martes, 29 de abril de 2008

Clos Martinet 2001

Desde la tierra de la pizarra me llega la oportunidad de catar este gran vino, nunca antes probado con unos añitos encima, 7 para ser exactos.

Todo empezó cuando un compañero del grupo, amigo y cuñado del que escribe, me pidió que le hiciese una pequeña revisión de su armario de vinos. Conforme iba recorriendo las filas y filas de vino que posee, mis pelos se erguían cada vez que una joyita pasaba por mis retinas, son muchas las que guarda a capa y espada para años venideros…. Entre tanto caldo magnífico aparecieron dos botellas de Clos Martinet 2001 y como soy algo escéptico con la guarda de estos vinos, le aconsejé que no les diera mucha vida más, vamos, que pronto hiciese trabajar a su amigo el sacacorchos para disfrutarlos como se merecían.
Una botella la tomó con su santa esposa (hermana del menda) al poco tiempo, la otra, después de dos meses ha sido ofrecida a mi pobre paladar junto con la ya clásica tortilla de patatas al estilo Gallifa que tan por la mano tiene la primogénita de mi padre.
Sin querer ser demasiado explícito con lo relativo al vino, comentar tan sólo que el creador de éste, Josep Lluís Perez Ovejero, fue uno de los visionarios del Priorat moderno. Su apuesta por el terruño está acompañada por la integración de variedades foráneas que acompañen a las autóctonas de la zona, como la garnacha.
El afán investigador de este profesor de la escuela de enología de Falset, hace que su bodega englobe vinificaciones especiales, como diversos monovarietales de merlot o syrah.


Nota de cata:

D.O.ca.: Priorat
Bodega: Mas Martinet Viticultors
Variedades: 35% garnacha, 35% merlot, 20% cabernet sauvignon y 10% syrah
Crianza: 18 meses en barrica de roble francés
Alc. %: 14,5º


Color picota madura de capa media, de aspecto algo amarronado con un ribete muy pequeño más rojizo.
Decantado justo antes de servir se nota una nariz muy franca y explícita. Fruta roja y negra madura, toques de hierbas de monte seco abundan en nariz, junto con registros de frutos secos, dátiles, algo de uva pasa y bastante balsámico que decrece conforme el oxígeno hace su función. Con tiempo, aparecen notas de tabaco rubio y madera de cedro con tenues pinceladas de mineral autóctono.
Boca sin una sola arista punzante, redondo y sedoso con un tacto magnífico. Los taninos todavía bastante presentes son pura seda, domados por la estancia en botella, no hacen más que añadirse a tan homogenea boca y dan un plus en el recorrido..
Resulta largo en boca, con retro de varias especias (pimienta, vainilla, canela), bombón de licor y marcadas notas terrosas. Un regusto amargoso se añade a un final muy elegante, sobrado de personalidad.

Puntuación: 8.85 POG


Como opinión totalmente personal -basada por desgracia en experiencias poco afortunadas-, no me planteo la guarda de los vinos de la zona, prefiero beberlos cuando su juventud es arrogante, su potencia más explícita y, a mi parecer, cuando son más minerales y con la profundidad del terroir como bandera.
Normalmente intento consumir estos vinos dentro de los 4-5 años despues de la cosecha, aunque de justos es reconocer que este Clos martinet 2001 está perfectamente evolucionado y no hay signos de cansancio, pero tampoco ganará con más botella...

Clos Martinet 2001

Desde la tierra de la pizarra me llega la oportunidad de catar este gran vino, nunca antes probado con unos añitos encima, 7 para ser exactos.

Todo empezó cuando un compañero del grupo, amigo y cuñado del que escribe, me pidió que le hiciese una pequeña revisión de su armario de vinos. Conforme iba recorriendo las filas y filas de vino que posee, mis pelos se erguían cada vez que una joyita pasaba por mis retinas, son muchas las que guarda a capa y espada para años venideros…. Entre tanto caldo magnífico aparecieron dos botellas de Clos Martinet 2001 y como soy algo escéptico con la guarda de estos vinos, le aconsejé que no les diera mucha vida más, vamos, que pronto hiciese trabajar a su amigo el sacacorchos para disfrutarlos como se merecían.
Una botella la tomó con su santa esposa (hermana del menda) al poco tiempo, la otra, después de dos meses ha sido ofrecida a mi pobre paladar junto con la ya clásica tortilla de patatas al estilo Gallifa que tan por la mano tiene la primogénita de mi padre.
Sin querer ser demasiado explícito con lo relativo al vino, comentar tan sólo que el creador de éste, Josep Lluís Perez Ovejero, fue uno de los visionarios del Priorat moderno. Su apuesta por el terruño está acompañada por la integración de variedades foráneas que acompañen a las autóctonas de la zona, como la garnacha.
El afán investigador de este profesor de la escuela de enología de Falset, hace que su bodega englobe vinificaciones especiales, como diversos monovarietales de merlot o syrah.


Nota de cata:

D.O.ca.: Priorat
Bodega: Mas Martinet Viticultors
Variedades: 35% garnacha, 35% merlot, 20% cabernet sauvignon y 10% syrah
Crianza: 18 meses en barrica de roble francés
Alc. %: 14,5º


Color picota madura de capa media, de aspecto algo amarronado con un ribete muy pequeño más rojizo.
Decantado justo antes de servir se nota una nariz muy franca y explícita. Fruta roja y negra madura, toques de hierbas de monte seco abundan en nariz, junto con registros de frutos secos, dátiles, algo de uva pasa y bastante balsámico que decrece conforme el oxígeno hace su función. Con tiempo, aparecen notas de tabaco rubio y madera de cedro con tenues pinceladas de mineral autóctono.
Boca sin una sola arista punzante, redondo y sedoso con un tacto magnífico. Los taninos todavía bastante presentes son pura seda, domados por la estancia en botella, no hacen más que añadirse a tan homogenea boca y dan un plus en el recorrido..
Resulta largo en boca, con retro de varias especias (pimienta, vainilla, canela), bombón de licor y marcadas notas terrosas. Un regusto amargoso se añade a un final muy elegante, sobrado de personalidad.

Puntuación: 8.85 POG


Como opinión totalmente personal -basada por desgracia en experiencias poco afortunadas-, no me planteo la guarda de los vinos de la zona, prefiero beberlos cuando su juventud es arrogante, su potencia más explícita y, a mi parecer, cuando son más minerales y con la profundidad del terroir como bandera.
Normalmente intento consumir estos vinos dentro de los 4-5 años despues de la cosecha, aunque de justos es reconocer que este Clos martinet 2001 está perfectamente evolucionado y no hay signos de cansancio, pero tampoco ganará con más botella...

domingo, 27 de abril de 2008

La adicción alemana

No es mujer aunque es diva

la sangre que corre por sus venas

no es azul, es brillante y dorada…



Es irresistible, en su etapa adolescente ya apunta maneras pero cuando llega a la mayoría de edad es una delicia. En Vadebacus, cuando le dedicamos una noche nos ilumina y nos eriza el vello de tal forma que alargamos el momento lo más posible.


Sí, se trata de una uva: la riesling. Cada día nos sorprende más, en cada cata nos damos cuenta de que es poseedora de una intriga que la hace sumamente apetecible, la queremos conocer, más y más, pero cada encuentro en diferente, y eso enamora.


Fue una noche entre Orquídeas y rosas, de quesos franceses de pasta blanda, perfectos para acompañar los cuatro vinos que disfrutamos. Se alargó hasta después de la medianoche, como siempre acabó entre risas y esos momentos de soledad que acompañan a la reflexión, gran noche.


Cuatro vinos alemanes fueron elegidos más una sorpresa final añadida. Los vinos, Egon Müller Scharzhofberger Kabinett 1998,Gessinger Zeltinger Sonnenhur Auslese *** 1995, Gessinger Zeltinger Sonnenhur Auslese* 1990 y Gessinger Zeltinger Schlossberg Eiswein 1990.
Cuatro vinos de muchos quilates con una bodega protagonista, Weingut Gessinger, y un quinto ya conocido por Vadebacus, un champagne: Pierre Peters Cuvee Speciale 1999, cortesía de Carles Palahí, nuestro W.R. Hearst particular.


Weingut Gessinger está sita en la localidad de Zeltingen (en el corazón justo de Mittel-Mosel), famosa por poseer tres reputados pagos: Himmelreich, Schlossberg y Sonnenuhr. Ese trípode de tierras seleccionadas se nutren de una composición mineral pareja, pizarra de la época Devon desmoronada al 100%.
La bodega Gessinger es de propiedad familiar desde 1680 e incluso antes ya de 1900 pertenecían a la VW (Vereinigte Weingutsbesitzer Koblenz), una asociación que promovía la calidad. Por tanto, con 320 años a la espalda y la 9ª generación trabajando en la bodega, se declaran en armonía con los vinos y su seleccionada tierra:

“Pasión y conocimiento son necesarios para producir un riesling mineral, con delicados aromas de fruta en armonía con la naturaleza”


Winzer Alfred Gessinger Dixit



Notas de cata:



Decir que en general, los cuatro primeros vinos han recibido el mismo tiempo de decantación, aproximadamente unas 5 horas.

Egon Müller Scharzhofberger Kabinett 1998:

Se presenta con una visual amarillo pálido pero brillante, con irisaciones verdosas.
Nariz sumamente emocionante, marcada por las notas terciarias en forma de hidrocarburos varios (goma, gas, plástico nuevo). Aparecen también de muy buena forma frutas cítricas, notas florales sutiles y toques minerales de azufre.
La boca destaca por su gran acidez, equilibrada y cortada casi con láser se podría decir. Tremendamente seco a estas alturas de su vida y con un equilibrio pasmoso. Muy largo y cítrico en el final de boca.
Retro incalculable en longitud por su acidez, que añade retroaromas de melocotón verde y toques salinos.

Puntuación VDB: 9.27


Gessinger Zeltinger Sonnenhur Auslese *** 1995:

Uno de los mejores de la noche, con un color amarillo dorado de lágrima fácil.
Fase olfativa muy amplia con sobresalientes hierbas aromáticas (lavanda seca) mezcladas con los finos hidrocarburos. Toques de oliva verde prensada que desembocan en un claro y nítido aroma de menta fresca acompañado de flor de azahar.
La boca se caracteriza por su estructura altiva, con un espinazo central bien definido. Recorrido aterciopelado con una acidez creciente que deja sensaciones de carbónico por su frescura y un final muy prolongado donde ésta también es la protagonista.
El paladar se queda casi anestesiado por tal cantidad de sensaciones, pero los aromas en retro vuelven a la carga con dejes de Fanta de limón dulce, cáscaras de cítrico secas y mineral autóctono.
Vino muy complejo y realmente satisfactorio por su accesibilidad que durará muchos lustros.

Puntuación VDB: 9.31



Gessinger Zeltinger Sonnenhur Auslese* 1990:

Destaca su color de oro viejo, casi tiene tendencias rojizas… tanto en el corcho como en suspensión en el propio vino aparecen multitud de cristales, bitartratos transparentes que no afectan ni a la nariz ni a la boca por ser totalmente neutros.
Olfativamente prodigan los toques melosos mezclados con olores de goma nueva o Diesel. Parece que le cuesta abrirse al mundo, pero poco a poco muestra más cítricos (membrillo, lima madura) y toques definidos de miel y flores blancas (margarita y magnolia).
La boca es un armazón compacto, como si de una pelota de frutas dulces se expandiera y llenara toda la cavidad. Acidez sublime que contrarresta casi totalmente ese abocamiento predominante, dando paso a un paso por boca realmente denso, casi oleoso.
Final larguísimo con recuerdos de miel fresca, fruta blanca muy madura y toques herbáceos que lo dotan de personalidad y originalidad.

Puntuación VDB: 9.24


Gessinger Zeltinger Schlossberg Eiswein 1990:

El tiempo ha pasado lento para este Eiswein que muestra un color ambarino, dorado muy, muy viejo.
Increíble nariz de hidrocarburo profundo que con generoso movimiento se va transformando tal que crisálida esplendorosa en un ramillete de flores secas (lavanda, espliego y muchas más) en combinación con nítidos y claros aromas de menta fresca muy definidos. Los terpénicos se van mitigando poco a poco, dejando gomas y parafinas en su camino hacia la oxigenación total.
La boca eriza el vello más inmóvil, un juego entre dulce, ácido, seco y amargo seduce de tal manera que no sabes que es lo que tienes dentro de la boca. La entrada está marcada por una opulencia que se torna acidez punzante en breves segundos, dejando un paso final amargo en el paladar y la mente.
Largo, tremendamente largo, casi extasiante por alusiones, marcando claramente su territorio aromático (flores blancas muy abiertas, nísperos, carne y hueso de melocotón muy maduro) y dejando una sensación telúrica que hace transportarse a las inmediaciones de la bodega.

Puntuación VDB: 9.42



Pierre Peters Cuvée Speciale Grand Cru 1999:


Amarillo dorado de poca intensidad, con muy fina burbuja que forma una ancha corona de grueso calibre, difícil de borrar.
Suaves aromas de levaduras, pastelería, pan tostado, pera, toques cítricos de sorbete y cáscara de limón, mineral fino y punzante, calcáreo, con marcado carácter autóctono.
Boca muy grata, con total integración del carbónico que desaparece ipso-facto. Acidez media y estructura densa, compleja, que necesita de botella para acabar de afinarse y modelarse.
Final de fruta blanca madura, mineral calcáreo y toques ahumados, muy largo en boca, su fina acidez perdura largo tiempo.



Puntuación VDB: 9.1

La adicción alemana

No es mujer aunque es diva

la sangre que corre por sus venas

no es azul, es brillante y dorada…



Es irresistible, en su etapa adolescente ya apunta maneras pero cuando llega a la mayoría de edad es una delicia. En Vadebacus, cuando le dedicamos una noche nos ilumina y nos eriza el vello de tal forma que alargamos el momento lo más posible.


Sí, se trata de una uva: la riesling. Cada día nos sorprende más, en cada cata nos damos cuenta de que es poseedora de una intriga que la hace sumamente apetecible, la queremos conocer, más y más, pero cada encuentro en diferente, y eso enamora.


Fue una noche entre Orquídeas y rosas, de quesos franceses de pasta blanda, perfectos para acompañar los cuatro vinos que disfrutamos. Se alargó hasta después de la medianoche, como siempre acabó entre risas y esos momentos de soledad que acompañan a la reflexión, gran noche.


Cuatro vinos alemanes fueron elegidos más una sorpresa final añadida. Los vinos, Egon Müller Scharzhofberger Kabinett 1998,Gessinger Zeltinger Sonnenhur Auslese *** 1995, Gessinger Zeltinger Sonnenhur Auslese* 1990 y Gessinger Zeltinger Schlossberg Eiswein 1990.
Cuatro vinos de muchos quilates con una bodega protagonista, Weingut Gessinger, y un quinto ya conocido por Vadebacus, un champagne: Pierre Peters Cuvee Speciale 1999, cortesía de Carles Palahí, nuestro W.R. Hearst particular.


Weingut Gessinger está sita en la localidad de Zeltingen (en el corazón justo de Mittel-Mosel), famosa por poseer tres reputados pagos: Himmelreich, Schlossberg y Sonnenuhr. Ese trípode de tierras seleccionadas se nutren de una composición mineral pareja, pizarra de la época Devon desmoronada al 100%.
La bodega Gessinger es de propiedad familiar desde 1680 e incluso antes ya de 1900 pertenecían a la VW (Vereinigte Weingutsbesitzer Koblenz), una asociación que promovía la calidad. Por tanto, con 320 años a la espalda y la 9ª generación trabajando en la bodega, se declaran en armonía con los vinos y su seleccionada tierra:

“Pasión y conocimiento son necesarios para producir un riesling mineral, con delicados aromas de fruta en armonía con la naturaleza”


Winzer Alfred Gessinger Dixit



Notas de cata:



Decir que en general, los cuatro primeros vinos han recibido el mismo tiempo de decantación, aproximadamente unas 5 horas.

Egon Müller Scharzhofberger Kabinett 1998:

Se presenta con una visual amarillo pálido pero brillante, con irisaciones verdosas.
Nariz sumamente emocionante, marcada por las notas terciarias en forma de hidrocarburos varios (goma, gas, plástico nuevo). Aparecen también de muy buena forma frutas cítricas, notas florales sutiles y toques minerales de azufre.
La boca destaca por su gran acidez, equilibrada y cortada casi con láser se podría decir. Tremendamente seco a estas alturas de su vida y con un equilibrio pasmoso. Muy largo y cítrico en el final de boca.
Retro incalculable en longitud por su acidez, que añade retroaromas de melocotón verde y toques salinos.

Puntuación VDB: 9.27


Gessinger Zeltinger Sonnenhur Auslese *** 1995:

Uno de los mejores de la noche, con un color amarillo dorado de lágrima fácil.
Fase olfativa muy amplia con sobresalientes hierbas aromáticas (lavanda seca) mezcladas con los finos hidrocarburos. Toques de oliva verde prensada que desembocan en un claro y nítido aroma de menta fresca acompañado de flor de azahar.
La boca se caracteriza por su estructura altiva, con un espinazo central bien definido. Recorrido aterciopelado con una acidez creciente que deja sensaciones de carbónico por su frescura y un final muy prolongado donde ésta también es la protagonista.
El paladar se queda casi anestesiado por tal cantidad de sensaciones, pero los aromas en retro vuelven a la carga con dejes de Fanta de limón dulce, cáscaras de cítrico secas y mineral autóctono.
Vino muy complejo y realmente satisfactorio por su accesibilidad que durará muchos lustros.

Puntuación VDB: 9.31



Gessinger Zeltinger Sonnenhur Auslese* 1990:

Destaca su color de oro viejo, casi tiene tendencias rojizas… tanto en el corcho como en suspensión en el propio vino aparecen multitud de cristales, bitartratos transparentes que no afectan ni a la nariz ni a la boca por ser totalmente neutros.
Olfativamente prodigan los toques melosos mezclados con olores de goma nueva o Diesel. Parece que le cuesta abrirse al mundo, pero poco a poco muestra más cítricos (membrillo, lima madura) y toques definidos de miel y flores blancas (margarita y magnolia).
La boca es un armazón compacto, como si de una pelota de frutas dulces se expandiera y llenara toda la cavidad. Acidez sublime que contrarresta casi totalmente ese abocamiento predominante, dando paso a un paso por boca realmente denso, casi oleoso.
Final larguísimo con recuerdos de miel fresca, fruta blanca muy madura y toques herbáceos que lo dotan de personalidad y originalidad.

Puntuación VDB: 9.24


Gessinger Zeltinger Schlossberg Eiswein 1990:

El tiempo ha pasado lento para este Eiswein que muestra un color ambarino, dorado muy, muy viejo.
Increíble nariz de hidrocarburo profundo que con generoso movimiento se va transformando tal que crisálida esplendorosa en un ramillete de flores secas (lavanda, espliego y muchas más) en combinación con nítidos y claros aromas de menta fresca muy definidos. Los terpénicos se van mitigando poco a poco, dejando gomas y parafinas en su camino hacia la oxigenación total.
La boca eriza el vello más inmóvil, un juego entre dulce, ácido, seco y amargo seduce de tal manera que no sabes que es lo que tienes dentro de la boca. La entrada está marcada por una opulencia que se torna acidez punzante en breves segundos, dejando un paso final amargo en el paladar y la mente.
Largo, tremendamente largo, casi extasiante por alusiones, marcando claramente su territorio aromático (flores blancas muy abiertas, nísperos, carne y hueso de melocotón muy maduro) y dejando una sensación telúrica que hace transportarse a las inmediaciones de la bodega.

Puntuación VDB: 9.42



Pierre Peters Cuvée Speciale Grand Cru 1999:


Amarillo dorado de poca intensidad, con muy fina burbuja que forma una ancha corona de grueso calibre, difícil de borrar.
Suaves aromas de levaduras, pastelería, pan tostado, pera, toques cítricos de sorbete y cáscara de limón, mineral fino y punzante, calcáreo, con marcado carácter autóctono.
Boca muy grata, con total integración del carbónico que desaparece ipso-facto. Acidez media y estructura densa, compleja, que necesita de botella para acabar de afinarse y modelarse.
Final de fruta blanca madura, mineral calcáreo y toques ahumados, muy largo en boca, su fina acidez perdura largo tiempo.



Puntuación VDB: 9.1

viernes, 25 de abril de 2008

Cap de Barbaría


Entiéndase barbaría no como el establecimiento donde periódicamente, los que aun podemos, nos dejamos tomar el pelo sino como el lugar de procedencia de las razias berberiscas del mediterraneo en épocas pretéritas, cuando los turcos dominaban gran parte del Mare Nostrum.

En aquel entonces los pueblos costeros de nuestra geografía debían aprender a defenderse de aquellas incursiones piratas que asolaron gran parte de Catalunya, el Levante y las Islas Baleares.
Y es en estas últimas donde el problema adquirió verdaderos tintes dramáticos. Numerosos testimonios ya sea escritos o en forma de torres de defensa nos recuerdan hoy en día que el ver una vela en el horizonte era signo de mal presagio.

En ocasión de un reciente viaje a las islas Pitiusas y en concreto a la pequeña isla de Formentera me soplaron al oido el nombre de Cap de Barbaría. Una punta con un faro y los vestigios de una Torre de "guaita" que apuntaban directamente, a través del Gran Azul, a las costas africanas.

Un nombre que sirve a la literatura y que es momenclatura también de un vino muy curioso que se elabora únicamente en Formentera. Cap de Barbaría 2002 es el producto estrella de una artesanal Bodega de Formentera, con los terrenos a tocar del Cabo llamado de Barbería y que compaginan le enología con turismo rural de alto standing.

Xavier Figuerola, que es el director enólogo, explica que producen aproximádamente 8 mil botellas al año. Utilizan un coupage de 4 variedades con cabernet sauvignon, merlot, monastrell y la propia de las Baleares, la fogoneu. Mientras que las dos primeras reciben un tratamiento a base de roble francés nuevo y de segundo año, las más "salvajes" van directamente al roble americano.

El tiempo de permanencia es variable. La cata es la que decide los cambios de bota y el momento óptimo de separar el mosto de la madera. Los trasvases -curioso nombre ahora que la palabra está demonizada por la sequía- se realizan por gravedad y si la evolución del vino no es la esperada, aquel año no se saca cosecha alguna al mercado.




Nota de Cata


Cap de Barbaría 2002
8 mil botellas al año
Variedades : cabernet sauvignon y merlot en barricas de roble francés nuevo y de segundo año; y monastrell y fogoneu en roble americano
14% vol


Tiene una entrada muy golosa en boca. Higos maduros con notas de anís y ciruelas verdes. Algo herbáceo en el retrogusto con aroma de hinojo y hierba buena. Pese a la primera impresión opulenta es muy equilibrado con taninos muy domados que lo hacen muy redondo al paladar, resistiendo la complejidad.
Una rareza si tenemos en cuenta la limitada producción pero muy característico y con un marcado acento diferenciador.¿Sera la fogoneu?


Nota CP :9.1

Fotos originales del Autor

Cap de Barbaría


Entiéndase barbaría no como el establecimiento donde periódicamente, los que aun podemos, nos dejamos tomar el pelo sino como el lugar de procedencia de las razias berberiscas del mediterraneo en épocas pretéritas, cuando los turcos dominaban gran parte del Mare Nostrum.

En aquel entonces los pueblos costeros de nuestra geografía debían aprender a defenderse de aquellas incursiones piratas que asolaron gran parte de Catalunya, el Levante y las Islas Baleares.
Y es en estas últimas donde el problema adquirió verdaderos tintes dramáticos. Numerosos testimonios ya sea escritos o en forma de torres de defensa nos recuerdan hoy en día que el ver una vela en el horizonte era signo de mal presagio.

En ocasión de un reciente viaje a las islas Pitiusas y en concreto a la pequeña isla de Formentera me soplaron al oido el nombre de Cap de Barbaría. Una punta con un faro y los vestigios de una Torre de "guaita" que apuntaban directamente, a través del Gran Azul, a las costas africanas.

Un nombre que sirve a la literatura y que es momenclatura también de un vino muy curioso que se elabora únicamente en Formentera. Cap de Barbaría 2002 es el producto estrella de una artesanal Bodega de Formentera, con los terrenos a tocar del Cabo llamado de Barbería y que compaginan le enología con turismo rural de alto standing.

Xavier Figuerola, que es el director enólogo, explica que producen aproximádamente 8 mil botellas al año. Utilizan un coupage de 4 variedades con cabernet sauvignon, merlot, monastrell y la propia de las Baleares, la fogoneu. Mientras que las dos primeras reciben un tratamiento a base de roble francés nuevo y de segundo año, las más "salvajes" van directamente al roble americano.

El tiempo de permanencia es variable. La cata es la que decide los cambios de bota y el momento óptimo de separar el mosto de la madera. Los trasvases -curioso nombre ahora que la palabra está demonizada por la sequía- se realizan por gravedad y si la evolución del vino no es la esperada, aquel año no se saca cosecha alguna al mercado.




Nota de Cata


Cap de Barbaría 2002
8 mil botellas al año
Variedades : cabernet sauvignon y merlot en barricas de roble francés nuevo y de segundo año; y monastrell y fogoneu en roble americano
14% vol


Tiene una entrada muy golosa en boca. Higos maduros con notas de anís y ciruelas verdes. Algo herbáceo en el retrogusto con aroma de hinojo y hierba buena. Pese a la primera impresión opulenta es muy equilibrado con taninos muy domados que lo hacen muy redondo al paladar, resistiendo la complejidad.
Una rareza si tenemos en cuenta la limitada producción pero muy característico y con un marcado acento diferenciador.¿Sera la fogoneu?


Nota CP :9.1

Fotos originales del Autor

miércoles, 23 de abril de 2008

BUENA COMPAÑIA, EN BUEN RESTAURANTE

Buena compañía, buena comida, buen vino, todo ello en un buen restaurante, RANCHO EL PASO. Me gustaría comentar y agradecer a la dirección la iniciativa ,no demasiado generalizada, de ofrecer a sus clientes que una gran cantidad de los platos de su carta sea sin gluten, por lo tanto apto para celiacos, permitiendo así que las personas que padecen este trastorno no limiten su elección a carne a la plancha y poco más. Los mayores lo agradecen, pero los niños hay que verlos poder pedir unas croquetas o unos canalones como todos los demás, su sonrisa es la prueba de lo inteligente de esta propuesta. Repito: felicidades a Rancho el Paso.


Vicente y yo , con nuestras respectivas familias, quedamos un par de fines de semanas atrás para hablar de unas posibles vacaciones conjuntas a nuestro paraíso particular "la MOSELA". Decidimos que una buena cena y un buen vino, para empezar, estaría bien y elegimos el citado restaurante; después de elegir los platos nos dejamos aconsejar en el vino por José María, maitre y uno de los dueños del restaurante, con su habitual amabilidad, y después de una breve pero interesante conversación, sobre vinos claro, nos presento un Ribera del Duero cuyo nombre resulta cuanto menos impactante, TIBERIO, ¡rediez!, los que van a morir te saludan pensamos, pero no, resulto ser un vino nada, nada violento.



BODEGAS TORREMORÓN, es quien realiza este vino, la bodega comercializa otros dos nombres más, TORREMORÓN Y SENDERILLO, cada nombre dispone de diferentes calidades, en el caso del vino que degustamos, Tiberio, tenemos un vino joven, un joven roble, un crianza y un reserva.


Bodegas Torremorón fue fundada en 1957 por 57 viticultores de la zona. Con los años nuevos socios se fueron incorporando a la cooperativa, la mayoría del viñedo se sitúa a 800 metros de altitud en la orilla norte del rio Duero en Quintanamanvirgo, pueblo situado en la provincia de Burgos con larga tradición vinícola. En la actualidad bodegas Torremorón cuenta con 126 socios y 260 ha de viñedo propio.


La vendimia se realiza a mano, en viñas con una edad de entre 15 y 40 años, aunque existen parcelas con viñedos centenarios, fruto con el cual se realizan los vinos mas representativos de la bodega.


TIBERIO RESERVA 2000 fue quien acompañó la cena aquella noche, con una maceración de 25 días este caldo pasa después a envejecer durante un periodo que oscila de entre 16 y 24 meses en barricas nuevas de roble francés y americano, permaneciendo después de su embotellado, un mínimo de 12 meses antes de su comercialización.

Nota de cata.


Color rojo picota de capa media baja, con ribete atejado y lágrima viva y abundante. De inicio su nariz es golosa con claros aromas de fruta roja madura acompañado de sutiles torrefactos, vainillas, cacaos y fondos balsámicos de regaliz. Con tiempo en copa aparecen notas de bombón de licor y recuerdos de aromas de sotobosque. Boca de paso fácil, justa acidez, aparecen las sensaciones de la fase olfativa, con ligeros toques especiados tímidos y recatados. Grato final, persistente retronasal con recuerdos de frutas rojas y hierbas aromáticas (TOMILLO).


Un reserva correcto, aunque sin grandes pretensiones, con una relación calidad precio interesante, (sobre 12 euros en tienda), y al que creemos que una estancia mucho más larga en botella no le sea demasiado favorable, con lo que humildemente queremos recomendar a los que dispongan de alguna botella no esperen demasiado en abrirla, al contrario de lo que dice el refranero español, en este caso MAS VALE PRONTO QUE NUNCA.

Valoración 8.5

BUENA COMPAÑIA, EN BUEN RESTAURANTE

Buena compañía, buena comida, buen vino, todo ello en un buen restaurante, RANCHO EL PASO. Me gustaría comentar y agradecer a la dirección la iniciativa ,no demasiado generalizada, de ofrecer a sus clientes que una gran cantidad de los platos de su carta sea sin gluten, por lo tanto apto para celiacos, permitiendo así que las personas que padecen este trastorno no limiten su elección a carne a la plancha y poco más. Los mayores lo agradecen, pero los niños hay que verlos poder pedir unas croquetas o unos canalones como todos los demás, su sonrisa es la prueba de lo inteligente de esta propuesta. Repito: felicidades a Rancho el Paso.


Vicente y yo , con nuestras respectivas familias, quedamos un par de fines de semanas atrás para hablar de unas posibles vacaciones conjuntas a nuestro paraíso particular "la MOSELA". Decidimos que una buena cena y un buen vino, para empezar, estaría bien y elegimos el citado restaurante; después de elegir los platos nos dejamos aconsejar en el vino por José María, maitre y uno de los dueños del restaurante, con su habitual amabilidad, y después de una breve pero interesante conversación, sobre vinos claro, nos presento un Ribera del Duero cuyo nombre resulta cuanto menos impactante, TIBERIO, ¡rediez!, los que van a morir te saludan pensamos, pero no, resulto ser un vino nada, nada violento.



BODEGAS TORREMORÓN, es quien realiza este vino, la bodega comercializa otros dos nombres más, TORREMORÓN Y SENDERILLO, cada nombre dispone de diferentes calidades, en el caso del vino que degustamos, Tiberio, tenemos un vino joven, un joven roble, un crianza y un reserva.


Bodegas Torremorón fue fundada en 1957 por 57 viticultores de la zona. Con los años nuevos socios se fueron incorporando a la cooperativa, la mayoría del viñedo se sitúa a 800 metros de altitud en la orilla norte del rio Duero en Quintanamanvirgo, pueblo situado en la provincia de Burgos con larga tradición vinícola. En la actualidad bodegas Torremorón cuenta con 126 socios y 260 ha de viñedo propio.


La vendimia se realiza a mano, en viñas con una edad de entre 15 y 40 años, aunque existen parcelas con viñedos centenarios, fruto con el cual se realizan los vinos mas representativos de la bodega.


TIBERIO RESERVA 2000 fue quien acompañó la cena aquella noche, con una maceración de 25 días este caldo pasa después a envejecer durante un periodo que oscila de entre 16 y 24 meses en barricas nuevas de roble francés y americano, permaneciendo después de su embotellado, un mínimo de 12 meses antes de su comercialización.

Nota de cata.


Color rojo picota de capa media baja, con ribete atejado y lágrima viva y abundante. De inicio su nariz es golosa con claros aromas de fruta roja madura acompañado de sutiles torrefactos, vainillas, cacaos y fondos balsámicos de regaliz. Con tiempo en copa aparecen notas de bombón de licor y recuerdos de aromas de sotobosque. Boca de paso fácil, justa acidez, aparecen las sensaciones de la fase olfativa, con ligeros toques especiados tímidos y recatados. Grato final, persistente retronasal con recuerdos de frutas rojas y hierbas aromáticas (TOMILLO).


Un reserva correcto, aunque sin grandes pretensiones, con una relación calidad precio interesante, (sobre 12 euros en tienda), y al que creemos que una estancia mucho más larga en botella no le sea demasiado favorable, con lo que humildemente queremos recomendar a los que dispongan de alguna botella no esperen demasiado en abrirla, al contrario de lo que dice el refranero español, en este caso MAS VALE PRONTO QUE NUNCA.

Valoración 8.5

lunes, 21 de abril de 2008

Lava y Malvasía, alianza forzada.

Parece increíble lo que se puede llegar a conseguir con tesón y fuerza de voluntad.
Vengo a citar en esta entrada los vinos de la D.O. Lanzarote, crecidos en medio de adversidades y siendo para la gran mayoría de amantes del vino, unos grandes desconocidos.

Os pongo un poco en antecedentes;

En el año 1730, más de cien volcanes de diferentes tamaños vomitaron lava durante más de 6 años casi ininterrumpidamente. La isla, que apenas mide 800 Km. cuadrados, quedó parcialmente cubierta de lava y allí donde la piedra fundida no pudo llegar, lo hizo la ceniza volcánica cubriendo igualmente toda la superficie del atolón isleño. Depende en que lugares, la capa de ceniza (gravilla más bien, denominada picón) alcanza 6 m. de altura.

Los lugareños que se dedicaban a la agricultura en vez de auto flagelarse por las pérdidas presentadas, intentaron rehacer su economía adaptándose al nuevo medio.
Un medio tan hostil necesita de grandes reformas para poder extraer algo de provecho, como en el caso de la viña. Al ser la superficie un colchón de picón de diferente grueso, los agricultores se dedicaron a confeccionar hoyos en forma de embudo hasta llegar a la tierra vegetal y allí en el fondo, plantaron de 1 a 3 vides por hoyo, construyendo unos pequeños muretes en la parte superior del cono para proteger a la planta de los vientos Alisios. Estas corrientes de aire que proviene del desierto del Sáhara, siegan cualquier hoja, tallo o zarcillo que asoma por encima del murete, pero a la vez, proporciona humedad del océano que se condensa en la negra piedra, transformándose en rocío que alimenta la planta.
¡Cuando la pluviometría anual no supera los 150mm. toda ayuda externa es bien recibida!




No existen demasiadas bodegas en la isla, pero la más grande, antigua y conocida por sus vinos es El Grifo. Fundada después de las erupciones, en 1775, posee 50 hectáreas que rodean la bodega y la dotan de un material vínico muy característico, con un fuerte reflejo de su tierra (¿o deberíamos decir, volcán?).

Este “Malvasía Fermentado en Barrica 2003” es uno de sus caldos más conseguidos, selección de racimos muy maduros, maceraciones pre-fermentativas, fermentación alcohólica en barrica nueva (de roble francés y americano) y posterior batonnage de sus lías durante varios meses, hacen de este vino el líder del catálogo.


Nota de cata:

D.O.: Lanzarote
Varietales: 100% Malvasía
Alc. %: 13.5º
Precio: 15€

Presenta una visual subida de tono, amarillo dorado con toques verdosos, lágrima simétrica y lenta.
Nariz marcada por el mineral tan atípico, con muchas flores blancas (acacia), finos cítricos y sensual especiado (jengibre). Rastros de mantequilla y vainilla asoman la “nariz” detrás de tan original abanico de olores.
Boca de peso, con cierta opulencia de entrada que se transforma en un fino picor en el centro de la lengua, ganando en el paso por boca una fina acidez ligada a un amargor latente e in crescendo con el trago repetido. Curiosamente muy seco, sin rastro de azúcar residual.
Retro con muchísimo mineral volcánico, herbáceos ligeros y persistencia de ese amargor tan característico como largo.

Puntuación: 8.85

Lava y Malvasía, alianza forzada.

Parece increíble lo que se puede llegar a conseguir con tesón y fuerza de voluntad.
Vengo a citar en esta entrada los vinos de la D.O. Lanzarote, crecidos en medio de adversidades y siendo para la gran mayoría de amantes del vino, unos grandes desconocidos.

Os pongo un poco en antecedentes;

En el año 1730, más de cien volcanes de diferentes tamaños vomitaron lava durante más de 6 años casi ininterrumpidamente. La isla, que apenas mide 800 Km. cuadrados, quedó parcialmente cubierta de lava y allí donde la piedra fundida no pudo llegar, lo hizo la ceniza volcánica cubriendo igualmente toda la superficie del atolón isleño. Depende en que lugares, la capa de ceniza (gravilla más bien, denominada picón) alcanza 6 m. de altura.

Los lugareños que se dedicaban a la agricultura en vez de auto flagelarse por las pérdidas presentadas, intentaron rehacer su economía adaptándose al nuevo medio.
Un medio tan hostil necesita de grandes reformas para poder extraer algo de provecho, como en el caso de la viña. Al ser la superficie un colchón de picón de diferente grueso, los agricultores se dedicaron a confeccionar hoyos en forma de embudo hasta llegar a la tierra vegetal y allí en el fondo, plantaron de 1 a 3 vides por hoyo, construyendo unos pequeños muretes en la parte superior del cono para proteger a la planta de los vientos Alisios. Estas corrientes de aire que proviene del desierto del Sáhara, siegan cualquier hoja, tallo o zarcillo que asoma por encima del murete, pero a la vez, proporciona humedad del océano que se condensa en la negra piedra, transformándose en rocío que alimenta la planta.
¡Cuando la pluviometría anual no supera los 150mm. toda ayuda externa es bien recibida!




No existen demasiadas bodegas en la isla, pero la más grande, antigua y conocida por sus vinos es El Grifo. Fundada después de las erupciones, en 1775, posee 50 hectáreas que rodean la bodega y la dotan de un material vínico muy característico, con un fuerte reflejo de su tierra (¿o deberíamos decir, volcán?).

Este “Malvasía Fermentado en Barrica 2003” es uno de sus caldos más conseguidos, selección de racimos muy maduros, maceraciones pre-fermentativas, fermentación alcohólica en barrica nueva (de roble francés y americano) y posterior batonnage de sus lías durante varios meses, hacen de este vino el líder del catálogo.


Nota de cata:

D.O.: Lanzarote
Varietales: 100% Malvasía
Alc. %: 13.5º
Precio: 15€

Presenta una visual subida de tono, amarillo dorado con toques verdosos, lágrima simétrica y lenta.
Nariz marcada por el mineral tan atípico, con muchas flores blancas (acacia), finos cítricos y sensual especiado (jengibre). Rastros de mantequilla y vainilla asoman la “nariz” detrás de tan original abanico de olores.
Boca de peso, con cierta opulencia de entrada que se transforma en un fino picor en el centro de la lengua, ganando en el paso por boca una fina acidez ligada a un amargor latente e in crescendo con el trago repetido. Curiosamente muy seco, sin rastro de azúcar residual.
Retro con muchísimo mineral volcánico, herbáceos ligeros y persistencia de ese amargor tan característico como largo.

Puntuación: 8.85

sábado, 19 de abril de 2008

Torelló 225 Brut Nature Gran Reserva 2004

Más espumosos, el calor asoma y cualquier excusa es buena para saciar la sed, relajarse después de una dura jornada.

Donde vivo, Cerdanyola, han abierto una tienda de las llamadas delicatessen. Lleva unos meses intentando abrirse un hueco en el mercado, pobre en mi ciudad en lo que se refiere a vinos y licores. Se llama La Floridita y está en una de las zonas con más sentido comercial de la ciudad, concretamente en la c/ Sant Francesc tocando Santa Anna.

Allí son muy amables, requisito que junto con las buenas recomendaciones y los precios ajustados, es imprescindible para crearse una fiel clientela. No siempre se acierta, las recomendaciones son personales y, de la misma forma que no me gustó un Veuve Ambal, espumoso de la Borgoña por 10 euros, sí que me encantó y enamoró el reciente Torelló 225 Brut Nature Gran Reserva 2004.

Torelló es de las históricas del cava. También produce vinos no espumosos pero lo que la distingue es el mundo de los espumosos. La historia reciente de la familia se relaciona con Marc Mir, bisabuelo de los actuales propietarios, que fue quien replantó las cepas después del ataque que sufrió el Penedés en el s. XIX con la filoxera. Ya a mediados del s. XX, Francisco Torelló encauza la actividad empresarial agraria tradicional hacia el sector vitivinícola, y de ahí al estrellato. Actualmente es Ernestina Torelló, junto con sus hijos Toni y Paco quien están a cargo de las Cavas.

Agradezco a Roser las facilidades para elaborar el comentario sobre este magnífico cava que he tenido la fortuna de disfrutar.

Torelló 225 Brut Nature Gran Reserva 2004: Macabeo, xarel·lo y parellada de viñas propias de Can Martí plantadas desde hace 40 años. Recolección manual. Prensado suave para la obtención del mosto, crianza en barrica de roble “allier”, “limousine” y americano. Segunda fermentación en botella. Mínimo de 30 meses de crianza en rima. 225 proviene de la capacidad de la barrica que utilizan para elaborar el cava.

Nota de cata:
Color dorado, burbuja fina y no demasiado explosiva.
Aromas procedentes de la barrica, vainilla principalmente, pero también recuerdos a fruta blanca muy madura, similares a los que encontramos en los viejos tondonias blancos, posiblemente tostados de la barrica. Si tuviéramos que elegir una palabra para describir su nariz sería que embauca.

En boca tiene un paso agradable, poniéndose de manifiesto por vía retronasal esos recuerdos tostados de la barrica, con una perfecta integración del carbónico y una sensación de frescura y redondez que eleva el resultado y que invita a más.


Puntuación: 8,9 PCG

Torelló 225 Brut Nature Gran Reserva 2004

Más espumosos, el calor asoma y cualquier excusa es buena para saciar la sed, relajarse después de una dura jornada.

Donde vivo, Cerdanyola, han abierto una tienda de las llamadas delicatessen. Lleva unos meses intentando abrirse un hueco en el mercado, pobre en mi ciudad en lo que se refiere a vinos y licores. Se llama La Floridita y está en una de las zonas con más sentido comercial de la ciudad, concretamente en la c/ Sant Francesc tocando Santa Anna.

Allí son muy amables, requisito que junto con las buenas recomendaciones y los precios ajustados, es imprescindible para crearse una fiel clientela. No siempre se acierta, las recomendaciones son personales y, de la misma forma que no me gustó un Veuve Ambal, espumoso de la Borgoña por 10 euros, sí que me encantó y enamoró el reciente Torelló 225 Brut Nature Gran Reserva 2004.

Torelló es de las históricas del cava. También produce vinos no espumosos pero lo que la distingue es el mundo de los espumosos. La historia reciente de la familia se relaciona con Marc Mir, bisabuelo de los actuales propietarios, que fue quien replantó las cepas después del ataque que sufrió el Penedés en el s. XIX con la filoxera. Ya a mediados del s. XX, Francisco Torelló encauza la actividad empresarial agraria tradicional hacia el sector vitivinícola, y de ahí al estrellato. Actualmente es Ernestina Torelló, junto con sus hijos Toni y Paco quien están a cargo de las Cavas.

Agradezco a Roser las facilidades para elaborar el comentario sobre este magnífico cava que he tenido la fortuna de disfrutar.

Torelló 225 Brut Nature Gran Reserva 2004: Macabeo, xarel·lo y parellada de viñas propias de Can Martí plantadas desde hace 40 años. Recolección manual. Prensado suave para la obtención del mosto, crianza en barrica de roble “allier”, “limousine” y americano. Segunda fermentación en botella. Mínimo de 30 meses de crianza en rima. 225 proviene de la capacidad de la barrica que utilizan para elaborar el cava.

Nota de cata:
Color dorado, burbuja fina y no demasiado explosiva.
Aromas procedentes de la barrica, vainilla principalmente, pero también recuerdos a fruta blanca muy madura, similares a los que encontramos en los viejos tondonias blancos, posiblemente tostados de la barrica. Si tuviéramos que elegir una palabra para describir su nariz sería que embauca.

En boca tiene un paso agradable, poniéndose de manifiesto por vía retronasal esos recuerdos tostados de la barrica, con una perfecta integración del carbónico y una sensación de frescura y redondez que eleva el resultado y que invita a más.


Puntuación: 8,9 PCG

jueves, 17 de abril de 2008

Raimat Abadía Blanc 2002 y mi incredulidad

¡Varietalmente imposible!

Eso es lo que pensé cuando en una librería de Llafranc (¡sí, sí, librería y en Llafranc, plena Costa Brava!) vi que tenían a la venta una novedad que en aquel entonces -hace justo 3 años- acababa de salir a la venta.

Raimat, la bodega más grande de la D.O. Costers del Segre se lanzó a la piscina comercializando un vino realizado con unos varietales que nunca hubiésemos situado en esas tierras.
Imaginaos un vino blanco, de la zona, que en su coupage lleve bastante Chardonnay, algo de Albariño y bastante menos de Sauvignon Blanc, todo ello criado en barrica nueva francesa durante 5 meses… ¡Compré dos botellas!, la primera murió una semana después, la otra, hace dos días.

Recuerdo que hace tres años me gustó bastante, pero como últimamente estoy muy, muy crítico con cualquier vino blanco que pasa por mis manos, decidí que ya era hora de descubrir qué satisfacciones o penalidades me esperaban al descorchar tan curioso vino que es, como definen en su etiqueta, “de guarda”.
Lo más curioso del tema es que con el tiempo que ha pasado en botella, cada varietal ha cobrado vida propia, definiéndose en diferentes partes de la cata, por separado, casi personalmente se podría decir.

Nota de cata:

Bodega: Raimat
Alc.: 12.5º
Precio: 8€

Magnífico color amarillo dorado, con mucho brillo que sugestiona ácidamente.
Claros aromas de fruta cítrica como limón y lima bien madura, heno segado, ceniza y mantequilla fresca (aquí tenemos la Chardonnay). Con cierta aireación aparecen pinceladas de herbáceos y toques florales de jazmín (Sauvignon Blanc).
La boca es bien curiosa, con cierta opulencia que no se espera pero con gran acidez (¡voila, Albariño a la palestra!) que ataca en varias fases. Primero en el centro de la boca, y después de tragarlo, en el fondo del paladar con más intensidad si cabe. ¡Bendita acidez! Gran estructura achacable a la madera y a la gran uva utilizada, en perfecta y discreta unión.
Largo recorrido en boca, con un final provocador y rico en matices. Nísperos, manzana verde, piel de uva y toques yodados nos recuerdan la variada composición del vino. Más acidez para un persistente y grato recuerdo…

Puntuación: 8,7 POG


Al Cesar lo que es del Cesar, este vino ha soportado perfectamente el paso de 62 meses sin dar signos de flaqueza, incluso, le auguro varios años de vida por delante.
Ideal con unos fideos con sepia, su fresca acidez invita a repetir el trago a cada cucharada.

Raimat Abadía Blanc 2002 y mi incredulidad

¡Varietalmente imposible!

Eso es lo que pensé cuando en una librería de Llafranc (¡sí, sí, librería y en Llafranc, plena Costa Brava!) vi que tenían a la venta una novedad que en aquel entonces -hace justo 3 años- acababa de salir a la venta.

Raimat, la bodega más grande de la D.O. Costers del Segre se lanzó a la piscina comercializando un vino realizado con unos varietales que nunca hubiésemos situado en esas tierras.
Imaginaos un vino blanco, de la zona, que en su coupage lleve bastante Chardonnay, algo de Albariño y bastante menos de Sauvignon Blanc, todo ello criado en barrica nueva francesa durante 5 meses… ¡Compré dos botellas!, la primera murió una semana después, la otra, hace dos días.

Recuerdo que hace tres años me gustó bastante, pero como últimamente estoy muy, muy crítico con cualquier vino blanco que pasa por mis manos, decidí que ya era hora de descubrir qué satisfacciones o penalidades me esperaban al descorchar tan curioso vino que es, como definen en su etiqueta, “de guarda”.
Lo más curioso del tema es que con el tiempo que ha pasado en botella, cada varietal ha cobrado vida propia, definiéndose en diferentes partes de la cata, por separado, casi personalmente se podría decir.

Nota de cata:

Bodega: Raimat
Alc.: 12.5º
Precio: 8€

Magnífico color amarillo dorado, con mucho brillo que sugestiona ácidamente.
Claros aromas de fruta cítrica como limón y lima bien madura, heno segado, ceniza y mantequilla fresca (aquí tenemos la Chardonnay). Con cierta aireación aparecen pinceladas de herbáceos y toques florales de jazmín (Sauvignon Blanc).
La boca es bien curiosa, con cierta opulencia que no se espera pero con gran acidez (¡voila, Albariño a la palestra!) que ataca en varias fases. Primero en el centro de la boca, y después de tragarlo, en el fondo del paladar con más intensidad si cabe. ¡Bendita acidez! Gran estructura achacable a la madera y a la gran uva utilizada, en perfecta y discreta unión.
Largo recorrido en boca, con un final provocador y rico en matices. Nísperos, manzana verde, piel de uva y toques yodados nos recuerdan la variada composición del vino. Más acidez para un persistente y grato recuerdo…

Puntuación: 8,7 POG


Al Cesar lo que es del Cesar, este vino ha soportado perfectamente el paso de 62 meses sin dar signos de flaqueza, incluso, le auguro varios años de vida por delante.
Ideal con unos fideos con sepia, su fresca acidez invita a repetir el trago a cada cucharada.

martes, 15 de abril de 2008

Heidsieck & Co Monopole Blue Top

Todos los que me conocen saben que soy un enamorado de los espumosos. Me gusta probar cosas nuevas y tirarme a la piscina, aunque en algunas ocasiones me den gato por liebre. No suelo comprar vino en supermercados más que alguna vez, cuando no hay más remedio por la premura del tiempo o en contadas excepciones como la que propicia la entrada de hoy.

Encontrar un Champagne por debajo de los 20 euros es complicado, y que lo vendan en una conocida cadena de supermercados aquí en Barcelona no genera demasiada confianza en el producto. Afortunadamente existen los “peros” y las sorpresas agradables que generan satisfación: Heidsieck & Co Monopole Blue Top.

Los orígenes de Heidsieck & Co Monopole se remontan al s. XVIII, siguiendo los pasos de Florens-Louis Heidsieck, su sobrino Henri-Louis Walbaum y su cuñado Auguste Heidsieck crearon la firma y cien años después se vendían mas de un millón de botellas por todo el mundo e incluso en 1911 suministraban en exclusiva el champagne a la corte inglesa. Hoy en día, Heidsieck pertenece al grupo Vranken, con sede en Epernay, que también produce Pommery.

Nota de cata: Champagne NV, sin añada, 70% de pinot noir, 20% chardonnay y un 10% de pinot menieur. 12% de alcohol.

Dorado pálido, algún reflejo rojizo, burbuja escasa y pequeña. Nariz muy parca en aromas, punzada cítrica inicial, manzana al horno, pan tostado, hierba seca y también algo balsámico al final. Boca muy cremosa, delicioso recorrido algo seco en el paladar, con recuerdos a manzana ácida y cítricos y final cremoso con retro a brie.


Puntuación: 8'6 PCG

Heidsieck & Co Monopole Blue Top

Todos los que me conocen saben que soy un enamorado de los espumosos. Me gusta probar cosas nuevas y tirarme a la piscina, aunque en algunas ocasiones me den gato por liebre. No suelo comprar vino en supermercados más que alguna vez, cuando no hay más remedio por la premura del tiempo o en contadas excepciones como la que propicia la entrada de hoy.

Encontrar un Champagne por debajo de los 20 euros es complicado, y que lo vendan en una conocida cadena de supermercados aquí en Barcelona no genera demasiada confianza en el producto. Afortunadamente existen los “peros” y las sorpresas agradables que generan satisfación: Heidsieck & Co Monopole Blue Top.

Los orígenes de Heidsieck & Co Monopole se remontan al s. XVIII, siguiendo los pasos de Florens-Louis Heidsieck, su sobrino Henri-Louis Walbaum y su cuñado Auguste Heidsieck crearon la firma y cien años después se vendían mas de un millón de botellas por todo el mundo e incluso en 1911 suministraban en exclusiva el champagne a la corte inglesa. Hoy en día, Heidsieck pertenece al grupo Vranken, con sede en Epernay, que también produce Pommery.

Nota de cata: Champagne NV, sin añada, 70% de pinot noir, 20% chardonnay y un 10% de pinot menieur. 12% de alcohol.

Dorado pálido, algún reflejo rojizo, burbuja escasa y pequeña. Nariz muy parca en aromas, punzada cítrica inicial, manzana al horno, pan tostado, hierba seca y también algo balsámico al final. Boca muy cremosa, delicioso recorrido algo seco en el paladar, con recuerdos a manzana ácida y cítricos y final cremoso con retro a brie.


Puntuación: 8'6 PCG

domingo, 13 de abril de 2008

Conversando con Carla y José



Sucedió una noche de primavera con el agravante de nocturnidad. Nuestro querido compañero y amigo Vicente nos hizo partícipe de una invitación sorpresa e inexcusable que su primo José había organizado.

El resultado, una velada que entrará en los anales de la pequeña historia de Vadebacus. Condiciones indispensables que no faltaron : un anfitrión de lo más dispuesto, unos comensales en muy buena armonía y un vino que sorprendió e incluso emocionó al más cerebral del grupo. Y si no que se lo pregunten a la recepcionista del taxi a la hora del regreso más o menos accidentado...

En un mundo globalizado el hilo conductor fue el syrah "sin fronteras". Fueron cuatro producciones de Italia, Navarra, Australia y Francia, representantes de cuatro maneras distintas de trabajar con esta variedad tan floral. Así nos encontramos con un Planeta Syrah 2004, proveniente de Sicilia, un García Burgos 2006 más cercano, un australiano Penfolds Bin 389 ,con un coupage con cabernet y syrah, y por último un galo Cornas M. Chapoutier 1997.
El juego se basó en una cata a ciegas donde se apuntaron todas las sensaciones con puntuaciones individuales. Así mientras que los dos primeros, Planeta Syrah y García Burgos, fueron menos complejos por ser los más jóvenes pero no menos interesantes, el Penfolds y el Cornas se alzaron con el trono al encontrarse en su punto óptimo de consumo.
Una evidencia : imposible de afirmar categóricamente que se reconociera el syrah en cada uno de los vinos a excepción si cabe del García Burgos de Navarra, aunque se palpaba cierto aroma floral en todos ellos. Notas lácticas, compotadas y poca madera junto a una elegancia en boca fueron también las características más relevantes.

Todo ello amenizado con un maridaje que llenó el estómago y algo más con la susurrante voz de la ahora Primera Dama Francesa, Carla Bruni, que hizo soñar a más de uno...

Notas de Cata

Planeta syrah 2004:

Capa medioalta, ribete cardenalicio. Aromas especiados, fresas con nata inicialmente, tabacos, mantequilla, pastelería (briox), tisana. Con el paso del tiempo violetas, herbáceos, coca-cola sin gas.
En boca es amargo, áspero pero con taninos limados.
Un vino que apunta maneras de joven y con poca presencia de la madera.

Puntación Vadebacus: 8,72


García Burgos 2006

Capa alta, la lágrima tiñe la copa.
Inicialmente aromas de reducido, coles de bruselas, cuero, caramelo de violetas, bombón de licor.
En boca algo alcohólico y potente, aunque el paso es sedoso y con final aterciopelado.
Mejora con la aireación en copa.

Puntuación Vadebacus: 8,70


Penfolds Bin 389


Capa alta y casi sin ribete. Lágrima muy abundante.
Nariz algo "rara", olor a jabón, barniz, algo especiado. También anises confitados y tabaco.
Paso por boca sedoso y con taninos muy limados. Enormemente largo: la boca lo mejor, ¡enorme!

Puntuación Vadebacus: 9,26


Cornas M.Chapoutier 1997


Un vino con luz, luminoso podríamos llamarlo. Capa media.
Aromas a olivas verdes amargas, algo reducido. Toques de puro, de sotobosque.
En boca es suave, delicioso, con una acidez increíble, presagiando que puede tener varios años más de vida.Un vino al viejo estilo, con personalidad.

Puntuación Vadebacus: 9,20

Conversando con Carla y José



Sucedió una noche de primavera con el agravante de nocturnidad. Nuestro querido compañero y amigo Vicente nos hizo partícipe de una invitación sorpresa e inexcusable que su primo José había organizado.

El resultado, una velada que entrará en los anales de la pequeña historia de Vadebacus. Condiciones indispensables que no faltaron : un anfitrión de lo más dispuesto, unos comensales en muy buena armonía y un vino que sorprendió e incluso emocionó al más cerebral del grupo. Y si no que se lo pregunten a la recepcionista del taxi a la hora del regreso más o menos accidentado...

En un mundo globalizado el hilo conductor fue el syrah "sin fronteras". Fueron cuatro producciones de Italia, Navarra, Australia y Francia, representantes de cuatro maneras distintas de trabajar con esta variedad tan floral. Así nos encontramos con un Planeta Syrah 2004, proveniente de Sicilia, un García Burgos 2006 más cercano, un australiano Penfolds Bin 389 ,con un coupage con cabernet y syrah, y por último un galo Cornas M. Chapoutier 1997.
El juego se basó en una cata a ciegas donde se apuntaron todas las sensaciones con puntuaciones individuales. Así mientras que los dos primeros, Planeta Syrah y García Burgos, fueron menos complejos por ser los más jóvenes pero no menos interesantes, el Penfolds y el Cornas se alzaron con el trono al encontrarse en su punto óptimo de consumo.
Una evidencia : imposible de afirmar categóricamente que se reconociera el syrah en cada uno de los vinos a excepción si cabe del García Burgos de Navarra, aunque se palpaba cierto aroma floral en todos ellos. Notas lácticas, compotadas y poca madera junto a una elegancia en boca fueron también las características más relevantes.

Todo ello amenizado con un maridaje que llenó el estómago y algo más con la susurrante voz de la ahora Primera Dama Francesa, Carla Bruni, que hizo soñar a más de uno...

Notas de Cata

Planeta syrah 2004:

Capa medioalta, ribete cardenalicio. Aromas especiados, fresas con nata inicialmente, tabacos, mantequilla, pastelería (briox), tisana. Con el paso del tiempo violetas, herbáceos, coca-cola sin gas.
En boca es amargo, áspero pero con taninos limados.
Un vino que apunta maneras de joven y con poca presencia de la madera.

Puntación Vadebacus: 8,72


García Burgos 2006

Capa alta, la lágrima tiñe la copa.
Inicialmente aromas de reducido, coles de bruselas, cuero, caramelo de violetas, bombón de licor.
En boca algo alcohólico y potente, aunque el paso es sedoso y con final aterciopelado.
Mejora con la aireación en copa.

Puntuación Vadebacus: 8,70


Penfolds Bin 389


Capa alta y casi sin ribete. Lágrima muy abundante.
Nariz algo "rara", olor a jabón, barniz, algo especiado. También anises confitados y tabaco.
Paso por boca sedoso y con taninos muy limados. Enormemente largo: la boca lo mejor, ¡enorme!

Puntuación Vadebacus: 9,26


Cornas M.Chapoutier 1997


Un vino con luz, luminoso podríamos llamarlo. Capa media.
Aromas a olivas verdes amargas, algo reducido. Toques de puro, de sotobosque.
En boca es suave, delicioso, con una acidez increíble, presagiando que puede tener varios años más de vida.Un vino al viejo estilo, con personalidad.

Puntuación Vadebacus: 9,20

viernes, 11 de abril de 2008

IEC Número 9

La fiesta del maridaje, de la conjunción entre la comida y el vino. Los vinos y su maridaje, con este pretexto el amigo Olaf, alma mater del blog 1+..., nos une a todos los bloggers para que comentemos posibles combinaciones.

Aquí en Vadebacus cuidamos siempre ese binomio que forman el chantar y el beber, tanto a nivel particular, y en muchas notas de cata podéis ver que van unidas a algún plato, como en las catas grupales.

Queremos subrayar que el mejor de los maridajes posibles es la buena compañía. Disfrutar de uno o varios vinos con personas con tus mismas inquietudes, con el mismo afán de saber es la mejor combinación posible. Todos buscamos personas afines, crear un grupo con el que poder satisfacer nuestras ansias de conocer nuevos vinos y disfrutar de los conocidos.

Hoy quisiéramos con esta entrada que todos los aficionados al mundo del vino os sintáis en armonía con Vadebacus, haceros partícipes de ese sentimiento especial que es la cata conjunta.
Por supuesto en esta ocasión cataremos un vino y lo combinaremos con un plato.
El vino : Clos Dominic Vinyes Altes 2002 y el plato: unos medallones de solomillo de ternera.

Cocinar el solomillo no tiene secreto alguno, una buena plancha, los medallones y una pizca de sal, al final. Al que escribe estas palabras no le entusiasma la carne cruda, sangrienta. Más bién hecha, cocinada, sin pasarse de fuego, por supuesto. El resultado está a la vista en la siguiente foto.



El vino, ese Clos Dominic Vinyes Altes de una bodega amiga, para qué negarlo. La añada 2002 fue la primera que salió al mercado. Este Priorat tiene el sello de la bodega, es un vino personal. Lo podemos decir después de haber catado sus vinos año tras año y haberlos disfrutado, en más de una ocasión, in situ con los que lo hacen posible. Muy pocas botellas deben quedar de este CDVA 2002, más bién diría que ninguna. Ahora está en un muy buen momento de consumo, diferente en su disfrute al momento en que salío por las puertas de la bodega. Hace unos pocos meses pudimos disfrutar de otra botella y ahora lo notamos más domado, más tierno, aterciopelado en boca. Ni que decir que la combinación con el solomillo fue la perfecta para el momento: el sabor de la carne y la personalidad del vino, juntos de la mano recorriendo el camino.

Clos Dominic Vinyes Altes 2002: Celler Francisco Castillo. D.O.Q Priorat. Carinyena en mayor proporción. 14'5 % de alcohol en etiqueta.


Nota de cata:

Fue decantado apenas media hora. En un primer momento apareció cerrado, hermético en aromas pero el decantador y el oxígeno lo pusieron en su sitio. Capa alta, ribete algo más claro pero prácticamente igual.
Lo primero que aflora es la fruta madura y el cacao, cacao del bueno, fino y aportando elegancia. Después aparece el balsámico, la menta mezclada con pinceladas de regaliz, sin abusar este último. Olores de bosque húmedo, sin abrumar, nada sobresale salvo el cacao, maravilloso. Sin discusión es el denominador común de todos los VA que he probado de la bodega.
En boca es sedoso, aterciopelado, para nada alcohólico, sorprende la buena evolución que ha tenido en estos años. Parece incluso ligero y de paso agil pero dejando huella desde el principio hasta el final. Recuerdos de regaliz y cacao al final. Frescor en la parte posterior de los dientes aportada por pinceladas de After Eight. Invita a seguir bebiendo y disfrutando.
Quien tenga alguna botella que la abra ya, es el momento oportuno.

Puntuación: 9 PVDB

IEC Número 9

La fiesta del maridaje, de la conjunción entre la comida y el vino. Los vinos y su maridaje, con este pretexto el amigo Olaf, alma mater del blog 1+..., nos une a todos los bloggers para que comentemos posibles combinaciones.

Aquí en Vadebacus cuidamos siempre ese binomio que forman el chantar y el beber, tanto a nivel particular, y en muchas notas de cata podéis ver que van unidas a algún plato, como en las catas grupales.

Queremos subrayar que el mejor de los maridajes posibles es la buena compañía. Disfrutar de uno o varios vinos con personas con tus mismas inquietudes, con el mismo afán de saber es la mejor combinación posible. Todos buscamos personas afines, crear un grupo con el que poder satisfacer nuestras ansias de conocer nuevos vinos y disfrutar de los conocidos.

Hoy quisiéramos con esta entrada que todos los aficionados al mundo del vino os sintáis en armonía con Vadebacus, haceros partícipes de ese sentimiento especial que es la cata conjunta.
Por supuesto en esta ocasión cataremos un vino y lo combinaremos con un plato.
El vino : Clos Dominic Vinyes Altes 2002 y el plato: unos medallones de solomillo de ternera.

Cocinar el solomillo no tiene secreto alguno, una buena plancha, los medallones y una pizca de sal, al final. Al que escribe estas palabras no le entusiasma la carne cruda, sangrienta. Más bién hecha, cocinada, sin pasarse de fuego, por supuesto. El resultado está a la vista en la siguiente foto.



El vino, ese Clos Dominic Vinyes Altes de una bodega amiga, para qué negarlo. La añada 2002 fue la primera que salió al mercado. Este Priorat tiene el sello de la bodega, es un vino personal. Lo podemos decir después de haber catado sus vinos año tras año y haberlos disfrutado, en más de una ocasión, in situ con los que lo hacen posible. Muy pocas botellas deben quedar de este CDVA 2002, más bién diría que ninguna. Ahora está en un muy buen momento de consumo, diferente en su disfrute al momento en que salío por las puertas de la bodega. Hace unos pocos meses pudimos disfrutar de otra botella y ahora lo notamos más domado, más tierno, aterciopelado en boca. Ni que decir que la combinación con el solomillo fue la perfecta para el momento: el sabor de la carne y la personalidad del vino, juntos de la mano recorriendo el camino.

Clos Dominic Vinyes Altes 2002: Celler Francisco Castillo. D.O.Q Priorat. Carinyena en mayor proporción. 14'5 % de alcohol en etiqueta.


Nota de cata:

Fue decantado apenas media hora. En un primer momento apareció cerrado, hermético en aromas pero el decantador y el oxígeno lo pusieron en su sitio. Capa alta, ribete algo más claro pero prácticamente igual.
Lo primero que aflora es la fruta madura y el cacao, cacao del bueno, fino y aportando elegancia. Después aparece el balsámico, la menta mezclada con pinceladas de regaliz, sin abusar este último. Olores de bosque húmedo, sin abrumar, nada sobresale salvo el cacao, maravilloso. Sin discusión es el denominador común de todos los VA que he probado de la bodega.
En boca es sedoso, aterciopelado, para nada alcohólico, sorprende la buena evolución que ha tenido en estos años. Parece incluso ligero y de paso agil pero dejando huella desde el principio hasta el final. Recuerdos de regaliz y cacao al final. Frescor en la parte posterior de los dientes aportada por pinceladas de After Eight. Invita a seguir bebiendo y disfrutando.
Quien tenga alguna botella que la abra ya, es el momento oportuno.

Puntuación: 9 PVDB