lunes, 15 de septiembre de 2008

De vacaciones por la Mosela

Todo a punto, el maletero a tope, motor en marcha, nuestro esperadísimo viaje a la Mosela está a punto de hacerse realidad. Sólo una duda –¿Les gustará a nuestras respectivas familias este viaje?-, a nosotros dos el simple hecho de ver una cepa o un racimo de uva ya nos ilusiona. En fin ya no hay vuelta atrás, ponemos la marcha y aceleramos. La primera parte del viaje transcurre en la Borgoña, las dudas empiezan a disiparse. Emocionante para nosotros, bonito de ver para ellas, pero la Borgoña es capitulo aparte y merece otro artículo.

Dos días después reanudamos el viaje al que creemos será nuestro paraíso, - ¿nos defraudará?-. No creemos, las fotos que hemos visto no nos pueden engañar.


Parecerá una tontería, pero queda poco para llegar y los nervios empiezan a aflorar, una carretera comarcal, varios kilómetros, una pequeña recta, enlazamos una curva a la derecha y un Ohhhhh!!! sonó alto, claro y espontáneo por parte de todos. Todas las dudas quedaron atrás: qué maravilla, es impresionante contemplar por primera vez las riberas del Mosel y ver como se ha aprovechado cada rincón, por escarpado que sea, para plantar viñedos. En frente, delante de nuestros emocionados ojos, el caudal del río pone otro tono de color al verde infinito de las cepas enmarcando el pueblo de Reil que nos da la bienvenida, con sus casas entramadas de colores con techos de pizarra y pendientes escurridizas, que guardan esa esencia nórdica. Todo ello nos dijo a gritos que habíamos acertado, ahora era seguro que todos íbamos a disfrutar.


Aun nos quedaba un pequeño reto, la comunicación en un país con palabras casi impronunciables, a veces creo que incluso para ellos. ¿Cómo nos desenvolveríamos?. Pues bien, gracias a la amabilidad y paciencia con que sus gentes nos atendieron convertimos este pequeño problema en una gran diversión.





Desde la llegada de los romanos hace unos 2.000 años, la famosa ahora uva Riesling se convierte en la protagonista de la zona, invadiendo todas las laderas del valle en tupidos mosaicos de parras, y así con el transcurso de los años desarrollar toda una cultura. Mires donde mires el paisaje está salpicado en esta época del año por el color verde, aunque el mejor tono cromático seguramente lo encontraremos en el mes de octubre, adentrado el otoño y comenzada ya la vendimia, donde los recolectores de uva deben parecer “alpinistas” por las grandes pendientes que tienen que sortear.




De sus uvas se obtiene un vino blanco especial, característico y único venerado por todos los miembros de Vadebacus,- como muchos ya sabéis-, seguramente por las condiciones climáticas y del terreno donde crece. Esta variedad de uva se desarrolla en esta zona sobre una dura roca, entre la pizarra, lo que hace que las raíces tengan que adentrarse varios metros de profundidad en busca de alimento. Un clima templado junto al abrigo de las laderas de las montañas le confieren esas propiedades tan especiales: la frutosidad de sus vinos jóvenes, los hidrocarburos y minerales de los más viejos, la complejidad y elegancia de sus TBA y esa acidez sublime de los Eiswein hacen de esta uva nuestra diva.




Hay miles de fotos que hacer, de enclaves en los que detenerse, desde Trier hasta Coblenza, 200 Km de espectáculo, sin prisas, en coche, a golpe de pedal, caminando, o incluso en barco en los muchos paseos fluviales que la atraviesan, todo un reclamo para el turismo.
Los viñedos se salpican de castillos y fortalezas, algunas en ruinas, que le dan un toque romántico al lugar. Pegadas al río, las villas medievales alemanes se suceden cada pocos kilómetros, como Trier, la ciudad más antigua de Alemania fundada por los romanos, declarada Patrimonio de la Humanidad; Bernkastel-kues, pintoresco pueblo con sus casas y calles de cuento; Cochem, coronado por el castillo de Reichsburg y Coblenza donde el rio Mosel une sus aguas con el Rhin, por citar algunas.




Los pueblos están repletos de bodegas que suelen ser pequeñas explotaciones familiares. Como bien sabéis, Vadebacus tienen un vínculo especial con una de ellas, la de nuestro amigo Alexander Barzen en Reil, en plena Mosela media. Podéis imaginar lo emocionante que fue para nosotros visitar su bodega y sus viñedos, el hecho de contemplar los lugares donde su vino cobra vida fue conmovedor. Desde aquí agradecer a Alexander y a su familia su amabilidad y el tiempo que nos dedicaron, fué toda una experiencia llena de placer que quedará por siempre en el recuerdo.

Para acabar, recomendar a todos los amantes del vino -o no- a que visiten este encantador lugar de Alemania, una zona turística con una excepcional relación-calidad-precio. Nosotros sin duda volveremos… y nuestras familias encantadas de acompañarnos.

Toni y Vicente.


PD: Un saludo muy especial para Antonio y Marion del restaurante pizzería “Carusso” de Reil que tan agradables fueron con nosotros.


Las fotos que ilustran este reportaje son originales de sus autores.

4 comentarios:

CarlosGonzalez dijo...

Vicente, fantástico el montaje fotográfico. Nos pones los dientes largos, ya lo sabes.
En esta época del año debe ser increible poder estar por allí, casi en época de vendimia...
Enhorabuena.

Vicente Sierra dijo...

Hola Carlos!!
Gracias por tus palabras de felicitación que comparto con Toni, que tiene también su parte de "culpa" en el reportaje. Algunos tendrán esa suerte de ver lo increible que es la mosela en la época del año que comentas...

Un abrazo.
Vicente.

Antonio Sánchez dijo...

Vicente, quiero volver, buaaaaaa, que bien nos lo pasamos, increíble sus paisajes y sus pintorescos pueblos, por otro lado Carlos me alegro por los que tendréis la suerte de acudir a tan maravillosa tierra y en la época del año que mas colorida estará. Que os lo paséis muy bien.

Vicente Sierra dijo...

Toni, tú lo has dicho, enorme el viaje por tierras germanas y aún mejor la compañía. Hace sólo un mes y ya tenemos ganas de volver!!
que nos quiten lo "bailao"...

saludos.
Vicente.