jueves, 31 de julio de 2008

Santa Rosa Reserva 1998.

Después de pedalear 32 Km. bajo la sofocante canícula de una tarde de martes, me apeteció darme un homenaje para contrarrestar tanta sudor perdida (alguien dijo alguna vez que la sudor es sufrimiento que emana de nuestro cuerpo en forma de líquido).
Los que saben lo que es sufrir encima de una bicicleta, también saben que la cabeza trabaja mucho, no diré más que las piernas pero a la zaga les va…. Entre cavilaciones, pensamientos y temas varios bien considerados (dos horas de pedal dan para bastante) me autoconvencí de que esa noche tenía que abrir alguna botella que hubiese tenido tiempo de sudar lo suyo también, una botella con edad y que me indicara que el esfuerzo realizado tarde o temprano da sus frutos.
Tal y como llegué a casa, abrí la bodega y saqué un vino al cual le tenía ganas. Últimamente no voy sobrado de alegrías por la franja levantina y, harto de esperar un rayo de luz en la zona, me decidí por Santa Rosa Reserva 1998, de la bodega Enrique Mendoza. Se trata de un vino con historia, de lo mejor que se elaboraba (nótese que digo “elaboraba” y no “elabora”…) en la D.O. Alicante.

Se basa en un 70% de cabernet sauvignon y un resto -a partes iguales- de merlot y syrah recogido íntegramente en la finca El Chaconero, en la población de Villena. Supongo que la bravura de las variedades obligó al enólogo a darle un reposo de 12 meses en tanques de acero y, la friolera de 17 meses de roble nuevo de los bosques galos de Allier, más 40 días en el mismo material americano (Ohio).

Recuerdo este vino hace 5 años cuando salió al mercado, con una consistente dosis de firmeza, estructura y un aletargado poder varietal que, pese a su potencial, no acababa de resurgir entre tanta madera nueva y demoledora. Confiando en que esa gran uva bordelesa sacase pecho en el futuro, guardé una botella para saber de que pie calzan con el tiempo las buenas elaboraciones en la zona del calor sureño.

Nota de cata:

El color parece que es la parte más afectada por la edad, manteniendo un rojo cereza madura algo amarronado y turbio, de capa más bien media y un ribete ancho, claro y de color rubí.
Nariz típica de la variedad reinante en el coupage, primero hermética, con el tiempo pasa por delante nuestro el típico especiado y un pimiento verde que también desaparece al rato. Incienso, arándanos, especiados (curry, pimienta negra en grano), hierbas mediterráneas son claros, el mineral arcilloso queda en segundo plano ¡pero ahí está!
La boca está marcada por la sedosidad y la consistencia que provoca de principio a fin. Una acidez moderada ayuda a hacer el trago algo más fresco y, su estructura todavía en alza, da sensación de opulencia. Tanino pulido de sensación dulce.
Realmente largo, con persistencia en retro de especias y caja de puros vieja.

Puntuación: 8,85 POG


Después de ver la buenísima evolución que ha tenido este vino, sólo me queda por comentar las grandes diferencias de elaboración en sucesivas añadas (no hace mucho, pudimos comprobar la falta de equilibrio en la última añada, la 2003).

Quizá la pregunta sería: ¿Vende más un vino alcohólico y compotado que un vino moderado y varietal? Supongo que la respuesta difiere de un paladar a otro, pero yo, lo tengo muy claro.

Y por último... ¿soportaran 10 años de guarda esas nuevas elaboraciones?

lunes, 28 de julio de 2008

Roc del Boc


La Convención de Derechos Humanos de Ginebra establece la obligatoriedad de una serie de derechos para con los prisioneros de guerra capturados en combate.
En mi caso, como si de un Guantánamo se tratara, pagué muy cara mi osadía al desafiar los “elementos” que aquí me acompañan: Xavito Sastrada y Oscar Gallifa, mis compañeros de aventuras en estas y otras lides.
Sirva esta pequeña anécdota para ilustrar el ágape que siguió a la épica aventura.
Roc del Boc es el nombre de un pico de 2.774 metros situado en la Cerdanya francesa lindando con el Capcir. Tiene un poco de todo para el que le gusta la aventura en montaña: un paisaje todavía virgen con flora y fauna abundante, unos paisajes maravillosos y una dificultad montañera no apta para el que no está habituado a efectuar algunos pasos de escalada.


El Pas del Violoncel, debido a la curiosa forma de la mole granítica que se alza justo antes de acceder a la cima del pico, es la dificultad más retratada. Aunque la cresta somital de retorno del Serrat dels Esqueis es también digno de figurar en el santoral de esta montaña.
La excursión que se alargó durante cinco horas fue magnífica, con inicio y final de recorrido en el pueblo de Planés, cercano a la localidad de Mont Louis, fortificada por Vauban en el siglo XVII.
El final de etapa concluyó en el Restaurant Can Ventura de Llivia donde nos esperaban las especialidades de la Cerdanya dispuestos en un marco incomparable, en una casa del casco antiguo de la Villa situada ,anacronismos de la historia por el Tratado de los Pirineos, en pleno territorio francés .


El menú se compuso, entre otros platos, de un micuit de foie gras, un "filet a la llosa”, una pizarra caliente donde se cuece la carne lentamente, y un postre a base de pastelería de la casa con chocolate negro.
El vino escogido fue un Solideo 2004 Dehesa de los Canónigos que nos recordó a que sabe un buen Ribera del Duero, muy alejado de los gustos maderizados a base de extracciones masivas que ahora son tan propios del lugar, “una lástima”. El reencuentro con el típico tempranillo de la Ribera nos hizo recordar cuánto nos aleja de la tipicidad de la zona el llamado nuevo estándar globalizado.
Por cierto sobresaliente la RCP del Restaurant Can Ventura y una carta de vinos entendida como un “servicio” más que como un negocio. Algo que debiera generalizarse en el ramo de la hostelería.
Un día redondo.

viernes, 25 de julio de 2008

Primer Concurs Blogdocat

Por primera vez en este espacio de la blogosfera se pretende reconocer los esfuerzos de los que escribimos sobre el mundo del vino. La D.O. Catalunya ha decidido premiar a los mejores blogs catalanes dedicados al mundo del vino. Los requisitos: poseer un blog con sede en Catalunya, escrito en cualquiera de las dos lenguas oficiales, y que difunda la cultura del vino a cualquiera de sus niveles, desde las diferentes notas de cata a cualquier acto informativo que promueva dicha cultura.
Más información sobre la convocatoria la tenéis en el siguiente enlace, pinchando aquí.
Desde Vadebacus nos sentimos contentos de que las diversas entidades aprecien nuestros esfuerzos, los de los demás blogs existentes sobre vino en el espacio virtual y, en definitiva, cualquier iniciativa con carácter amateur accesible a través de la red de redes.

¡Buena suerte a todos!
¡Sort a tothom!

martes, 22 de julio de 2008

Básicos alemanes de 2007

Un año más se presenta la nueva añada 2007 con los vinos básicos de los mejores productores alemanes. La cita, en Girona, de la mano de Michael Wöhr y sus apóstoles de Vinialia.

Un total de 15 vinos. 12 correspondían a la nueva añada 2007, 2 de 2002 (uno de ellos de burbujeante carbónico) y 1 de 1990 que sirvió de colofón para mostrar y percatarse de hasta donde llega el potencial de estos vinos.

La añada en cuestión parece que fue un tanto atípica, prácticamente igual de “irregular” que todas las últimas del último decenio (el dichoso cambio climático tiene mucho que ver…), con una poda en verde muy temprana y unas temperaturas bastante cambiantes. Por suerte, parece que el resultado final de la meteorología y del buen hacer de los productores hizo que, a día de hoy, podamos contar con unos vinos capaces de emocionar por la franqueza expresar su terroir de origen y, lo que es más importante, serios candidatos a envejecer más que dignamente.

Dos cosas nos explico con detalle Michael: La primera, que hay que ponerse una cantidad determinada de vino en la copa para catarlo cabalmente y, la segunda, la importancia del aire en estos vinos. Todos (salvo el Sekt, lógicamente) fueron descorchados con 20 horas de antelación para favorecer su óptimo consumo, para que mostrasen el máximo potencial que atesoran. Aún con todo, alguno de ellos apareció bastante cerrado, que con algo de trabajo en copa enseguida respondió estupendamente.

Veamos que sensaciones dejaron estos vinos al poder compararlos in situ:

Georg Breuer Sekt Brut 2002 (Rheingau. 45% PN, 25% PG, 25% PB y 5% R) : Profundo amarillo dorado con fina burbuja. Fruta amarilla y roja entremezclada con hierbas aromáticas. Con temperatura y aire aparecen claras notas de hidrocarburo y caramelo de piel de limón. Cremoso en boca con un carbónico muy integrado. Largo final algo amargo.

Grans-Fassian Mineralschiefer 2007 (Mosel): Amarillo pálido brillante y ligero en copa. Pétalos de rosa, lichis y pulpa de uva abundan, el mineral y un rastro de palodul vienen seguidos. Entrada ácida, con un fino y ligero carbónico juvenil. Untuoso y francamente seco. Retro de hueso de melocotón y bergamota.

Christmann Riesling 2007 (Pfalz): Presenta un matiz más dorado y menos brillante que el anterior, de aspecto untuoso. Melocotón maduro, mucho mineral autóctono, lavanda y apuntes cítricos severos. Boca oleosa con buena acidez de entrada y sumamente largo. Muy seco también.

Burklin-Wolf Ruppertsberger 2007 (Pfalz): Amarillo medio, de apariencia algo densa. Pera limonera, ciruela blanca, rosas, limón y mineral. Recio en boca, muy equilibrado de sensaciones y sabroso. Largo y atractivo.

Georg Breuer Rüdesheim Estate 2007 (Rheingau): Burbujas enanas dentro de su amarillo pálido. Flor blanca aromática, manzanilla y jazmín. Hierba segada y restos de azufre.
Muy equilibrado (acidez/azúcar) pero con dejes de residual agradables. Profundo y refrescante, serio.

Hermann Dönnhoff Trocken 2007 (Nahe): Algo subido de tono, con cierto brillo. Fruta blanca madura, sutil mineralidad, humedad y hierba dulce. Realmente seco en boca, con una acidez medida y suficiente. Final largo, herbáceo con piel de cítrico y te verde.

Wittmann Westhofener “S” Trocken 2007 (Rheinhessen): Amarillo realmente brillante. Olores lácticos de queso, fruta amarilla al horno, ligeras levaduras y un elegante mineral. Boca con protagonismo mineral, con carácter vinoso tremendamente adictivo. Cítrico (pomelo rosa) en retro y final prolongado.

Emrich-Schönleber Mineral 2007 (Nahe): Magnifica pureza y claridad, amarillo cristalino. Hierbas orientales, mineral y rastros de sulfuroso. Boca amplia, con matices redondos, nada estridente. Ácido final con profunda longitud cítrica en el paladar.

Hermann Dönnhoff Tonschiefer 2007 (Nahe): Típico color rieslingniano con atisbos de carbónico juvenil. Flores blancas, cítrico confitado, flores de tocador (lavanda y espliego). Boca completa, redonda con tacto untuoso. Muy largo en el final de boca con un magnífico recorrido. Te amargo de recuerdo.

Emrich-Schönleber Lenz 2007 (Nahe): Bonito amarillo verdoso con lágrima lenta. Láctico, gran presencia mineral (pizarra) con mucho cítrico confitado. En boca resalta el residual, más abundante que en los anteriores. Vicioso. Realmente muy largo y de amplio recorrido final.

Fritz Haag Riesling 2007 (Mosel): Color amarillo claro, con mucho brillo y una lágrima abundante y rápida. Mucha fruta amarilla ácida, albaricoque verde y un sutil aroma de mineral in crescendo. Boca redonda, femenina por su finura y con una acidez vibrante, tensada. Final meloso y refrescante, con notas de miel de flores y mineral entremezclado. El mejor de la muestra.

Maximin Grünhauser Riesling 2007 (Mosel): Amarillo dorado con tendencias verdosas, de denso aspecto. Mucho fósforo evidente, pétalos de flores casi marchitos y profusión de notas melosas. Muy ácido en boca, terriblemente fresco y con un tacto untuoso, sin percibir en exceso el residual (22 gr./l).

Hermann Dönnhoff Riesling 2007 (Nahe): Típico amarillo subido de tono, ágil y brillante. Mucha ralladura de limón, cítricos dulces, miel con flores blancas y pinceladas de queso de bola. Boca de entrada ácida y estructurada sin una presencia remarcable del azúcar. Elegante y comedido en el paso por boca, dejando un final de caramelo de mandarina y dejes herbáceos.

Reichsgraf von Kesselstatt Scharzhofberger Kabinett 2002 (Mosel): Amarillo comedido por los años en botella, ligero en copa y de lágrima rápida. Petróleo y parafina unidos en simbiosis con las apabullantes flores blancas, mineral y algo de azufre. Boca electrizante, ácido como pocos y con un equilibrio que sólo otorgan los grandes. Final fresco, plásticos en retro y un final entre amargo y ácido. Para beber litros.

Burklin-Wolf Gerümpel “R” Auslese 1990 (Pfalz): Ya comentado anteriormente. Grandioso, un vino para tomar o guardar una década más.



Hemos encontrado los vinos alemanes de 2007 un tanto “verdes”, realmente secos los que así pretenden serlo y con una buena capacidad de equilibrio entre azúcar y acidez. En unos meses -o años- serán más accesibles, más “tomables”.
Después de poder comparar y apreciar las bondades y diferencias de estos grandes productores germanos, no nos queda más que esperar a la siguiente cita, entrado ya el año que viene, para acabar de valorar la cosecha probando detalladamente los vinos dulces y superdulces (por desgracia tampoco ha sido 2007 un año para Eiswein...).

sábado, 19 de julio de 2008

Bürklin-Wolf Gerümpel "R" Auslese 1990

¿Cuando alcanza un vino su mayoría de edad?
Si nos ceñimos a esa edad impuesta por los 18 primeros años de vida de una persona, seguramente la inmensa mayoría de vinos se quedarán en el camino, sin importar su color, raza o nacionalidad.
En cambio, si lo que buscamos es un vino que se preste a ser guardado durante tres lustros y pico, a ganar con el tiempo en botella, a transformarse poco a poco en un producto que bien seguro nos agradará mucho más que cuando fue concebido: Eso solamente lo consiguen unos poco elegidos, los grandes vinos.

Bürklin-Wolf Gerümpel “R” 1990 tiene ambas cosas, mayoría de edad hablando en cantidad de años vividos y, ante todo, una evolución mucho más que positiva.
Algunos pensarán que un vino de Riesling (blanco por defecto, sin racismos ni xenofobias) con tal cantidad de años debe estar para el arrastre, ¡pues no! La grandeza de la uva Diva reside justamente en eso, en su clara y majestuosa evolución dentro de la botella, mostrándonos con el tiempo todo lo que puede llegar a dar de si.
Para llegar a esta conclusión hay dos opciones prácticas: Comprar y guardar para los años futuros, o bien, comprar las botellas con los años incorporados de serie (para lo último se necesita saber con quien hablar…).

Bien, después de poner en antecedentes al respetable, decir que un vino como este, que posee 9,1 gr/l de ácido tartárico necesita de una cantidad de azúcar residual a la altura para no pecar de desequilibrio. Los 90 gr/l (Auslese) que tiene este Palatinado son justo lo que necesita a estas alturas de su vida, que junto a los 10º de alcohol da un placer más que real a nuestros órganos sensoriales.

El color, como es lógico, tiende al acerado, un amarillo casi ambarino que brilla enérgicamente en la copa. La nariz resume de un plumazo esos 18 años de evolución en botella, mostrando los claros aromas terciarios de la variedad en forma de plásticos nuevos y un fino gas-oil que no enmascara a las galopantes flores blancas (casi marchitas) que llegan desde la lejanía, ganando terreno a pasos de gigante acompañadas de nítidos cítricos (lima, pomelo verde). Fruta amarilla ácida y rastros de hueso de melocotón acompañan a una nariz cambiante y de larga evolución en copa.
En cuanto a la boca poco se puede decir, más que nada por lo tajante y directo que es, acidez y un suave registro abocado se transforma al final de la boca en un deje amargo que levanta pasiones, incitando a un consumo nada moderado.
Muy largo, tremendamente largo y evocador de su lugar de origen, mostrando por vía retronasal unos suaves cítricos custodiados por un ramillete de lavanda y espliego..

Puntuación: 9,05 POG


Para comprar y guardar, tanto la añada como el vino en particular permiten decenios de diversión asegurada.
Que gran cosecha esta de 1990, ¡cuantos placeres nos ha dado hasta ahora y cuantos nos dará en un futuro!

miércoles, 16 de julio de 2008

Venus al caer el sol

Sábado, siete de la tarde. Calor y humedad. Mosquitos y sangre. Piscina y niños. Riesling alemán y tinto de Montsant. Más de dos horas hacía que nos habíamos sentado en la terraza, viendo a los críos disfrutar, brincando y llorando sin parar. Llevábamos dos blancos, alemanes,de impresión. Había queso, pastitas, buen pan, y una funda para el vino, porque el sofoco era importante.

¿Nos abrimos un tinto?. ¿Después de estos blancos?. Breve reflexión y me levanto de la silla por primera vez en un buen rato. ¡Adelante!. Bajamos a la bodega y tras un corto debate elegimos uno de aquellos vinos que hacía años que estaba en mi mente, pero que nunca había tenido la oportunidad: Venus La Universal 2000.

Venus La Universal es el hermano mayor del anteriormente llamado Eneas y desde hace unos cuantos años Dido. Es un vino de la D.O. Montsant, donde la bodega La Universal tiene su sede. Concretamente en las afueras de Falset, muy cerca del IES Priorat. Dirige la bodega Sara Pérez, la conocida hija de José Luís Pérez, uno de los pioneros del Priorat en su última y exitosa etapa. Hace ya que intentaba buscar la cosecha 2001, decían que era una maravilla por aquel entonces, pero no encontré ni una sola botella y mi pasión se extinguió o bien pasó a otro lugar de almacenamiento cerebral.

El caso es que no me lo pensé dos veces aunque después de dos vinazos blancos y dulces, la cosa estaba un tanto en stand by. Sin decantar, en copa, con aquel calor, aún con la funda. Ocho años de vida la de este cariñena y syrah al cincuenta por ciento. Yo no se si es el coupage, el momento, la evolución en positivo en botella o qué demonios, pero el caso es que me pareció un vinazo, diferente a sus hermanos de zona. Os comento en la siguiente nota de cata mis impresiones:


Nota de cata:


Cariñena y syrah al 50%. 14 % de alcohol en la etiqueta, 16 meses de barrica de roble francés nuevo.


Su color es aún picota subido aunque el ribete clarea ya. Se advierte la alta graduación al agitar el vino en la copa. La nariz es inicialmente de cariñena. Fruta madura de calidad mezclada con un chocolate fino hacen este vino muy familiar para los que bebemos buenos caldos de la zona. Aparecen mentolados, adornando el conjunto, y un fondo suave mineral, sin aplastar, elevando el resultado más allá de lo que podía imaginar. Con la evolución ligada al oxígeno en la copa aparecen toques de tabaco, a puro. La temperatura le sienta bien, no se vuelve pesado, al contrario. Por retro aparecen guindas en licor pero sin molestar, una pieza más del conjunto.

El paso por boca es extraordinario: amplia entrada con taninos pulidos, un vino con garra por la obvia acidez aún presente. Final largo que invita a seguir con otra copa.

Una sorpresa por el positivo resultado, un gran vino.

Puntuación: 9 PCG

domingo, 13 de julio de 2008

Egon Müller, con dos huevos!

Los huevos fritos deberían poseer el título de “plato nacional”. Existen pocas posibilidades de elaboración, pero quien negará que es uno de los platos que tanto sirven para un roto como para un descosido. Ya sea en el desayuno, el almuerzo o la cena, sirven para deleitarnos con la producción de las plumosas y cacareantes gallináceas.
No hay mejor huevo que aquel que sale de un animal bien alimentado con lo que la naturaleza tiene previsto para ese fin, y no por lo que los hombres hemos cambiado en pos de una cantidad y una calidad un tanto alejada de nuestra propia conveniencia.

No hace mucho descubrí que en cierta cadena de tiendas de alimentación ecológica, recién instaurada en mi ciudad, venden (¡y a que precio!) unos huevos de los cuales aseguran que sus hacedoras han sido alimentadas con puro maíz natural. Efectivamente, el color amarillo de la yema y el sabor de la clara así lo atestiguan.


Con sus tres sencillos ingredientes (huevos, AOVE y una pizca de cloruro sódico) no se resisten ni al más torpe cocinero… lo que si permite, es un poco de adaptación y personalización a la hora de cocinarlos.
Bien caliente el aceite, se introduce el huevo (de gallina, pato o codorniz…) y se deja freír a la vez que vamos salpicándolo por encima para que todo el conjunto resulte cocinado. Aquí es donde yo tengo una preferencia, la yema poco hecha y, la clara, con una puntilla bien tostada en todo su perímetro.
La sal ,si puede ser, que proceda de las salinas inglesas, Sal Maldon.


En fin, no voy a seguir para que no parezca un decálogo de algo que realmente no tiene mucho secreto, pero, lo que es digno de loar es el maridaje que he descubierto con cierto vino blanco ¡Como no!
Un gran vino que sólo tiene 9,5º de alcohol (para que más si su equilibrio es pasmoso) y que limpia de inmediato la sensación grasa que pueden dejar los huevos en la boca.

El acierto viene asegurado cuando el nombre de Egon Müller salta a escena. Poco me equivoco si digo que es el mejor productor de vino “divino” de la zona de Mosel (Alemania).
Cuidado, muchos pensarán que un vino dulce (este productor “en principio” sólo realiza dulces) no pega para nada con una elaboración culinaria como los huevos fritos. Efectivamente, por eso descorche toda una novedad de la firma, un vino seco, con el sello inconfundible de Don Egon y un poder de satisfacción muy amplio.


Scharzhof 2007 es un vino monovarietal de riesling (para los amantes de las siglas: Qba y VdP), en un estado totalmente primario de fruta muy pero que muy madura, tanto que casi parece fruta tropical. Necesitado de años y/o tiempo de aireación tiene una nariz protagonizada por la fruta comentada, que poco a poco va tornando hacia las flores blancas y los nísperos sin madurar. Ni rastro de miel ni otras golosidades. La sensación olfativa acaba con dosis de cítricos y mineral de la zona (éste último necesita oxidación para saltar la palestra).
La boca demuestra que manos han diseñado y elaborado la materia prima que lo forma. Entrada directa, algo opulenta, con una sensación horizontal de plenitud bestial que in crescendo se transforma en un golpe de vibrante acidez que hace estremecer los carrillos de inmediato. No resulta extremadamente seco en boca, da la sensación de poseer un residual similar a algunos GC.
Muy largo, la sacudida ácida se alarga en forma de zumo de limón por retronasal, acompañado de buenas dosis de mineral fósil y hierbas aromáticas (menta).

Esta vez dejo pendiente la puntuación del vino, pero seguro estaría entre le 8,8 y 9 POG. Esperaremos un par de añitos para volver a catarlo y, entonces si, estará preparado para ser evaluado en plenitud de facultades.
Para más información, contactar con los talibanes del riesling.

jueves, 10 de julio de 2008

Pierre Gimonnet: burbujas que refrescan

Montar una cata como lo hizo Carlos Palahí, pensando únicamente en los dos últimos vinos, sólo se explica una vez catados. Se dejó aconsejar y acertó con el espumoso, un gran champagne, joven y frutoso, equilibrado y complejo, agradable y muy satisfactorio, tanto en sus características organolépticas como en su precio, inferior a los 30 euros.


Se trata de Pierre Gimonnet & Fils Cuis 1er. Cru. Es un champagne sin añada cultivado en Cuis, en un maison con más de 250 de tradición. Con uvas de la Côte de Blancs, de chardonnay, se hace este monovarietal al más puro estilo de la bodega, vinos vivos, con ligereza pero con ese particular efecto que aporta la chardonnay.

Este “sin añada” es un assemblage de tres añadas con una corta estancia en sus lías que le aporta frescura. Posteriormente se le añadieron 8gr/l de azucar, lo normal para un brut es entre 10 y 12 gr/l.

Tal vez el éxito de este champagne fue el momento de su degustación, tras una pesada tira de olvidables tintos, cargados de globales intenciones y sin rasgos destacables. Este champagne aportó la frescura que necesitábamos y aquí os dejo las impresiones grupales:


Nota de cata:

Color amarillo algo pálido con algún reflejo verdoso, burbuja fina y persistente sin formar rosario. En nariz se nota fresco, fruta amarilla, frutos secos y fino mineral con un ligero aumento de la temperatura. En boca resulta equilibrado, muy buen paso incrementando la sensación de frescor, carbónico bien integrado, con cuerpo y con la sensación de poder seguir bebiendo trago tras trago. Retro mineral con recuerdos cítricos y ligeros ahumados.


Puntuación: 8’7 PCG

lunes, 7 de julio de 2008

¡Esto es la pera!

Nos llega en esta ocasión, desde las tierras del desembarco más famoso de la historia, la oportunidad de catar la que, casi estoy seguro, se puede definir como la mejor sidra de pera del mundo.
La sidra es un producto alcohólico de muy bajo grado, se trata de zumo de fruta (en esta ocasión pera) fermentado. No más de 3º alcanzan las buenas elaboraciones como esta, pero se disfrutan de lo lindo por su contenido frutal y varietal.

Poiré Granit es una elaboración realmente milimetrada, con un sentimiento por parte del hacedor, Eric Bordelet (web), hacia su tierra y sus productos que es digna de loar.
Hay que saber que un buen peral tarda muchos, pero muchos años en dar una fruta en consonancia, con calidad para satisfacer a nuestro maestro sidrero. Según palabras suyas, estos árboles necesitan 100 años para crecer, 100 para producir y 100 para morir…así pues, con esa materia prima no es de extrañar la gran calidad de este zumo fermentado.
Un suelo 100% granítico donde los árboles sufren y crean un fruto pequeño y concentrado, con más de veinte variedades de pequeñas peras diferentes (fausset, certeau, belle verge, connerie, etc, etc.…), confieren a esta sidra un gusto salvaje, expresivo y curiosamente realzado.



Las sidras del Sr. Bordelet, desarrollan su espumante carbónico al finalizar la primera fermentación en botella. Filtrándola, en la sidra queda sólo la levadura activa suficiente para que después despliegue en la botella la presión deseada. Por tanto, todo el carbónico procede del azúcar natural de la fruta, sin ayuda del añadido de elementos ajenos.

Tan lejos llega la fama y calidad de la susodicha, que se llega a decir que cuando se elabora con esmero puede llegar a tener algo de la magia de un buen riesling alemán.

Nota de cata:

Magnífico color amarillo dorado, similar a la cerveza. Burbuja natural muy fina y lenta que recorre un fluido de aspecto denso.
Nariz muy varietal, con protagonismo (lógicamente) de aromas de pera de San Juan y de Puigcerdà (por dar nombres corrientes para nuestro espectro de variedades). Aromas de carburo húmedo y azufre se entremezclan con pinceladas de miel fresca del año.
La primera sensación en boca es de zumo de pera dulce pero con tacto espeso, pero, con el fino carbónico y el toque cremoso cambia drásticamente hacia un final de boca sumamente ácido y profundo, donde las notas de fruta madura llegan a borbotones después de tragar.
Marcadas notas de cáscara de cítrico en retro y una persistencia muy larga. Perdura una sensación de piel de gajo de mandarina madura y un fondo de madera vieja.

Como en otras tantas ocasiones, este descubrimiento no podría haberse llevado a cabo a no ser por la generosidad de Carles, nuestro intrépido reportero dicharachero del grupo. Gracias mil.

viernes, 4 de julio de 2008

Can Sais selecció 2003


Vall.llobrega es un lugar de lo más pintoresco en el límite de lo que se reconoce como Baix Empordà, situado a caballo entre Palamós, Mont-ras y Palafrugell. Vall.llobrega no beneficia de playas, ni tampoco de edificios peculiares, ni tan siquiera de galerias comerciales ni discotecas de moda donde poder dar rienda suelta al bullicio y los calores del verano. Vall.llobrega fue y sigue siendo en gran medida uno de los últimos paraísos protegidos por las Gavarres, un sistema montañoso litoral que se extiende desde Palamós y La Bisbal hasta Girona.

Allí me escapé un verano cuando las bicicletas eran el único medio de transporte para un niño de 14 años, y no como las de ahora, ligeras y de aleaciones de titanio o carbono, sino de las BH de toda la vida y 20 kilos en canal. Digo que me escapé, pero con toda la pandilla y la bendición de los padres que por aquel entonces nos liberaban de cualquier atadura durante las vacaciones escolares. Mi padre es de Palafrugell con lo que aparte de jugar a marineros de vez en cuando se estilaba una escapada a lo “Verano Azul”. Conste en acta que yo no soy ni Pancho ni Bea.

No era fácil porque había que atravesar el límite oriental de las Gavarres, con su peculiar olor a corcho seco que desprendían las encinas y la solitaria ermita de Fitó que despertaba imágenes infantiles de batallas lejanas con armadura y espada. Finalmente una espectacular bajada con les Illes Formigues y la bahía de Palamós al fondo nos catapultaba en las inmediaciones de Vall.llobrega. Allí parada y fonda como quien dice. Uno de la pandilla era familiar de una de las masías de la zona. Era un final apoteósico entre viñedos y maizales. El regreso lo hacíamos en el camión descubierto que nos acercaba de nuevo a la Vila de Palafrugell.

De eso hace más de 30 años pero el recuerdo aun sigue vivo. No hace mucho pude comprobar que todavía no han desaparecido viejos olores y sabores y que las imágenes se mantienen a pesar del desaforado urbanismo. Vall.llobrega sigue siendo lo que era al amparo de la serranía circundante y la nacional que vomita su estruendo a tan sólo un centenar de metros por delante del pueblo. Diría que el tiempo late a una cadencia mucho más lenta y pausada.

Y siempre el viñedo protagonista al amparo de la tramontana y el calor extremo. La brisa marina se torna húmeda cuando choca con las Gavarres y extiende su manto en forma de vapor de agua aliviando aquellas tierras de secano.
Así la masía de Can Sais ha ido creciendo a lo largo de todos estos años. Primero vendía el vino a granel como mandaba la tradición. Unos años mejor, otros no tanto pero se mantenía la producción a base de garnatxa negre, ull de llebre, un poquito de samsó y la malvasía, protagonista de otra entrada en Vadebacus.
De los 5 duritos el litro de antaño hasta los 10/15 € de hoy en día ha llovido como para llenar pantanos. La propiedad se mantiene dentro de la misma familia que ha reconvertido el negocio en profesión.

Si la malvasía es original, no lo es menos el Can Sais selecció, vino de guarda a base de ull de llebre, samsó, merlot y garnatxa negra. En mi caso es una botella de la añada 2003 en la que no figuraba la denominación Empordà Costa Brava y rezaba únicamente en la etiqueta Massís de les Gavarres. La sensación fue de lo más placentera, aterciopelado, taninos pulidos e integrados y una acidez que le auguran una larga guarda. El final sobresaliente con sabor a higos en flor y paja recién cortada; ahí juega la samsó.

Nota de cata

55% ull de llebra, 25% samsó, 15% merlot y 5% garnatxa negra.
Grado alcohólico : 13%.
Lenta maceración durante 30 dias con crianza íntegra en roble francés durante 18 meses.
Vino sin filtrar para conservación de todas sus características.
Se prevee que alcanzará su plena madurez en el 2011-12.
Se recomienda servirlo a 16º-18º y decantarlo 1 hora antes.

P.C.P. 9,1


Foto : "camí de Vall.llobrega"

Nota del autor : el protagonista de la foto es mi padre Joan Palahí inmortalizado por mi abuelo. Archivo Pere Palahí.

miércoles, 2 de julio de 2008

Viñas viejas de Toro.

De la tierra con nombre de miura me llega -por segunda vez en vida- la oportunidad de catar este vino.
Resulta curioso que una zona que siempre (según cuentan) ha dado unos vinos bastante recios, con alcohol considerable y casi al borde la rusticidad más absoluta, llegue a producir –ya sea por la labor del hombre o no- vinos sedosos, provocadores, casi a la altura de otras zonas próximas con más fama.
En el fondo me vengo a referir que es de justos otorgar a aquel que se lo merece el reconocimiento de una labor afín a su zona, una proyección y una confianza que todos deberíamos aplicar. Ese el caso de la saga Fariña, siempre profetas de su tierra, intentando dirigir desde una óptica de promoción y cuidadas hechuras una bodega que se vuelca en su producto autóctono al 100%.

Como es lógico, se abastecen de una gran casta vinícola como la tempranillo, bueno, Tinta de Toro para los lugareños.
Con más de 300 hectáreas se realiza una clara selección de los terrenos y las parcelas más agradecidas, sobretodo, para su vino estrella Campus Viñas Viejas 2000. Viñas que la philoxera no colonizó, con una edad que oscila entre los 50 y 140 años.
No faltan mimos para este vino en la bodega, la niña mimada se podría decir, envejecido durante 15 meses en barrica francesa y americana (en idéntica proporción), finalizando su manipulación en bodega con un embotellado ausente de filtrado y de estabilización para no restar ni un ápice de potencial.

De bonito color picota negruzco, casi sin ribete y con una lágrima ancha. Nariz muy sugerente a cacao, frutos negros al punto de madurez y finos balsámicos que poco a poco van tomando el protagonismo. Larga evolución en copa hacia la sensualidad, aromas muy sutiles, con gran presencia de mineral (canto rodado y grafito).
La boca muestra un vino sabroso, opulento y estructurado por el potencial de su uva. Acidez media que remata el trago con un fino tanino que luce espléndido al final de boca, sabroso y redondeado. Recorrido magnífico, con final de cacao puro y frutas negras de bosque. Muy largo y adictivo.

POG: 8,9


Perfecta evolución en botella que muestra un vino con cualidades sobradas de guarda, que seguirá su camino hacia la elegancia. Otro monovarietal para apuntar en la lista de “Grandes tempranillos”.