miércoles, 29 de octubre de 2008

A la vejez viruelas

Parece que fue ayer cuando nos embarcamos en un autobús todos los miembros del antiguo grupo Vadebacus, camino de nuestra primera visita a una bodega “de categoría”.
En Bodegas Piñol tuvieron el arresto de recibir, en aquellos días (corría el año 2001 aproximadamente), a un grupo de aficionados muy comprometidos con la causa (y clientes de su casa, todo hay que decirlo) pero algo justos en cuanto a conocimiento y bagaje vinícola, que llegaban de un mundo saturado de Riojas unidimensionales y Riberas con una RCP algo justa.
El vino que nos marcó y estableció nuestro inicio en éste mundo tan complejo, fue l´Avi Arrufí 1999, un vino autóctono de variedades foráneas, con hechuras suficientemente modernas para tratarse de aquellos años, pero con fuerza y un sello particular muy personal. En aquella época, comprábamos el vino directamente a la bodega y, tras valorar positivamente el anteriormente citado, nos aventuramos a probar con su vino top: Mather Teresina 1995-6-8.
Nos sorprendió un vino igual de “moderno” que su hermano casi mellizo, pero se le notaba a éste tope de gama una huella de su tierra, una mezcla entre una pizarra desmigada y una arcilla candente que lo hacía especial. Además, reúne una buena dosis de mimos que debían -y deben, doy fe de ello- mostrar un vino de categoría.

Lo primero que llama la atención es su esbelta botella, de forma agraciada y original (las añadas en curso ya no se benefician de este aporte visual tan bonito), ancha y puntiaguda de hombros, fina y esbelta en su pie.
El vino se crea con una mezcla de tres añadas seleccionadas (en la actualidad son sólo dos las cosechas involucradas) con un abanico varietal digno de comentar ¡6 variedades oigan! Casi a partes iguales: cabernet sauvignon, garnacha, merlot, sirah, tempranillo y, por último, la autóctona morenillo.
Veo, con incredulidad, que se le aplicó aproximadamente una crianza en roble francés de 18 meses, lo cual no deja de sorprenderme, jamás hubiese dicho que fuese portador de tanta barrica por las impresiones que en su día noté.
Por último y como dato adicional, decir que la botella fue adquirida en Octubre de 2001 al precio de 19€, directamente en la bodega.


Nota de cata:

Sin decantar pero descorchado con un par de horas de antelación y extraída una copa para ventilar un poco el vino.
Presenta un color picota rojizo de capa media-alta, ribete bastante más claro (rojo fresa) y unos lagrimones veloces sin teñir.
Nariz que mantiene el balsámico que atesora desde su juventud, con notas de mineral arcilloso, chocolate casi puro y cierto toque cárnico. Con aire y paciencia, empiezan a salir aromas de ciruela negra, arándanos maduros, violetas, guindas en licor y el inconfundible toque de la bodega, un pelín de confitura de tomate -casi paradójico a estas alturas de su vida-. Sensaciones de especiado y un ligero olor de pimiento verde aparecen en la última copa.
Boca donde prima el equilibrio y la elegancia sobre la opulencia o la extracción. Se apoya en una fina acidez que aúpa las demás sensaciones a un nivel más alto, tanto su recorrido como su final en boca resulta sedoso, envuelto en un retal de seda… un punto de dulzor acaba de redondear la faena.
Retro de mineral, cacao y dejes de canela. Largo en su justa medida, lo justo para volver a beber cuando apetezca.

Puntuación: 9 POG


Con 13 años de vida, éste vino nos muestra elaboración pensada para alargarse en el tiempo, basada en unas variedades bien adaptadas al terreno de origen donde prima el equilibrio general sobre la rotundidad que tanto nos sobrecoge últimamente.
Me atrevo a compararlo con un buen Burdeos entrado en años, su nariz cambiante con poco terciario y esa boca tan equilibrada al punto de fortaleza me hace recordar un gran Pomerol que pasó por mi vida. Tomado en copa Burdeos, ahora y en 5 años más, como mínimo.

2 comentarios:

Dominic: "la bruja del vino" dijo...

Bueno, supongo que no os perdisteis la ROTUNDA personalidad de Doña Josefina Piñol, siempre un paso adelante de su hijo Nacho, quien corta mucho el bacalao por LA TERRA ALTA.

Yo he estado en casa de Josefina un par de veces, y me encanta su forma de ser. Una persona amabilísima, incluso un año que estuvimos en la feria de Terra Alta con los crios, nos quedamos a dormir en un hostal, pq nos invitaron a la cena posterior en un restaurante de la zona. Por cierto, allá conocimos y entablamos tb amistad gracias a su intermediación, con Isabel Becerra de Tierra Nuestra y el hijo de ésta.
Josefina es muy amiga de todo el mundo, creo que hasta de personalidades como Victor de La Serna. Es una gran dama con aspecto de mumejr sabia y rural, y elegante.
Sus vino fascinan, El Portal, las super mistelas, l´Avi Arrufí etc, a mi me gustan todos, pero su personalidad os aseguro que aún fascina más.
Estuvo cenando hace tb años en mi casa con otros bodegueros y fué una de las reinas de la cena.

Oscar Gallifa dijo...

Dominic, estaba esperando tus palabras. En parte porque me consta que ese Mather Teresina es un vino que te gustó, y en parte por esa apreciación de la dueña de la bodega (cuando una mujer tiene las riendas de una bodega está asegurada la rigurosidad, no??:-)).
Tienes toda la razón cuando dices que tiene mucha personalidad esa mujer... estoy seguro que se trata de una familia con matriarcado por defecto, con las cosas muy claras y con mucha, mucha distinción.
También cierto que es muy elegante y que sabe ponerse en su sitio, tengo muy buenos recuerdos de ella.

En el tema elaboraciones enológicas, efectivamente sus mistelas hacen temblar con sólo recordarlas (la tinta fue una revelación para nosotros).


Saludos y (espero) hasta pronto, Domi.

OG