miércoles, 6 de agosto de 2008

V.T. Valles de Sadacia, la otra Rioja.

No todo está inventado en Rioja. ¡Ni mucho menos!
Parece que existe una pequeña revolución en la comunidad con nombre de vino (¿o es al revés?) que se basa en encontrar un vino blanco a la altura de los tintos de la zona.
En 2003, un par de bodegas decididas con su empresa y con el amparo de la Consejería de Agricultura de la Rioja, deciden crear la indicación Vino de la Tierra Valles de Sadacia. Unico objetivo: La elaboración de vinos blancos de élite.

Para lograr su cometido se basan en la reintroducción de las variedades blancas autóctonas, como el moscatel de grano menudo, la garnacha blanca o la malvasía, sin dejar de lado las variedades blancas más apreciadas a nivel mundial (las condiciones geoclimáticas de la zona son un verdadero colchón para la gran mayoría de ellas).

Las elaboraciones que se dan en la zona pueden ser dulces (con o sin vendimia tardía, realmente armoniosos en cuanto a frescura y dulzor), semi-dulces (deteniendo su fermentación en el tramo final, afrutados e ideales para el aperitivo), o bien, secos como el que hoy nos ocupa.





Libalis 2007 es su nombre, Castillo de Maetierra el de su bodega (Calahorra). Se apoya en un coupage variado de moscatel de grano menudo, viura y malvasía, donde la primera variedad toma todo el protagonismo en cuanto a cantidad con un 90% y, las dos restantes, se reparten equitativamente el resto del porcentaje. Es un vino joven, sin madera –ni falta que hace-, recolectado en la más profunda frescura de las noches riojanas.
Si en algo destaca es en su latente juventud, necesaria en todo caso, para mostrar el mayor potencial de estos vinos.


Nota de cata:



Bonito color sugestivo, amarillo subido de tono, sin llegar a dorado. Lágrima poco evidente y lenta.
Nariz marcada por la fruta fresca, piña, lichis, maracuyá, melón de agua y pulpa de uva son evidentes. Al rato parece que se perciben notas licorosas acompañadas de cierta mineralidad arcillosa.
La boca es bien curiosa, con opulencia de entrada y un punto frutoso y abocado, no tarda en transformarse en acidez y recorrido pleno. Paso de boca muy grato, refrescante, desembocando en un final amargo muy telúrico.
Retro de piel de uva, manzana ácida y ese amargor que sin duda proviene de su lugar de origen. Muy personal.

Puntuación: 8,3 POG


Una muy correcta RCP avala este vino, por 6€ aporta dosis de satisfacción. Recomendado para investigar y saber más de una zona que da vinos blancos de variedades no habituales, tanto en proporción de ellas, como por la zona de elaboración.

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