lunes, 16 de febrero de 2009

Dönnhoff Hermannshöhle en vertical

Pocas veces se puede uno escapar de la rutina diaria para hacerse un regalo de esta magnitud. La cuestión es liberarse, hacer algo diferente y, si encima es algo que nos chifla o nos abre las puertas al paraíso ¡mejor que mejor!
La propuesta de una cata vertical de uno de los mejores vinos alemanes que existen no es baladí. Solamente escuchando su nombre se eriza el vello más manso y pesado: Hermann Dönnhoff Hermannshöhle GG.
Bajo cualquier condición hay que acudir raudo y veloz a la cita, no hay excusa que valga.

El planning de la cata era magnífico. Se empezaría, de tres en tres botellas, con los vinos más nuevos (2004-5 y 6, pese a que en las notas de cata posteriores se presentarán ordenadas por orden descendente a su cosecha), para pasar en una segunda tanda a los más crecidos (2002-1 y 98). Un tercer turno estaba reservado para el colofón final -si es que se puede superar lo anterior…-, un vino dulce para hacer temblar nuestros cuerpos, Hermannshöhle Spätlese 1994.
12 personas sentadas en una organizada mesa de cata, 6 a cada lado. En el extremo principal dos sillas sostenían a las dos almas organizadoras, protagonistas y aleccionadas del evento: Lluis Pablo, enamorado de la alemana (entiéndase de la uva), 50% de Vinialia y Padawan aventajado. A su siniestra, el talibán del riesling por antonomasia, Michael Wöhr, el maestro.

Lo primero fue un repaso a los datos técnicos de la bodega, los pagos que poseen en propiedad y, para empezar a hacer boca, una magnífica explicación precisa de la porción del pago donde sale éste elixir que nos disponíamos a probar. Sorpresa el saber que se trata de una superficie aproximada de una hectárea, en Niederhäuser, donde la pizarra gris es la única protagonista –mineral- encargada de transmitir a los racimos de riesling todo su aroma y fragancia telúrica.

Como detalle curioso mencionar que en añadas anteriores a 2003, éste vino salía con la etiqueta y, la categoría, de Spätlese Trocken en vez de GG (Grosses Gewächs) que lleva en la actualidad. Cosas de la legislación reinante.
Cada añada fue precedida de precisa explicación de la climatología, de las condiciones finales de la uva, así como de su clasificación conseguida por no pocas pruebas a lo largo de los años por los ponentes.
Así, empezamos el duro trabajo de probar esos excelsos vinos:

La primera, 2006, mantiene el vigor y la forma más primaria de toda la cata. Un vino necesitado de un tiempo en botella para redondearse, integrar sus notas (frutales y minerales), para enseñar más fielmente lo que lleva en su interior… pese a todo, un suave aroma de ortiga, entre tantos otros, le da originalidad así como, un punto alcohólico y un final de boca algo amargo para dejarnos más que satisfechos.

2005 es un pecado capital. Todo el mundo quisiera tener de ese vino en su bodega, beberlo sin parar y refrescar el alma, purificarla para entrar directamente al paraíso.
Aromas de limón maduro y un fino toque mineral redondeado por el equilibrio de la añada. La boca de escándalo, opulenta, madura, con una acidez tan presente y, a la vez, tan asimilable que repercute en la incidencia de cada trago. ¡Quiero más!
Si hubo un vino más equilibrado que otro, ese fue el 2005, un caballo ganador que nos dará (bueno, a los afortunados que guarden botellas…) inmensos placeres sensoriales durante muuuucho tiempo.

El siguiente en pasar por vicaría fue 2004. Una añada que se vio resentida por la canícula y el pertinente estrés para la planta en 2003, pero que pudo salvarse muy decentemente por una vendimia tardía que dejó madurar perfectamente la materia prima.
Mucho poder mineral en nariz, una fruta menos madura que en el resto y un punto de agua oxigenada. En boca se llevó el premio al más “seco” del día, así como poseedor de algún verdor que a muchos les fascinó. Digamos que es una añada que ofrece un placer igual de intenso pero diferente al resto. Aguantará años y años pero… ¿mejorará?

Cambio de trío saltando 2003 por no disponer de ella (muy pocas botellas de un vino que sufrió mucho para salir al mercado, muy menguado en cuanto a producción).

La verdad es que la añada 2002 me ha dado grandes alegrías últimamente en cuanto a vinos alemanes, no por su calidad final sino por el punto idóneo de consumo que parecen tener ahora mismo los vinos de esa cosecha… No pasó así con éste Hermannshöhle.
El vino se presenta amarillo limón subidito de tono, con mucha untuosidad y una lágrima bien definida. Ciruela amarilla no demasiado madura, algo de cítrico con la típica lima muy presente y algún deje de pegamento que empezaba a florecer.
La boca muestra un recorrido medio, sin gran apunte en el centro del paladar y con un final algo tajante comparado con el resto.
La gran mayoría de asistentes al acto lo tacharon como muy ácido, no fue así en mi caso, me pareció bastante integrado en el conjunto. Me parece un vino de una añada que pide guardarse y despertar del sueño que lo tiene poseído.

Pasando a 2001 puedo asegurar que si la anterior empezaba a lanzar efluvios de hidrocarburo, esta los tenía tan presentes, a copa parada, que nos encontramos al instante en medio de una gasolinera repleta de macetas con jazmines y enebros.
Mucha lima y limón, muy fresco en nariz con serias notas de pegamento Imedio que se despejaban con un poco de movimiento. Fruta blanca.
Boca muy amable, con una acidez perfectamente integrada en el conjunto, amable y un punto de alcohol notable.
Se me antojó parecido al gran 2005 ante todo por su aporte mineral, tanto en fase olfativa como por retro después de tragar.

Y por último, hablando de GG (bueno, Spätlese Trocken por lo citado anteriormente), nos cargamos a la espalda el 1998 y su decenio de años pasados.
No me equivoco si digo que es el que mejor aromática conjuntada tenía de toda la serie. Tenía de todo, mineral, fruta, flores, especias, terciarios, toques salinos de concha de marisco… todo tan redondo y homogéneo que parecía medido con regla y cartabón.
La boca tres cuartos de lo mismo, acidez y sabrosura de la mano de la estructura (¡y rima!).
Una gran añada que no defraudó en absoluto, pese a que era el vino más viejo, en el que todas las miradas estaban puestas –y dispuestas- a encontrar ese algo “extra”.


Hasta aquí duró la cata vertical y, acto seguido, para empezar a abrir el apetito con el magnífico menú preparado por El Racó d´en Cesc para la ocasión, apareció el último gran héroe del día: Hermannshöhle Spätlese 1994.
Sus 15 años de vidrio y los 41 gr. /l de azúcar que posee nos trasportaron a otra dimensión, a una dimensión de flores y arándanos confitados que tenía toda la pinta de ser el más preciado de los edenes.
Una boca tan amable como viciosa, no se puede parar de saborearlo una y otra vez… ojalá queden más botellas por ahí.


Si me permitís unas observaciones al respecto, decir que la previsión de vida de un (buen) GG alemán se podrían estimar perfectamente en 10 años pero, dependiendo de la categoría de la cosecha, quizá ese tiempo se pueda estirar algunos años (a saber cuantos…) o bien acortarse.
Por otro lado, dando mi valoración numérica y personal de los vinos catados, añado que la puntuación media fue de 9,2 p. La 2005 y 1998 triunfaron y obtuvieron unas décimas de más en detrimento del resto que las tuvieron de menos.

Un mal menor ya que TODOS los vinos rozaron la perfección más absoluta.

8 comentarios:

SIBARITASTUR dijo...

menudo homenaje....

Oscar Gallifa dijo...

Ya ves Sibaritastur... no nos dejamos una en el tintero!!

No tiene precio el poder asistir a estas catas, el valor económico (si lo hay) pasa a un segundo plano y, lo único que cuenta, es el disfrute y la oportunidad de aprender sobre el tema en cuestión.


Un saludo!

OG

Carlos Rodriguez dijo...

Oscar, Oscar, que pedazo de cata, por aquí no es tan fácil por no decir imposible asistir a eventos así, tendré que conformarme con un par de botellas de Donnhoff que tengo en bodega para ir conociendo mas a fondo esta magnifica bodega.
Saludos
Carlos

Oscar Gallifa dijo...

Hola Carlos!

Supongo que la dificultad de encontrar estos vinos por Galicia es un gran inpedimento.... pero, Carlos ¡todo tiene solución! Estoy seguro que si lees entre lineas podrás conseguir lo que quieras con una simple llamada de teléfono! ;-)

De todas formas dices que tienes un par de ellos esperando turno en la bodega, ya es algo. No hace falta decirte que no pases pena por ellos, no se te "caducarán" facilmente.

Si alguna vez pasas por Barcelona ya sabes, tardamos poco en montar algo parecido en tu honor, seguro no faltarían voluntarios al evento. ¿Quien se apunta?


Un abrazo.

OG

Anónimo dijo...

Muy buena cronica Oscar, aunque ya sabes que no pude ir por otros motivos y mientras haciais la cata, yo tenia la cabeza en vuestra reunión, pero ahora leyendo estas lineas que has escrito, te transportan de maravilla a ese dia tan fantastico. Un saludo.
Damià.

Oscar Gallifa dijo...

No eres el único Damiá que te perdiste, muy a tu pesar, la gran cata del rey Midas, algún que otro bebedor divino también se quedo en tierra. En tu caso peor por tratarse de la parte organizadora, está claro...

Sólo espero que algún día podamos repetirla y, entonces sí, estemos todos para disfrutarla plenamente.

Ahora a pensar en la grande que resta por venir, ¡allí nos veremos company!


Una abraçada

OG

CarlosGonzalez dijo...

Me fastidia enormemente perderme cosas así pero el trabajo a veces es sagrado y es lo que nos da de comer.
En otra ocasión, ya se verá.
Un saludo

Oscar Gallifa dijo...

A huevo te lo he puesto, eh?? jajaja


Saludos

OG