lunes, 23 de febrero de 2009

Garbanzos con Murrieta



No em toquis els cigrons!...me decía mi abuela cuando de muy pequeño me daba por jugar con lo que en castellano se ha dado en llamar los garbanzos. Y es que los garbanzos hay que ganárselos día a día. Quizás sea por ello que mi relación con esta legumbre es apasionada por los recuerdos que me producen y que me trasladan a mi más tierna infancia.
Mucho más lejano en el tiempo un plato de lentejas, otra legumbre, le sirvió a Jacob para comprar la primogenitura a su hermano Esaú. Huelga decir que yo me vendo un poco más caro. Pero las legumbres desde siempre han sido plato de mi agrado en la mesa familiar.

Y los que hoy nos ocupan no son garbanzos corrientes y vulgares sino que se crían en un jardín secreto a pocos quilómetros de Barcelona, en medio del Parque Natural de Sant Llorens de Munt. Son los garbanzos que se cosechan en el Puig de la Bauma, un lugar pintoresco en lo alto de la montaña, a medio camino entre Mura y Rocafort (dos pobles de mala mort reza el refranero popular).

El Puig de la Bauma se llama así porque es un caserío enclaustrado en una hoquedad gigante de la roca y pertenece desde siempre a la familia Puig que regenta hoy en día la masía en tareas de turismo rural. Vale la pena detenerse para admirar la estampa de la negra roca que se funde en un todo con el ladrillo cincelado para adaptarse como un guante al terreno. Ahora en Invierno cuelgan unos largos carámbanos que marcan el sitio exacto donde se precipita el torrente al vacío en un salto atlético por encima del camino de acceso.

En el comedor excavado en la roca he comido uno de mis platos predilectos: garbanzos con rosta de matanza, crujiente y calórica. Los garbanzos son pequeños, más bien pigmeos, si los comparamos con los que se pueden encontrar en los comercios, pero de un sabor y una textura exquisitos.
Estos garbanzos hay que cocerlos sin prisa, a fuego lento. Antes habrán estado a remojo durante un par de días y bastará una cuchara sopera de bicarbonato para volverlos firmes y tiernos. Es entonces cuando levanto la tapa de la olla y me invade un recuerdo de infancia feliz en casa de mis abuelos.

Para maridar el plato, de agraria cuna, nada mejor que un noble Marqués de Murrieta Reserva 2002, Finca de Igay. El perfume del tempranillo se funde con el intenso aroma a harina tostada que emana del plato. Un acierto.


Notas de cata
Marqués de Murrieta
Reserva 2002
Finca Igay
14% vol.
88% Tempranillo,9% Garnacha tinta y 3% Mazuelo
21 meses de crianza
PCP 9
Color a teja fundida en la copa que exhala un suave suspiro a herrumbre. En boca se torna grácil y quiere despertar de su letargo. No hay que apresurarlo y darle tiempo para que se abra. Es entonces cuando el terciopelo se vuelve más tánico, con restos de humedad y sabor a cuero viejo, de aperos de labranza. Se cuelan guindas de frutas maduras, algo balsámicas, que alisan el recorrido. El alcohol no es sino un viejo recuerdo con un final algo explosivo por lo que le queda aún mucho recorrido. Esta vez la Rioja me llama y puedo decir que en esta ocasión no me ha decepcionado.

2 comentarios:

Dominic: "la bruja del vino" dijo...

Varios comentarios, recuerdos. marqués de Murryeta abría un primo mio cada vez que atravesábamos el umbral de su casa, y me trae buenos recuerdos.
Esa espectacular construcción gruta, me recuerda cierto complejo turístico donde estuvimos alojados una semana, con Paco, mi marido y los crios, hace siete años, en Campocámara. Granda, tocando, o cerca, de Cazorla, que mi geografía a veces deja que desear. Un complejo precioso, semi casas rurales semi cuevas, es decir, cada casita estaba medio encrastada en las paredes de la montaña, las habitaciones interiores eran cuevas, y las exteriores, cocina etc, eran de obra, muy frescas y desde fuera con un aspecto muy parecido a esta fotografía que cuelgas. Allá las casas cueva son muy típicas y geniales para el calor.
Los garbanzos de mi abuela, no se de dónde los sacaba, pero aún recuerdo sus pucheros con esos garbanzos que veía en remojo en la cocina, pequeñillos tb, días y días, su bicarbonato, que la abuela y mi madre hacían servir para todo, que te dolía la barriga, agua con bicarbonato, que tenías acidez, agua con bicarbonato etc. Esos pucheros deliciosos de la abuela, con sus super caldos caseros, las pelotas de carne, con perejil, huevo, pan, ajo,etc, y por supuesto los garbancillos que tenían gusto a garbanzo.

Carlos Palahí dijo...

¡Hola Dominic!

El Puig de la Bauma es una construcción singular que aprovecha la difícil orografía del terreno. Ello es muy particular de la comarca que engloba el Parque Natural de Sant Llorens de Munt.
El Puig de la Bauma es un reducto del pasado connvertido en alojamiento rural y dedicado durante la semana a tareas agrícolas y ramaderas.
El Marqués de Murrieta lo tenía medio perdido en el fondo de mi modesta bodega.

¡Una abraçada!