En Bodegas Piñol tuvieron el arresto de recibir, en aquellos días (corría el año 2001 aproximadamente), a un grupo de aficionados muy comprometidos con la causa (y clientes de su casa, todo hay que decirlo) pero algo justos en cuanto a conocimiento y bagaje vinícola, que llegaban de un mundo saturado de Riojas unidimensionales y Riberas con una RCP algo justa.

Nos sorprendió un vino igual de “moderno” que su hermano casi mellizo, pero se le notaba a éste tope de gama una huella de su tierra, una mezcla entre una pizarra desmigada y una arcilla candente que lo hacía especial. Además, reúne una buena dosis de mimos que debían -y deben, doy fe de ello- mostrar un vino de categoría.
Lo primero que llama la atención es su esbelta botella, de forma agraciada y original (las añadas en curso ya no se benefician de este aporte visual tan bonito), ancha y puntiaguda de hombros, fina y esbelta en su pie.
El vino se crea con una mezcla de tres añadas seleccionadas (en la actualidad son sólo dos las cosechas involucradas) con un abanico varietal digno de comentar ¡6 variedades oigan! Casi a partes iguales: cabernet sauvignon, garnacha, merlot, sirah, tempranillo y, por último, la autóctona morenillo.
Veo, con incredulidad, que se le aplicó aproximadamente una crianza en roble francés de 18 meses, lo cual no deja de sorprenderme, jamás hubiese dicho que fuese portador de tanta barrica por las impresiones que en su día noté.
Por último y como dato adicional, decir que la botella fue adquirida en Octubre de 2001 al precio de 19€, directamente en la bodega.
Nota de cata:
Presenta un color picota rojizo de capa media-alta, ribete bastante más claro (rojo fresa) y unos lagrimones veloces sin teñir.
Nariz que mantiene el balsámico que atesora desde su juventud, con notas de mineral arcilloso, chocolate casi puro y cierto toque cárnico. Con aire y paciencia, empiezan a salir aromas de ciruela negra, arándanos maduros, violetas, guindas en licor y el inconfundible toque de la bodega, un pelín de confitura de tomate -casi paradójico a estas alturas de su vida-. Sensaciones de especiado y un ligero olor de pimiento verde aparecen en la última copa.
Boca donde prima el equilibrio y la elegancia sobre la opulencia o la extracción. Se apoya en una fina acidez que aúpa las demás sensaciones a un nivel más alto, tanto su recorrido como su final en boca resulta sedoso, envuelto en un retal de seda… un punto de dulzor acaba de redondear la faena.
Retro de mineral, cacao y dejes de canela. Largo en su justa medida, lo justo para volver a beber cuando apetezca.
Puntuación: 9 POG
Con 13 años de vida, éste vino nos muestra elaboración pensada para alargarse en el tiempo, basada en unas variedades bien adaptadas al terreno de origen donde prima el equilibrio general sobre la rotundidad que tanto nos sobrecoge últimamente.
Me atrevo a compararlo con un buen Burdeos entrado en años, su nariz cambiante con poco terciario y esa boca tan equilibrada al punto de fortaleza me hace recordar un gran Pomerol que pasó por mi vida. Tomado en copa Burdeos, ahora y en 5 años más, como mínimo.














