de sobre extracciones, sobre madurados y una carga de madera adicional que los hace aptos para su consumo a la mañana siguiente de salir al mercado. Quiero que el vino sepa a vino, no a sirope alicantino o vegetal murciano, por citar algunas comunidades. Quiero que el vino tenga una buena acidez sin que se le vaya la mano al ácido tartárico…

Entre el Racó de Can Fabes y el Bullí hay un mundo todavía por explorar. Es por ello que creo que la elaboración de un vino tiene que tener un punto de honestidad, otro de respeto a la tierra, auténtico cordón umbilical, donde se encuentra enraizado y otro de inspiración creativa, amén de los fines comerciales que son plenamente legítimos.
Más madera…

N.A. La primera foto corresponde al Macizo de Posets (3.375m.) desde el Diente de la Llardana en el Pirineo Aragonés. La segunda es de febrero de 2008 con la habitual presentación a cargo de Vins Alemanys y Vinialia en el Mas Marroch de Can Roca; ¿reconocen los personajes en franca -debería decir germánica- conversación?

10 comentarios:

Anónimo dijo...

HOLA PALAHI!!!

Es un placer leerte, oirte y tenerte como amigo, gracias!!!

Carlos Palahí dijo...

El placer sería mio si supiera a quién debo agradecer tan amable comentario.

Slts.

C.P.

CarlosGonzalez dijo...

Carles, todo el mundo sabe que la segunda foto es un montaje jajaja.
No me extraña que esos dos estuvieran juntos,dicen que polos opuestos se atraen ;).

Carlos Palahí dijo...

Yo pasaba por allí...y Vicente pilló la genial instantánea.
Bueno no hace falta que ponga nombre y apellidos a los dos personajes,¿verdad?
Si alguien sigue teniendo dudas que lo diga que le facilito todos los detalles.

Esa te la perdistes,Carlos:-)

Vicente Sierra dijo...

Y el calvo de oro nos pilló a los dos, jaja... pero como disfrutamos ese día!!

Saludos a todos.
Vicente.

Carlos Palahí dijo...

Di que sí Vicente!
Cómo exprimía el hombre aquella capsula dorada...:-) Sin duda lo mejor de la presentación con diferencia y con permiso del "cubano".

Un abrazo Vicentico y hasta muy pronto!

C.P.

SIBARITASTUR dijo...

No estoy de acuerdo con tu comentario sobre si el hecho de ser ecólógico no tiene que ser atractivo, yo creo que si, el ser ecológico lo hace atractivo de por si, luego hay que ver lo que lleva la botella. La técnologia tambien lleva de la mano el desarrollo de potingues con el adiccionar o corregir el vino por lo que lo ecológico, a priori me interesa.
La madera es interesante si es mas bien un continente que un contenido y lo de fluctuar sin personalidad a lo que pide el mercado (o lo que creen que pide porque yo no lo tengo muy claro) es deambular sin rumbo, pan para hoy y hambre para mañana.
Creo que un elaborador ha de ser natural (sin etiquetas, simplemente en la forma de elaborar, ecologico y sin añadidos), marcar un camino recto, con convicción y personalidad,honestidad y coherencia, esos son los que a mi me interesan

Carlos Palahí dijo...

Pues bien vale discrepar -amigo Sibaritas- porque mi comentario así lo pretendía.
Yo no he dicho que descarte el sello ecológico, lo que si digo es que no me vale la etiqueta solamente. Incluso el agua más ecológica -en estado puro- es imbebible porque no tiene sabor.

El vino no es solamente matar los pulgones enseñándoles la factura de la hipoteca sino que hay que atender al resultado final. Si para llegar a emocionar un vino pasa un proceso dícese ecológico pues bienvenido sea pero la ecología en si misma no tiene sentido sino se atiende a la calidad del producto final.

No me gustan los falsos profetas que bajo la tapadera ecológica esconden un engaño para el consumidor para hacer subir los precios.Porque que yo sepa poca uva se pisa con los pies...por no hablar de todos los factores que intervienen en el proceso : desde la misma vid con una raiz que no es la suya hasta los procesos químicos que intervienen para convertir el mosto en vino...

Pero como he dicho nada es blanco o negro. El gris también existe.
Como bien apuntabas sabiduría, honestidad y nobleza no están reñidos ni con tradición ni con modernidad. estos dos últimos -para mi- dos factores determinantes.

Slts.

C.P.

Oscar Gallifa dijo...

Amigos todos,

Decidme...¿que es ecológico?

Ando ultimamente un poco cansado de tener que aguantar el sermon de los vinos ecológicos/naturales/biodinámicos por todas partes.
Parece que, como hace unos años pasó con los vinos "de autor", ahora entra la moda de lo ecológico y natural.
Sinceramente, lo primero que tienen que hacer los productores de "vino ecológico" es sacar un producto que tenga cara y ojos, después ya haremos comparaciones y veremos que nos interesa más.
Nunca (léaseme con atención lo de NUNCA) compraré un vino por su condición de ecológico ya que estoy hasta las narices (y la tengo de dimensión generosa, menudo apéndice el mío) de que por tener la excusa de lo natural salgan unos vinos realmente mediocres y con posibilidades de desequilibrios (de rápido indulto por su condición de puro y ecológico....).

Pienso que en este tema los franceses nos llevan una buena ventaja, no sólo no alardean tanto de ser naturales sino que aprovechan lo mejor de cada condición: eso son argumentos que sirven para luchar con resultados.

Me comentaba un compañero blogger no hace mucho que él siempre eligiría, a igualdad de calidad, un vino ecológico/natural antes que uno normal. Eso puedo entenderlo pero... ¿donde está la igualdad de calidad?

Parece que sea un enemigo de lo natural, pues nada más lejos de la realidad, en la próxima entrada veréis el UNICO vino (natural y salvaje) que hasta ahora me ha sacado de mi recelo a las etiquetas "verdes".


Un saludo

OG


PD: La madera no es enemiga del vino, más bien es como la tijera de un sastre: hay que saber usarla para que el resultado sea decente

PD2: Carles, me encanta lo del sirope alicantino. :-DD

Carlos Palahí dijo...

Menudo calentón...chaval!
Amén.

Slts.

C.P.