jueves, 2 de octubre de 2008

Lactarius deliciosus

Recién empezada la temporada agarramos nuestros bastones, nos armamos de un buen cuchillo, nos calzamos nuestras botas, recogimos el cesto de mimbre y pusimos rumbo a nuestro lugar secreto, escondido en las montañas del pirineo gerundense -léase ripollès- en busca de uno de los tesoros más codiciados llegada la época : las setas, los níscalos, los rovellones, los ceps , els pota de perdiu, las llenegas negres, pinatells y demás veleidades que esconden nuestros bosques cuando se acerca el final del verano.


En el noble arte de “cazar” setas hay que seguir un pequeño ritual que puede sorprender a quien no esté avezado en estas lides. Se trata en primer lugar de levantarse, cuando algunos precisamente a esa hora se recogen tras una noche de fiesta, a las 5 de la mañana. Hay que rodearse de amistades que nunca le puedan a uno levantar la pieza, o dicho de otro modo, que sean dignos de confianza y también conocedores entusiastas en la difícil tarea de recoger níscalos. Y por último me atrevería a decir que hay que compartir pasión y afición pero a uno debe gustarle la soledad. Como un perro de presa hay que patear el terreno durante horas sin más compañía que el trino de algún abejaruco asustado o el aleteo de un vencejo que levanta el vuelo.


De vez en cuando se impone un reagrupamiento del grupo para contar las capturas. Para ello es necesaria otra habilidad muy conocida entre las gentes del campo. A intervalos regulares hay que emitir unos cortos silbidos para que el otro sepa que aquel pedazo de montaña está siendo batido por el compañero, algo imprescindible para acotar cada uno su propio territorio de caza.
Sin ser satisfactoria, la cobranza fue la justa como para poder presumir en casa de una comida con la primera cosecha del año de rovellones (lactarius deliciosus) y ceps (boletus vinícola), que aparte de alguna pota de perdiu (chroogomphus rutilus) y algún pinatell (suillus luteus) fueron mi principal aportación micológica en aquella jornada.




Como de marinar también se trata se impuso un magret de pato condimentado con pasas, piñones, ciruelas y un toque amargo con piel de naranja. El plato iba acompañado de los ceps, cortados en finas rodajas y un revoltijo de rovellones y pota de perdiu a su alrededor.
Y llegado el momento, no menos importante era la elección del vino que recayó al final en un Duas Quintas,”engarrafado” por la Bodega de Ramos Pinto, Reserva 2004 de la D.O. Douro. Un “vinho” producido por una casa que se remonta a 1880 en una región conocida, y a la que no es ajena, por un mundo aparte como son los Oporto.
Devuelve en primera instancia notas a barrica tostada que se tornan golosas en boca, con algo de caramelo y uva pasa. Potente y muy tánico es sin embargo fresco en boca con un punto amargo y algo salino
Para nada recuerda a sus internacionales primos –Oporto- y aconsejan unos años más de guarda. Cosa que respetaré con mi segunda botella. Está elaborado con la touriga nacional, touriga franca y tinta barroca y presenta un grado alcohólico de 13,5% vol.

P.C.P. 8.9

13 comentarios:

Olaf dijo...

Estamos todos otoñales, que ganas de irme a por algunas setas. A ver si consigo escaparme un fin de semana al pueblo de unos amigos en Teruel...
Saludos

Olaf

Carlos Palahí dijo...

¡Bien dicho Olaf!
Tuve ocasión de visitar aquella zona en temporada otoñal. No muy lejos de Albarracín pude recoger un cesto repleto de lo que alli llaman níscalos -es decir rovellones-.Fue una gozada aunque había que limpiarlos muy bien pues eran algo arenosos...comparados con los de esta zona del pirineo.
Ya me contarás la excursión y posterior maridaje.
¡Un saludo!

Olaf dijo...

Justo por ahi suelo ir, a Bronchales. Bastantes rovellones, pero lo que mas cogemos son ceps, que allí se llaman porrudos, en los buenos años en una mañanita te puedes hacer con una buena cesta. Uff, que hambre me esta entrando!
Saludos

Olaf

Carlos Palahí dijo...

Pues nada Olaf, lo dicho. Feliz viaje y luego cuentas.

P.D. Con foto ilustrativa, que eso es como con los pescadores y a cual más grande...:-))

Oscar Gallifa dijo...

Siempre se aprende algo: porrudos!

En la vida había oido llamar así a los codiciados ceps.
Y digo yo... está comprobado que los rovellones de altura (y si añadimos un bosque mezclado de pino y encina/roble apaga y vámonos) son más buenos que los de tierras bajas. A los ceps les pasará lo mismo?? Personalmente, he podido probar estos últimos recogidos en la zona de Burdeos y la verdad, no se parecen demasiado, esa textura (casi) gelatinosa del cep que estoy acostumbrado a comer dista mucho de los de la zona francesa..

A proposito del vino. Me parece una muy buena opción para disfrutar de esas delicias de otoño, un vino de corte moderno para una comida que, seguro, lo necesita.

Carlos Palahí dijo...

Hola querido amigo!

Sí,estoy de acuerdo en la zona pirenaica le sienta de maravilla a esos "hongos" comestibles que tanto
codiciamos.

Del vino no me atrevería a decir que el Duas Quintas aquí señalado fuera de corte moderno porque la zona es particularmente añeja y dedicada en la elaboración de caldos-más conocidos los Oportos.

Lo que si te puedo decir es que,con todo, son diferentes registros y sensaciones.
¡Huyamos de un mundo globalizado!

Un abrazo.

Olaf dijo...

Mmmm, yo no se si es la altura... porque aqui donde voy a buscar setas en Teruel esta a mas de 1500 metros, sin embargo, si comparo los rovellones que cogía en mi casa en Viladecavalls, (a unos 400m), o en Bordedà (cerca de Berga) con los turolenses, los catalantes eran bastante mas sabrosos. Yo creo que ha de ser mas cosa del suelo. Los porrudos si que tienen fama. De echo si cogemos muchos, normalmente los vendemos excedentes a vascos e italianos que vienen con las furgonas y una balanza y se ponen en la plaza del pueblo a comprar.
Acaban de confirmarme que ya tenemos fecha, el 24 de octubre me voy para allá. Espero que no venga el frío y no hiele antes... Ya pondré fotos si triunfamos.
Saludos

Olaf

Oscar Gallifa dijo...

Olaf, puede que lleves razón cuando dices lo del suelo (terroir?? jejeje).
Aquí en Sant Cugat, en el bosque de Collserola se encuentran (cada vez menos)unos rovellones que riete de ellos, ni pirenaicos ni mandangas. Son generalmente más pequeños, muy subidos de color y, si se rompen, sangran como posesos.

Esperamos tus fotos de cestas y cestas repletas de porrudos.


Que aproveche y disfrutes de la "cacería".


OG

Carlos Palahí dijo...

Compañeros...
¡Teruel existe! A Dios gracias.
Feliz cacería :-))

P.D. En Collserola los rovellones y els "ous de reig" se extinguieron como los neandertales.

Oscar Gallifa dijo...

Hablando de neandertales. Que tu no encuentres rovellones (no así ous de reig) en Collserola no quiere decir que no haya.
Tu y yo conocemos a cierto suegro campestre que sería capaz de encontrar berberechos en un pino, pregúntale a él..


Esta tarde más! ;-))

OG

Carlos Palahí dijo...

Cierto,tu suegro, Oscar, es catedrático en el noble arte de encontrar setas comestibles donde las haya.
Mejor dejar los berberechos para la empanada..:-D

Seeu you excellence!

J. Gómez Pallarès dijo...

"Esclatasangs", vaya!!!
Joan

Carlos Palahí dijo...

"Esclatasangs".

Curiosa la denominación. La verdad es que no se le escapa nada a un buen "caçador de paraules".

¡Gracias y un saludo Joan!