miércoles, 2 de enero de 2008

Ego te absolvo

Permítanme un momento para la reflexión : ¿el artista nace o se hace? Es la eterna pregunta, aunque en mi caso nací con ella. Verán, fui ungido con un rito iniciático que marcó, de alguna manera, mi destino.

Me explico. Recién nacido, costumbre en mi familia, acercaron a mis entonces inocentes labios un algodón empapado con champagne. Fue como un rayo certero que sacudió mi alma dejándome un sabor que me acompañaría toda mi vida. Así transcurrieron mi infancia y adolescencia con imágenes de incontables celebraciones, con recuerdos de botellas de vino y de cava vacías presidiendo una mesa al calor de familiares ya ausentes.

Ahora, despojado de la juventud, ya como adulto he viajado algo en el tren del conocimiento. Denominaciones de origen, marcas míticas, añadas excepcionales, variedades exóticas jalonan todo lo aprendido al lo largo de los años acerca de la enología, el vino y la gastronomía. Ya discuto si tal o cual añada es mejor o peor, si es terroir o autor, en copa borgoña o bordelesa...

En un mundo globalizado ya todo el mundo produce, opina y sienta cátedra. Se fabula con la marca o la botella como si de arte pictórico se tratara, olvidándose del sudor del agricultor, de las manos callosas del elaborador o de los hedores propios de la fermentación del mosto, como si el vino fuera un material aséptico y no materia orgánica consumible.

Quiero huir de falsos profetas, de arzobispos en su trono, de gurús de medio pelo que descuartizan aquel sabor primigenio, que de niño quedó grabado en mi memoria, para convertirlo en objeto de culto idólatra, de una dimensión inalcanzable a los mortales y que sólo unos cuantos escogidos pueden profanar.

Reivindico lo sencillo porque la grandeza más sabia se encuentra en la más humilde de las sabidurías. A veces, es necesario descubrir que un vino de los llamados sencillos, tomado en una taberna en mantel de hule, te puede aún esculpir el alma; o sentir la emoción de un caldo sin etiqueta o un mosto de cosechero te hace todavía escuchar los latidos del niño que aún llevamos dentro.

Me gusta el olor del jabón Lagarto, la goma Pelikán con sabor a nata, la fragancia de los eucaliptus, la tierra recién mojada, el armario de naftalina, el after shave de Floyd y ese perfume peculiar que deja el vino consumido en mesa y copa al cabo de una hora...

Señores, esto no es más que una opinión.Va por ustedes. ¡Feliz año!

4 comentarios:

J. Gómez Pallarès dijo...

Pues qué quieres que te diga, Carlos, a mí la goma que me gustaba no era la Pelikán, sino la Milán y las bofetadas de placer del Williams after shave son superiores que las de Floyd!!! Por lo demás, creo que coincidimos en lo básico, sobre todo en olisquear la copa cuando lleva un rato vacía!!!
Feliz año!
Joan

Oscar Gallifa dijo...

Hombre, yo me quedo con el olor que hacía la bodega de mi abuelo, en Binefar!
Añadiría también los aromas de los jazmines nocturnos que mi abuela tenía en el mismo lugar, y sin querer parecer un tanto rarito, el olor de la cuadra de caballos, el cual, lo sigo oliendo en no pocos vinos de Rioja, y ojo, que no me desagrada!! :-)


Saludos!


Oscar G. (Vadebacus)

nuriagonzalez dijo...

Hola, Carlos

Ante todo, FELIZ AÑO NUEVO 2008

Me ha gustado mucho tu escrito. Coincido contigo en eso de reivindicar lo sencillo (creo que a veces los arboles no nos dejan ver el bosque en eso de la felicidad: uno puede ser feliz tomandose un vino sobre un hule si ya es feliz per se; la felicidad no depende ni de hules ni de "Moets".
En cuanto a los olores, algunos de los olores de mi infancia estan en el McDonald's de Plaza Cataluña, adonde me llevaba mi abuela Maria con bastante frecuencia: olor a cebolla, hamburguesas, ketchup, patatas fritas...Alli empezo nuestra adiccion a la cocacola (la suya y la mia). Cada vez que paso por la puerta, recuerdo nuestras locuras y sonrio.
Un saludo,
Nuria

Carlos Palahí dijo...

Muchas gracias a todos por vuestros comentarios.
He estado ausente un par de dias y no he podido responderos.
Si, Joan. Tienes toda la razón.No es Pelikán y sí Milán.ese olor no se olvida,¿verdad?.
Gracias Nuria por tus elogios que nos animan a continuar con más fuerza.
Oscar, tú eres peor que el protagonista de la novela "El perfume". :D))
Que el dia de reyes os sea propicio!!