viernes, 15 de agosto de 2008

Paella...¡y para mi!

El verano avanza sin tregua y nos deja noqueados en cuanto el astro rey nos muestra su poder. Aquí, en Barcelona sabemos bien que es eso del bochorno y el calor en las principales horas del día…

Se dice, en nuestro mundillo, que el verano no es buena época para beber vinos tintos. Yo difiero de esa afirmación con cierta condición. Si disponemos de medios para tener una temperatura decente nuestra bebida preferida, ¿Por qué temer?
Cierto es que apetecen vinos más refrescantes, blancos ácidos, espumosos varios o como en este caso, rosados que casen suficientemente bien con la comida (la cual también apetece en estas fechas poco pesada).

La cuestión es, que cuando la madre y creadora de uno, ofrece la posibilidad de disfrutar de una paella como Dios manda (cuesta cada día más que las nuevas generaciones reproduzcan esas paellas maternales que casi todos tenemos en mente), no hay que hacer ningún feo y acudir raudo y puntual a la cita.

La cocinera y, hacedora de escribas, sabiendo de la predisposición de un menda por el correcto maridaje/acompañamiento/matrimonio de las comidas con su respectivo elemento líquido, se preocupó de visitar la tienda correspondiente y agenciarse uno de los mejores tipos de vino que van con el arroz, sobretodo cuando hablamos de una buena paella de marisco.




Los vinos rosados son, en mi caso, unos comodines. Tanto me sirven para suplir a un refrescante blanco, como para aguantar el tipo donde un tinto debiera sacar pecho.
Una única condición le pongo a estas elaboraciones: La frescura de su producto.
Entiéndase frescura no solamente a la temperatura de servicio, sino a la edad del vino en cuestión, nunca anterior (pocas veces inviolable este dato) a un año vista.



Este Penedés, Petit Arnau 2007 (aprox. 7€) de la bodega Loxarel Vitivinicultors, cumple bien con su cometido de acompañar a la comida elegida.
Elaborado con merlot y pinot noir presenta un color rojizo algo subido de tono (supongo que los 12-14 días que pasó de maceración son los culpables del tema…), muy brillante y con buena lágrima.
La nariz está marcada por frutillos rojos de bosque y registros especiados ligeros. Si se profundiza en los registros olfativos parece que las guindas en licor y toques de hierba mediterránea empiezan a notarse con más facilidad.
La boca es fresca, ácida y con un mínimo de estructura para llenar el trago. Seco y con una lívida sensación alcohólica bien camuflada. Un rosado con cuerpo.
El final resulta algo corto, pero la presencia de herbáceos y especiados lo dotan de personalidad y un enfoque hacia la buena compañía en el plato, para comer con él.

Puntuación: 8, 3 POG


Se me antoja un buen vino para los arroces italianos con setas o quizá, también, para tomarlo como único acompañamiento en una vinoteca a su justa temperatura.

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