jueves, 4 de junio de 2009

La herencia Breuer


Algo debe haber en Rheingau cuando uno de los ríos más importantes de Europa, el Rin, pierde caprichosamente su imparable dirección norte para hacerlo hacia el oeste y, a su vez, el que se podría tachar como el elaborador más notable de la zona, también resulta ser un alérgico a las normas y a los cánones prefijados.
En dicha zona la gran corriente de agua alemana se bifurca y se divide, dejando incluso amplias islas en su difuso recorrido separando las orillas hasta, en según que zonas, por un kilómetro de distancia. Allí, al final de esa curiosa orografía, el río se retuerce una vez más creando una curva tan pronunciada como peligrosa para los barcos que en aquel lugar osan navegar… las gargantas y precipicios excavados en el duro cuarzo canalizan las aguas dotándolas de un repentino incremento de velocidad, y es en aquel lugar, en Rüdeshein, donde el castillo derruido de Bröms vigila paciente los viñedos más importantes del tramo horizontal del magnánimo cauce fluvial.
En ese final de etapa llana -a la derecha de la cuenca- se encuentra Berg Scholssberg, el mejor viñedo de nuestro recordado y malogrado productor de riesling: Bernhard Breuer.

Bernhard fue un revolucionario, un alma diferenciada del resto que quiso, y finalmente consiguió, darle un papel importante a la tierra y la calidad de la uva por delante de la, en aquel momento reinante, facilidad por sacar litros y litros de vino tan mediocre como insulso.
En el año 1983 fue quien más empeño puso en crear la Charta (asociación para la clasificación de viñedos) creando unas estrictas reglas de cara a la obtención de vinos con carisma.
Por filosofía grupal, tanto la VdP actual como la Charta se fusionaron y crearon una polémica clasificación de los mejores pagos: Erste Gewächse.
No contento con la clasificación realizada, Bernhard decidió abandonar la asociación, volar libre y defender sus tierras de la única forma que entendía, la de hacer hablar a sus vinos.

[Nota: ruego seguir leyendo mientras escuchamos la siguiente pieza musical. Permitidme la osadía de comparar así dos grandes artistas: uno con la guitarra y el otro con su vino]





Por desgracia, hace cinco años, el 20 de Mayo de 2004 Bernhard nos dejaba para pasar a un plano divino, como su uva, pero marcó a fuego unas directrices en su bodega (Weingut Georg Breuer) antes de irse que, a día de hoy, siguen a pies juntillas tanto Heinrich como Theresa Breuer.

Como no podía ser de otra forma, se decidió hacer un homenaje a la figura del difunto Bernhard y de paso “sufrirlo” en nuestras propias carnes con una cata de sus espumosos y una vertical de su gran viñedo Berg Scholssberg, con el complemento final de un Auslese-GK del mismo pago.
La tarea de organizar y promover el asunto cayó una vez más en manos de Vinialia (Damià y Lluis Pablo), la de dirigir la cata le tocó, por supuesto, a (Fritz) Michael Wöhr y la de abastecernos de viandas adecuadas para la degustación de tan magno repertorio al Restaurante Colibrí (todavía lloro cuando recuerdo el carpaccio de atún y las manitas de cerdo con virutas de sepia y calamar…).

La dura tarea empezó con el espumoso de la casa y sus tres añadas disponibles en España.
Como en la mayoría de catas de la Diva (pese a que esté elaborado con 45% pinot noir, 25% pinot gris, 25% pinot blanc y el resto Diva), empezamos con la añada más actual, la 2004. Un color amarillo calmado y una burbuja milimetrada hicieron intuir que la sensación del carbónico sería interesante. Bastante mineralidad en el primer acercamiento a la copa, después algo herbáceo y con fruta ganando terreno, con una boca muy integrada y ligera sabrosura jovial. Largo deje de su patrio mineral.
Curiosamente en la siguiente añada (2002) la cosa cambia drásticamente ya en la visual, ambarino subido de tono, no por el año de vida añadido sino por la añada en cuestión. Mucha profusión en nariz de frutillos rojos y hierba. El gas es sumamente agradable, integrado en cantidad para una sensación de recorrido magnífica. Por descontado deja recuerdos minerales e incluso rastros de regaliz.
2001 fue durilla de pelar, costó entenderlo hasta que se metió en la boca, allí se abrió como un abanico y las sensaciones táctiles pusieron entre las cuerdas a más de uno que lo tachaba de poco agraciado. Reducido al principio sacó de su interior mucha flor blanca (jazmín) y unos tostados finales muy sugerentes. Cremoso y de fina burbuja en boca, largo y mineral en el final del trago.

Carbónico aparte, era hora de ponerse manos a la obra con la vertical del gran vino tranquilo de riesling.

Un problema empezar por la cosecha 2007, catalogada como extraordinaria para vinos secos de casi cualquier zona alemana. Todavía se le podía percibir un atisbo de tenue sulfuroso que no tardo en volatilizarse dejando sitio a una fusión de fruta madura, flores y cáscaras de cítricos que hacía levitar casi de inmediato. La boca marca estilo con una elegancia superior, acidez brutal y una progresión casi cruel. Inolvidable la cáscara de pomelo que se siente en retro tras tragarlo. Un vino cinco estrellas (y me quedo corto)

Con 2006 se empezó a notar esa agradecida nota de hidrocarburo que tanto nos gusta a algunos junto con ligeras pinceladas de botrytis, naranja amarga y cereales malteados.
Resulta notablemente más plano que el anterior en boca pero no deja indiferente porque conserva cierta opulencia en su recorrido. Final ligeramente herbáceo y con registros de palodul.

Una vez más no planteamos la clasificación general de la añada 2005, loada por muchos y, visto lo visto, no tanto para otros (en los que me incluyo). Mandarina fue la primera anotación al respecto de este vino, seguida de las hierbas aromáticas (menta, hierbabuena…).
Un poco fofo en boca y con bastante presencia de alcohol, incluso en su retro deja notas de colonia. Mejor guardarlo un tiempo para ver que tal anda en el futuro.

Curioso en todo caso el aroma del 2004, se podía intuir un vino cargado de fenoles. Particularmente le encontré bastantes registros cítricos (lima, pomelo verde), piedra y un punto de azúcar quemado que, junto con una pincelada de terciario (plastelina), dejaba una nariz bien curiosa. La boca confirma su verdor, de entrada ácida y algo herbáceo (no confundir con amargo) en su retirada. Buen recorrido y una trama algo especiada que no cuadraba con el resto de ejemplares catados.

Los dos últimos vinos de la cata pueden presumir de ser los únicos elaborados íntegramente por Bernhard.
¡Una vez más me encuentro con un 2002 alemán en perfecto estado de servicio! Parece que la añada (nada afamada en su momento) se encuentra en un punto bárbaro de consumo.
Lo primero que se nota sólo acercándote la copa al apéndice nasal es el equilibrio de aromas: todo presente pero nada despunta. Rastros de miel, mineral, flores blancas y frutas variadas maduras en perfecta armonía. Poco o nada de rastro de terciario…
Boca realmente fresca, con un buen punch de acidez que lo encumbra y le da una nota alegre si lo comparamos con el anterior. Se resuelve en boca magníficamente con una notable profundidad y nos deja una nota final de apio.
EL mejor del día para el que escribe contando, por supuesto, con la falta de redondez y estado actual del hermano de 2007.

Con 13 años en la espalda pasó 1996, último de la vertical, por nuestras copas… mucho aroma marino, piedra de fusil y unos cítricos maduros (naranja y su piel casi pasada) que marcaban la evolución positiva de un gran vino de una cosecha bastante mediocre.
Boca de potenciada acidez (los años es lo que tienen), bonito recorrido y un eterno recuerdo de fruta ácida confitada con algo vegetal que según algunos era su sostenido mineral.

Para acabar la marcha en honor del (posiblemente) mejor hacedor vínico del Rheingau, se descorcharon tres medias botellas de un elixir sublime, un vino que pese a poder estar en otra categoría superior se decidió “rebajarlo” y finalmente dejarlo en Auslese-GK. Todo eso siendo de una añada tachada de poco resultona como es 2003…
La nariz, después de tanto vino seco, marcó un punto y final con tal cantidad de fruta madura que nadie pudo resistir de lanzar una exclamación al aire. Miel, albaricoques muy maduros, mineral floreciendo junto a las flores blancas que asomaban con fuerza por detrás…. Toda una experiencia la sacudida vibrante de su acidez en boca, anestesia las glándulas y deja paso a la sensación telúrica sin poder controlarla.
Increíble maridaje con el soufflé de albaricoques que nos proporcionó el restaurante para finalizar el almuerzo... todos coincidimos en la calidad de materia prima de ambos.

Acabado ya el éxtasis del momento, sólo queda el recuerdo de uno de los grandes de Alemania. Si existe un paraíso divino, allí está Bernhard vendimiando ¡seguro!

3 comentarios:

Olaf dijo...

Se me ha hecho la boca agua leyendo y es que solo pensar en esas acideces y mineralidades, da ganas de ir a descorcharse uno!
Los 2002 alemanes estan cojonudos ahora, una añada que ha sabido ganarse el respeto con el paso de los años.
Saludos

Olaf

Oscar Gallifa dijo...

En que pocos vinos, Olaf, se encuentran esos niveles tan mimados de acidez y, en perfecto equilibrio, ese aporte mineral... cuando se prueban uno se da cuenta de lo mucho que queda por recorrer en nuestro país al respecto.

Ni un 2002 alemán me ha dejado indiferente, añada calificada como regular que está dando muuuucho de sí, ni idea si es por la evolución más rápida que sufren o bien porque se lo merecen y punto (un buen amigo enólogo me aconsejó que me olvidara de las clasificaciones de las añadas alemanas, sirven de poco...).


Saludos y a seguir DIVA-gando...:-))

OG

CarlosGonzalez dijo...

No tiene rollo el Gallifa :).
Aparte de bromas, decir que fue un lujo estar ahí en todos los sentidos. Lo vinos de escándalo, aprender a pasos agigantados...
coincido con sus apreciaciones, el 2002 una bestia y el 2007 en pañales pero apuntando maneras.
Muchas más así!!!
SAludos