domingo, 30 de noviembre de 2008

Cata de Priorats: Maius y Mayol Viticultors

Dos productores estuvieron presentes con sus respectivos productos en una cata que Vadebacus celebró recientemente. Se trata de Maius Viticultors, con sede en Sant Cugat del Vallés pero con viñedos en el término municipal de la Morera de Montsant, en pleno Priorat. Elaboran su Maius, un vino tinto con ligero paso por barrica, entre 5 y 7 meses según la añada, desde el año 2004.


El espíritu del vino radica en una idéntica columna vertebral perceptible en todas las añadas y la voluntad de querer hacer accesible el Priorat a todos los públicos. Estamos hablando de que sus vinos rondan los 12 euros, cosa que los hace muy atractivos, principalmente si se quiere conseguir un vino a precio asequible viniendo del Priorat.


Catamos vinos de todas las añadas comenzando por una novedad, un vino que no está todavía a la venta: Maius Assemblage. Se trata del primer vino del Priorat, según su elaborador, que utiliza un coupage de vino joven sin crianza junto a vino de la añada anterior, la 2006, que sí ha pasado unos pocos meses por madera. El resultado es curioso, aunque no convenció a todos los miembros de la cata (posiblemente por su reciente embotellado y la presencia lógica de SO2).


A continuación catamos las añadas 2006, 2005 y 2004 del Maius observando que el elaborador pretende conferir un hilo conductor a su vino año tras año, cierta peculiaridad de matices, sobretodo en nariz.


Maius Assemblage 2007:

Picota subido. Notas de remolacha en nariz y fruta negra, moras. Se percibe ya en este primer vino la columna vertebral de los vinos de la bodega: notas de sangre muy peculiares, pelo animal y restos de sulfuroso.En boca es sedoso con taninos bastante pulidos, cremoso y carnoso.

Puntuación Vadebacus: 8



Maius 2004:

Picota subido. Nariz nuevamente a sangre. Notas a tierra. Resulta equilbirado y algo alcohólico. Presenta ligeras notas de humedad aunque en boca es pulido y resultón.

Puntuación Vadebacus: 8,2






Maius 2005:

Picota subido en su color. Nariz a chocolate y a fruta negra en abundancia. Aparecen notas a bodega, humedades que no resultan desagradables.

En boca es ácido y falto de tiempo. Retro con las mismas sensaciones que en nariz.

Puntuación Vadebacus: 8,3


Maius 2006:

El mejor vino de la bodega en esta cata. Su color denota juventud, picota muy subido. En nariz recuerda a la tierra húmeda, leves rastros de sangre.

En boca está muy equilibrado para ser un 2006 y con un buen recorrido.

Puntuación Vadebacus: 8,5




Por otro lado pudimos probar dos de los vinos que Mayol Viticultors elaboran en Torroja del Priorat: Brogit y Roser, tinto y blanco respectivamente, con precios rondando los 22€ el primero y 13€ el segundo en tienda.

La bodega en cuestión se dedicaba a vender la uva que producían sus tierras (23 Hectáreas) a terceros, pero a partir del año 2003 decidieron crear su propio vino y así emular a sus progenitores y ancestros.



Las variedades tintas que cultivan son las clásicas de la zona (cariñena y garnacha) junto con algunas foráneas (cabernet sauvignon, merlot y syrah) para dotar a sus vinos del típico coupage por allí utilizado. En cuanto a blancas, la cosa resulta como mínimo curiosa, en contra de utilizar masivamente la garnacha blanca, le dan máximo protagonismo a la macabeu (viura) en sus elaboraciones.

Los dos vinos poseen un mayor carácter y expresividad propia del terreno donde nacen si los comparamos con los Maius. El blanco fue una grata sorpresa por su calidad, un vino diferente y muy de la zona.

A continuación las notas de cata:

Roser 2007:

Macabeu y Garnacha, 14,5% de alcohol en etiqueta.
La nariz se presenta algo cerrada. Notas tropicales, manzana y algo de coco, lima y repostería.
Aparece almendra amarga y notas cremosas de la barrica, vainilla. Floral y recuerdos a ceniza a copa vacía.
En boca es glicérico y untuoso con un muy buen paso por boca dejando un buen recuerdo por su equilibrio.
Buen blanco que expresa el terreno que le da vida.
Puntuación Vadebacus: 8,4


Brogit 2005:

Picota subido sin ribete diferenciable. Nariz con claras evidencias de confitura de tomate, hierbas secas de monte como el romero. Notas tostadas de la barrica, torrefactos, acetona y barnices todo ello con un fondo de caramelo que lo hace apetecible.
En boca es ácido pero equilibrado, con buen recorrido.

Puntuación Vadebacus: 8,4



Desde aquí agradecer a las bodegas las botellas que nos hicieron llegar y poder dar así nuestra sincera opinión.

Cata de Priorats: Maius y Mayol Viticultors

Dos productores estuvieron presentes con sus respectivos productos en una cata que Vadebacus celebró recientemente. Se trata de Maius Viticultors, con sede en Sant Cugat del Vallés pero con viñedos en el término municipal de la Morera de Montsant, en pleno Priorat. Elaboran su Maius, un vino tinto con ligero paso por barrica, entre 5 y 7 meses según la añada, desde el año 2004.


El espíritu del vino radica en una idéntica columna vertebral perceptible en todas las añadas y la voluntad de querer hacer accesible el Priorat a todos los públicos. Estamos hablando de que sus vinos rondan los 12 euros, cosa que los hace muy atractivos, principalmente si se quiere conseguir un vino a precio asequible viniendo del Priorat.


Catamos vinos de todas las añadas comenzando por una novedad, un vino que no está todavía a la venta: Maius Assemblage. Se trata del primer vino del Priorat, según su elaborador, que utiliza un coupage de vino joven sin crianza junto a vino de la añada anterior, la 2006, que sí ha pasado unos pocos meses por madera. El resultado es curioso, aunque no convenció a todos los miembros de la cata (posiblemente por su reciente embotellado y la presencia lógica de SO2).


A continuación catamos las añadas 2006, 2005 y 2004 del Maius observando que el elaborador pretende conferir un hilo conductor a su vino año tras año, cierta peculiaridad de matices, sobretodo en nariz.


Maius Assemblage 2007:

Picota subido. Notas de remolacha en nariz y fruta negra, moras. Se percibe ya en este primer vino la columna vertebral de los vinos de la bodega: notas de sangre muy peculiares, pelo animal y restos de sulfuroso.En boca es sedoso con taninos bastante pulidos, cremoso y carnoso.

Puntuación Vadebacus: 8



Maius 2004:

Picota subido. Nariz nuevamente a sangre. Notas a tierra. Resulta equilbirado y algo alcohólico. Presenta ligeras notas de humedad aunque en boca es pulido y resultón.

Puntuación Vadebacus: 8,2






Maius 2005:

Picota subido en su color. Nariz a chocolate y a fruta negra en abundancia. Aparecen notas a bodega, humedades que no resultan desagradables.

En boca es ácido y falto de tiempo. Retro con las mismas sensaciones que en nariz.

Puntuación Vadebacus: 8,3


Maius 2006:

El mejor vino de la bodega en esta cata. Su color denota juventud, picota muy subido. En nariz recuerda a la tierra húmeda, leves rastros de sangre.

En boca está muy equilibrado para ser un 2006 y con un buen recorrido.

Puntuación Vadebacus: 8,5




Por otro lado pudimos probar dos de los vinos que Mayol Viticultors elaboran en Torroja del Priorat: Brogit y Roser, tinto y blanco respectivamente, con precios rondando los 22€ el primero y 13€ el segundo en tienda.

La bodega en cuestión se dedicaba a vender la uva que producían sus tierras (23 Hectáreas) a terceros, pero a partir del año 2003 decidieron crear su propio vino y así emular a sus progenitores y ancestros.



Las variedades tintas que cultivan son las clásicas de la zona (cariñena y garnacha) junto con algunas foráneas (cabernet sauvignon, merlot y syrah) para dotar a sus vinos del típico coupage por allí utilizado. En cuanto a blancas, la cosa resulta como mínimo curiosa, en contra de utilizar masivamente la garnacha blanca, le dan máximo protagonismo a la macabeu (viura) en sus elaboraciones.

Los dos vinos poseen un mayor carácter y expresividad propia del terreno donde nacen si los comparamos con los Maius. El blanco fue una grata sorpresa por su calidad, un vino diferente y muy de la zona.

A continuación las notas de cata:

Roser 2007:

Macabeu y Garnacha, 14,5% de alcohol en etiqueta.
La nariz se presenta algo cerrada. Notas tropicales, manzana y algo de coco, lima y repostería.
Aparece almendra amarga y notas cremosas de la barrica, vainilla. Floral y recuerdos a ceniza a copa vacía.
En boca es glicérico y untuoso con un muy buen paso por boca dejando un buen recuerdo por su equilibrio.
Buen blanco que expresa el terreno que le da vida.
Puntuación Vadebacus: 8,4


Brogit 2005:

Picota subido sin ribete diferenciable. Nariz con claras evidencias de confitura de tomate, hierbas secas de monte como el romero. Notas tostadas de la barrica, torrefactos, acetona y barnices todo ello con un fondo de caramelo que lo hace apetecible.
En boca es ácido pero equilibrado, con buen recorrido.

Puntuación Vadebacus: 8,4



Desde aquí agradecer a las bodegas las botellas que nos hicieron llegar y poder dar así nuestra sincera opinión.

jueves, 27 de noviembre de 2008

Divina cena


Tal y como quedó pendiente en la anterior cata nos reunimos una vez más con el propósito de comparar y, ya que nos ponemos, abrir alguna que otra botella de esas que no todos los días podemos probar.
Como siempre Herr nos dispuso en una gran mesa, impoluta ella, esperando nuestra presencia pero sobretodo la de las botellas y decantadores que no tardaron en poblarla.

Con la entrega de un dossier emprendió la (breve) introducción de la cata. En esta ocasión empezaríamos por conocer un serio exponente al premio “Mejor RCP”: Maximin Grünhäuser Herremberg 1998.
También retomaríamos la oportunidad de la distinguida comparación entre dos vinos de la misma añada y misma zona/pago de elaboración: Dr. Burklin-Wolf Kirchenstück 2002 y Basserman Jordan Kirchenstück 2002.
Y para acabar con buen sabor de boca, tres pesos pesados tan selectivos como longevos que, una vez más, nos servirían para hacer otra doble comparación entre ellos: Grans-Fassian Apotheke Auslese*** GK 1990, Grans-Fassian Apotheke Auslese-GK 1998 y Dr. Bürklin-Wolf Gerümpel 1990. Los dos primeros nos mostrarían dos grandes añadas de un mismo productor, los mayores de edad la evolución de dos zonas y hechuras tan diferenciadas entre si aún siendo exactamente de la misma edad.

Veamos entonces las sensaciones y particularidades de todos estos vinos:

Maximin Grünhaus Herrenberg Qba 1998

Alcohol: 8,5º
Acidez: 9,8 gr/l
Azúcar residual: 42 gr/l


Proviene de un pago de 19 hectáreas aproximadamente, compuesto en su totalidad de pizarra roja desmoronada. En su parte alta posee una viña plantada en 1976. Normalmente los vinos resultan más frutales que minerales.

De color amarillo claro, muy brillante y juguetón. Profundos toques nasales de fósforo (¿sello de la casa?), azufre y gas para marcar su aporte mineral y telúrico. Con aire y paciencia muestra unas notas de queso parmesano, flores blancas bien abiertas y registros cítricos punzantes.
La boca es opulenta de entrada e increíblemente crecida al final con una fuerte embestida ácida que se prolonga hasta el fondo de nuestro esófago. De elegante y vicioso recorrido no hace más que insistir en nuestro paladar para volver a probarlo.
Una de sus mejores partes es su retro, muy marcado por las notas cítricas y ácidas de la cáscara de limón, de la lima verde. Con un deje final de polín de limón (con el típico sabor de plástico y limón que dejaban al final).


Dr. Bürklin-Wolf Kirchenstück GG 2002

Alcohol: 13,5º
Acidez: 7,6 gr/l
Azúcar residual: 7,5 gr/l


3,67 hectáreas de basalto aportado que junto a una situación de privilegio para la maduración de la uva, hacen que éste pago confiera al vino una finura, complejidad y longevidad fuera de toda duda.

Presenta una visual de color amarillo dorado con un aspecto algo espeso, como con peso. Las flores blancas se adueñan de la nariz rápidamente, dejando paso a un toque de azúcar quemado y mineral muy curioso, un mineral reconocible del pago en cuestión. Una apreciación personal no compartida por los demás miembros de la cata fue un olor a pegamento Imedio que tendía a remitir con la aireación…
Entra en boca muy sabroso, con fuerte estructura y sin complejos de pesadeces, muy fino en su recorrido y de una personalidad abrumadora. Serio, rotundo y llamando la atención a todas las papilas. Largo y grato final herbáceo, seco en su justa medida con trama elegante y distintiva.
Margaritas, mineral y hierbas silvestres se apoderan de los últimos aromas en retro.
Un vino que enamora y muestra el poder de un GG de categoría. Para tomar y/o guardar.


Basserman Jordan Kirchenstück GG 2002


Alcohol: 13,3º
Acidez: 7,5 gr/l
Azúcar residual: 7,8 gr/l

Misma parcela que el anterior, compartido con 5 productores más. Algunas replantaciones recientes hacen que las viñas no sean demasiado viejas, ni falta que le hace.

Amarillo algo menos dorado que el anterior pero igual de “denso” y brillante, con buena lágrima tranquila. Algo cerrado desde el principio, no llega a la aromática compleja de su contrincante, pero posee una bonita nariz marcada con algo de floral, fruta escarchada tenue y ese toque mineral volcánico que confiere el basalto (algo muy parecido al caramelo de azúcar moreno).
Boca melosa, con bastante untuosidad y buen recorrido. Una elaboración que marca su territorio y saca pecho sin complejo. Flores, mineral seco y hierbas medicinales por retronasal sin demasiada longitud.
Un gran vino que palideció al ser comparado con un pura sangre que parece juegue en una categoría superior.


Grans-Fassian Apotheke Auslese*** GK 1990

Alcohol: 8º
Acidez: 9,5 gr/l
Azúcar residual: 82 gr/l

De un terreno bastante ondulado (por lo que diversifica las calidades allí logradas), de 55 hectáreas llenas de pizarra negra y azul, salen fantásticos y minerales vinos. Compartido por 8 productores que intentan sacar el máximo potencial a sus terrenos.


Con un color amarillo dorado, donde la lágrima es esbelta y rápida, empieza a sugestionar enormemente. Mucho terciario (gas, vinilo, parafina…) en complejas dosis controladas, mucho mineral en la misma cantidad y mucha fruta ácida –cítrica- en idénticas dosis: un conjunto p-e-r-f-e-c-t-o. Toques florales se van apoderando de la copa y junto a unos aromas de fino laurel limitan la suave y armónica melodía nasal de éste vino.
La boca tiene infinitos matices, desde la principal acidez (chispeante, punzante) hasta un saciado final monstruosamente largo. Claro ejemplo de la mejor evolución en boca que se puede obtener a partir de un fruto.
La fase retro repite los mismos aromas que la nariz pero estirándolos en el tiempo hacia el infinito.

No miento si digo que es de los mejores rieslings que se pueden llegar a tomar. En unos 10 años le daremos otra oportunidad.


Grans-Fassian Apotheke Auslese GK 1998

Alcohol: 7,7º
Acidez: 9 gr/l
Azúcar residual: 93 gr/l


Amarillo subido de tono, con aspecto untuoso y de lento resbalar. Predominan las notas melosas en nariz, miel, flores abiertas, cítrico confitado y una suave oleada mineral que crece por detrás.
Boca con sensaciones abocadas, dando un tacto “espeso” y con peso. La acidez llega en segundo plano, acusándose hacia el final del trago. Muy largo y goloso, con claras necesidades de reposo en botella.
Retro poderoso, muy floral y cítrico (naranja y piel de pomelo maduro).

Difícil comparación con el anterior “todopoderoso” de la casa, quizá en una década tiendan a parecerse y a poder enfrentarse entre si.


Dr. Burklin-Wolf Gerümpel Auslese “R” 1990

Alcohol: 9,7º
Acidez: 9,1 gr/l
Azúcar residual: 81 gr/l

Discutible GG en el municipio de Wachenheim. Sólo uno de los dos propietarios lo clasifica como GG al poseer viñas viejas, el otro (Dr. Bürklin-Wolf) no le da ese rango, pero lo explota magníficamente.


[Cata anterior]
Dorado subido, con buen brillo. Hierbas de tocador, pomelo rosa y te verde se apoderan de la nariz, dejando el mineral en segundo plano pero permitiendo el aumento de los aromas terciarios que afloran in crescendo con el aire en copa.
Muy buena entrada de boca, con personalidad y suficiente acidez, dejando en el recuerdo cierta amargura herbácea que le da personalidad.
Largo final con marcadas notas de membrillo, espliego y toques terrosos.

Que manera tan digna y respetable de evolucionar (que no de envejecer).



Eso es lo que dieron de si los vinos en cuestión, huelga comentar la calidad y el buen entendimiento que hubo con los platos seleccionados para acompañar a la materia líquida: parrillada de verduras para el primer vino, entrecot de ternera blanca para los Kirchenstücks y surtido de quesos para los dulces.
Aparte de todo eso, también se disfrutó (unos más que otros) de un mágnum de Champagne de Jean Lallement (80% pinot noir, resto chardonnay), muy resultón al principio (varios encontraron toques salinos y buenas notas de levaduras) pero algo hinchado por su carbónico al final. Muy digno en todo caso para empezar el tema con alegría.

Desde aquí lanzo una felicitación triplicada: al dispuesto restaurante Sa-Txon por su agradecida y pendiente dedicación, a Vinialia por su buen -y casi altruista- hacer y a Lluis, por esa grandiosa 4ª botella de cápsula dorada que sacó de su atemperada y protegida bodega personal (realmente esperamos que le queden muchas más para poder volver a repetir estas odiosas comparaciones).

Divina cena


Tal y como quedó pendiente en la anterior cata nos reunimos una vez más con el propósito de comparar y, ya que nos ponemos, abrir alguna que otra botella de esas que no todos los días podemos probar.
Como siempre Herr nos dispuso en una gran mesa, impoluta ella, esperando nuestra presencia pero sobretodo la de las botellas y decantadores que no tardaron en poblarla.

Con la entrega de un dossier emprendió la (breve) introducción de la cata. En esta ocasión empezaríamos por conocer un serio exponente al premio “Mejor RCP”: Maximin Grünhäuser Herremberg 1998.
También retomaríamos la oportunidad de la distinguida comparación entre dos vinos de la misma añada y misma zona/pago de elaboración: Dr. Burklin-Wolf Kirchenstück 2002 y Basserman Jordan Kirchenstück 2002.
Y para acabar con buen sabor de boca, tres pesos pesados tan selectivos como longevos que, una vez más, nos servirían para hacer otra doble comparación entre ellos: Grans-Fassian Apotheke Auslese*** GK 1990, Grans-Fassian Apotheke Auslese-GK 1998 y Dr. Bürklin-Wolf Gerümpel 1990. Los dos primeros nos mostrarían dos grandes añadas de un mismo productor, los mayores de edad la evolución de dos zonas y hechuras tan diferenciadas entre si aún siendo exactamente de la misma edad.

Veamos entonces las sensaciones y particularidades de todos estos vinos:

Maximin Grünhaus Herrenberg Qba 1998

Alcohol: 8,5º
Acidez: 9,8 gr/l
Azúcar residual: 42 gr/l


Proviene de un pago de 19 hectáreas aproximadamente, compuesto en su totalidad de pizarra roja desmoronada. En su parte alta posee una viña plantada en 1976. Normalmente los vinos resultan más frutales que minerales.

De color amarillo claro, muy brillante y juguetón. Profundos toques nasales de fósforo (¿sello de la casa?), azufre y gas para marcar su aporte mineral y telúrico. Con aire y paciencia muestra unas notas de queso parmesano, flores blancas bien abiertas y registros cítricos punzantes.
La boca es opulenta de entrada e increíblemente crecida al final con una fuerte embestida ácida que se prolonga hasta el fondo de nuestro esófago. De elegante y vicioso recorrido no hace más que insistir en nuestro paladar para volver a probarlo.
Una de sus mejores partes es su retro, muy marcado por las notas cítricas y ácidas de la cáscara de limón, de la lima verde. Con un deje final de polín de limón (con el típico sabor de plástico y limón que dejaban al final).


Dr. Bürklin-Wolf Kirchenstück GG 2002

Alcohol: 13,5º
Acidez: 7,6 gr/l
Azúcar residual: 7,5 gr/l


3,67 hectáreas de basalto aportado que junto a una situación de privilegio para la maduración de la uva, hacen que éste pago confiera al vino una finura, complejidad y longevidad fuera de toda duda.

Presenta una visual de color amarillo dorado con un aspecto algo espeso, como con peso. Las flores blancas se adueñan de la nariz rápidamente, dejando paso a un toque de azúcar quemado y mineral muy curioso, un mineral reconocible del pago en cuestión. Una apreciación personal no compartida por los demás miembros de la cata fue un olor a pegamento Imedio que tendía a remitir con la aireación…
Entra en boca muy sabroso, con fuerte estructura y sin complejos de pesadeces, muy fino en su recorrido y de una personalidad abrumadora. Serio, rotundo y llamando la atención a todas las papilas. Largo y grato final herbáceo, seco en su justa medida con trama elegante y distintiva.
Margaritas, mineral y hierbas silvestres se apoderan de los últimos aromas en retro.
Un vino que enamora y muestra el poder de un GG de categoría. Para tomar y/o guardar.


Basserman Jordan Kirchenstück GG 2002


Alcohol: 13,3º
Acidez: 7,5 gr/l
Azúcar residual: 7,8 gr/l

Misma parcela que el anterior, compartido con 5 productores más. Algunas replantaciones recientes hacen que las viñas no sean demasiado viejas, ni falta que le hace.

Amarillo algo menos dorado que el anterior pero igual de “denso” y brillante, con buena lágrima tranquila. Algo cerrado desde el principio, no llega a la aromática compleja de su contrincante, pero posee una bonita nariz marcada con algo de floral, fruta escarchada tenue y ese toque mineral volcánico que confiere el basalto (algo muy parecido al caramelo de azúcar moreno).
Boca melosa, con bastante untuosidad y buen recorrido. Una elaboración que marca su territorio y saca pecho sin complejo. Flores, mineral seco y hierbas medicinales por retronasal sin demasiada longitud.
Un gran vino que palideció al ser comparado con un pura sangre que parece juegue en una categoría superior.


Grans-Fassian Apotheke Auslese*** GK 1990

Alcohol: 8º
Acidez: 9,5 gr/l
Azúcar residual: 82 gr/l

De un terreno bastante ondulado (por lo que diversifica las calidades allí logradas), de 55 hectáreas llenas de pizarra negra y azul, salen fantásticos y minerales vinos. Compartido por 8 productores que intentan sacar el máximo potencial a sus terrenos.


Con un color amarillo dorado, donde la lágrima es esbelta y rápida, empieza a sugestionar enormemente. Mucho terciario (gas, vinilo, parafina…) en complejas dosis controladas, mucho mineral en la misma cantidad y mucha fruta ácida –cítrica- en idénticas dosis: un conjunto p-e-r-f-e-c-t-o. Toques florales se van apoderando de la copa y junto a unos aromas de fino laurel limitan la suave y armónica melodía nasal de éste vino.
La boca tiene infinitos matices, desde la principal acidez (chispeante, punzante) hasta un saciado final monstruosamente largo. Claro ejemplo de la mejor evolución en boca que se puede obtener a partir de un fruto.
La fase retro repite los mismos aromas que la nariz pero estirándolos en el tiempo hacia el infinito.

No miento si digo que es de los mejores rieslings que se pueden llegar a tomar. En unos 10 años le daremos otra oportunidad.


Grans-Fassian Apotheke Auslese GK 1998

Alcohol: 7,7º
Acidez: 9 gr/l
Azúcar residual: 93 gr/l


Amarillo subido de tono, con aspecto untuoso y de lento resbalar. Predominan las notas melosas en nariz, miel, flores abiertas, cítrico confitado y una suave oleada mineral que crece por detrás.
Boca con sensaciones abocadas, dando un tacto “espeso” y con peso. La acidez llega en segundo plano, acusándose hacia el final del trago. Muy largo y goloso, con claras necesidades de reposo en botella.
Retro poderoso, muy floral y cítrico (naranja y piel de pomelo maduro).

Difícil comparación con el anterior “todopoderoso” de la casa, quizá en una década tiendan a parecerse y a poder enfrentarse entre si.


Dr. Burklin-Wolf Gerümpel Auslese “R” 1990

Alcohol: 9,7º
Acidez: 9,1 gr/l
Azúcar residual: 81 gr/l

Discutible GG en el municipio de Wachenheim. Sólo uno de los dos propietarios lo clasifica como GG al poseer viñas viejas, el otro (Dr. Bürklin-Wolf) no le da ese rango, pero lo explota magníficamente.


[Cata anterior]
Dorado subido, con buen brillo. Hierbas de tocador, pomelo rosa y te verde se apoderan de la nariz, dejando el mineral en segundo plano pero permitiendo el aumento de los aromas terciarios que afloran in crescendo con el aire en copa.
Muy buena entrada de boca, con personalidad y suficiente acidez, dejando en el recuerdo cierta amargura herbácea que le da personalidad.
Largo final con marcadas notas de membrillo, espliego y toques terrosos.

Que manera tan digna y respetable de evolucionar (que no de envejecer).



Eso es lo que dieron de si los vinos en cuestión, huelga comentar la calidad y el buen entendimiento que hubo con los platos seleccionados para acompañar a la materia líquida: parrillada de verduras para el primer vino, entrecot de ternera blanca para los Kirchenstücks y surtido de quesos para los dulces.
Aparte de todo eso, también se disfrutó (unos más que otros) de un mágnum de Champagne de Jean Lallement (80% pinot noir, resto chardonnay), muy resultón al principio (varios encontraron toques salinos y buenas notas de levaduras) pero algo hinchado por su carbónico al final. Muy digno en todo caso para empezar el tema con alegría.

Desde aquí lanzo una felicitación triplicada: al dispuesto restaurante Sa-Txon por su agradecida y pendiente dedicación, a Vinialia por su buen -y casi altruista- hacer y a Lluis, por esa grandiosa 4ª botella de cápsula dorada que sacó de su atemperada y protegida bodega personal (realmente esperamos que le queden muchas más para poder volver a repetir estas odiosas comparaciones).

lunes, 24 de noviembre de 2008

Cata de aniversario (y II)


Robert Groffier “Les Amoureuses” 1997:

Hablar de la Borgoña es provocar distensión y relajación, felicidad y suavidad. Los tintos que allí encontramos son caldos amables y de buen tacto, limados con el tiempo y sedosos como ninguno otro. Como siempre cada elaborador marca territorio y la calidad de los vinos siempre vendrá en función de dicha elaboración pero también del terreno.

Robert Groffier es un pequeño elaborador de la Borgoña donde posee unas siete hectáreas en diferentes zonas. La Borgoña es una zona amplia dentro de Francia con diferentes clasificaciones, casi intraducibles, con pagos compartidos y subregiones con nombre propio.

Prácticamente la zona más conocida o con mayor renombre de la Borgoña es la llamada Côte d’Or que se divide en varias subzonas, La Côte de Nuits es la que nos ocupa y se sitúa al norte del famoso pueblo de Beaune. Allí podemos encontrar varias denominaciones entre ellas Chambolle-Musigny, fragmentada en casi 30 pagos diferentes según sus calidades. Prácticamente todo son Premiere Crus y Grand Crus.
Uno de esos pagos es el llamado “Les Amoureuses”, compartido por varios elaboradores. Robert Groffier posee apenas una hectárea de terreno allí y es donde crecen los viñedos del vino que nos ocupa: Chambolle-Musigny Premier Cru 1997 “Les Amoureuses”.


Es un vino que expresa el terroir de forma intensa. De hecho fue el “ganador” de la cata de aniversario, aunque tres de los vinos quedaron muy parejos en puntuación como podéis comprobar. Es pinot noir de primera categoría, con once años a sus espaldas, tal vez aún lejos de los modernos métodos de elaboración o del efecto globalizador que tanto nos molesta. Pura seda en la boca…

Nota de cata:

Presenta un color teja oscura, algo más subido de lo que estamos acostumbrados a encontrar en los vinos con pinot noir…Ribete más claro. En nariz encontramos arcilla, tierra, fruta roja del estilo del arándano, no tanta fresa, con nata fresca. Recuerdos salinos y tabaco, puro habano. Plátano quemado o recién flameado. La boca es de ensueño: seda que no terciopelo, sin aristas. Los taninos deben estar aunque no podemos demostrarlo mediante el tacto. Enorme la acidez final, después del paso por boca, que se funde con un chocolate amargo y unos mentolados que prolongan el éxtasis te transportan en el tiempo.


Puntuación VDB: 9’68

Chateau Latour 1994:

No por nada en la clasificación general del país con más relevancia hablando de vinos del mundo, efectuada en los albores del año 1855 (con Napoleón III como emperador de Francia), se decidió cuales eran los mejores Châteaux de la zona del margen izquierdo del Dordoña, Burdeos. Se tuvieron en cuenta los precios y la calidad demostrada en los últimos 100 años, así como la categoría de sus suelos.
Pocos fueron los seleccionados en la categoría superior (la clasificación fue dilatada, abarcó desde los mejores Premier Grand Cru hasta el Cinquième Grand Cru Classé), cuatro para ser exactos: Haut-Brion en Pessag-Leógnan (Graves) y Lafite-Rotschild, Margaux y Latour en Paulliac (Medoc).

Toca centrarse en éste último, en particular al referente de la cosecha de 1994, una añada considerada como muy buena y que, por los casi cinco lustros que han pasado desde que se recogieron las uvas, puede ser un más que digno gentleman.

Vale la pena comentar que el viñedo de la propiedad se remonta a 1680, eso permite una larguísima tradición que ha desafiado a todo tipo de problemas para llegar a día de hoy como lo que es, un grande de Burdeos.
Actualmente cuentan con aproximadamente 78 hectáreas (compuesto de gravas en superficie y un subsuelo suficiente fértil) de las cuales el 75% es cabernet sauvignon, el 20% merlot y el resto de dos varietales más de la zona, cabernet franc y petit verdot. Esa misma proporción de variedades se utiliza año tras año para la elaboración de las 18.000 botellas del Gran vin.
Su crianza, como no podía ser de otra manera, se realiza en barricas de roble francés, durante un promedio de 18 meses, con pequeñas variaciones de tiempo según las características de cada cosecha.

Aparte de las bondades que nos pueda deparar un gran vino como éste conviene saber que, por regla general, los vinos de Burdeos están necesitados de una crianza en vidrio relativamente larga. Se puede hacer una media y decir que un buen Burdeos, de una añada medianamente buena, tiene unas fases diferenciadas según su edad. Al sexto u octavo años después de la cosecha resulta algo “maderoso”, sus taninos algo amargos y rústicos. Cuando cuentan con más de diez años se vuelven a abrir, fruta y una redondez en boca que durará no menos de otra década. Cuando entran ya con la mayoría de edad bien cumplida, en una etapa de aromas terciarios e incluso con toques cítricos y una boca más que elegante de sensual recorrido, tranquilamente 30 o 40 años en los mejores casos y en las mejores añadas.

Nota de cata:

Decantado dos horas.
Presenta un profundo color picota madura, con un ancho ribete amarronado. Lágrima algo teñida, dispersa y rápida.
La fase olfativa marca a fuego en la nariz unas sensaciones de poderío absoluto. Los terciarios son finos y cuidados, algo de cuero, establo caballar y caldo de carne se entremezclan y juegan entre si para tomar, a ratos, el protagonismo por separado. Con la ayuda del aire y movimiento de copa aparece un queso curado junto a un aumento de aromas de flores oscuras (violetas). Después de jugar media hora con él, las ñoras, puntas de anises y el sotobosque soleado (con su hojarasca bajo los pies) marca un final de etapa nasal que recordaremos largo tiempo.
Complicada faena describir éste vino en boca, su peso y carnosidad no se pueden expresar con palabras. Tan fuerte, tan arrogante y con tal estructura que hace palidecer al más grande catador de vinos del mundo… Su movimiento dentro de la cavidad bucal es insuperable, denso y consistente con una equilibrada carga de acidez que despierta las papilas más aletargadas. Recorrido excelente y paso por boca como lo que es, un monstruo.
El final es tan largo como la experiencia de la bodega; han de pasar unos buenos minutos para darte cuenta de que lo tragaste… Arcillosa tierra mojada, trufa y habano viejo en un retro que soporta el revolotear de pequeños querubines alrededor de la poca conciencia que nos queda sin extasiar.

Puntuación VDB: 9,65

Egon Müller Scharzhofberger Auslese 2003:

Hablar de una gran bodega puede resultar un tanto problemático por varios motivos. Primero, por no infundir el máximo respeto sobre la merecida fama de esta. Segundo, no resultar cansinos revelando una y otra vez las mismas reseñas que la inmensa mayoría de lectores ya conocen.
Por ejemplo, ¿qué se puede decir que no se sepa de grandes bodegas como Petrus, Bollinger, Domaine de La Romanée-Conti o la nacional Vega Sicilia? Difícilmente hondaremos más en el conocimiento de métodos o números (hay quien se chifla informando sobre montones de datos numéricos). Perfecto, ya los sabemos entonces.

La cuestión es que, para hablar de Egon Müller Scharzhofberger Auslese 2003 -un magnifico vino que sin duda se clasifica entre los mejores del mundo-, pocos datos podemos aportar para exteriorizar el gran potencial de la bodega o de sus acertadas creaciones.

En diversas ocasiones hemos disertado sobre éste productor en esta nuestra casa, siempre desde una óptica conservadora y, porque no, algo lúdica y enfocada a los neófitos del panorama vínico germano.
Por una vez y sin que sirva de precedente diremos que, para los más noveles en el tema, dicha bodega y su propietario actual (descendiente directo del primero) son el mayor exponente del vino alemán que hoy en día se puede encontrar, ya sea por precio medio de sus elaboraciones o por la grandiosa calidad que atesoran cosecha tras cosecha, (casi) ignorando las características de cada añada por delicadas que resulten.
Para los iniciados en el mundo de la riesling, me atrevo a definir los vinos de Egon Müller como un cóctel de los mejores retazos de otros grandes productores de la zona. Si pudiéramos diseccionar el delicado aporte mineral de Grans-Fassian, la frescura rechinante de la acidez de Fritz Haag, la columna vertebral de Heymann Löwenstein y la capacidad de envejecimiento de Maximin Grünhaus, tendríamos algo parecido a lo que esta botella de filosófico vino puede llegar a dar.
No por nada poseen la más grande parcela de Scharzhofberger, el mejor pago de riesling del mundo para muchos, toda una ladera de magnífica exposición que se reparte entre sus ocho dueños, a cual más significativo. En ese aspecto Egon Müller III lo tiene sumamente claro:

“La calidad de los vinos se forja totalmente en la viña, pero en la bodega podemos potenciar sus mejores cualidades”

Sin dilatar más el comentario de cata concluimos diciendo que éste vino, nacido en el valle del Sarre, puede y debe envejecer por decenios, aunque para desgracia de nuestras satisfacciones futuras, se puede beber desde que termina de fermentar.

Nota de cata:

Bonito amarillo dorado con cierto brillo y una densidad considerable.
Nariz marcada por ligeras notas de hidrocarburo floreciente, amielados, cítricos de toda clase y una buena dosis de fruta blanca bien madura. Parece que el oxígeno juega a su favor, evolucionando la nariz hasta unas hierbas aromáticas (menta, salvia) delicadas y sensuales.
La boca posee mucho peso, es untuoso por defecto, muy equilibrado en sensaciones y con una marcada presencia de su azúcar residual, siempre de la mano de una acidez que promete alegrías futuras.
Queda marcada en la boca la presencia de fruta en almíbar, melocotón y albaricoque maduro, mineral y hierbas de tocador. La punzada cítrica se alarga en boca mientras el reloj se vuelve compañero de cata, se mueve sin prisa….

Puntuación VDB: 9.38


Gessinger Sonnenuhr Eiswein 1998***:

Siendo esta bodega una total desconocida en España, se apostó por ella por varias bandas, lo cual nos llenó de satisfacción al comprobar, en nuestro peregrinaje alemán de no hace demasiado tiempo, que siendo un productor de dimensiones muy moderadas tiene una notable presencia en los alrededores de su patria natal, Bernkastel-Kues.
El hecho de pertenecer al VW (Vereinitge Weingutsbesitzer Koblenz) le dota de un mínimo de calidad contrastada, pero lo que realmente cuenta es la calidad media y la personalidad que el propio Albert Gessinger da a sus creaciones vínicas.

Con algunas botellas catadas ya por estos lares parece que hay una característica común y definida en sus vinos: un elegante herbáceo algo mentolado y una tan pulcra como presente acidez un tanto amarga al final de cada trago.

Esta botella viajó desde su patria natal hasta Sant Cugat para deleitarnos con un gran vino, un vino que cerró las puertas del paraíso detrás nuestro.
Algunos tenían ganas de sentir esa punzada cítrica y fresca que proporcionan los vinos helados… no salieron defraudados, todos achinaron los ojos al probar este Eiswein seleccionado.

Nota de cata:

Posee un increíble color amarillo dorado con tonos verdosos de consistencia.
Fruta cítrica, limón y pomelo se apoderan de la nariz. Hierbas medicinales y aromáticas, mezcladas con el frió rocío que sólo en Mosel se reúne en las orillas del río. Parece que los terciarios se resisten a dar la cara (sólo una leve punzada de gas se deja entrever), demasiada juventud para éste vino a día de hoy…
Con una boca presidida por la aguda acidez, recorre la cavidad con cierta densidad. Increíble saturación de las papilas más adormecidas con ese final tan personal de la casa, un toque ácido/amargo que se prolonga pausadamente.
Con esa longitud, la menta, el tomillo y algo de espliego son los protagonistas de la escena, siempre controlados desde arriba por el mineral de la zona.

Puntuación VDB: 9.43

Cata de aniversario (y II)


Robert Groffier “Les Amoureuses” 1997:

Hablar de la Borgoña es provocar distensión y relajación, felicidad y suavidad. Los tintos que allí encontramos son caldos amables y de buen tacto, limados con el tiempo y sedosos como ninguno otro. Como siempre cada elaborador marca territorio y la calidad de los vinos siempre vendrá en función de dicha elaboración pero también del terreno.

Robert Groffier es un pequeño elaborador de la Borgoña donde posee unas siete hectáreas en diferentes zonas. La Borgoña es una zona amplia dentro de Francia con diferentes clasificaciones, casi intraducibles, con pagos compartidos y subregiones con nombre propio.

Prácticamente la zona más conocida o con mayor renombre de la Borgoña es la llamada Côte d’Or que se divide en varias subzonas, La Côte de Nuits es la que nos ocupa y se sitúa al norte del famoso pueblo de Beaune. Allí podemos encontrar varias denominaciones entre ellas Chambolle-Musigny, fragmentada en casi 30 pagos diferentes según sus calidades. Prácticamente todo son Premiere Crus y Grand Crus.
Uno de esos pagos es el llamado “Les Amoureuses”, compartido por varios elaboradores. Robert Groffier posee apenas una hectárea de terreno allí y es donde crecen los viñedos del vino que nos ocupa: Chambolle-Musigny Premier Cru 1997 “Les Amoureuses”.


Es un vino que expresa el terroir de forma intensa. De hecho fue el “ganador” de la cata de aniversario, aunque tres de los vinos quedaron muy parejos en puntuación como podéis comprobar. Es pinot noir de primera categoría, con once años a sus espaldas, tal vez aún lejos de los modernos métodos de elaboración o del efecto globalizador que tanto nos molesta. Pura seda en la boca…

Nota de cata:

Presenta un color teja oscura, algo más subido de lo que estamos acostumbrados a encontrar en los vinos con pinot noir…Ribete más claro. En nariz encontramos arcilla, tierra, fruta roja del estilo del arándano, no tanta fresa, con nata fresca. Recuerdos salinos y tabaco, puro habano. Plátano quemado o recién flameado. La boca es de ensueño: seda que no terciopelo, sin aristas. Los taninos deben estar aunque no podemos demostrarlo mediante el tacto. Enorme la acidez final, después del paso por boca, que se funde con un chocolate amargo y unos mentolados que prolongan el éxtasis te transportan en el tiempo.


Puntuación VDB: 9’68

Chateau Latour 1994:

No por nada en la clasificación general del país con más relevancia hablando de vinos del mundo, efectuada en los albores del año 1855 (con Napoleón III como emperador de Francia), se decidió cuales eran los mejores Châteaux de la zona del margen izquierdo del Dordoña, Burdeos. Se tuvieron en cuenta los precios y la calidad demostrada en los últimos 100 años, así como la categoría de sus suelos.
Pocos fueron los seleccionados en la categoría superior (la clasificación fue dilatada, abarcó desde los mejores Premier Grand Cru hasta el Cinquième Grand Cru Classé), cuatro para ser exactos: Haut-Brion en Pessag-Leógnan (Graves) y Lafite-Rotschild, Margaux y Latour en Paulliac (Medoc).

Toca centrarse en éste último, en particular al referente de la cosecha de 1994, una añada considerada como muy buena y que, por los casi cinco lustros que han pasado desde que se recogieron las uvas, puede ser un más que digno gentleman.

Vale la pena comentar que el viñedo de la propiedad se remonta a 1680, eso permite una larguísima tradición que ha desafiado a todo tipo de problemas para llegar a día de hoy como lo que es, un grande de Burdeos.
Actualmente cuentan con aproximadamente 78 hectáreas (compuesto de gravas en superficie y un subsuelo suficiente fértil) de las cuales el 75% es cabernet sauvignon, el 20% merlot y el resto de dos varietales más de la zona, cabernet franc y petit verdot. Esa misma proporción de variedades se utiliza año tras año para la elaboración de las 18.000 botellas del Gran vin.
Su crianza, como no podía ser de otra manera, se realiza en barricas de roble francés, durante un promedio de 18 meses, con pequeñas variaciones de tiempo según las características de cada cosecha.

Aparte de las bondades que nos pueda deparar un gran vino como éste conviene saber que, por regla general, los vinos de Burdeos están necesitados de una crianza en vidrio relativamente larga. Se puede hacer una media y decir que un buen Burdeos, de una añada medianamente buena, tiene unas fases diferenciadas según su edad. Al sexto u octavo años después de la cosecha resulta algo “maderoso”, sus taninos algo amargos y rústicos. Cuando cuentan con más de diez años se vuelven a abrir, fruta y una redondez en boca que durará no menos de otra década. Cuando entran ya con la mayoría de edad bien cumplida, en una etapa de aromas terciarios e incluso con toques cítricos y una boca más que elegante de sensual recorrido, tranquilamente 30 o 40 años en los mejores casos y en las mejores añadas.

Nota de cata:

Decantado dos horas.
Presenta un profundo color picota madura, con un ancho ribete amarronado. Lágrima algo teñida, dispersa y rápida.
La fase olfativa marca a fuego en la nariz unas sensaciones de poderío absoluto. Los terciarios son finos y cuidados, algo de cuero, establo caballar y caldo de carne se entremezclan y juegan entre si para tomar, a ratos, el protagonismo por separado. Con la ayuda del aire y movimiento de copa aparece un queso curado junto a un aumento de aromas de flores oscuras (violetas). Después de jugar media hora con él, las ñoras, puntas de anises y el sotobosque soleado (con su hojarasca bajo los pies) marca un final de etapa nasal que recordaremos largo tiempo.
Complicada faena describir éste vino en boca, su peso y carnosidad no se pueden expresar con palabras. Tan fuerte, tan arrogante y con tal estructura que hace palidecer al más grande catador de vinos del mundo… Su movimiento dentro de la cavidad bucal es insuperable, denso y consistente con una equilibrada carga de acidez que despierta las papilas más aletargadas. Recorrido excelente y paso por boca como lo que es, un monstruo.
El final es tan largo como la experiencia de la bodega; han de pasar unos buenos minutos para darte cuenta de que lo tragaste… Arcillosa tierra mojada, trufa y habano viejo en un retro que soporta el revolotear de pequeños querubines alrededor de la poca conciencia que nos queda sin extasiar.

Puntuación VDB: 9,65

Egon Müller Scharzhofberger Auslese 2003:

Hablar de una gran bodega puede resultar un tanto problemático por varios motivos. Primero, por no infundir el máximo respeto sobre la merecida fama de esta. Segundo, no resultar cansinos revelando una y otra vez las mismas reseñas que la inmensa mayoría de lectores ya conocen.
Por ejemplo, ¿qué se puede decir que no se sepa de grandes bodegas como Petrus, Bollinger, Domaine de La Romanée-Conti o la nacional Vega Sicilia? Difícilmente hondaremos más en el conocimiento de métodos o números (hay quien se chifla informando sobre montones de datos numéricos). Perfecto, ya los sabemos entonces.

La cuestión es que, para hablar de Egon Müller Scharzhofberger Auslese 2003 -un magnifico vino que sin duda se clasifica entre los mejores del mundo-, pocos datos podemos aportar para exteriorizar el gran potencial de la bodega o de sus acertadas creaciones.

En diversas ocasiones hemos disertado sobre éste productor en esta nuestra casa, siempre desde una óptica conservadora y, porque no, algo lúdica y enfocada a los neófitos del panorama vínico germano.
Por una vez y sin que sirva de precedente diremos que, para los más noveles en el tema, dicha bodega y su propietario actual (descendiente directo del primero) son el mayor exponente del vino alemán que hoy en día se puede encontrar, ya sea por precio medio de sus elaboraciones o por la grandiosa calidad que atesoran cosecha tras cosecha, (casi) ignorando las características de cada añada por delicadas que resulten.
Para los iniciados en el mundo de la riesling, me atrevo a definir los vinos de Egon Müller como un cóctel de los mejores retazos de otros grandes productores de la zona. Si pudiéramos diseccionar el delicado aporte mineral de Grans-Fassian, la frescura rechinante de la acidez de Fritz Haag, la columna vertebral de Heymann Löwenstein y la capacidad de envejecimiento de Maximin Grünhaus, tendríamos algo parecido a lo que esta botella de filosófico vino puede llegar a dar.
No por nada poseen la más grande parcela de Scharzhofberger, el mejor pago de riesling del mundo para muchos, toda una ladera de magnífica exposición que se reparte entre sus ocho dueños, a cual más significativo. En ese aspecto Egon Müller III lo tiene sumamente claro:

“La calidad de los vinos se forja totalmente en la viña, pero en la bodega podemos potenciar sus mejores cualidades”

Sin dilatar más el comentario de cata concluimos diciendo que éste vino, nacido en el valle del Sarre, puede y debe envejecer por decenios, aunque para desgracia de nuestras satisfacciones futuras, se puede beber desde que termina de fermentar.

Nota de cata:

Bonito amarillo dorado con cierto brillo y una densidad considerable.
Nariz marcada por ligeras notas de hidrocarburo floreciente, amielados, cítricos de toda clase y una buena dosis de fruta blanca bien madura. Parece que el oxígeno juega a su favor, evolucionando la nariz hasta unas hierbas aromáticas (menta, salvia) delicadas y sensuales.
La boca posee mucho peso, es untuoso por defecto, muy equilibrado en sensaciones y con una marcada presencia de su azúcar residual, siempre de la mano de una acidez que promete alegrías futuras.
Queda marcada en la boca la presencia de fruta en almíbar, melocotón y albaricoque maduro, mineral y hierbas de tocador. La punzada cítrica se alarga en boca mientras el reloj se vuelve compañero de cata, se mueve sin prisa….

Puntuación VDB: 9.38


Gessinger Sonnenuhr Eiswein 1998***:

Siendo esta bodega una total desconocida en España, se apostó por ella por varias bandas, lo cual nos llenó de satisfacción al comprobar, en nuestro peregrinaje alemán de no hace demasiado tiempo, que siendo un productor de dimensiones muy moderadas tiene una notable presencia en los alrededores de su patria natal, Bernkastel-Kues.
El hecho de pertenecer al VW (Vereinitge Weingutsbesitzer Koblenz) le dota de un mínimo de calidad contrastada, pero lo que realmente cuenta es la calidad media y la personalidad que el propio Albert Gessinger da a sus creaciones vínicas.

Con algunas botellas catadas ya por estos lares parece que hay una característica común y definida en sus vinos: un elegante herbáceo algo mentolado y una tan pulcra como presente acidez un tanto amarga al final de cada trago.

Esta botella viajó desde su patria natal hasta Sant Cugat para deleitarnos con un gran vino, un vino que cerró las puertas del paraíso detrás nuestro.
Algunos tenían ganas de sentir esa punzada cítrica y fresca que proporcionan los vinos helados… no salieron defraudados, todos achinaron los ojos al probar este Eiswein seleccionado.

Nota de cata:

Posee un increíble color amarillo dorado con tonos verdosos de consistencia.
Fruta cítrica, limón y pomelo se apoderan de la nariz. Hierbas medicinales y aromáticas, mezcladas con el frió rocío que sólo en Mosel se reúne en las orillas del río. Parece que los terciarios se resisten a dar la cara (sólo una leve punzada de gas se deja entrever), demasiada juventud para éste vino a día de hoy…
Con una boca presidida por la aguda acidez, recorre la cavidad con cierta densidad. Increíble saturación de las papilas más adormecidas con ese final tan personal de la casa, un toque ácido/amargo que se prolonga pausadamente.
Con esa longitud, la menta, el tomillo y algo de espliego son los protagonistas de la escena, siempre controlados desde arriba por el mineral de la zona.

Puntuación VDB: 9.43

domingo, 23 de noviembre de 2008

El 20 N



Nos cogió por sorpresa, recién cumplido nuestro primer aniversario, la entrevista que El Periódico de Catalunya en su edición del pasado jueves dedicó a los blogueros aquí presentes y otros ausentes. Alberto González en el suplemento Gastronómico Gourmets nos situó como primeras espadas de culebrón en ocasión de su artículo sobre lo que titula “El fenómeno blog en Catalunya como plataforma para difundir la cultura vitivinícola”.
En el artículo compartimos protagonismo con el blog De Vinis de nuestro querido compañero Joan Gómez Pallarés. El texto difunde la idea de la riqueza del debate que se establece, con el vino por supuesto como alma mater e hilo conductor, a raíz de las opiniones, críticas y comentarios que los blogueros realizamos, en este caso desde Catalunya pero abierto a toda la comunidad, desde la más cercana y local hasta la más alejada en las antípodas de nuestra geografía.


Es importante destacar que no nos mueve un interés económico, que nos gusta llegar a la gente, que nos abre perspectivas y nuevas amistades y que pretendemos ser independientes, honestos y transparentes. De las ganas de aprender a la satisfacción de compartir nuestras experiencias se entiende la vocación de Vadebacus, aunque por el momento en este sacerdocio no practicamos el celibato.
En lo que sí rectificamos en este artículo es en la dirección del blog : http://www.vadebacus.com/. Por lo demás no estamos todos los que somos pero si somos todos los que estamos.

El 20 N



Nos cogió por sorpresa, recién cumplido nuestro primer aniversario, la entrevista que El Periódico de Catalunya en su edición del pasado jueves dedicó a los blogueros aquí presentes y otros ausentes. Alberto González en el suplemento Gastronómico Gourmets nos situó como primeras espadas de culebrón en ocasión de su artículo sobre lo que titula “El fenómeno blog en Catalunya como plataforma para difundir la cultura vitivinícola”.
En el artículo compartimos protagonismo con el blog De Vinis de nuestro querido compañero Joan Gómez Pallarés. El texto difunde la idea de la riqueza del debate que se establece, con el vino por supuesto como alma mater e hilo conductor, a raíz de las opiniones, críticas y comentarios que los blogueros realizamos, en este caso desde Catalunya pero abierto a toda la comunidad, desde la más cercana y local hasta la más alejada en las antípodas de nuestra geografía.


Es importante destacar que no nos mueve un interés económico, que nos gusta llegar a la gente, que nos abre perspectivas y nuevas amistades y que pretendemos ser independientes, honestos y transparentes. De las ganas de aprender a la satisfacción de compartir nuestras experiencias se entiende la vocación de Vadebacus, aunque por el momento en este sacerdocio no practicamos el celibato.
En lo que sí rectificamos en este artículo es en la dirección del blog : http://www.vadebacus.com/. Por lo demás no estamos todos los que somos pero si somos todos los que estamos.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Alemania (y IV): dos bodegas, una cata y hasta otra

Ya nos habíamos hecho la idea de que sería imposible visitar ninguna bodega debido a las fechas elegidas del viaje (plena vendimia, tiempo de estrés y nervios bodegueros).
Por esa razón, después de visitar a nuestro amigo Alexander en un viñedo donde trabaja por cuenta ajena, nada nos alegró más que escuchar de la propia boca de uno de los futuros herederos de la propiedad la invitación a una cata que celebrarían por la tarde en honor a la familia recién llegada del extranjero.

Como fuimos demasiado puntuales al acto aprovechamos la ocasión para secuestrar prudentemente a nuestro amigo para que nos enseñara las instalaciones de la bodega mientras sus responsabilidades se lo permitieran.
Muy amablemente nos mostró su “rincón de decisiones”, la sala de barricas viejas, la de los tanques de acero, la maquinaria aún brillante de reciente adquisición y muchos entresijos y recovecos que sólo los privilegiados llegan a atisbar.


A modo de lección instructiva, pudimos probar el mosto (que reposaba prensado escasamente un día antes) destinado a la elaboración de un Riesling Spätlese Feinherb. Dejemos claro que hay una gran diferencia entre catar un mosto o un vino, todo es muy primario, mucha fruta fresca varietal en nariz (en esa ocasión nos sobresalto un potente olor a boniatos y castañas asadas...), pero una increíble precisión en boca. La acidez y la estructura melosa del riesling tiene personalidad de sobra para sacar pecho desde recién exprimida ¡¡que acidez, que longitud en boca!!. Toda una experiencia que vale la pena de realizar a todo chalado vínico como nosotros.



La cata fue genialmente dirigida por el gran patriarca familiar, una persona que destilaba fuerza y rectitud por todos sus poros. Por gentileza hacia nosotros se tomó la molestia de realizar la cata en dos idiomas, en el autóctono alemán para la familia y en ingles para el resto de “añadidos”.
Alrededor de 15 vinos pasaron por nuestras manos y narices: la mayoría de la propia bodega y otros ya conocidos por nosotros por tratarse de los elaborados por Weingut Barzen.

Al día siguiente, todavía con ese deje mineral que dejan los rieslings sellado a fuego en el paladar, pudimos dar fe que la bodega familiar de nuestro amigo es eso, una bodega pequeña y personal enclavada en los bajos de su casa.

Los toneles y fuders que pacientes esperan al vino que apunto asoma, no hacen más que asegurar una constancia, una regularidad y equilibrio a toda materia que por ellos pasa.
Los nichos de botellas (prácticamente vacíos, buena señal) cobijan las últimas existencias de anteriores añadas, destinadas a mostrar a su hacedor su valía en futuras recatas.





Y con este pequeño escrito concluimos la serie dedicada a nuestro gran viaje (no tanto por tiempo transcurrido, sino más bien por todo lo aprendido),no nos queda más que pedir que se pueda repetir y que, como mínimo, sea tan satisfactorio como éste.

Alemania (y IV): dos bodegas, una cata y hasta otra

Ya nos habíamos hecho la idea de que sería imposible visitar ninguna bodega debido a las fechas elegidas del viaje (plena vendimia, tiempo de estrés y nervios bodegueros).
Por esa razón, después de visitar a nuestro amigo Alexander en un viñedo donde trabaja por cuenta ajena, nada nos alegró más que escuchar de la propia boca de uno de los futuros herederos de la propiedad la invitación a una cata que celebrarían por la tarde en honor a la familia recién llegada del extranjero.

Como fuimos demasiado puntuales al acto aprovechamos la ocasión para secuestrar prudentemente a nuestro amigo para que nos enseñara las instalaciones de la bodega mientras sus responsabilidades se lo permitieran.
Muy amablemente nos mostró su “rincón de decisiones”, la sala de barricas viejas, la de los tanques de acero, la maquinaria aún brillante de reciente adquisición y muchos entresijos y recovecos que sólo los privilegiados llegan a atisbar.


A modo de lección instructiva, pudimos probar el mosto (que reposaba prensado escasamente un día antes) destinado a la elaboración de un Riesling Spätlese Feinherb. Dejemos claro que hay una gran diferencia entre catar un mosto o un vino, todo es muy primario, mucha fruta fresca varietal en nariz (en esa ocasión nos sobresalto un potente olor a boniatos y castañas asadas...), pero una increíble precisión en boca. La acidez y la estructura melosa del riesling tiene personalidad de sobra para sacar pecho desde recién exprimida ¡¡que acidez, que longitud en boca!!. Toda una experiencia que vale la pena de realizar a todo chalado vínico como nosotros.



La cata fue genialmente dirigida por el gran patriarca familiar, una persona que destilaba fuerza y rectitud por todos sus poros. Por gentileza hacia nosotros se tomó la molestia de realizar la cata en dos idiomas, en el autóctono alemán para la familia y en ingles para el resto de “añadidos”.
Alrededor de 15 vinos pasaron por nuestras manos y narices: la mayoría de la propia bodega y otros ya conocidos por nosotros por tratarse de los elaborados por Weingut Barzen.

Al día siguiente, todavía con ese deje mineral que dejan los rieslings sellado a fuego en el paladar, pudimos dar fe que la bodega familiar de nuestro amigo es eso, una bodega pequeña y personal enclavada en los bajos de su casa.

Los toneles y fuders que pacientes esperan al vino que apunto asoma, no hacen más que asegurar una constancia, una regularidad y equilibrio a toda materia que por ellos pasa.
Los nichos de botellas (prácticamente vacíos, buena señal) cobijan las últimas existencias de anteriores añadas, destinadas a mostrar a su hacedor su valía en futuras recatas.





Y con este pequeño escrito concluimos la serie dedicada a nuestro gran viaje (no tanto por tiempo transcurrido, sino más bien por todo lo aprendido),no nos queda más que pedir que se pueda repetir y que, como mínimo, sea tan satisfactorio como éste.

lunes, 17 de noviembre de 2008

Cata de aniversario (I)

Vadebacus es una plataforma donde exponer nuestras experiencias y vivencias y sobre todo un vehiculo para movernos entre otras muchas personas que comparten nuestras mismas inquietudes. No estamos ni mucho menos de acuerdo entre los integrantes de este pequeño grupo que difunde sus expectativas a través de la blogosfera pero nos une el respeto mutuo y una pasión compartida. Reivindico el derecho a equivocarme y a poder cambiar de opinión cuando los argumentos se imponen a los sentimientos. La pluralidad es lo que da vida a Vadebacus y es por ello que somos sumamente celosos de la independencia de cada uno. El conocimiento nos hace libres.

Carlos Palahí

Uno de nuestros principales pilares es la imparcialidad, la independencia en cuanto a ideas. Queremos seguir en esa línea y lucharemos cuanto nos sea posible por defender nuestras creencias. Ni pedimos ni favorecemos, no cedemos ante las presiones, somos fuertes como grupo y pretendemos continuar así. Sin pretensiones, con transparencia, sin ánimo de ofender y abiertos a las críticas y las mejoras. Nos gusta cómo somos, el grupo que hemos formado.

Carlos González

Con la premisa de que cuanto más sabemos vino, menos entendemos al respecto, aceptamos toda crítica y, a la vez, hemos sido, somos y seremos capaces de criticar lo que en algunas ocasiones pueda parecer el idealismo más perfecto. Nosotros no nos casamos con nadie.

Por otro lado, en esta unión tricefálica, cada pluma tiene sus preferencias sin que ello sea causa de la más mínima disputa. Sea entonces nuestro Blog una puerta a la exposición sincera y particularmente objetiva de nuestras modestas aportaciones.
Esperamos que todos podamos seguir aprendiendo y disfrutando con respeto y alegría.

Oscar Gallifa



La cata:

Lo bueno que tiene el cumplir años es compartir con los amigos una serie de vinos que de otra manera no sería posible catarlos, sobretodo, uno detrás de otro.
Como sabéis estamos de aniversario. La semana pasada, el lunes 10 de Noviembre, nos juntamos todos los del grupo para saborear de algunos vinos de los llamados "inolvidables".
Más de seis meses llevábamos pensando en qué vinos podíamos elegir para tal fecha. Finalmente nos decantamos por los que siguen a continuación. Podréis compartirlos con nosotros, aunque sea virtualmente, en las próximas dos entradas en nuestro recién estrenado dominio.




Para que os hagáis una idea, los vinos elegidos por orden cata fueron:

Silex 2003, un blanco del Loira, del recientemente fallecido Didier Dagueneau.
Salon Blanc de Blancs 1996, irresistible magnetismo.
Robert Groffier Chambolle-Musigny "Les Amoureuses" 1997, seda en el paladar.
Chateau Latour 1994: Eternamente joven.
Egon Müller Auslese 2003: La riesling en potencia.
Gessinger Sonnenuhr Eiswein 1998 ***: Madurez, presente y futuro en la copa.

En este primer capítulo os relatamos los dos primeros vinos de la serie.


Silex 2003

Cuando nos lanzamos a la caza y captura de grandes botellas para celebrar nuestro primer aniversario, nunca pensamos que, por los avatares del destino, beberíamos un vino con carácter póstumo. A los pocos días de agenciarnos una botella de Silex 2003 apareció en los medios de comunicación la trágica noticia de la muerte de su hacedor, Didier Dagueneau, el profeta del Loira (Poully-Fumé), el icono del mejor sauvignon blanc de nuestros vecinos franceses.

Sus vinos son, bueno, lamentablemente eran, muy característicos, tanto por el sello de la tierra que los vio nacer como, individualmente, por la personalidad que su creador (quien lo conocía aseguraba que manías y excentricidades eran su plato favorito en vida) plasmaba en ellos.



Tuvo algunos escarceos con sus vinos, probó la biodinámica (no acabo de gustarle eso de usar bajos niveles de sulfuroso, un error según él), hasta que entendió que debía seguir sus propios métodos. A partir de ahí, la agricultura ecológica, las largas crianzas sobre lías, la utilización de levaduras autóctonas seleccionadas para asegurarse una sequedad total, las podas rigurosísimas o el control de rendimientos tomaron un protagonismo fundamental en su estilo de viticultura, marcando un antes y un después tanto en calidad, como en volverse una referencia para todos los productores de la zona.

Con una media de 50.000 botellas anuales -que provienen de 12 hectáreas de sauvignon blanc- creó hasta ocho vinos diferentes de marcada personalidad por separado. Dentro de esa gama nos centraremos en su buque insignia, Silex 2003, nombre adaptado por los suelos de donde éste nace, arcillosos y con un alto contenido de silex (pedernal), un durísimo mineral que se utilizaba en la antigüedad para fabricar puntas de lanza o para encender fuego por la capacidad de crear chispas al entrechocarse entre si (se dice que confiere a los vinos una mineralidad y unas notas ahumadas que dan incluso el nombre a la denominación).


Muy poca información se puede encontrar de este vino y en particular de la añada 2003. Aparte de lo comentado anteriormente se sabe que sale de una parcela de 2,2 hectáreas cuyas cepas llegan a los 50 años de edad media. La crianza en madera (roble francés) no suele ser muy larga, ajustándola en cada cosecha según las necesidades particulares de estas.

Nota de cata:

Con un amarillo limón algo pajizo, muestra un brillo bastante limpio. Con lágrima abundante y algo lenta.

En un primer instante la fruta tropical (muy moderada, no alarmarse) crea el protagonismo en la nariz, pero poco a poco los herbáceos, las flores de verano blancas como el jazmín o la dama de noche toman fuerza y traen consigo a la fruta madura, melocotón y níspero bien maduros. Los cítricos (membrillo y monda de limón) también se añaden a la paleta olfativa con más dedicación.

La boca es consistente, con una entrada franca y dotada de una anchura considerable. La acidez se deja notar en el fondo de la lengua y marca el recorrido del vino mostrando una sequedad casi absoluta. De paso algo amargo, muy personal, mostrando el sello de la casa.

La longitud en boca es realmente larga, con un fino y amargo deje mineral y una sensación cremosa que crea adicción.

Puntuación VDB: 9,17


Salon Blanc de Blancs 1996

Salon está en Le Mesnil, en el corazón de la Côte de Blancs, en la región francesa de Champagne. Ese pago milagroso que es la Côte de Blancs junto a esa mineralidad inigualable que aporta Le Mesnil hacen de Salon un vino excelso. La producción seleccionada procede de las mejores parcelas del pago, la principal es la llamada El Jardín de Salon.

Es un blanc de blancs, que quiere decir que es un monovarietal de Chardonnay, y esa conjunción que se resume en el terroir hace que sea un vino capaz de aguantar décadas en buenas cosechas. De hecho, únicamente sale al mercado cuando la calidad es la idónea, y esta de 1996 que pudimos elegir dicen que puede marcar época.

Desde que vió la luz por primera vez, en 1911 gracias a Aimé Salon, se ha ido haciendo hueco entre los mejores. Es un champagne de añada, millésimé, y actualmente está en el mercado la de 1997. Desde su primera cosecha tan sólo se han lanzado al mercado 34 cosechas, fruto de la exigencia de la marca. Las próximas que saldrán a la luz serán la de 1999, 2002 y 2004.

Nota de cata:

Color dorado con burbuja finísima y persistente que se recogen en el centro de la copa a medida que ascienden.

Nariz a mantequilla fresca, entre el olor de las palomitas de maíz y de patatas fritas. Mineral por encima de todo, carburo. Flores blancas, cítricos como la lima. Pan tostado y piel de cacahuete. Al aumentar la temperatura ligeramente el cítrico se hace más evidente y aparecen toques húmedos de rocío y ceniza mojada junto a mantequilla.

En boca es esplendoroso, inigualable. Un carbónico presente pero redondo e integradísimo. Acaricia el paladar y explota alrededor de la lengua para fundirse en un bello recuerdo. Enorme acidez y un retronasal floral y un largo recuerdo mineral.

Un vino elegante, único e inigualable.

Puntuación Vadebacus: 9,64