lunes, 12 de enero de 2009

A mal tiempo...



…buena cara. Y sirva este juego de palabras para ilustrar uno de los males de nuestra saturada sociedad de consumo. Y más después de unos días de desenfreno y culto a la gula que esta vez no viene del norte…
Es hora de reducir grasas y diluir la tasa de alcohol, hay que volver a poner el cuerpo en forma. Por ello decidí colgar los hábitos, coger la bicicleta –querida amante implacable- y volver a visitar mi conocidísima Collserola -la pequeña franja montañosa que separa Sant Cugat de Barcelona y que encuentra su punto culminante en el Tibidabo - que, de repente, había cambiado de aspecto. Los reyes Magos, antes de volver a Oriente, le dejaron como regalo de despedida un blanco y níveo manto que no había que desaprovechar.


Como siempre que vaya acompañado entre pedaleo y jadeo, me tocó esta vez ir completamente solo. En el intento de no resbalar al contacto de las escurridizas y solitarias rampas adornadas con las primeras guirnaldas blancas que resplandecían como cristales. Recordaba las innumerables discusiones acaloradas que solían hacer el esfuerzo más llevadero con mis mal llamados compañeros de fatigas –que como señala mi mujer es más familia mía que la propia por las horas compartidas-.
“Que si es mejor un Burdeos, que si sabe mejor un buen Borgoña”. “Que si ya no es un insulto que le llamen a uno afrancesado…” O el defender al amigo ausente, equivocado según mi alter ego en tal o cual cuestión relacionada con la última adquisición enológica.
Qué lejos queda en medio de una naturaleza, mansa y cálida ayer y ahora fría y hostil, el sentar cátedra de si un vino de autor merecería un mejor calificativo ante otro que sabe a la tierra que lo vio nacer. Por no hablar de si tal o cual caldo sabe más a pellejo que a hollejo…


En fin, todo parece relativo como si estuviéramos en otra dimensión y la reflexión se torna en oración de gracias por sentir fluir la vida en horas de humilde soledad. Se reiría de mí algún amigo ante tanta batalla a la vuelta de la esquina pero las mejores aventuras no siempre hay que buscarlas a miles de quilómetros.
Me vuelvo a encontrar conmigo mismo, aparco la crisis en un nuevo año que a buen seguro también será generoso en su cosecha si lo trabajamos con dedicación y lo dejamos madurar al sol de la ilusión y la pasión. No es mi intención explotar como una bomba de racimo, ¡palabra que a la próxima hablaré de vino!
Arrieros somos…

4 comentarios:

CarlosGonzalez dijo...

Dios!, al ver la última foto (por cierto, creo que todas son originales tuyas de ese día) me ha parecido ver al mismísimo Claude Rains resucitado. Espero que nadie te persiguiera por la nieve con un arma en la mano :).
Saludos

Carlos Palahí dijo...

Más bien me recordaba, querido Carlos, cuando se puso el sol una película de Stanley Kubric- El Resplandor- con Jack Nicholson, hacha en mano, persiguiéndome en aquel laberinto nevado...

Un abrazo!

Anónimo dijo...

La verdad, no sé si debo alegrarme o no de que ese día me reclamaran en otro sitio... es espectacular sí, pero... ¿cuantos guantes llevabas? ¿tus uñas sigen intactas o son, después de esa tarde, de porcelana?


Fdo.:
El que la Franja le pone(nt).

Carlos Palahí dijo...

Querido anónimo de la Franja. Sí, fue un espectaculo magnífico que aunque esta vez te lo perdiste protagonizamos alguna salida de este tipo juntos.
Iba equipado con lo clásico...ya sabes.Alguna que otra escondida falange -no de las del yugo y las flechas- estuvo en un tris de congelarse :-)
Arrieros somos...