jueves, 5 de junio de 2008

Y al séptimo día, descansó.

Después de una dura semana de trabajo y alguna que otra alegría –las que menos-, con buen gozo se recibe la invitación del colofón semanal.
Como hacía tiempo que no gastábamos por estos lares una entrada sobre “Domingos gastronómicos” he aquí la dicha que mi familia política ofreció para alegría del escriba.

Un chivatazo de última hora me dejó entrever que en el primer tercio de la comida se dejarían ver cáscaras de moluscos, alguna que otra buena ensalada curiosa y sobretodo, mis amados y codiciados percebes gallegos.
Había que acertar con el primer vino, un blanco (por supuesto eso es cosa mía…) que combinara bien con esos entrantes. En la gran tienda de Barcelona pusieron de su parte aconsejando algo curioso, algo que casualmente tenía ganas de probar por haber leído bastante al respecto. Se trata de los vinos austríacos elaborados a partir de su uva autóctona, Grüner Veltliner.
Alguien me había comentado que podía parecerse al Riesling, nada más lejos de la realidad este Schloss Goblesburg Renner 2006. Quizá su color amarillo dorado deja imaginar alguna semblanza, pero su nariz especiada, con bastante fruta amarilla madura y un deje de hierba aromática muy floral difiere bastante. Un punto de carbónico recuerda su juventud en boca, de sensación cálida y untuosa dejando paso a un final aromático y algo herbáceo. Mi paladar añoró la fresca acidez que no encontró… No desentona con los platos en cuestión pero tampoco destaca, a reprobar con elaboraciones algo más complejas. (POG: 8,2)

Cambio de tercio con giro de 180º para el segundo plato, cabrito rebozado (por cierto, desde aquí un efusivo aplauso a los rebozados de mi suegra! A sus pies).
Agradable sorpresa cuando atisbé en la proximidad de la fresca terraza un decantador con algo muy negro en su interior. A su lado, un receptáculo de vidrio en el que su etiqueta rezaba Neo Punta Esencia 2005, un vinazo de la Ribera del Duero con 19 meses del mejor roble francés.
A más de uno se le habrán puesto los pelos rígidos al leer esa cantidad de buena e influyente crianza, pues no, confiad en lo que diré. La fruta sale a borbotones de la copa, muy entrelazada con los lógicos aromas aportados por la materia maderil, pero en sintonía, con garra los dos. La fruta perdida del Duero está aquí, aportando su fina nariz a ese deje láctico (yoghourt de moras) tan ribereño, con una boca recia y estructurada que hace la delicia a cada trago. Los taninos están moldeados a conciencia, redondos y sabrosos dan al final de boca una sensación de amplitud y carnosidad. Más largo que el Orient Express y perfecto con la grasa carne del cabrito. (POG: 9.2)

Y para dar crédito a esa gran frase que dice, “Por la boca vive el pez” (Fito dixit), salió de la nevera tal que galgo pulgoso un gran amigo de VDB, Barzen Eiswein 2004. Ayudó a nuestros ya pesados estómagos a recobrar fuerza para encauzar la tanda del postre, tanto las lionesas como la tarta de manzana artesana se dejaron llevar a un segundo plano por tan fresco y adictivo vino. El mineral fósil y el recuerdo cítrico nos trasladó a las desmoronadas laderas del río Mosel, mientras la recatada botella de medio litro de elixir no hacía más que menguar y menguar, augurando la presencia del ya ansiado sofá de tres plazas…..

4 comentarios:

J. Gómez Pallarès dijo...

Serán las cosas del destino, pero por causas bien distintas, hoy tenía también programado sacar una nota donde sale a pasear este Eiswein!!!
Le acompañó un postre bien distinto al que veo junto a la botella, de ahí de hecho el "ensamblaje" que hice (manzana, me parecía, casaba muy bien con el Eiswein que intuía en Barzen). Creo que resultó: a ver qué os parece a vosotros.
Por lo demás, he tomado Neo punta esenci adesde que salió al mercado, y coincido conm vosotros en que es un vino muy satisfactorio, algo caro y quizás con demasiada madera, pero muy satisfactorio. Quiero decir: no me ahorro el pensamiento de qué pasaría con estas bodegas que manejan una fruta tan buena si se decidieran a dar longevidad a sus vinos con otro tipo de tratamientos de madera.
Saludos
Joan

Oscar Gallifa dijo...

Joan, muy buenas cuestiones planteas con tu opinión al respecto.
Vamos por partes. El Eiswein creo que casa igual de bien con las lionesas que metí entre pecho y espalda o con tus manzanas (asadas quizá?). Si te soy sincero, Alex lo dice SIEMPRE, sus vinos dulces (y este no deja de serlo en todo caso) siempre con frutas para el postre.

Sobre la fruta y la madera tantas veces comentadas por estos lares... Que decir?, pues que estoy contigo. El día que los "gustos Parker" den el relevo a unas maneras diferente del binomio madera/fruta actual (en ese orden)veremos hasta donde llega la fruta en los vinos.
De todas formas me gustaría recalcar lo soberbio que resulta este Neo Punta Esencia 2005. Mucha madera, si, pero buena y fresca fruta acompañándola a su altura.
Dices haber probado más añadas del vino en cuestión?? Si has podido catar la 2005 me gustaría saber si notas una fruta mas evidente o, por decirlo diferente, un poco menos de protagonismo de la madera.


Saludos


OG

J. Gómez Pallarès dijo...

Hace años que no como lionesas, pero en mi cabeza no encajan igual de bien unos postres con manzana para el Eiswein que unos con nata. Pero, vaya, prometo probarlo si algún día se tercia!
Por lo demás, jamás he tomado nota de los Neo punta esencia que he probado, pero es bien cierto que una característica común a todos ellos es el predominio de la fruta y de los aromas primarios ys ecundarios sobre los terciarios. 2005, quizás más, sí.
Saludos!
Joan

Oscar Gallifa dijo...

Gracias por tu opinión Joan, particularmente pienso que la cosecha 2005 nos deparará grandes placeres en la Ribera, como un punto de inflexión donde las cosas empezarán a cambiar.

No dudes de las lionesas, esa combinación de nata (en esta ocasión con notable azúcar) y pasta más bien seca tiende a alegrarse cuando tiene la visita de un vino ácido y de equilibrado dulzor como éste EW.


Saludos y hasta pronto!


OG