lunes, 30 de junio de 2008

Un cava bien bueno para el verano

Después de mi periplo lejos de la red de redes, obligado por la desconexión, os ofrezco una continuación de mi última entrada. Os comentaba un muy apetecible arroz negro italiano junto a un cava rosado bien rico y diferente y a un precio de risa.
Hoy, y de la misma bodega, os quiero hablar del que para mi es su mejor cava: Vendrell y Baqués Brut Nature. Se trata de un cava de 30 meses de crianza y que en su coupage encontramos las tres de costumbre en la D.O. Cava: Xarel·lo, Macabeu y Parellada. No es un cava de añada y pertenece a una bodega muy poco conocida cuyos responsables conozco personalmente.
El Celler Tres Tombs está situado en el término municipal de Avinyonet del Penedés y el cava lleva el nombre de Joan, l'hereu de las cavas.
Lejos de estrellatos y estancias en el zenit de las grandes marcas, este cava es de aquellos que hacen afición, increible su precio, inferior a 4 euros por la calidad que atesora. Recientemente tuvimos invitados, amigos, en casa y servimos una copita de este cava como antesala de una bonita reunión. El resultado fue tan satisfactorio que ya me encargaron unas botellas par mi próxima visita al celler.
Este cava presenta un color dorado con burbuja fina y constante, aunque no muy intensa. Aromas a manzana ácida, también asada con el incremento de temperatura. Afloran esos toques que proporciona la crianza, bollería y levaduras, frutos secos más obvios conforme el líquido se asienta en la copa. Pinceladas de anís, tambien. Boca equilibrada, no excesivamente ácida, digamos que lo necesario para darle ese garbo que refresca la cavidad bucal. El carbónico excelente, perfectamente integrado, milagros de la naturaleza. Un final amargo que se agradece, le otorga maneras de grande, recuerdos finales a levaduras y a manzana ácida.

Puntuación: 8'6 PCG

sábado, 28 de junio de 2008

Valtosca 2001, syrah de Jumilla.

No hace demasiado tiempo, hablaba con un amigo, enochalado como yo, sobre el fondo de bodega que se va amontonando por comprar y comprar vino en épocas de desconocimiento (hasta que uno se hace la idea de lo que realmente le gusta, pasa un buen tiempo comprando y comprando para saberlo)
Por ejemplo, recuerdo perfectamente las buenas críticas que recibió Valtosca 2001 cuando salió al mercado. La guía española por excelencia lo aupó a la categoría reina (90+) de un plumazo, aún siendo la primera añada que salía al mercado.
Antaño, con mi pobre experiencia en el tema de la syrah, pensaba que eran vinos que soportaban bien el paso de los años. La vida, la práctica y la comparación directa me ha enseñado (por desgracia a golpe de billetera, por supuesto a fondo perdido) que hay mucho polvo entre tanta paja glorificada. Por decirlo de una forma más suave y menos dolorosa para muchos, una vez más he descubierto que la syrah es magnífica más allá de los Pirineos (viviendo en Barcelona como yo vivo) y que hay que andar con mucho ojo cuando se trata de otra zona, sobretodo, no esperar grandes hechuras y lamentablemente, poca o nula evolución favorable.

Valtosca proviene de la Propiedad Vitícola casa Castillo, amparada dentro de la D.O. Jumilla, en la localidad homónima.
Este vino sale de la transición entre las laderas de grava y el valle, con un suelo franco-arenoso recubierto de tosca caliza (de ahí el nombre Valtosca, valle-tosca). La plantación en espaldera y alta densidad proporciona este ejemplo de vino maduro y concentrado en su juventud.
Su elaborador, José María Vicente es franco. Aquí unas palabras del mismo al respecto:

“Ciertamente los vinos del valle del Ródano gozan de mayor frescura y acidez, que los hacen muy aptos para largos envejecimientos, pero que en su juventud son bastantes austeros. Por contra Jumilla tiene un clima más cálido y la maduración es más extrema ofreciendo vinos muy afrutados y golosos en su juventud, pero con un envejecimiento más limitado.
Lo que es evidente es que la evolución aromática pasa factura. Hoy un Valtosca 2001 no es un vino primario, frutoso y goloso, a evolucionado hacia toques más especiados y minerales, la fruta pasa a segundo plano desarrollando un carácter muy balsámico. Esto se asemeja mucho a un vino australiano y eso me da mucho miedo.”


Nota de cata:

D.O.:
Jumilla
Variedades: 100% Syrah
Crianza: 10 meses en barricas de 500l. de roble francés
Alc.%: 14,6º
Precio:14€

Presenta una visual de rojo picota, con capa media y un ribete rojo cereza.
Aromas un tanto reducidos, con necesidad de aire que oxigene y limpie el vino. Dátiles, ciruelas pasadas y acetona reinan en la nariz del producto, que con el comentado oxígeno se le añaden notas de curry y salmuera. Realmente sorprendente la nefasta y poco equilibrada nariz que guarda... ¡Me recuerda a una coca-cola olvidada una semana en un vaso!
La boca sustancialmente mejor, con algo de acidez que mantiene su estructura primaria, con buen paso y un recorrido medio. Por lo menos el alcohol está bien integrado.
Retro algo torrefacto, con notas de humo y fruta dulce (picotas maduras, higos).

Puntuación: 7,6 POG


Realmente me sorprende lo mal que aguantan este vino una dosis de tiempo no demasiado elevada (7 años son muchos para un monovarietal de syrah con 10 meses de crianza en roble??).

Comentar también que al día siguiente, por supuesto, le di otra oportunidad de expresarse con el beneplácito del aire y casi me supuso un trauma. Mayor desequilibrio y una fruta tan pasada que parecía PX...
Acepto que Valtosca no es un vino de guarda, pero, esas sensaciones de desequilibrio no son fruto de un caldo que se le haya pasado el arroz, más bien de un problema de calidad final.

Otra decepción con la zona en cuestión, suma y sigue...

miércoles, 25 de junio de 2008

Expression de Gneiss 2006, una de cal y otra de granito

Desde la región de Nantes llega un buen vino de raza autóctona, poseedor de rasgos propios de su lugar de origen: Expresión de Gneiss 2006 de Domaine de l´Ecu.

Guy Bossard es el artífice de estos vinos tan particulares, apoyándose en un cultivo y unas maneras biodinámicas muestra los valores y el nivel que puede llegar a tener una variedad que, en principio, no se valoraba para hacer vinos de calidad/guarda.
Pese al nombre de la denominación, Muscadet Sèvre et Maine, no se trata de ningún muscat (moscatel) sino de la variedad Melon de Bourgogne, cuyo nombre procede de la forma que adquieren las hojas de dicha vid.

En esta propiedad tienen bien diferenciados sus terrenos separando muy bien sus terroirs por la diferencia de minerales que existen, de ahí sus vinos basados 100% en la expresión (valga la redundancia) telúrica que proporcionan sobre la misma variedad de uva.
Igual que en la práctica totalidad de las elaboraciones de la zona, se utilizan las lías (Sur Lie) para dotar al vino de un plus de estructura y consistencia, así como un estricto calendario de embotellamiento y puesta en el mercado.

No me alargaré más en la descripción de la bodega y variedades, mejor comentar el vino en cuestión y sacar algunas conclusiones al respecto…
Decir que no hace ni un mes que compré dos botellas (10€/botella) del vino, la primera salió rana, con un grandioso problema de tricloroanisol –vamos, TCA para los amigos- que hizo que ni el tonel del vinagre fuese merecedor de tal presente.
La segunda fue descorchada al día siguiente (como comprenderéis no convenía guardarla por si acaso…) no sin ese mal augurio que parecía revolotear sobre la botella. A Dios gracias, perfecta ¡Esta si mostraría lo que habían querido embotellar!


La variedad en cuestión es poco cromática (por lo menos en este caso), dota al vino de un tono amarillo pajizo bastante brillante y cristalino. Su nariz recuerda al hinojo joven, a mar, a fruta amarilla y cítrica al punto de maduración. Su mineral se deja notar en segundo plano, un bonito aroma a silex, yeso y granito mezclado.
La boca tiene una inconfundible aguja, con una fina acidez que recorre todo su esqueleto y acaba con una sensación de falta de estructura, livianas notas amargas y recuerdos de azufre.
Largo en post-gusto, con marcado carácter mineral y piel de limón mondada.
Puntuación: 8.1 POG


En anteriores experiencias con los vinos de la zona, mi apetito de sensaciones placenteras se sintió más satisfecho.
Quizá le achacaría una falta de estructura en boca, solamente eso, suficiente tal vez para no redondear la faena. Tanto su nariz como su final son muy agradables, varietales y naturales, bien encaminadas hacia la definición de una zona.

Acompañó bastante dignamente un aperitivo de sábado compuesto por unos pimientos de Padrón (en esta ocasión no picaron) y un revoltillo de gírgolas, espárragos y gambas.

lunes, 23 de junio de 2008

Fransola 2005, Vinetum Paganicus

Una de las cosas que más me llama la atención, es como las grandes casas de vino realizan tiradas de cientos de miles de botellas, guardando una calidad bastante aceptable en todas ellas.
El gigante del vino nacional Torres es especialista en la labor, grandes producciones de sus vinos de gama media que siempre suelen satisfacer la relación calidad/precio.

Personalmente siento favoritismo por uno de sus vinos blancos, Fransola, de la finca homónima situada en el centro del Penedés, concretamente en Santa María de Miralles.
Un (casi) monovarietal de sauvignon blanc -de magnífica expresión según añadas- que surge de 25 hectáreas capaces de producir la friolera de 125.888 botellas (en 2005). Increíble su adaptación al terreno, mostrando un vino muy varietal, de marcado carácter mineral y respetuoso con sus hermanos oriundos de Francia.
Resulta un vino que muestra la cara de una sauvignon bien madura y, que sin perturbarle demasiado, recibe la dosis de 8 meses de crianza en roble francés y americano. Se beneficia de un tratamiento sobre sus lías que le confiere una estructura, que junto con la comentada crianza y sus valores de acidez, lo dotan de una capacidad de guarda relativa. En su contra etiqueta aseguran que vivirá y mejorará durante 3 a 5 años sin problema alguno.

Nota de cata:

D.O.: Penedés
Bodega: Torres
Varietales: 95% sauvignon blanc, 5% parellada
Alc.: 13,5º


Presenta un bonito color amarillo verdoso, con bastante lágrima ancha.
Abundas los aromas de herbáceos (acacia, hierba segada) con buenas dosis de cítricos (lima, limón), hinojo y piel de uva verde. En un segundo plano se reconoce un fino y matizado mineral calcáreo acompañado de una chispa de fósforo.
La boca llama la atención con una acidez en todo su recorrido, fresco e incisivo en matices elegantes. Una trama bien compacta que deja un final largo y fresco, con cierto amargor ligero que otorga rasgos varietales.
Retro de palodul, con bastante tiza y su particular sequedad. Herbáceos, rastros de higuera y registros marinos terminan con su satisfactorio recorrido.

POG: 8.85


En dos años de guarda el vino ha cambiado los aromas de frutas maduras por otros más varietales y literalmente con más terroir. La boca gana en complejidad y traduce la untuosidad primaria en acidez y equilibrio de sensaciones.
No muestra signo alguno de cansancio o declive, es más, me arriesgaría a guardarlo 1-2 años todavía en vista de lo bien que evoluciona hacia matices mas complejos.


Después de dos días abierto acompañó a las mil maravillas unos mejillones de roca y unos berberechos gallegos, combinación perfecta.

sábado, 21 de junio de 2008

Arroz integral negro

El arroz es el protagonista de esta entrada. Hace algunos meses que visité l’Enoteca d’Italia, en Barcelona, vieja conocida por los blogueros que escribís sobre vino. Allí, además de un exquisito trato y de una improvisada y muy provechosa cata que muy amablemente montaron, me obsequiaron con un paquete de arroz integral negro, gracias Hal.

Insistieron en que no es el típico arroz negro que podemos encontrar en los supermercados, sino que su color provenía de su condición de integral.




Llegó el momento de hacer uso de él y tengo que deciros que ha combinado perfectamente con los dos platos que hemos preparado en casa. Primero un risotto de verduras, exquisito, que le fue de perlas a ese arroz integral.


A los pocos días decidimos hacer una típica ensaladilla rusa con el arroz, guisantes, huevo duro, surimi de pescado, maíz. Espectacular el resultado y perfecto este arroz en ensaladas.



Para acompañar dos botellas del mismo vino, un cava rosado: Vendrell y Baqués Brut Nature, xarelo y parellada con una pizca de pinot noir. Treinta meses de crianza y un precio de risa, no llega a los 4 euros. La bodega Celler Tres Tombs está situado en Avinyonet del Penedès y cualquier visitante puede acceder a cualquiera de sus tiendas situadas en el municipio y comprar este cava y cualquiera de los que comercializan a precios muy comedidos.

Nota de cata:

Cobrizo intenso con burbuja media hacia pequeña, persistente aunque no muy abundante. En nariz aromas de fruta roja no muy madura y finos toques de bollería que aportan complejidad, algo de anís y muy buena evolución con ligero aumento de la temperatura. En boca es de buen paso y el carbónico está bastante integrado, fundiéndose al final con un amargor que lo alejan de los cavas clásicos y aportando personalidad. Un rosado rico y además barato.

Puntuación: 8'2 PCG

jueves, 19 de junio de 2008

Otro domingo lujurioso

Parece que se está creando una especie de compromiso dentro del grupo Vadebacus, que lejos de causar obligaciones a quien le toca, hace que se ponga (nunca mejor dicho) toda la carne en el asador.
Ya sea con más espacio o menos, las reuniones se acontecen últimamente a buen ritmo, con grandes manjares de fabulosa factura, acompañados de los mejores vinos votados al dedillo para redondear la faena.
En esta ocasión bastante fauna marina pasó por la mesa en cuestión, dejando un muy buen sabor de boca a los anfitriones del evento, pero sobretodo, a los humildes invitados que disfrutamos de lo lindo con tan buena predisposición y mejor compañía.

El almuerzo comenzó con un picoteo variado donde no faltó una buena ración de pulpo a Feira de buena factura, salmón marinado con eneldo y aceite de trufa blanca (próximamente será objeto de una entrada completa) y una curiosa y original conserva de paté de oricios de marcado carácter marino.
Y para que no se diga, el primer plato vino siguiendo la línea comentada anteriormente, un pastel de salmón que hizo la delicia de los allí sentados.
Resultó una muy buena combinación con el vino que teníamos preparado para el momento, Gatinois Brut Rosé. Anteriormente se había comentado que a este Champagne le hacía falta un tiempo de reposo y tranquilidad. Pues si! Ahora mismo resulta 100% convincente, totalmente satisfactorio.

Su fina burbuja es tímida, poco abundante en ese medio de color rosado, algo anaranjado. La nariz es un prodigio de levaduras, pastelería fina y mineral autóctono, vía directa desde su lugar de origen, Aÿ. La boca redonda y sedosa, con el carbónico muy bien integrado y de grato final con recuerdos de mineral y finos matices.
Curiosa nariz algo cerrada, que hasta el día siguiente no se decidió a dejar oler frutillos rojos. ¡Buena evolución en todo caso!

Una porción de ternera hizo el disfrute del siguiente invitado a la copa, Campo Eliseo 2001 proveniente de la D.O. Toro. Curioso caldo realizado por Didier Belondrade y Michel Rolland, con la típica fuerza y terruño de su D.O. pero con un marcado carácter afrancesado, sin altas maduraciones de la tinta de Toro y sin la evidencia de su alcohol (13,5º).

Color rojo cereza bastante oscuro, casi sin ribete pese a sus 7 años de vida. Nariz muy armónica, con presencia de fruta madura (roja y negra), hierbas silvestres, hollejo de uva y fino mineral. Estructurado en la entrada de boca, deja una sensación de amplitud muy buena, con gran recorrido hasta el final del trago.
Muy largo y de marcado carácter silvestre, devuelve aromas de cedro, piel de uva y dejes de regaliz.
A esas alturas de la reunión, con nuestros estómagos y pituitarias rozando su límite físico, apareció en escena una coca de hojaldre artesano rellena de manzana que realzó los ánimos de los comensales a su estadio más primigenio. Gula casi.
Gessinger Zeltinger Schlossberg Eiswein ´90 puso su golpe de efecto transportándonos a ese paraíso llamado Mosel.

De subido tono ambarino, rezuman notas de hidrocarburos varios por la copa, flores blancas amontonadas y frutas blancas bien maduras. Ligeras pinceladas de miel fresca también…
La boca no tiene explicación, sensación de dulzor y acidez se mezclan creando un paso de boca realmente sugestivo. Termina con un punto amargo muy, muy cachondo (perdón por la expresión, sale sola).
Sumamente largo y condicionado -como todos los rieslings- a su temperatura.
Y eso es todo, mención aparte para los licores (destilados por el propio anfitrión) que corrían mesa arriba, mesa abajo sin destino fijo, ni nadie que pudiese recrearse más con ellos.…

lunes, 16 de junio de 2008

La ocasión la Pintia(n) calva

VERTICAL DE PINTIA


Aunque Vadebacus no existía como tal por aquel entonces, algunos de sus miembros se aprestaron a seguir la estrella de David en pos de un nacimiento que prometía ser sonado. Y no nos referimos a aquel otro que se produjo lustros ha en el medio Oriente sino a uno más cercano en el tiempo y que se asocia a uno de los gurús de las mejores producciones vitivinícolas españolas y marca de referencia en este mundo hoy en día tan globalizado, Pintia de la D.O. Toro, hermano menor del Grupo Vega Sicilia.

Dispuestos a apadrinar la criatura nos dispusimos a hacerle un seguimiento exhaustivo. Bueno para ser justos hay que atribuirle todo el mérito a Oscar, nuestro miembro más infatigable y alma mater de la asociación que aquí se presenta, organizador y mecenas del acto.

El garaje de Oscar se prestó, una vez más, a ser sede del evento. Cinco eran cinco las botellas de Pintia que se iban a descorchar. Y no fueron más porque cinco son las añadas desde que vio la luz la luz la primera cosecha de Pintia en 2004 : Pintia 2001,2002,2003,2004 y 2005.

Todo ello iría acompañado de un plato contundente como la fabada asturiana, de impecable presentación y factura a cargo de la cocinera de su vida Marta. Fabada que por cierto causó furor antes y después de la salida del estómago. ¡Que derroche de energía y que contribución al cambio climático!


La primera cosecha de Pintia,2001, se comercializa en 2004.Sin conocer su capacidad de envejecimiento decidimos experimentar se evolución a lo largo de unos pocos años. La producción, radicada en la D.O.de Toro y de enorme potencial, se inició con 80.000 botellas en la cosecha de 2001 y el 2011, aproximadamente, alcanzará la máxima de entre 25.000 y 30.000 unidades.

Según reza en el propio Grupo Vega Sicilia acerca de su ya consolidado proyecto Pintia es que “elegimos Toro por ser más caliente que la zona de Ribera del Duero y porque el terruño es básicamente una alfombra de piedras depositadas por el río Duero. Una región Doblemente caliente con el consiguiente riesgo de hacer vinos pesados y difíciles de disfrutar. Además, para agudizar el problema, en Toro necesitamos madurez lo más completa posible a riesgo de grandes grados alcohólicos para obtener una mínima condensación de taninos”.

La cosecha se recoge a mano. Las uvas recién vendimiadas pasan a una cámara de frío antes de pasar a la fermentación. El periodo mínimo de barrica es de entre 12 y 15 meses. El ensamblaje final se realiza al cabo de dos años efectuada la cosecha y si el producto final no es satisfactorio no será comercializado.


Notas de cata

Pintia 2005
100% Tinta de Toro, 30-50 años de edad
14 meses de barrica nueva, 70% Nevers + 30% americano

Picota negra, ribete violáceo. Notas de chocolate, bombón junto a frutas rojas como moras maduras y grosella. Destellos de grafito y caramelo. Taninos muy pulidos.

P.Vadebacus 8,96

Pintia 2004
100% Tinta de Toro, 30-50 años de edad
14 meses de barrica nueva, 70% Nevers + 30% americano
159.000 botellas

Picota, ribete violeta. Aromas de barniz, azufre. Se nota algo más tostado y una acidez bastante más marcada a pesar de una entrada algo balsámica.

P.Vadebacus 8,95

Pintia 2003
100% Tinta de Toro, 25-45 años de edad
13 meses de barrica nueva, 70% Nevers + 30% americano
134.652 botellas

Picota negra, ribete cereza. El más floral con recuerdos a violetas. Predomina el cacao, tabaco rubio. Una acidez con recorrido amargo al final. El más diferente y que se aleja del carácter homogéneo.

P.Vadebacus 8,9

Pintia 2002
100% Tinta de Toro, 25-45 años de edad
13 meses de barrica nueva, 70% Nevers + 30% americano
104.000 botellas

Picota con ribete rojo. Algo más opulento muestra ya notas más salinas con recuerdos de anchoas. Destaca por su cremosidad, muy redondo en boca, y por un final muy salino.

P.Vadebacus 9,05

Pintia 2001
100% Tinta de Toro, 25-45 años de edad
13 meses de barrica nueva, 70% Nevers+30% americano
79.950 botellas

El primero de la saga. Color picota con ribete arcilloso, sensación que también se transmite al paladar. Primera impresión en boca de barniz, cola de carpintero y notas minerales como fósforo y grafito. Notas terciarias destacadas con marcado gusto a anchoa y final salino. Terciopelo en boca con sensación redonda y pulida.

P.Vadebacus 9,08

Nota para coleccionistas : Pintia 2001 no fue su primer nombre. Originalmente se iba a denominar Alquiriz tal y como se refleja en el corcho de esta mítica y primera añada de la nueva familia de Vega Sicilia.

vino08[1]

viernes, 13 de junio de 2008

Improvisado Quinta Sardonia 2004 T

Muy cerca de las fincas de Abadía Retuerta y a 400 metros del rio Duero se encuentran las viñas que dan el fruto a este Quinta Sardonia, en Sardón de Duero (Valladolid). Son unas 17 hectáreas de viña muy joven con suelos de origen calcáreo y su bodega la dirige el joven enólogo Jerôme Bougnaud, contando además con el asesoramiento de Peter Sisseck (sí, el de Pingus), así que nos encontramos con un vino de los llamados "de estilo moderno" por su sobreextracción, esa sobremaduración del fruto que le otorgará concentración, alcohol, POTENCIA, para ser claros, un vino "cachas" y que a fe de ser sincero a un servidor le atrae. La improvisación hizo que un día cualquiera de la semana quedara en el recuerdo a los que tuvimos la suerte de ver vaciar la botella.


El comentario que viene a continuación fue escrito minutos después de abandonar mi humilde casa por José (amigo y nuevo compañero de aventuras vínicas de los Vadebacus) tras el descorche y disfrute del vino que encabeza esta entrada:


"En algunas ocasiones, la improvisación, reúne a un grupo de amigos y les lleva a disfrutar de una experiencia inolvidable. Éste es el caso que ahora comparto con vosotros.

En el tramo final de mi jornada laboral, me encontré trabajando en casa de uno de los ya conocidos miembros de este blog, Vicente, el cual finalizadas mis labores, me sorprendió anunciándome la llegada inmediata de otro miembro no menos conocido para los amigos de Vadebacus, Óscar Gallifa.

La cosa no acabó aquí, evidentemente, pues la presencia de Óscar presagiaba que algo grande sucedería. Y así fue, Vicente regaló a nuestros paladares un Quinta Sardonia 2004. Con lo narrado hasta este punto más de uno pensará que un vino de estas características debería haber sido decantado con antelación. Dicho tema surgió durante la noche en diversas ocasiones, pero la improvisación nos regaló aspectos del vino que seguramente no habríamos percibido ni disfrutado tras su decantación.
Debido a mi corta vida en el mundo del vino, dejaré que nuestro anfitrión os facilite sus impresiones en la nota de cata.

Tan solo me queda decir que me sorprendió gratamente la última copa que tuve el placer de compartir con Vicente, pues Óscar tuvo que retirarse, y en la que la evolución de éste QS extasió nuestros sentidos casi hasta la extenuación, maravilloso!! sublime!!
Un vino a tener en cuenta y que una buena guarda garantiza improvisaciones inolvidables en la memoria de más de un amante del vino".


Nota de cata:

Quinta Sardonia 2004 T
Bodega Viñas de la Vega del Duero
VT Castilla y León
Envejecido en roble
Coupage: 45% tinto fino, 26% cabernet sauvignon, 17% merlot,
4% syrah, 3% cabernet franc, 2% malbec.
15%VOL.








Servido el vino nada más descorchada la botella apreciamos su bonito color cereza picota sin ribete y capa muy alta.
En su inicio la nariz delata una excelente fruta en buena compañía con la madera, sobre todo negra de moras maduras, cacao y tostados. Boca potente, muy sabroso, bien estructurado con taninos pulidos y buena acidez. Se oye el comentario "con hechuras de un burdeos". Final muy largo y persistente de más fruta madura. Esto era sólo el principio.

Más tarde continuaría el disfrute colectivo, ahora aparecen en nariz recuerdos lácteos de yogurt de moras acompañados de un toque mineral, todo ello muy de la zona del Duero. La boca sigue majestuosa, amplia y balsámica con un final larguísimo de regaliz y mentolados.
Y llega la última copa tras más de 2 horas de llevar babero, aparece casi victorioso el pimiento verde acompañado de recuerdos salinos. El recorrido en boca sigue siendo equilibrado y amplio pero ahora con una acidez sublime, sorprendente, que le asegura sin duda varios lustros de vida por delante.

La última copa tuvo el recuerdo de una brisa de mar en puerto de pescadores.
José permaneció unos segundos sorprendido, casi emocionado... sin palabras.

PVS:9,3

miércoles, 11 de junio de 2008

El Fin del Mundo


El Fin del Mundo es ese lugar, a menudo no tan lejano, donde uno va a parar a veces sin quererlo, empujado por alguna que otra adversa circunstancia. Julio Verne, mi autor preferido en mi etapa preadolescente, retrató muy bien lo que significaba encontrarse a la deriva, abandonado a la suerte del destino , con los elementos de la naturaleza desatados y sin vuelta atrás posible.
Es allí en el horizonte cuando una luz salvadora parecía emerger de la nada. Había llegado al Fin del Mundo. Superada la batalla cabía enfrentarse a un mundo nuevo, desconocido pero atrayente y cegador como la luz que a la postre lo guiaba.
Vaya por delante que mi intención es hablar de vinos pero lo más mundano se vuelve divino si se maquilla adecuadamente. Así es como vino a para a mis manos -nunca mejor dicho- una botella del Nuevo Mundo que además lleva impreso en su etiqueta el evocador nombre de Bodega del Fin del Mundo.


En San Patricio del Chañar, provincia de Neuquen, en la Pampa Argentina, existe la Bodega del Fin del Mundo, enclavada en mitad de la patagonia y bajo la influencia climática de las últimas estribaciones de las montañas andinas. La provincia de Neuquén constituye una de las regiones vitivinícolas de la Argentina con características ecológicas propias, que le permiten producir vinos con aptitudes diferentes del resto de las provincias. Encuadra una de la zonas más australes del mundo de producción de uvas para vinificar y es relativamente nueva en la elaboración de vinos.


La zona productora está ubicada en el departamento de Confluencia, al inicio del valle que sigue en Río Negro. Su clima es continental, templado seco, con una notable amplitud térmica y una temperatura media anual de 15 grados centígrados. Los vinos de esta zona se caracterizan por presentar un mayor contenido de acidez. Las uvas mejor adaptadas al clima frío y de gran amplitud térmica, tal como sucede en los viñedos rionegrinos, son aquí el pinot noir, el merlot o el sauvignon blanc, el chardonnay y el riesling.
El hecho de promover el nombre de la Patagonia puede otorgar ventajas comerciales frente a un mundo que busca vinos originales. El que nos ocupa es el Newen Sauvignon Blanc 2006 que siendo un básico de la Bodega tiende a parecerse mas a la hechura de un vino internacional más que a una marca propia de la tierra donde se elabora.


Nota de cata


Alcohol 13,9 %
Acidez Total: 5,32 gr./lt
pH: 3,6
Técnica reductiva con temperatura controlada
Embotellado: julio2006
Potencial de guarda : 2 años
Temperatura de servicio : entre 8º C y 10º C
Color amarillo con reflejos verdes. Aromas a frutas cítricas, hierba y piña muy madura. Entrada un tanto alcohólica, acidez persistente y notas balsámicas.

PCP 8.1

lunes, 9 de junio de 2008

Ossian 2005, Verdejo puro y duro.

Hace mucho tiempo que me considero un adicto a los vinos blancos, sean del país o extranjeros, por eso he emprendido una cruzada. Un reto personal podría decirse, encontrar los mejores blancos a nivel nacional que se puedan comparar a los blancos más expresivos y agradables que he probado hasta ahora, los rieslings alemanes.
Dos factores son muy importantes para saciar mi satisfacción en cuanto a vinos blancos, capacidad de identificarse con su terroir de origen y (si hablamos de vinos algo más trabajados) una evolución en botella favorable, que lo dote de nuevos registros terciarios y añada un plus de complejidad a éste.

Ossian 2005 es un vino nacido en Nieva (Segovia), ecológico, que proviene de viñas prefiloxéricas (de hasta 150 años de edad…) de la variedad autóctona del lugar, Verdejo. Se favorece del mismo tratamiento que usan en Borgoña con sus grandes vinos, entre otras cosas por sus barricas de 228l. que sirvieron para darle una crianza de 8 meses, por supuesto, con levaduras totalmente autóctonas.
Pese a que actualmente la bodega y los vinos salen al mercado con la contra etiqueta de la D.O. Rueda, hubo una partida al principio de su vida (las dos primeras cosechas) que por motivos que desconozco, salió como V.T. Castilla y León. ¿Será por sus 14,5º de alcohol? Lo dudo, aunque el dato en cuestión sea remarcable.

El resultado de todo ese mimado proceso es un vino de color amarillo brillante, con aspecto untuoso y abundantes lágrimas que no desmienten su altivez alcohólica. Destacan los aromas de hierba cortada, nuez verde, hoja de higuera y un final de crema pastelera bastante armónico.
La boca confirma esa untuosidad observada, con una entrada carnosa y opulenta, un tanto necesitada de frescura para contrarrestar esa opulencia. Rotundamente seco.
Registros amargos al final de boca y retro muy marcado de regaliz y corteza de palodul. Un toque mineral asoma vergonzoso desde la lejanía que crece por largo y profundo.

Puntuación: 8,4 POG


Digna de comentar la perfecta asimilación de la barrica en estos dos años y pico de vida del vino en mi humilde bodega. Notable también ese porcentaje de alcohol que no permite explayarse demasiado con él, pero que a la contra, ayudará a que pueda vivir bastante tiempo todavía en botella todavía.

No es mi tipo de vino, pero está realmente conseguido. Un poco caro, los casi 20€ que cuesta se me antojan demasiados en comparación con otros…

sábado, 7 de junio de 2008

Vino cocido

No es el primero que me encuentro y sospecho que no será el último. Uno de los mayores problemas de los aficionados a esta pasión que supone el vino es el de la conservación. Nos compramos armarios-nevera, nos construimos nuestra propia bodega acondicionada, nos montamos un aire acondicionado, invertimos para disfrutar en un medio o largo plazo de los vinos que nos gustan.

Llega el momento de comprar botellas y nos vamos a nuestra tienda de confianza, la que nos hace buenos precios por fidelidad o a aquella que nos merece gran credibilidad por su trayectoria impoluta. Y nos gastamos la pasta, pero pasta de la buena. Hay pocos vinos de los llamados a ser abiertos a medio plazo y que estén por debajo de los diez o veinte euros. Saca la tarjeta de crédito de la billetera porque no te va a llegar con la calderilla en metálico.

Yo soy de los que no suelo improvisar a la hora de comprar una botella aunque a veces me dejo aconsejar, las menos. Creo que lo mejor sería ir a nuestra tienda favorita con cámara en mano y filmar todo lo que tienen en los estantes e ir revisando en casa las existencias, por aquello de no coger una botella que pueda estar dos, tres o cuatro años allí expuesta. Hay que ser un auténtico crack para llevar el inventario en la cabeza, marcas, añadas, valoraciones de terceros…

Y claro, está la componente de la conservación de los vinos en grandes tiendas especializadas, de las que facturan millones de euros al año, de las conocidas por todo aficionado. ¿ Resulta caro hacer las cosas bien?. ¿ Es caro climatizar una tienda?. ¿ Y el almacen?. ¿Iríais a comprar a una tienda con prestigio sabiendo que en su almacen se amontonan los vinos sin control de temperatura y de humedad?.

Pocas son las tiendas que ofrecen total control sobre los enemigos de un vino. ¡Y eso que hablo de las de una gran urbe!.

¡Ah, claro!, es que hay rotación, siempre mucha rotación.

El vino de hoy es el Tilenus Pagos de Posada de Bodegas Estefanía.

Tilenus Pagos de Posada 2001, D.O. Bierzo, Mencía 100%, 13,5 % de alcohol.


Nota de cata:

Bonito color picota algo subido y con ribete que clarea ligeramente.

En nariz asombra por lo franco, muy varietal, fruta roja en su punto, moras y frutos de zarzal, algo balsámico y toquecitos de regaliz. Un atisbo terroso en nariz y sorprendentemente agradable.

En boca es un desastre: desequilibrado, taninos pulidos pero el final es amargo y de mal trago. El vino está cocido, se ha cocido en botella. Nariz muy prometedora, boca decepcionante, sentimiento final de tristeza, cabreo e impotencia.

Puntuación: Nariz: 8,8 PCG
Boca: 4 PCG

jueves, 5 de junio de 2008

Y al séptimo día, descansó.

Después de una dura semana de trabajo y alguna que otra alegría –las que menos-, con buen gozo se recibe la invitación del colofón semanal.
Como hacía tiempo que no gastábamos por estos lares una entrada sobre “Domingos gastronómicos” he aquí la dicha que mi familia política ofreció para alegría del escriba.

Un chivatazo de última hora me dejó entrever que en el primer tercio de la comida se dejarían ver cáscaras de moluscos, alguna que otra buena ensalada curiosa y sobretodo, mis amados y codiciados percebes gallegos.
Había que acertar con el primer vino, un blanco (por supuesto eso es cosa mía…) que combinara bien con esos entrantes. En la gran tienda de Barcelona pusieron de su parte aconsejando algo curioso, algo que casualmente tenía ganas de probar por haber leído bastante al respecto. Se trata de los vinos austríacos elaborados a partir de su uva autóctona, Grüner Veltliner.
Alguien me había comentado que podía parecerse al Riesling, nada más lejos de la realidad este Schloss Goblesburg Renner 2006. Quizá su color amarillo dorado deja imaginar alguna semblanza, pero su nariz especiada, con bastante fruta amarilla madura y un deje de hierba aromática muy floral difiere bastante. Un punto de carbónico recuerda su juventud en boca, de sensación cálida y untuosa dejando paso a un final aromático y algo herbáceo. Mi paladar añoró la fresca acidez que no encontró… No desentona con los platos en cuestión pero tampoco destaca, a reprobar con elaboraciones algo más complejas. (POG: 8,2)

Cambio de tercio con giro de 180º para el segundo plato, cabrito rebozado (por cierto, desde aquí un efusivo aplauso a los rebozados de mi suegra! A sus pies).
Agradable sorpresa cuando atisbé en la proximidad de la fresca terraza un decantador con algo muy negro en su interior. A su lado, un receptáculo de vidrio en el que su etiqueta rezaba Neo Punta Esencia 2005, un vinazo de la Ribera del Duero con 19 meses del mejor roble francés.
A más de uno se le habrán puesto los pelos rígidos al leer esa cantidad de buena e influyente crianza, pues no, confiad en lo que diré. La fruta sale a borbotones de la copa, muy entrelazada con los lógicos aromas aportados por la materia maderil, pero en sintonía, con garra los dos. La fruta perdida del Duero está aquí, aportando su fina nariz a ese deje láctico (yoghourt de moras) tan ribereño, con una boca recia y estructurada que hace la delicia a cada trago. Los taninos están moldeados a conciencia, redondos y sabrosos dan al final de boca una sensación de amplitud y carnosidad. Más largo que el Orient Express y perfecto con la grasa carne del cabrito. (POG: 9.2)

Y para dar crédito a esa gran frase que dice, “Por la boca vive el pez” (Fito dixit), salió de la nevera tal que galgo pulgoso un gran amigo de VDB, Barzen Eiswein 2004. Ayudó a nuestros ya pesados estómagos a recobrar fuerza para encauzar la tanda del postre, tanto las lionesas como la tarta de manzana artesana se dejaron llevar a un segundo plano por tan fresco y adictivo vino. El mineral fósil y el recuerdo cítrico nos trasladó a las desmoronadas laderas del río Mosel, mientras la recatada botella de medio litro de elixir no hacía más que menguar y menguar, augurando la presencia del ya ansiado sofá de tres plazas…..

martes, 3 de junio de 2008

Egly - Ouriet Les vignes de Vrigny 1er. Cru

Hace pocos meses ya hablamos de la bodega en Vadebacus. Fue para comentar su champagne más básico y en esta ocasión quisiera escribir mis impresiones sobre el que ha sido mi primer champagne 100% pinot menieur.
Paseando por Barcelona tropecé con la tienda que tiene Vila en la calle Valencia, Vinacoteca. He comprado allí muchas veces y me apetecía hacerme con un espumoso. Como aquel que no quiere la cosa tropecé con Egly - Ouriet y al ver que en la etiqueta rezaba su carácter monovarietal, concretamente pinot menieur, me lancé hacia el estante y me llevé una botella, para probar qué tal. Atractivo precio, inferior a 30 euros, una casa conocida y con un prestigio ganado a pulso entre los pequeños productores fueron suficientes para llevarme esa botella. Esa misma noche dimos cuenta de ella. La nota de cata a continuación:

Nota de cata: Viñas de más de 40 años situadas en Vrigny. Terreno calizo. Pinot menieur 100%. 12'5 % de alcohol. 38 meses en cava. Degollado en septiembre de 2007.

Color ligeramente a piel de cebolla, algo rojizo, burbuja muy fina y persistente. Aromas iniciales a manzana, anis y rica bollería. Rica la fruta roja que aflora al mismo tiempo que claros aromas a mantequilla aparecen, al igual que crema pastelera, más anisados. En boca notable acidez y una amargor fabulosa que engrandece el conjunto, más amargor final. Tiene carácter de vino, notable recorrido, invita a beber, su carbónico está perfectamente integrado y resulta cremoso de principio a fin.

Puntuación: 9,2 PCG

Quien vea una botella que no lo dude, recomiendo comprar. Fantástico champagne.

domingo, 1 de junio de 2008

Aclimatación..?

¿Qué variedades de uva se aclimatan mejor a una mayoría de climas diferentes?

Si hacemos un repaso de los varietales más famosos y usados mundialmente, encontramos muchos que no llegan a expresar apenas su característica personal fuera de su lugar de origen, otros que a duras penas se aclimatan a sus nuevas tierras, “obligándolos” a hacerse oír. En cambio, algunos se adaptan realmente bien, casi mejor que en sus tierras de origen, desplazando a las hasta entonces autóctonas en pos de una mejor expresión del terreno colonizado.

A mi modo de entenderlo hay dos condiciones que son realmente importantes a la hora de plantear un vino, de realizar algo verdaderamente digno, de presentar una calidad mínima. La primera es la cantidad de producción (pocas bodegas realizan cientos de miles de botellas de muy alta calidad) y la segunda, el terroir (difícil tarea la de adecuar una variedad a un terreno difícil para ella).
Con lo segundo, quisiera dar a entender que no soy seguidor de experimentos varietales, ni de sacar los varietales autóctonos de su lugar de origen… Para mí, el tempranillo de Rioja/Ribera, el pinot noir de Borgoña y el riesling de Alemania.
¡Que nadie se rasgue las vestiduras por tal expresión! Un tanto tajante, lo acepto, no se puede generalizar, pero ya se sabe que pasa con los gustos y los colores…

Dicen que la Syrah/Shiraz es buena allí donde va, como si de un comodín universal se tratase, da vinos agradables a los clientes y fáciles de hacer para sus elaboradores.
Si alguien me preguntara mi opinión sobre los vinos nacionales elaborados con esta variedad, no sería capaz de alabarla en demasía. Cuidado, muchas son las elaboraciones realizadas con esta uva a nivel nacional que son realmente rimbombantes, pero son más las que no muestran apenas nada, mejor dicho, que incluso hacen menospreciar a las que realmente son dignas de elogio.
Podemos encontrar monovarietales de shiraz diseminados por casi toda la geografía española, allí donde hay falta de novedades, allí plantan shiraz con el convencimiento de que se harán grandes vinos porque si.

Para muestra, mi botón:

Nota de cata:

Enrique Mendoza Shiraz 2002, con 14º de alcohol e idénticos meses dentro de madera nueva francesa con D.O. Alicante.

Presenta una fase visual de color picota de capa alta, ribete cereza y lágrima dispersa.
Buena presencia en nariz de flores oscuras, higos muy maduros, azúcar quemado, humo y bombón de licor.
La entrada en boca viene marcada por una golosidad latente, con cierta opulencia. Su tanino grueso y rasposo (poco amable) permite un recorrido medio con una acidez muy moderada.
Su final es suficientemente largo, con notas de regaliz, chocolate y finos balsámicos mentolados.

Puntuación: 7.9 POG


¿Es esta la expresión de un shiraz o las hay mejores?


La foto pertenece a Sebastian Ekholm