jueves, 20 de noviembre de 2008

Alemania (y IV): dos bodegas, una cata y hasta otra

Ya nos habíamos hecho la idea de que sería imposible visitar ninguna bodega debido a las fechas elegidas del viaje (plena vendimia, tiempo de estrés y nervios bodegueros).
Por esa razón, después de visitar a nuestro amigo Alexander en un viñedo donde trabaja por cuenta ajena, nada nos alegró más que escuchar de la propia boca de uno de los futuros herederos de la propiedad la invitación a una cata que celebrarían por la tarde en honor a la familia recién llegada del extranjero.

Como fuimos demasiado puntuales al acto aprovechamos la ocasión para secuestrar prudentemente a nuestro amigo para que nos enseñara las instalaciones de la bodega mientras sus responsabilidades se lo permitieran.
Muy amablemente nos mostró su “rincón de decisiones”, la sala de barricas viejas, la de los tanques de acero, la maquinaria aún brillante de reciente adquisición y muchos entresijos y recovecos que sólo los privilegiados llegan a atisbar.


A modo de lección instructiva, pudimos probar el mosto (que reposaba prensado escasamente un día antes) destinado a la elaboración de un Riesling Spätlese Feinherb. Dejemos claro que hay una gran diferencia entre catar un mosto o un vino, todo es muy primario, mucha fruta fresca varietal en nariz (en esa ocasión nos sobresalto un potente olor a boniatos y castañas asadas...), pero una increíble precisión en boca. La acidez y la estructura melosa del riesling tiene personalidad de sobra para sacar pecho desde recién exprimida ¡¡que acidez, que longitud en boca!!. Toda una experiencia que vale la pena de realizar a todo chalado vínico como nosotros.


video

La cata fue genialmente dirigida por el gran patriarca familiar, una persona que destilaba fuerza y rectitud por todos sus poros. Por gentileza hacia nosotros se tomó la molestia de realizar la cata en dos idiomas, en el autóctono alemán para la familia y en ingles para el resto de “añadidos”.
Alrededor de 15 vinos pasaron por nuestras manos y narices: la mayoría de la propia bodega y otros ya conocidos por nosotros por tratarse de los elaborados por Weingut Barzen.

Al día siguiente, todavía con ese deje mineral que dejan los rieslings sellado a fuego en el paladar, pudimos dar fe que la bodega familiar de nuestro amigo es eso, una bodega pequeña y personal enclavada en los bajos de su casa.

Los toneles y fuders que pacientes esperan al vino que apunto asoma, no hacen más que asegurar una constancia, una regularidad y equilibrio a toda materia que por ellos pasa.
Los nichos de botellas (prácticamente vacíos, buena señal) cobijan las últimas existencias de anteriores añadas, destinadas a mostrar a su hacedor su valía en futuras recatas.





Y con este pequeño escrito concluimos la serie dedicada a nuestro gran viaje (no tanto por tiempo transcurrido, sino más bien por todo lo aprendido),no nos queda más que pedir que se pueda repetir y que, como mínimo, sea tan satisfactorio como éste.

3 comentarios:

Nuria Gonzalez dijo...

Enhorabuena, chicos, hoy os he visto en el suplemento Gourmets de El periódico de Catalunya: Alberto González (quien firma el artículo)señala que www.vadebacus.es es el blog más participativo y apunta que("cada dia rep entre 100 i 300 visites").

Os lo mereceis.

Besos,

Núria

CarlosGonzalez dijo...

Gracias Núria!
Lástima que se haya equivocado y el dominio sea en realidad .com y no .es, pero bueno, ya estamos agradecidos.
Un beso

Nuria Gonzalez dijo...

Un fuerte abrazo, hermano.