domingo, 25 de noviembre de 2007

De vino y gastronomía

Entre Quintanilla de Onésimo y Peñafiel, bordeando el Duero se sitúa la Bodega Arzuaga Navarro. Fundada a principios de los 90 por Florentino Arzuaga, su pasión por la tierra castellana le hizo construir paso a paso esta bodega, ejemplo del neoclasicismo. Allí está enclavado el Hotel Arzuaga, al lado mismo de las bodegas y pensado para aquellos que quieran disfrutar del circuito vinícola que propone la Ribera del Duero.

Sobre el viñedo decir que el suelo es poco fértil y de bajo rendimiento. La bodega prima la calidad ante la cantidad y es de agradecer. Se utilizan barricas de roble francés para los reservas y grandes reservas y casi un permanente coupage entre la Tinta fina, la cabernet y la merlot.

En esta ocasión la nota de cata hace referencia al Reserva 1999, con dieciocho meses en barrica francesa y un coupage del 95% de Tinta fina y el resto entre Cabernet Sauvignon y Merlot con 13,5% de alcohol.

Nota de cata:

Color cereza, toques rubís y borde algo atejado, lágrima lenta y que no llega a tintar la copa. En nariz destaca inicialmente fruta madura, acompañada de notas a hoja seca, madera vieja una suave vainilla propia del roble francés y una terrosidad húmeda que ya no te abandona hasta el último sorbo. La boca es muy suave, sedosa, taninos muy pulidos, acidez justa y muy largo. Por retronasal aparece, inconfundible, ese toque terroso, como si estuviéramos paseando por el borde del río, en una tarde otoñal, recién llovido.

Una gran RCP, sobre 23 euros. Lo calificaría como un Tondonia en la Ribera del Duero.

Me ha gustado y lo recomiendo.

Puntuación: 8,8 PCG

PS. Normalmente es algo que no hago: improvisar un plato con un vino. Me refiero a fabricar un plato con lo que me queda después de una cata. Hoy, con los restos del Arzuaga, mientras hacía la compra en la frutería me vino a la cabeza uno de esos postres al que tanto acudían nuestros padres: Granadas con vino y azúcar. Pensé que sería una locura, !qué desperdicio!. Entonces me acordé de lo osado que es nuestro compañero Joan Gómez y tiré hacia adelante con mi atrevimiento. Las granadas están ahora muy maduras, desgranarlas es todo un arte: se dividen en dos mitades, se estrujan un poco, como para desmoldarlas, y con una cuchara sopera golpeas en la cáscara para que los granos vayan cayendo en un bol. El resto es sencillo, a la fruta se le añade media copita de vino y abundante azúcar, sin pasarse. Se dejan macerar durante unas horas a temperatura ambiente y el resultado lo tenéis en la foto, estaban muy ricas.




Publicado por Carlos González

4 comentarios:

J. Gómez Pallarès dijo...

Pues muchas gracias, Carlos, y por partida doble. Por una parte, por escribir sobre un vino, el Tinto Arzuaga, que, también a mí me ha dado ratos de buen placer. Sobre todo cuando uno va por ahí y no siempre tiene dónde apoyarse, este es un vino con una buena difusión que se suele encontrar.
En segundo lugar, por haber pensado en mí con las granadas. Es una de las frutas estrella de mi infancia. Mi madre solía prepararlas con frecuencia, pero las hacía con zumo de naranja y con azúcar, a ratos un chorrito de moscatel. A mí siempre me han interesado las granadas, no sólo por su sabor (ese corazón de madera me recuerda con frecuencia el carácter vegetal de no pocos vinos), sino también por su color y por su simbología. El MALVM GRANATVM es un fruto ya utilizado en recetas de cocina en el siglo I a.C. y su color,cuando está madura (qué bien se ve en tu fotografía), recordó en su momento al de la sangre de Cristo cuando fue vertida. Ese color es el que ahora llevan los cardenalas y el símbolo de la granada, tantas veces no entendido, es el de la primitiva iglesia cristiana. Además es un fruto que crece, silvestre, por todas partes pero especialmente bonito su arbusto es en cementerios y en claustros. Será que tiene querencia el fruto a los muertos y a los enclaustrados, pero las más bellas fotos que tengo de granados (me has tocado un punto flaco, chico) son del Cimitero acattolico de Roma (en el Testaccio) y del claustro de las hermanas agustinas en el Celio.
En fin, que corto el rollo y te doy las garcias de nuevo por pensar en mí. Concluto diciendo que una de las formas mejores en que utilizo las granadas en esta época es combinándolas de formas mil en ensaladas. Por ejemplo: variedades de lechuga, nueces y piñones (estos pasados por la sartén), un poco de queso de cabra y unas granadas, con su aderezo, están de muerte!!!
Un abrazo
Joan

VadeBacus dijo...

Eres un pozo de conocimiento :)))).
Mi padre usa la granada para la macedonia de frutas, es cierto que da mucho juego con el zumo de naranja, riquísimo!.
Salut
Carlos

J. Gómez Pallarès dijo...

Siempre a toro pasado, en lo que sí me doy cuenta, entre otras muchas cosas, que me queda un mundo por recorrer, es en mecanografía: la de errores que cometo cuandoe scribo rápido y no reviso.
En fin...ya me perdonaréis.
Joan

Oscar Gallifa dijo...

Amigo Carlos,

Dejando de lado el tema de las granadas (No por falta de amor hacia ellas!), decir que ese vino que nos presentas es uno de mis favoritos, estamos en consonancia con Joan.
Efectivamente tiene algo de clásico, pero reforzado con una hechura mas moderna, ya que la propia bodega por la edad que tiene, no podría clasificarse con ese patron de formas.
Creo que son vinos que soportan magnificamente el paso del tiempo, y que cuando mejor estan es a 10 años vista de su cosecha. (Ya sabeis de mi "repulsión" hacia esos vinos que comparten juventud y potencia elavada al cubo...)

En fin, que me gusta el vino en cuestión, y me parece fenomenal el mostrarlo, recomendarlo, y sobretodo respetarlo.

Saludos!

Oscar G. (Vadebacus)