lunes, 20 de abril de 2009

El Médico



Este es el relato de un hecho cuya naturaleza causó un fuerte impacto emocional en nuestra pequeña comunidad –mi familia y poco más-. El protagonista ni siquiera conoce que hoy le dedico a él los minutos que transcurren en leer esta pequeña historia.

Mi amigo es mallorquín de pura cepa, médico de vocación y mejor persona por este orden. El domingo de Pascua "aterrizó" en la Cerdanya, en el Pirineo oriental, para que su hijo y el mío disfrutaran de un par de días juntos, pues también son amigos desde el día en que se vieron hace once años en el Jardín de Infancia. Hay que decir que Marc hizo el viaje desde su Mallorca natal con sus dos retoños y dejando sola a su mujer sin más compañía que el teléfono y su ordenador portátil, o al menos eso cree.

Este Domingo se ocuparía de las “criaturas” llevándoselas de descubierta por la Seu D’urgell. Cuando conducía a la altura de Bellver de Cerdanya tuvo que detenerse debido a un accidente de tráfico que había cortado totalmente la carretera. Como se percatara que la situación no estaba ni mucho menos controlada debido a que únicamente se encontraba en el lugar del accidente un equipo de los bomberos decidió ofrecer sus servicios haciendo caso del Juramento Hipocrático.

La visión era terrible. Tres coches afectados y el que más un vehículo cuyo conductor yacía atrapado en medio de un charco de sangre. La situación exigía una acción inmediata. Había que sacarlo cuanto antes para efectuarle una reanimación de urgencia puesto que ya no respiraba. Marc lo volvió a la vida mientras los Mossos de Esquadra, ya personados en el lugar, acordonaban la zona y le señalaban las coordenadas a un helicóptero medicalizado que lo trasladaría al Hospital Arnau de Vilanova de Lleida.

A todo ello nuestros niños tomaban buena nota de una experiencia dramática. Su padre fue el héroe del día en una realidad más viva y palpitante que no se explica ni en las series de ficción ni en los reportajes de televisión estilo “Callejeros”.
El final de la historia tiene final feliz. Esto me lo explicaba mi amigo Marc en el ocaso del día cuando volvió para traerme mi hijo de vuelta. Sus palabras todavía contenían la emoción de quien ha vivido una aventura al límite conquistando la cima de la montaña.



Decidí que la ocasión bien lo valía y abrí una botella de Gevrey-Chambertin Premier Cru Domaine Bruno Clair. La Apellation de la Commune de Gevrey-Chambertin produce nueve grandes crus que pueden ir acompañadas del nombre de la parcela, llamada Climat, de donde proceden. En este caso la vinificación recala en dos parcelas: Bel Air –sin el Príncipe- y les Fontenys. La etiqueta no especifica el año pero en el gollete la fecha indica 2002.

El perfume se apodera de la estancia. Se percibe un suave chocolate con algo de humo y un terciopelo de fruta compotada. La pinot noir destila ligereza al principio pero se destapa potente en una persistencia que va in crescendo. Es una suave melodía de Mozart que suena en un susurro y que estalla en un coro de sensaciones. Al final un leve recuerdo de botica y grosella se mezclan en una confusión de sabores. Es la gracia de la Borgoña, ajena a los cambios y a las modas, donde el tiempo parece haberse detenido y el mañana aún parece lejano.

De este vino Carlos González extrajo sus propias conclusiones que quedaron reflejadas en su comentario y posterior puntuación en Vadebacus.



La vida tiene claros y sombras aunque a veces las dos se dan la mano. Va por ti Marc y una aferrada.

N.A. Las fotos son de originales de nuestro buen amigo Vicente Sierra.

6 comentarios:

Adictos a la Lujuria dijo...

Carlos me has puesto el bello de punta, brindo por tu amigo y por los profesionales de un oficio que indiscutiblemente tiene que ser por devoción, no me lo imagino de otro modo.

Un saludo

Carlos Palahí dijo...

Además Marc es de un pueblo de Mallorca cercano a Felanitx con lo que de vinos también entiende.

Una aferrada Adictos.

SIBARITASTUR dijo...

Mis felicitaciones también, el que iba en ese coche tendra q hacerle un monumento a el y otro a dios (por decir algo o alguien) por ponerle en esa misma carretera...

Carlos Palahí dijo...

Siempre he creido en ese Angel de la Guarda que todos llevamos dentro...
Por eso cualquier excusa es buena si conseguimos reunirnos unos cuantos amigos en torno a una buena botella de vino.

¡Un saludo Sibaritas!

C.P.

Joan dijo...

Estas situaciones son las que nos hacen poner los pies en el suelo.
Salut!, mucha Salut!
Joan

Carlos Palahí dijo...

Que Santa Rita de Casia escuche tu plegaria, Joan.

¡Salut i força!

Una altre aferrisada.

C.P.