miércoles, 29 de octubre de 2008

A la vejez viruelas

Parece que fue ayer cuando nos embarcamos en un autobús todos los miembros del antiguo grupo Vadebacus, camino de nuestra primera visita a una bodega “de categoría”.
En Bodegas Piñol tuvieron el arresto de recibir, en aquellos días (corría el año 2001 aproximadamente), a un grupo de aficionados muy comprometidos con la causa (y clientes de su casa, todo hay que decirlo) pero algo justos en cuanto a conocimiento y bagaje vinícola, que llegaban de un mundo saturado de Riojas unidimensionales y Riberas con una RCP algo justa.
El vino que nos marcó y estableció nuestro inicio en éste mundo tan complejo, fue l´Avi Arrufí 1999, un vino autóctono de variedades foráneas, con hechuras suficientemente modernas para tratarse de aquellos años, pero con fuerza y un sello particular muy personal. En aquella época, comprábamos el vino directamente a la bodega y, tras valorar positivamente el anteriormente citado, nos aventuramos a probar con su vino top: Mather Teresina 1995-6-8.
Nos sorprendió un vino igual de “moderno” que su hermano casi mellizo, pero se le notaba a éste tope de gama una huella de su tierra, una mezcla entre una pizarra desmigada y una arcilla candente que lo hacía especial. Además, reúne una buena dosis de mimos que debían -y deben, doy fe de ello- mostrar un vino de categoría.

Lo primero que llama la atención es su esbelta botella, de forma agraciada y original (las añadas en curso ya no se benefician de este aporte visual tan bonito), ancha y puntiaguda de hombros, fina y esbelta en su pie.
El vino se crea con una mezcla de tres añadas seleccionadas (en la actualidad son sólo dos las cosechas involucradas) con un abanico varietal digno de comentar ¡6 variedades oigan! Casi a partes iguales: cabernet sauvignon, garnacha, merlot, sirah, tempranillo y, por último, la autóctona morenillo.
Veo, con incredulidad, que se le aplicó aproximadamente una crianza en roble francés de 18 meses, lo cual no deja de sorprenderme, jamás hubiese dicho que fuese portador de tanta barrica por las impresiones que en su día noté.
Por último y como dato adicional, decir que la botella fue adquirida en Octubre de 2001 al precio de 19€, directamente en la bodega.


Nota de cata:

Sin decantar pero descorchado con un par de horas de antelación y extraída una copa para ventilar un poco el vino.
Presenta un color picota rojizo de capa media-alta, ribete bastante más claro (rojo fresa) y unos lagrimones veloces sin teñir.
Nariz que mantiene el balsámico que atesora desde su juventud, con notas de mineral arcilloso, chocolate casi puro y cierto toque cárnico. Con aire y paciencia, empiezan a salir aromas de ciruela negra, arándanos maduros, violetas, guindas en licor y el inconfundible toque de la bodega, un pelín de confitura de tomate -casi paradójico a estas alturas de su vida-. Sensaciones de especiado y un ligero olor de pimiento verde aparecen en la última copa.
Boca donde prima el equilibrio y la elegancia sobre la opulencia o la extracción. Se apoya en una fina acidez que aúpa las demás sensaciones a un nivel más alto, tanto su recorrido como su final en boca resulta sedoso, envuelto en un retal de seda… un punto de dulzor acaba de redondear la faena.
Retro de mineral, cacao y dejes de canela. Largo en su justa medida, lo justo para volver a beber cuando apetezca.

Puntuación: 9 POG


Con 13 años de vida, éste vino nos muestra elaboración pensada para alargarse en el tiempo, basada en unas variedades bien adaptadas al terreno de origen donde prima el equilibrio general sobre la rotundidad que tanto nos sobrecoge últimamente.
Me atrevo a compararlo con un buen Burdeos entrado en años, su nariz cambiante con poco terciario y esa boca tan equilibrada al punto de fortaleza me hace recordar un gran Pomerol que pasó por mi vida. Tomado en copa Burdeos, ahora y en 5 años más, como mínimo.

domingo, 26 de octubre de 2008

Alemania (I) : La primera vez

Por lo general las primeras experiencias no suelen colmar las expectativas creadas inicialmente. Dicen que para conocer y entender un vino, y lo compartimos en nuestro grupo de cata, hay que conocer y pisar la tierra donde nace. Como pasa en la vida, el deseo irrefrenable de conocer y descubrir con nuestros propios ojos el origen de nuestros momentos de disfrute, nos llevó a lanzarnos a la aventura de visitar el MittelMosel en Alemania.



Apenas un par de meses antes Vicente y Toni habían estado y nos habían explicado las maravillas de la zona pero queríamos verlo con nuestros propios ojos, descubrir la verdad de nuestra uva blanca preferida y después de varias gestiones ,y con el O.K. de nuestro amigo Alexander Barzen, nos aventuramos a saciar nuestra curiosidad y matar el gusanillo que cada vez se iba haciendo más grande.

No era el mejor momento para visitar la Mosela, a mediados de Octubre, ya que la vendimia comenzaba en la zona y las bodegas, por lo general, no estaban para ninguna otra cosa que para el cuidado y recolección del fruto que miman durante todo un año.
A pesar de eso, cuatro miembros de nuestro grupo nos lanzamos sin pens
arlo a la aventura, aún sabiendo que nos encontraríamos puertas cerradas y, tal vez, una primera experiencia de las desafortunadas.

Sabíamos que podíamos contar con nuestro amigo Alex, el haría lo que pudiera y así fue: alojamiento de ensueño en Reil, cuna de sus vinos, con nuestros pies en la orilla del Mosel. Llegamos un viernes casi sábado en una noche fría, rondando el punto de separación de lo positivo y lo negativo, con una niebla densa y con las ganas del principiante vía GPS. Nos esperaba llena de amabilidad Cristhal, la dueña de la casa acondicionada para recibir visitas en esa belleza de paraíso. Nos colmó de atenciones el poco tiempo que estuvimos en la casa, un buen desayuno como veis en la foto, necesario para afrontar el sábado que nos esperaba.

Intentaremos en las próximas entregas del blog haceros llegar nuestras emociones en la medida de lo que podamos: material gráfico y el pobre uso del verbo. Desde aquí agradecer a Alex Barzen especialmente y a todos los que con su buena voluntad contribuyeron a que nuestro viaje fuera mucho más mágico que nuestras expectativas previas, una placentera primera vez.

jueves, 23 de octubre de 2008

Una pasada de manzanilla

Aprovechando los últimos retazos de mi estival descanso laboral, me dije: ¿por qué no deleitarme con un aperitivo a base de “pijadicas” (tan adaptado palabro se debe a mi santa madre y a su fama de concienzuda cocinera) bien escoltadas con su pertinente vino? Dicho y hecho.

Lo primero en aparecer en escena, saliendo con gran expectativa desde la puerta del frigorífico, fue la grandiosa y biológica manzanilla pasada nº10 de la serie “La bota de…”. Grandiosa selección oriunda de La Guita, gran marca y mejor bodega, la cual seleccionó hace 20 años (aprovechando un traslado) las mejores manzanillas de las que disponían para mantenerla a base de pequeñas sacas hasta el presente.
Según anteriores comentarios, debía encontrarme algo sublime y, efectivamente, así fue. Sin tener demasiada experiencia en los vinos elaboradores en el Marco de Jerez puedo asegurar que esta elaboración es la más fina, conjuntada y equilibrada que he podido probar a día de hoy.
Su color dorado parece que es un reflejo de su valor interno. La nariz, marcada por los frutos secos, algarrobas secas y las algas marinas, es una perfecta presentación para la parte más emocionante del vino: su boca. Decir equilibrada es quedarse corto, mejor algo como “tallada para los paladares divinos” quedaría mejor. En fin, dejando de lado las elocuencias causadas por los estragos etílicos y volviendo a la agradable realidad, posee una boca incomparable, de entrada más que cremosa y un recorrido sin igual. Inicialmente parece algo plana, pero de repente se crece dentro de la cavidad de manera espectacular, dejando una sensación de volumen sin igual e increíble acidez. Siento no saber explicarme mejor, en cualquier caso recomiendo su ingesta para saber de buena mano a que me refiero…

Para acompañar tan fastuoso elixir me decidí por una conserva que hacía tiempo guardaba para saborearla en condiciones y, sobretodo, acompañarla con unos de estos vinos. Se trata de una conserva asturiana, original por tratarse de unos bígaros cocidos. Presentados en un bote de cristal con sus cáscaras intactas (tan sólo están cocidos con agua marina), no hay más que tirar de palillo para extraer el pequeño manjar y darse cuenta que, como dicen en mí tierra, “al pot petit hi ha la bona confitura” (en el tarro pequeño está la buena confitura). Muy recomendables y de perfecta simbiosis con la de Sanlúcar.

Dejando aparte al marisco comentado, huelga decir que tanto el queso Parmesano como el Pok (clara ventaja para el primero) dieron buena tregua y siguieron el compás marcado en todo momento por la calidad y la excelencia de la seleccionada manzanilla.

De verdad confío en que los encargados del proyecto de “La Bota de…” sigan acertando con todas sus genialidades tal y como llevan hasta ahora, no hay ninguna de ellas que no sea digna de elogio.
Una lástima que estos vinos sean tan desconocidos para la gran mayoría de nosotros, pues resultan de lo mejor en RCP de toda la península. La verdad, siendo egoístas y pensando en su precio mejor que sigan así ¿no?

lunes, 20 de octubre de 2008

Recogimiento y disfrute

Había pensado titular esta entrada como Mujeres al borde de un ataque de nervios pero me parecía algo excesivo, demasiado llamativo. Este mundo del vino es curioso, divertido, atractivo, pero sobretodo comprometido. Casi la totalidad del colectivo Vadebacus no toma decisiones unilaterales, existe el compromiso familiar, algo de lo que casi nunca se escribe pero está ahí. No fue la del pasado sábado una reunión forzada, de compromiso, una reunión masónica, para nada. Fue un encuentro familiar, tres parejas y familia, niños correteando y algún otro encastado en su asiento sin mayor ruido que el sonido de fondo de una consola.



Marta nos invitó, a los dos Carlos del grupo, vía Oscar, y nosotros aportamos viandas y vinos y así montamos una pequeña fiesta del disfrute. La sobremesa se alargó cerca de tres horas, nada menos y los vinos fueron armonizados perfectamente con varios platos. Empanada de berberechos frescos, revoltillo de setas, confit de pato, bizcochos finales… todo ello fue la excusa perfecta para el deleite de los allí presentes.


Tres horas en la mesa dan para mucho y como este es un blog de vinos, los comentaremos ipso-facto.



El primero un Rias Baixas con background, Albariño de Fefiñanes III Año 2003, sin duda uno de los tres o cuatros albariños que destacan por encima del resto. Un vino donde se adivina un trabajo de fondo, un mimo y una dedicación necesaria y justa que se traduce en un excelente resultado final.


Sigamos con un Priorat de altura en una añada difícil, la 2003, Clos Mogador
. Cada vez tendemos a pensar que los vinos grandes no entienden de añadas difíciles, son enormes sea cual sea la añada.


A continuación un champagne de los básicos y con calidad contrastada: Ruinart Brut
.


Les siguió un viejo conocido: Barzen Beerenauslese 2006. Poco que añadir a nuestros múltiples comentarios sobre la bodega. RCP imbatible para un vino a la altura de pocos con un precio de risa.


Más tarde la sorpresa de Oscar, un vino catado a ciegas. Solo se veía el águila alemana y que tras una botella muy fina y de tamaño pequeño, el contenido parecía algo diferente a lo que los colores de la riesling nos tienen acostumbrados. Los frutillos rojos en nariz en seguida dejaron entrever que aquello no era riesling , efectivamente, sino un Eiswein de Spätburgunder o Pinot Noir: Hans Lang Eiswein Spätburgunder 2004 .



Notas de cata:


Albariño de Fefiñanes 3r. Año 2003
:

Visual de color amarillo comedido, con reflejos algo dorados. Lágrima abundante y de aspecto lento.

Nariz que se hace rogar, pero que muestra hierba de tocador, levadura, manzana ácida, algo de talco y una punzante y sugestiva pincelada de cítrico muy fina, que parece acompañar a un mineral frío, duro como el granito.

De entrada amplia, con un recorrido completo y muy sostenido por la fina acidez que goza. Con mucha estructura en boca, parece que se dejen masticar sus lías.

Su moderada -pero suficiente- acidez, deja recuerdos de limón, pera de agua y lavanda de verano. Un fino toque de mineral se dilata en espera del siguiente trago, que no tarda en repetirse.


Para los conocedores de la zona, digamos que éste vino se sitúa, a mitad de camino, entre el estructurado Pazo de Señorans EA y el distinguido Do Ferreiro CV. Asemejado a estos por su confección y la posible capacidad de (relativa) guarda.


Clos Mogador 2003:


Color picota de capa alta sin ribete distinguible. En nariz fruta roja y negra muy madura, chocolate y mentol tipo After Eight, caramelo de café con leche y un fondo mineral. En boca es sedoso y de excelente recorrido, su final es enormemente largo y delicado, afloran sensaciones balsámicas y regaliz dulce. Tambien presente por retronasal esa sensación de humedad y oscuridad catedralícia, típica de algunas cariñenas.Concence siempre René Barbier con su Mogador, de lo mejor del Priorat.


Ruinart Brut:


Como reza la publicidad de la marca, Ruinart es la "maison" de champagne más vieja de Francia con sus inicios en 1729 en Reims -curioso nombre si lo comparamos con "raims" en catalán que significa "uvas" en castellano-.
El que nos ocupa es el básico realizado con un 60 % de pinot noir y un 40% de chardonnay.


Con un aroma de pera y flor blanca que combina con olores más grasos a base de mantequilla y brioche tiene un temperamento más cálido que otros champagnes de la zona.
Se muestra muy vivo en boca con toques de vainilla y levaduras y otros más joviales como cítricos y manzana asada. Un carbónico algo más acusado y persistente en en paladar es apto para tomar en cualquier situación, aun no siendo de los más femeninos que hemos probado por su caracter ultraseco y ligeramente ahumado.


Hans Lang Eiswein Spätburgunder 2004:


Curioso color amarillo cobrizo, bastante más ambarino de lo que estamos acostumbrados. Denso, aceitoso y de lágrima ancha de fuerte color.

Nariz llena de frutillos silvestres, con especial protagonismo de zumo de granada, acompañado de higos frescos y una cereza muy madura. Hierbas aromáticas al final para redondear un conjunto de olores muy originales para un Eiswein.

Boca más parecida a lo que conocemos como tal, marcada acidez que va in crescendo al final de boca. Muy sabroso, con un recorrido muy completo y, unas sensaciones finales muy equilibradas.

Larga persistencia de cítrico (pomelo rosa) y piñón de cereza.


Con larga vida por delante y sumamente original, hay que probarlo para darse cuenta cuan diferente puede llegar a ser un Eiswein según su variedad.





Como podéis observar cualquier pretexto es bueno para reunirnos y disfrutar de comida, vinos y de familia. Desde aquí dar las gracias por su comprensión infinita a Marta, María y a Cristina. Sin ellas nuestra afición no sería posible, un petó a las tres.

viernes, 17 de octubre de 2008

Ànima Negra

S´Horta es un pequeño pueblo que se abre al Plà de Llevant, en Mallorca, y pertenece al municipio de Felanitx – o Falanis-. Lugar no tan concurrido como otras zonas de la mayor de las Baleares, S’Horta se rodea de nombres conocidos como Cala D’Or y Porto Cristo y de otros no tan afamados y más discretos como Porto Colom.
Precisamente tuve la ocasión de conocer a fondo este pequeño “enclave” mallorquín tras la visita a unos amigos cuyas raíces se remontan al tiempo de la dominación musulmana en la Isla.
La verdad es que soy un profundo enamorado de las bondades de la cultura talaiótica en este pequeño ombligo de la historia mediterránea. Y, siendo tan denostada por la contaminación urbanística, esta parte del litoral mallorquín es una de las más hermosas a la par que salvajes y solitarias del relieve balear.
Mi amigo Marc me contaba que Porto Colom es una rareza enclavada en la historia debido a que recuerda mucho a cómo era la Costa Brava de mi infancia, hace algunos años. Un pequeño puerto de mar en el que la “colonización alemana” ha quedado por ahora al margen por voluntad propia de los lugareños celosos de su identidad.
Cala Barcas es una de sus mejores playas, a la que se accede por un camino peatonal que atraviesa una finca privada que, en litigio con las autoridades, guardaba hasta hace poco en sus parajes ganado salvaje para hacer desistir a los turistas en su empeño de alcanzar la costa.
S´Horta limita al norte con el Monastir de San Salvador, la cota más alta de Pla de Llevant desde la que se domina Felanitx i la Illa de Cabrera. No muy lejos se divisan los cultivos de Ànima Negra, uno de los estandartes vitivinícolas de la Isla de Mallorca.


De sus cuatro productos elaborados a base de variedades autóctonas, ÀN, ÀN2, Son Negre y Quíbia –este último blanco a base de premsal y muscat- me centraré en los dos primeros.
Ànima Negra se nutre de un suelo arcilloso con residuos de óxido en el que conviven las variedades callet –un 95%- y mantonegre-fogoneu –un 5%- con un tratamiento de 17 meses en barricas nuevas de roble francés.
Ànima Negra 2, aun cuando beneficia de las bondades de su hermano mayor, dispone de un 65% callet ,un 20% de mantonegre-fogoneu y un 15% syrah y un tratamiento de 12 meses en barricas de diferente procedencia.
Aún así las diferencias, que no parecen muy acusadas, sí se dejan sentir en la copa. Mientras que el ÀN es de un gusto sedoso, aterciopelado, donde el mineral está presente pero sin destacar y la madera es un recuerdo olvidado favoreciendo todo una serie de aromas a frutos rojos, moras dulces, higos maduros y bolas de anís, su pariente más próximo, ÀN2, es como un pequeño volcán que guarda todas estas sensaciones todavía sin afinar.
Son coletazos finales de un verano ya en el recuerdo y un otoño incipiente que cierra un ciclo y una temporada pero que se resiste en la memoria. Como si nunca quisiéramos que esos días de sol y playa se esfumaran y que permanecieran para siempre.
Aquí les dejo con una imagen de la habitación del inmejorable hotel, donde hospedarse todavía es posible en temporada baja. Con todo no duden en hacer su reserva con antelación suficiente.


ÀN (2003) Callet 95%, mantonegre-fogoneu 5%
Antigüedad de los viñedos: media de50 años
17 meses en roble nuevo francés
14º graduación alcohólica

ÀN2 (2005) Callet 65%, mantonegre-fogoneu 20%, syrah 15%
Procedente de diversos pagos
12 meses de crianza en barricas francesas y americanas
13,5º de graduación alcohólica

P.C.P.
ÀN 9,2
ÀN2 8,7

N.A. Las fotos son originales del autor de este artículo.

martes, 14 de octubre de 2008

Ródano, terroir en la copa

Hace poco preguntábamos en una de nuestras encuestas en el blog si en la época estival solemos consumir más vinos que en cualquier otro momento del año.
El resultado final fue que bebemos igual que siempre, aunque cambien ligeramente nuestros hábitos al elegir el color del vino. Se consumen más blancos y espumosos y menos tintos.

Mi caso es el de la media, es decir, consumo muchos espumosos y blancos y muy pocos tintos. La temperatura y la humedad de Barcelona son un binomio que unido al alcohol provocan una sudoración extra que raya lo desquiciante.

De vuelta del refugio estival quise jugármela y abrir un tinto, casi un tinto de celebración familiar: Thierry Allemand Cuvée Sans Soufre 2001.

No elegí el vino por puro azar. Desde este espacio en la blogosfera quisiera agradecer los buenos consejos y el buen tino de un compañero virtual: Eugenio Sáenz de Miera. Siempre que leo sus recomendaciones sobre espumosos franceses me veo obligado a apuntar aquellos que le agradan, al igual que cualquier otro vino que le llame la atención. Tiene buena nariz, ya me entendéis. Además contamos con la ventaja de que la mayoría de esos vinos se pueden conseguir en algún establecimiento especializado de nuestras respectivas ciudades: Madrid y Barcelona.

Thierry Allemand no proviene de una familia con raíces vínicas. Creció en Cornas, en el Valle del Ródano francés, porque su familia estaba establecida allí. Es difícil crecer en un lugar rodeado por viñas y no plantearse la posibilidad de adquirir unos terrenos e intentar la aventura. Eso hizo Thierry, en sus ratos libres preparaba su parcela de tierra y en 1982 consiguió su primera cosecha. Actualmente prepara dos cuvées: Les Chaillots y Reynard, dos parcelas situadas en los terrenos colindantes a Cornas.

El vino que hoy disfrutamos procede de Reynard, suelos situados alrededor de 300 m. sobre el nivel del mar y de tipo granítico. Podemos encontrar viñas de 80 años de edad.
Allemand elabora dos tipos de vinos de su parcela de Reynard, uno de ellos sin adición de sulfuroso-sans sofre-. El vino pasa de acero inoxidable a barrica permaneciendo unos doce meses antes de embotellarse sin filtrado. La estrella es la syrah, se adapta al terreno del Ródano como prácticamente en ningún otro lugar.

Explicaba Lindsay Anderson, biógrafo del director John Ford, cuando éste le instó a visionar una de sus películas, que anotara en una libreta cuántas veces hablaba uno de sus actores en toda la película. El actor era John Wayne y la película, pido disculpas por si falla mi memoria, Centauros del desierto. Después de siete u ocho anotaciones la belleza de la obra absorbió al joven Anderson de tal forma que se olvidó totalmente de su propósito. Esto es lo que pasa con este bello vino, el disfrute es tan grande que el tomar notas se torna absurdo y desquiciante, a sabiendas de una posible entrada en este blog.


Recuerdo su color, picota de capa media algo subido, su ribete morado con tendencias a clarear. Su nariz de ensueño: recién abierto a carne ahumada, muy pocas notas primarias. Con la aireación aparece algo de fruta y pimienta negra muy presente, pero para nada molesta, al contrario. En el retro claros balsámicos, hierbas secas mediterráneas y violetas. Olerlo ya podría ser suficiente, olfatearlo una y otra vez.
Pero no consigo resistirme y me lo acerco a la boca y lo pruebo. Es algo rugoso, personal, con toques terrosos y una acidez tan presente como bien puesta. Un paso por boca amplio y dejando huella. Es enormemente largo y cuando repites copa el paladar se adapta al vino, que no al revés. El vino tiene carácter, y te obliga a cerrar los ojos en cualquiera de las fases de disfrute, de cata. Escribir sobre él me emociona, unos días después de acabar la botella. Posiblemente uno de los mejores tintos que haya probado. Tiene alma, es personal, carácter, el terroir…

Puntuación: 9’6 PCG

sábado, 11 de octubre de 2008

Entre garnachas anda el juego.

La garnacha nacional me hace temblar: tanto de júbilo, por su increíble capacidad de expresar su terroir cuando está bien elaborada, como de miedo, por su extrema facilidad en oxidarse y dar al traste con nuestros sueños de vinos longevos.
Quien diga que las garnachas viejas del Priorato no son expresivas y muestran al 100% su tierra al dedillo no está en su sano juicio. Por otro lado ¿Quién osa tenerlas 10 años en la bodega para que mejoren?

Siendo una variedad muy hecha a nuestro territorio peninsular, muestra una cara diferente según su procedencia: poderosa y mineral en Priorat, dulce en el Empordà o, la algo masificada pero cada vez mejor atendida del oeste Aragonés.

Apartando la polémica sobre las cualidades que pueda tener, o no, esta variedad de uva, decidí en su día guardar varias botellas de Secastilla 2001 compradas directamente en la tienda de la bodega en Agosto de 2003.
Cuando éste vino se presentó en sociedad supuso toda una novedad para una denominación de origen, Somontano, que no disponía ni de elaboraciones monovarietales de garnacha, ni en las que las que actuase como protagonista principal.
Viñas del Vero acudió a una zona de secano donde las viejas viñas de garnacha se perdían con el lento pasar de los años y la falta de atención. El Valle de Secastilla está situado en el extremo noreste de la D.O., disfrutando así de unas condiciones climáticas diferentes al resto de la zona.
Apurando la vendimia hasta finales de Octubre, se consiguió el punto óptimo de maduración de la garnacha y, en esta primera cosecha inaugural, un resto (25%) de otras variedades. Después de una crianza de 10 meses en roble francés, el vino se envasó en una sugestiva botella borgoña sin filtrar ni clarificar.

Nota de cata:

La visual ofrece un color rojo picota sorprendente por su edad, con un ribete rojizo brillante bastante pequeño.
El vino no fue decantado y, tras acercarnos la copa a la nariz, descubrí que no le hubiese ido nada mal, ciertos aromas de reducción se podrían haber evitado. Tras un poco de aire asoma la fruta roja madura acompañada de una ligera especia que confiere dimensiones a la nariz. Algo de chocolate con leche y fruta del bosque aparece tenue y delicadamente por detrás.
La boca rechina de acidez desde la entrada hasta la salida, su esqueleto se basa en una madura y acoplada acritud que lleva de la mano una sabrosura y una sensación volumen importante. Taninos marcados, redondos y casi agrestes para dar fin a una trama muy procesada.
Largo final especiado, con marcadas notas de hierba seca e incluso balsámica.

Puntuación: 8,8 POG

Algo me dice que éste vino se refuerza gracias a esa pequeña porción de otras variedades. En todo caso una maravilla de vino que mantiene su tipicidad sin tener que recurrir a excesos de alcohol ni dosis de madera desorbitadas.
Bonita y alentadora sorpresa.

miércoles, 8 de octubre de 2008

Un vino búlgaro: Targovishte Traminer 2007

De vez en cuando surgen oportunidades y nos hacemos con vinos difíciles de encontrar, no sólo por su calidad sino más bien por su procedencia.

En una de mis visitas a La Floridita de Cerdanyola, me comentaron que se habían traido de Bulgaria un vino asequible por su precio y amable en el paladar. Naturalmente me hice con una botella, su precio sobre los 7 euros. El vino es Targovishte Traminer 2007, del productor LVK- Vinprom en el pueblo de Targovishte.

Targovishte es un pueblo situado en el noreste de Bulgaria con gran tradición vinícola. De hecho es la zona donde podemos encontrar una mayor producción de todo el país. Podemos encontrar gran variedad de vinos blancos, por ejemplo con las variedades riesling, sauvignon blanc, muscat y esta traminer que nos ocupa.



La traminer es pariente directa de la gewurztraminer. Se comenta que la gewurz es descendiente directo de la primera. Su nombre procede del pueblo tirolés de Tramin y data de principios del siglo XI. Por su propensión a los cambios mutó a la llamada traminer musqué, traminer perfumé o como la llamaron los Alsacianos Gewurztraminer por su carácter mucho más aromático y perfumado.


Nuestro Targovishte Traminer 2007 tiene un 12% de vol. de alcohol y su color es de un pajizo algo subido. Aromas a flor blanca y tropicales, especialmente lichis y algo de piña, no destacan especialmente. El paso por boca es ligero y con una acidez extremadamente justa.

Un vino fácil de beber, sin apenas complejidad, y que dista mucho de sus parientes ya comentados.


Como curiosidad tiene un pase pero no repetiré.

Puntuación 7,5 PCG

La foto del racimo de uvas procede de http://www.oekowinzer.de/weine.htm

domingo, 5 de octubre de 2008

Ronda: ecología y varietales

Algo debe tener la tierra malagueña de Ronda para que tanta gente aventurera del vino se posicione sobre esa zona y vean en ella un potencial que, salta a la vista, es extraordinario.
No se conforman con plantar las típicas variedades que se dan por el resto de la península –las cuales están demostrando grandes dosis de aclimatación-, sino que además, se atreven a traer variedades totalmente ajenas a esa tierra, variedades que no se tiene ni idea de que rendimiento y/o calidad serán capaces de ofrecer.

Un claro ejemplo es Bodega Kieninger, que con su propietario de origen austriaco, Martin Kieninger, procura -con ayuda de la agricultura ecológica-, mostrar la capacidad de las variedades autóctonas de su tierra natal como la blaufraenkisch y la zweigelt.
Martin es arquitecto, muy comprometido con el Medio Ambiente (experto en bioconstrucción y arquitectura sostenible). Su mujer, homeópata de profesión, emplea sus conocimientos para tratar los viñedos contra las plagas. Vamos, un equipo volcado al máximo con el respeto a la madre tierra que sin duda lo consigue.

En 2001 plantaron, en una única hectárea de la finca “El Corchero”, sus primeras cepas de las impronunciables variedades citadas, junto con otras de cabernet sauvignon, pinot noir y merlot. Tres mil plantas que dan un total de 1800 botellas de seleccionados y mimados vinos de autor, que definen perfectamente la filosofía de la bodega.
Dos son los vinos que producen: Siete Vin y Vinana. Las dos botellas comparten muchas cualidades: misma dosis de crianza en roble americano (10 meses), clarificado con clara de huevo -ecológico, claro- y fermentación natural.

Tema aparte su etiquetaje, bastante cuestionable estéticamente y con ausencia de cápsula (no se hecha de menos, pero es curioso). Una presentación tan personal como el producto creado, ¡no cabe duda!


Siete Vin se podría definir con una sola palabra: pureza. Es un vino que nos llegó a emocionar, su capacidad para mostrar unos varietales totalmente desconocidos para nosotros fue demoledora. De una forma tan sutil como profunda, nos susurró al oído, sin estridencia alguna, su transparencia vital. Todo ello desde la “básica” categoría de Vino de la Tierra.
Sin referencias sobre la blaufraenkisch y la zweigelt (utilizadas a partes iguales) nos quedamos boquiabiertos al comprobar tal derroche de expresión, cuanto tiempo hacía que no disfrutábamos con un vino así de expresivo. Las 700 botellas producidas son transcripciones exactas de suelo y casta.


Magnifico color picota de capa alta con un ribete pequeño, tintado de color violeta.
La fase olfativa es camaleónica, cambiante por momentos, siempre hacia registros más logrados. Los frutos rojos frescos son continuos, acompañados de lácteos con frutillos del bosque (moras y grosellas), un fino y creciente especiado (clavo y nuez moscada) y, después de algo de movimiento en copa, aparece un caramelo de violetas sumamente acorde en el conjunto.
Boca redonda, con la típica acidez de un vino novel que acompañada de una cremosidad latente, deja las sensaciones alcohólicas un paso por debajo. Taninos varietales algo verdes, pero tan agradables como necesarios.
Retronasal afrutado, especiado, con mucho mineral arcilloso y recuerdos de regaliz suave mezclado con hierba aromática.

Puntuación: 8.72


Vinana sigue siendo un vino ecológico, por supuesto, esta vez con la contra etiqueta de la D.O. Sierras de Málaga Serranía de Ronda, debido a que sus variedades, en esta ocasión, así lo permiten. Formado por un curioso coupage (57% cabernet sauvignon, 29% pinot noir, 14% merlot) permite una fase olfativa bien curiosa: cada varietal es autónomo, en diferentes partes de la cata permite la identificación (y disfrute) por separado de cada uno de ellos.
La añada 2007 se concibieron 1100 botellas de este vino.


Presenta un color morado de fino ribete rojizo. Lágrima rápida, teñida y bastante abundante.
Lo primero que se percibe en nariz es un especiado totalmente varietal de cabernet (pimiento verde y pimienta), pero se atisba por detrás una amalgama de frutillos rojos con nata que pertenecen a la porción material de pinot noir. Poco a poco el aroma evoluciona, va cambiando hacia registros más conjuntados y aparecen notas terrosas y de suaves inciensos.
Una acidez muy lograda hace que la boca sea realmente agradable, con una estructura cremosa y un recorrido tan largo como profundo.
El retro nos muestra la presencia de merlot, colonia de violetas y arándanos aparecen en el fondo de la nariz. Una nota de frambuesa y regaliz nos deja constancia del gran vino que estamos bebiendo durante largo tiempo.

Puntuación: 8.66


Todos los miembros de Vadebacus coincidimos en esa particularidad que es la máxima expresión varietal. En los tiempos que corren es todo un lujo encontrar vinos de esas características, vinos alejados del patrón (lamentablemente) standard. Recalcar también la perfecta conjunción de la madera sobre la materia prima, realmente se hace difícil apreciar ningún tipo de aporte maderil.

Damos encarecidamente las gracias a la tienda Vinos de Ronda, ya que sin su colaboración no hubiésemos descubierto estos particulares vinos.

jueves, 2 de octubre de 2008

Lactarius deliciosus

Recién empezada la temporada agarramos nuestros bastones, nos armamos de un buen cuchillo, nos calzamos nuestras botas, recogimos el cesto de mimbre y pusimos rumbo a nuestro lugar secreto, escondido en las montañas del pirineo gerundense -léase ripollès- en busca de uno de los tesoros más codiciados llegada la época : las setas, los níscalos, los rovellones, los ceps , els pota de perdiu, las llenegas negres, pinatells y demás veleidades que esconden nuestros bosques cuando se acerca el final del verano.


En el noble arte de “cazar” setas hay que seguir un pequeño ritual que puede sorprender a quien no esté avezado en estas lides. Se trata en primer lugar de levantarse, cuando algunos precisamente a esa hora se recogen tras una noche de fiesta, a las 5 de la mañana. Hay que rodearse de amistades que nunca le puedan a uno levantar la pieza, o dicho de otro modo, que sean dignos de confianza y también conocedores entusiastas en la difícil tarea de recoger níscalos. Y por último me atrevería a decir que hay que compartir pasión y afición pero a uno debe gustarle la soledad. Como un perro de presa hay que patear el terreno durante horas sin más compañía que el trino de algún abejaruco asustado o el aleteo de un vencejo que levanta el vuelo.


De vez en cuando se impone un reagrupamiento del grupo para contar las capturas. Para ello es necesaria otra habilidad muy conocida entre las gentes del campo. A intervalos regulares hay que emitir unos cortos silbidos para que el otro sepa que aquel pedazo de montaña está siendo batido por el compañero, algo imprescindible para acotar cada uno su propio territorio de caza.
Sin ser satisfactoria, la cobranza fue la justa como para poder presumir en casa de una comida con la primera cosecha del año de rovellones (lactarius deliciosus) y ceps (boletus vinícola), que aparte de alguna pota de perdiu (chroogomphus rutilus) y algún pinatell (suillus luteus) fueron mi principal aportación micológica en aquella jornada.




Como de marinar también se trata se impuso un magret de pato condimentado con pasas, piñones, ciruelas y un toque amargo con piel de naranja. El plato iba acompañado de los ceps, cortados en finas rodajas y un revoltijo de rovellones y pota de perdiu a su alrededor.
Y llegado el momento, no menos importante era la elección del vino que recayó al final en un Duas Quintas,”engarrafado” por la Bodega de Ramos Pinto, Reserva 2004 de la D.O. Douro. Un “vinho” producido por una casa que se remonta a 1880 en una región conocida, y a la que no es ajena, por un mundo aparte como son los Oporto.
Devuelve en primera instancia notas a barrica tostada que se tornan golosas en boca, con algo de caramelo y uva pasa. Potente y muy tánico es sin embargo fresco en boca con un punto amargo y algo salino
Para nada recuerda a sus internacionales primos –Oporto- y aconsejan unos años más de guarda. Cosa que respetaré con mi segunda botella. Está elaborado con la touriga nacional, touriga franca y tinta barroca y presenta un grado alcohólico de 13,5% vol.

P.C.P. 8.9